Rescate de un cazador

El equipo de Rescate en Altura del Parque de Bomberos de Linares (Jaén), ha organizado un simulacro de rescate de un cazador que se habría precipitado por un barranco. El guion de la maniobra es bastante sencillo: El guarda del coto de la Sociedad de Caza de Linares, encuentra un cazador que se ha despeñado por un barranco, y pide auxilio al parque de Bomberos.

A las nueve de la mañana, el guarda de la Sociedad de caza encuentra un cazador que ha perdido pie al asomarse a un barranco y se ha precipitado al fondo. Dada la situación del barranco, es imposible acceder a él con un vehículo sanitario y la abundancia de vegetación impide la aproximación de un helicóptero por lo que decide llamar al parque de bomberos y exponer la situación. Desde el Parque, mientras se da la alarma interna, se le pide información sobre el estado del herido y le indican que permanezca atento al teléfono por si el equipo precisa que salga en su busca. Al mismo tiempo le facilitan el número de teléfono del Cabo del equipo de Rescate para que pueda enviarle la ubicación exacta del accidente.

El herido esta consciente, pero presenta múltiples golpes y una fractura abierta de tibia y peroné, lo que dificulta aún más el rescate.

Dieciocho minutos después del primer contacto, el teléfono del guarda vuelve a sonar. El Cabo Pino le indica que están en la zona y ya se oye la sirena que precede al primer contacto visual. El guarda les indica la posición más cercana para acceder al borde del barranco.

El grupo salta del coche y empieza un espectáculo casi de danza, cada uno sabe lo que tiene que hacer, mientras el cabo valora la situación desde el borde del barranco, los demás extienden varias lonas en el suelo y, sobre ellas, como si de una mesa auxiliar de quirófano se tratara, van distribuyendo todo el material que pueden necesitar durante el rescate. Cada uno conoce el sitio de cada cosa y cada cosa tiene su sitio.

Este equipo de hombres no solo tienen en su trabajo una vocación. Observándoles, se puede afirmar sin temor a equivocarse que sienten devoción por esta especialidad a la que han consagrado hasta sus horas de ocio. Su vida no es apagar llamas, sino encender llamas de esperanza en aquellos que reciben su auxilio.

En el borde del barranco la actividad es frenética, se fija una línea de vida a la que irán conectados todos los que se muevan en esa zona. Inmediatamente, se sitúan los puntos de anclaje y los dos primeros rescatadores se descuelgan rapelando para atender a la víctima. Mientras uno de ellos hace una primera evaluación del herido, y la transmite por radio, el otro fija una cuerda al tronco de una encina mediante un montaje que le servirá para que les manden la camilla y el material necesario desde arriba. Los movimientos son precisos, casi quirúrgicos, mil veces repetidos a lo largo de muchas horas de entrenamiento.

Mientras preparan la evacuación no paran de hablar con el herido, le han inmovilizado la pierna rota y se la han protegido para que no se produzca más daño durante el ascenso. Es preciso mantenerle consciente y al mismo tiempo transmitirle confianza. Le van explicando cómo será la maniobra en que le subirán hasta el borde del barranco. Allí le estará esperando un vehículo sanitario equipado con todo lo preciso para mitigarle el dolor de inmediato y trasladarle al hospital de Linares. Los rescatadores saben que la subida va a ser complicada, el terreno es muy inestable, mucha tierra y piedra suelta que complicarán la maniobra. Juan Ángel irá abriendo camino, Trujillo le mantendrá estabilizado. Desde arriba, el resto del equipo se encargará de ir subiéndoles a la velocidad que ellos marquen, que será la que aconseje la máxima seguridad del accidentado.

Con el herido perfectamente protegido y la camilla asegurada, comienza la ascensión. Llegará un momento en que, cuando alcancen el punto más alto del barranco, otro compañero les esperará colgado para levantar la camilla por encima de un grupo de piedras que entorpecen el paso. La tensión es máxima, cada uno conoce su cometido y confía ciegamente en su binomio.

Aquí no hay individualidades, el éxito de la operación depende de un equipo y cada uno de sus componentes es consciente de ello. Arriba, la línea de vida hace dos funciones: por un lado mantener asegurados a los que se mueven por el borde del precipicio para atender las necesidades de sus compañeros y, por otro lado, impedir que alguien ajeno a la operación que se está desarrollando pueda entrar en el campo de operaciones.

Con el primer objetivo conseguido y el herido puesto en manos del equipo sanitario, abordamos un breve descanso para reponer fuerzas, beber un trago de agua y tomar nota de los incidentes habidos durante el rescate para mejorarlos. El sentido crítico de este equipo hacia su propia labor es primordial para alcanzar la excelencia. No les vale que salga todo bien, hay que buscarle los detalles negativos, por pequeños que sean, para que salga perfecto. Son vidas lo que dependen de su formación y capacidad, y aquí no se espera a los superhéroes de Marvel. Ellos, sin capa, son los superhéroes de cada rescate, de cada incendio, de cada accidente, de cada situación en la que, cuando la esperanza sale por la puerta, ellos, LOS BOMBEROS, aparecen por la ventana.

La segunda parte del ejercicio ha consistido en la evacuación mediante una tirolina, aprovechando una pared vertical del mismo barranco. Nuevamente se ha empezado de cero, como si se acabara de llegar al lugar del accidente, y dada la dificultad del rescate, mientras los dos primeros miembros del equipo se descuelgan rapelando para atender al herido, los demás toman la determinación de montar un trípode y una tirolina para sacar la camilla con el accidentado, literalmente, volando.

El Equipo de rescate en Altura que ha participado en el ejercicio ha sido:

  • Cabo: José Antonio Pino Muñoz.
  • Bombero: Juan Ángel Cruz.
  • Bombero: Agustín E. Cisneros.
  • Bombero: Jesús G. Trujillo.
  • Bombero: Ángel Rodríguez Rodelas.

Para los cazadores, convencidos de que nuestros Santos Patrones, San Huberto y la Virgen de La Cabeza, velan por nuestra seguridad en el monte. Es una tranquilidad saber que también contamos con este gran equipo humano, que estarán siempre disponibles si nuestros Patronos sufren un despiste. Desde el colectivo de cazadores os damos las gracias y nuestra más cordial Enhorabuena.

 

 

Carlos Enrique López Martínez.

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