Consejos para el uso seguro de las armas en el campo

En cada una de las modalidades de caza se pueden producir situaciones de peligro características. En esta ocasión nos vamos a considerar los riesgos que, de forma general, debemos prever cuando transitamos, permanecemos en un puesto o disparamos un arma en el campo.

Si no queremos ser los responsables de provocar un accidente, en el campo se deben respetar tres normas básicas de seguridad:

  1. Cuando estemos parados hablando con otros cazadores, mantener las escopetas abiertas o descargadas.
  2. Cuando estemos solos, portar las armas en seguro hasta el momento de disparar.
  3. Tres, no tirar nunca si no estamos seguros de que no hay nadie delante ni que el proyectil, en el caso de usar rifles o escopetas cargadas con bala, va a impactar en el suelo.

O mejor dicho, más que impactar en el suelo, sin tener la certeza de que la bala se ve a enterrar, ya que en el campo hay piedras o tocones donde puede rebotar. Y cuando rebota una bala de escopeta o de rifle, incluso una perdigonada, nunca estamos seguros de qué es lo que puede ocurrir porque los proyectiles se deforman, salen despedidos con un vuelo totalmente errático y pueden impactar contra nosotros mismos o en otra persona que se encontraba muy alejada de la línea de tiro.

LA SEGURIDAD COMIENZA EN CASA 

Salir de caza sin haber preparado y revisado el equipo que vamos a utilizar no es buena idea.

No sólo se nos puede olvidar algo importante, sino que puede ser el origen de que se produzca algún percance durante la cacería. Como norma general, antes de llegar al campo debemos comprobar que el cuchillo, caso de llevarlo, está asegurado en su funda, que los cartuchos corresponden al calibre que vamos a utilizar y que el cañón del arma no está obstruido.

Sobre todo cuando usamos armas de calibres diferentes o rifles de cañones intercambiables puede ocurrir que en el macuto haya cartuchos de otros calibres o que nos llevemos de caza un rifle con un cañón de otro calibre, con los tornillos mal apretados o incluso al que le falte alguna pieza: la cabeza del cerrojo o que ésta no se corresponda con el calibre, etc.

Cómo manejar y guardar las armas de caza de forma segura en casa

 

MANEJO DE LAS ARMAS CAZANDO CAMPO A TRAVÉS

Cuando caminamos, el arma siempre tenemos que portarla asegurada, pero muy especialmente cuando atravesemos zonas arbustivas o transitemos por un terreno muy irregular. Se han producido muchos accidentes al dispararse de forma involuntaria la escopeta o el rifle, que siempre debe ir con el cañón hacia un lugar donde no haya nadie, al engancharse el gatillo con una rama o bien por perder el equilibrio el cazador y caer al suelo.

¿Y si mientras llevo el seguro se me arranca una pieza? Pues mientras que encaramos, quitamos el seguro y disparamos. Puede parecernos difícil, pero con práctica no lo es, sobre todo si utilizamos una escopeta de dos cañones porque el seguro se maneja más fácilmente con el dedo pulgar, pero también hay que aprender a hacerlo con las semiautomáticas.

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Rifle Browning Maral con tensor del mecanismo de disparo.

Tras haber disparado, recargamos y volvemos a asegurar el arma antes de proseguir la marcha pero teniendo en cuenta siempre que, si caemos al suelo porque tropezamos y la escopeta o rifle recibe algún golpe seco, puede dispararse aunque esté en el seguro.

Esto se debe a que la mayoría de los seguros no desarman el mecanismo de percusión, sino que lo único que evitan es que el disparador (gatillo) retroceda.

Por esta razón, desde hace unos años se está imponiendo (sobre todo en los rifles) los llamados “mandos tensores del mecanismo de disparo”, qué actúan desmontando éste, y por tanto el arma no puede disparar aunque sufra un golpe violento. Los puso de moda Blaser y hoy día lo utilizan muchas otras marcas, como Sauer, Mauser, Browning, etc.

Salvo que llevemos un arma provista con este tipo de mando tensor del mecanismo, es por tanto crucial abrir o descargar la escopeta o rifle cuando saltemos obstáculos, tengamos que correr o descendamos por laderas muy empinadas y, en general, siempre que consideremos que, debido al terreno, podamos caernos o salir rodando por una pendiente nosotros o el arma.

DESDE PUESTOS FIJOS 

Hay que acceder al puesto con el arma descargada, sobre todo si se trata de una torreta. Y aunque en el puesto el riesgo de caerse, en principio, parece menor, para evitarlo siempre que no vayamos a disparar la escopeta o rifle debe permanecer asegurada o firmemente apoyada y con el cañón hacia un lugar seguro cuando no la tengamos en las manos.

En las esperas nocturnas es especialmente importante tener en cuenta estas normas de seguridad y, a ser posible, utilizar rifles provistos de mando tensor del mecanismo. No es el primer cazador que se ha dormido y se le ha caído el rifle de las manos.

EL ALCANCE ES MAYOR DE LO QUE CREEMOS 

Quizás porque sobre la caza menor un disparo de escopeta no es efectivo a más de 50 metros, casi todo el mundo piensa que los perdigones tienen un corto alcance comparado con el de una bala. Y así es, pero pocas personas desconocen que los perdigones llegan a mucha más distancia de lo creen, aunque lo hagan muy dispersos y sin energía para matar la pieza.

Por ejemplo, una perdigonada del número 6 puede alcanzar, con el ángulo adecuado, más de 235 metros y por tanto dejar ciega a una persona a muchos más metros de esos 50 que tiene de alcance efectivo sobre caza.

Otro cosa que desconocen los cazadores es que los perdigones, debido al calor de la pólvora, se pueden llegar a fundir y salir varios proyectiles unidos, formando una especie de posta irregular que puede causar serias lesiones.

Por eso, incluso en caza menor, sobre todo si cazamos en mano, hay que tener muy claro qué hay detrás del blanco antes de jalar el gatillo y, en general, no disparar nunca en dirección hacia los compañeros aunque nos parezca que están muy lejos de nosotros.

Cómo evitar accidentes cazando, en mano, al salto o desde puesto fijo

Y con bala con mayor motivo. Una de escopeta puede superar los 750-800 metros, pero la de un rifle de caza mayor puede ocasionar graves lesiones a más de cinco kilómetros, por lo que especialmente cuando se caza con bala, sea de rifle o de escopeta, es imprescindible asegurarse de que delante de nosotros no haya personas ni casas ni caminos ni nada y de que, además, el tiro vaya hacia al suelo porque si tiramos en horizontal o por encima de ésta (por ejemplo sobre una res en el viso) la bala puede matar a alguien que esté varios kilómetros, y que por tanto no veamos.

LA CARTUCHERÍA TAMBIÉN PUEDE SER PELIGROSA

Un cartucho no es peligroso por sí mismo, como tampoco lo es un arma. Lo hace peligroso la imprudencia o el desconocimiento de las personas.

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Estado en el quedaron unas vainas del 20-70 de 32 g. por estar expuestos al sol durante una tirada de torcaces. El calor es muy peligroso.

Imprudencia, por ejemplo, al no revisar bien su equipo antes de salir de caza y no reparar que entre sus cartuchos del 12 lleva uno del 20 ni tampoco que al cargar la escopeta éste se ha colado dentro de la recámara.

Como no lo ve, cree que no ha cargado, vuelve a cargar uno del 12 y cuando dispara el del 20 revienta el cañón y se produce un accidente tan típico que por eso todos los cartuchos  de calibre 20 que se fabrican hoy son de color amarillo. Y aun así se siguen produciendo este tipo de accidentes, ya que, normalmente, cuando cargamos desde puesto fijo estamos más concentrados en las palomas o en los patos que en la operación de carga y no miramos al cartucho.

También puede pasar con los rifles, pues hay calibres que usan vainas muy parecidas, como el 7×64 ó el .270 Win., pero proyectiles de diámetros diferentes (7,23 frente a 7,03 mm., en el caso anterior). Igual pasa con muchos cartuchos magnum.

Y con ambos tipos de cartuchos de escopeta o rifle puede ocurrir además que, de forma involuntaria, suframos una peligrosa sobrepresión en recámara que puede llegar a romper el arma si desconocemos que la temperatura modifica la combustión de la pólvora, lo que incrementa peligrosamente la presión que genera el disparo.

Por todo ello, durante la temporada del corzo, que ya hace calor, durante la berrea del venado y, en general, cazando la media veda o a principios del otoño si hace calor, los cartuchos no se pueden exponer directamente al sol, ni dejarse en los maleteros de los coches, pues alcanzan temperaturas muy altas, ni mucho menos disparar estos cartuchos ya calientes en armas sobrecalentadas. Por ejemplo, en una escopeta con sus cañones muy calientes por haber pegado muchos tiros a las palomas o tórtolas.

En resumen, los cartuchos a temperatura ambiente son seguros pero dispararlos sobrecalentados o de otro calibre, por muy parecidos que sean, puede originar un serio accidente que tenemos que prever y evitar, especialmente durante la caza en verano.

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