La «C» es por «confianza» en sus tiros de caza. La precisión del rifle y la calidad de su anteojo son factores importantes. Pero la confianza en su arma y en usted mismo lo será mucho más. De poco le valdrá el rifle más galáctico del mundo y el anteojo más sofisticado del mercado, si usted no practica, no domina ni conoce su arma ni su técnica de tiro.
La confianza y seguridad de hacer bien un tiro de caza se basa en dos factores: la «confianza en su rifle» y la «confianza en usted». La primera se basa en tener absoluta fe en su rifle, aunque no sea el último modelo del mercado.
La «confianza en usted» se basa en su experiencia. Usted debe saber, antes de apretar el gatillo, que sabe y puede hacer ese tiro, con un noventa y cinco por ciento de probabilidades de éxito. Sólo tiene que hacer y repetir lo que ya sabe que puede hacer, puesto que lo ha hecho muchas veces. Ambos factores se pueden resumir en experiencia tirando y conocimiento de su arma.
Si el rifle es un viejo compañero de muchos años de caza, con el que ha cobrado muchos animales, usted será consciente de sus capacidades y de sus limitaciones. Será como un viejo amigo al que conoce íntimamente. Estará totalmente familiarizado con su balance, su peso, su retroceso y su encare. Y, para mí lo más importante, la presión de su gatillo.
Pero todo cazador siente interés por algún nuevo modelo que presenta el mercado. Entonces, deberá hacerle un importante rodaje, tirando mucho al blanco, antes de llevarlo a su primera cacería importante. Yo, con un rifle nuevo, de media suelo tirar un mínimo 100 balas al blanco para acostumbrarme a él.
Hágalo en tres o cuatro días diferentes, por favor, para no acabar con el hombro morado y viendo doble. Tras esta intensa prueba ya puedo empezar a cazar con él. Siempre limpiándolo cuidadosamente después de cada sesión. Además, le servirá para pulir el cañón de cualquier pequeña impureza con la que pueda salir de fábrica.

Respecto a la «confianza en usted», no todos tienen experiencia. En algún momento hay que empezar. O usted puede venir de la caza menor y se ha aficionado recientemente a la mayor. Ambos casos son muy frecuentes en los seminarios de tiro que imparto.
Un veterano montero puede ser totalmente eficaz con un guarro a todo trapo, pero le puede costar muchísimo cobrar un corzo parado a 150 metros o un rebeco a 200. Pero igual compra algún precinto y tendrá que empezar y probar…
Realmente, la única manera de coger experiencia en su rifle es a través de muchísima práctica en campos de tiro. Esa misma práctica le dará seguridad tanto en su rifle como en usted mismo. Insisto que no le servirá de nada comprar el último modelo de rifle con cañón de carbono y acción de rutenio y el anteojo más sofisticado del mercado. No le servirá de nada si usted no tira al blanco con él antes de empezar a usarlo en caza real. Solo así podrá coger confianza y conocer y dominar su arma. Pues, como en toda actividad en la vida, el dominio sólo lo da la práctica continuada y el continuo entrenamiento.
Hoy nos concentraremos en cómo aumentar la «confianza en su arma». En próximamente veremos cómo ganar «confianza en usted».
A lo largo de los años he tenido el privilegio de hacer de guía a importantes cazadores americanos y algunos premios Weatherby. Si analizamos las armas que utilizaron, vemos que no suelen ser fanáticos ni locos de los rifles.
Para muchos el rifle es sólo una herramienta y su objetivo, el trofeo a conseguir. Muchos apenas usaron dos o tres rifles a pesar de que pueden tener docenas en sus armeros. Y, además, a primera vista, parecen estar en un estado que da pena, por el uso. ¡Pero cómo tiran!
Y ese enorme uso es lo que les da una tremenda confianza en sus armas y les ha permitido cobrar la mayoría de la fauna del mundo con uno o dos rifles.
Muchos, incluso, y tal vez en honor a Roy Watherby, utilizaron un .300 Weatherby para todo, menos para los paquidermos. Aunque esto no sea una condición necesaria para ganar el premio. Recuerdo a uno de los mejores cazadores del mundo de montaña, Soudi Galabchi, iraní pero expatriado a EE. UU., al que guié para cazar un macho montés. Al abrir su rifle en Barajas no me lo podía creer: un rifle con la culata rayada, el pavón inexistente y en algunas partes tenía reparaciones hechas ¡con cinta americana! Pero, ¡cómo tiraba Soudi! Pocas veces he visto tirar con semejante seguridad, confianza y rapidez.
Tal vez la mayor excepción fue Jack O´Connor, ganador del premio en 1957, de quien ya he hablado en varias ocasiones. Desde que se presentó el .270 Winchester en 1925 prácticamente sólo cazó con él. Cobró cuatro veces el Gran Slam de los cuatro carneros americanos, antes de que se hubiese inventado ese término. De paso, muchos alces, caribúes, osos grizzlies y la totalidad de la fauna africana, menos los paquidermos, para los cuales utilizó un .416 Rigby. O´Connor llegaba a tirar unas 5.000 balas al blanco al año sólo probando cargas o entrenado.

Jack O’Connor cazó gran parte de su vida con el .270 Winchester. Eso le hizo ser el segundo ganador del Weatherby en 1957. Quemaba unas 5.000 balas al año.
Esta frase se repite hasta la saciedad en campamentos de caza de medio mundo. Más o menos quiere decir «cuidado con el cazador de un solo rifle». Y es, porque, seguro, que lo conoce íntimamente y lo maneja muy bien.
Un claro ejemplo fueron los americanos Grancel Fitz y el Dr. J. Y. Jones. Fitz fue el primer hombre en el mundo que, en el año 1957, completó la caza de las 28 especies que pueblan Norteamérica. Las cobró todas, incluso oso kodiak y polar y bisonte con un Springfield .30-06… y un anteojo fijo de 4 aumentos.
Treinta años después el Dr. Jones volvió a repetir esta hazaña con un Remington 700 de serie, también en calibre .30-06. Ambos conocían sus rifles íntimamente, practicaban continuamente y los dominaban con maestría. Y, como tenían una tremenda confianza en ellos, no les hizo falta ni más calibre ni más rifle ni más bala.

Grancel Fitz fue el primer cazador en cobrar las 28 especies de Norteamérica en 1957. Todas con el mismo .30-06 en el que confiaba plenamente. Sólo uso un anteojo de 4 aumentos fijos.
Ha habido cazadores que llegan a tener tal confianza en su rifle que han funcionado con ellos perfectamente a pesar de no parecer el arma ideal.
Tal vez el más famoso fue el cazador de elefantes Walter Dalrympell Maitland, mucho más conocido como Karamojo Bell. Cuando la caza de marfil era totalmente legal, en las primeras décadas del siglo XX, cobró la friolera de 1.050 elefantes. Muchísimos de ellos con un simple Mauser 7×57 con munición blindada de guerra. Este calibre es, desde todos los parámetros, totalmente insuficiente para un animal de cinco toneladas. Pero lo manejaba con tal maestría y confianza que sólo hacía tiros de cirujano al cerebro. Y vivió para contarlo y escribirlo desde en un cómodo retiro en su granja de Escocia.
Otro cazador africano muy posterior fue Mike Lagrange, nacido en Rhodesia del Sur, cuando aún era colonia británica. Por órdenes del gobierno comunista del presidente Mugabe, tuvo que eliminar unos 5.000 elefantes para entregar nuevas tierras al pueblo. Él nunca lo llamó cazar. Era su trabajo si no quería que lo expulsaran del país que le vio nacer. Para ello utilizó un fusil de asalto FN FAL del 7,62×51, calibre de la OTAN equivalente al .308 Win. Pero, como había sido su arma de combate en los quince años que duró de Guerra de Independencia de Rhodesia, lo conocía perfectamente. Y, sobre todo, tenía una confianza enorme en él. Escribió el librito Balistics in perspective, un tratado de armas asombroso para su tiempo.
Sin ir tan lejos, tenemos la cacería que Luis de Olivares, conde de Artaza, realizó en el Himalaya indio en 1930, cuando era cónsul en aquel país. Cazó 135 días seguidos en el terreno más duro del mundo, consiguiendo la mejor colección de trofeos de montaña de Asia que hubo hasta hace poco tiempo. Pero lo increíble es que lo hizo con un Manlicher del 6,5×54 y sin utilizar anteojo, o sea, a punto y alza. Pero con mucha práctica y habiendo cazado mucho con él, le sirvió perfectamente, a pesar de que hoy pueda parecer increíble.

En mi caso es diferente. A pesar de que tengo varios rifles en mi armero, en ocasiones me toca probar diversas armas para Iberalia GO!, importadores o en mis seminarios de tiro. Y no siempre me las dejan con el tiempo suficiente como para acostumbrarme a ellas. Especialmente a sus gatillos y sus presiones, que es para mí la parte más importante de un rifle. Digamos, como el volante de un coche, del cual va a depender todo el resto.
Esta falta de costumbre me hace no poder dominar con un intenso entrenamiento el arma que manejo. Y, por supuesto, he de reconocer que he fallado, a veces tiros que nunca hubiera errado con uno de mis rifles de toda la vida. Pero fallar, fallo como todo el mundo. El que diga que nunca falla suele ser porque es un bocazas o tiene una memoria muy selectiva. Siempre, todos, tenemos algo nuevo que aprender.
Cuando fallamos un trofeo hay tres puntos que son importantes para reflexionar. Lo primero que debemos estudiar es por qué hemos fallado.
Recuerdo mi primera cacería de sarrio a los 18 años, en la Reserva de los Valles, cazando en Gistain. Fue un tiro inclinadísimo hacia arriba, no demasiado difícil, puede que 180 metros. Yo todavía no tenía ni idea de las variaciones que se producen en los tiros en fuertes ángulos hacia arriba o hacia abajo. Tardé casi diez años en aprenderlo y comprenderlo, leyendo prácticamente todos los libros americanos de tiro que encontraba. Desde entonces es un aspecto que estudiamos y practicamos en nuestros Seminarios de Tiro en Montaña y Rececho.
O el último macho montés que cobré el año pasado. Lo fallé por forzar un tiro a 425 metros, más de mi distancia cómoda de disparo y con fuerte viento cruzado. Ya sabía y conocía el efecto del viento lateral. Pero entre los nervios y la tensión propia de la caza hice un cálculo de 30 centímetros en lugar de los 60 cm reales. Y es que esa es la desviación de una bala a esa distancia con un viento cruzado de 30/40 km/h. Desde entonces es otro de los aspectos que estudiamos y practicamos en nuestros seminarios de tiro. Afortunadamente, al día siguiente subimos a por él y, tras una magnífica entrada desde arriba, lo cobré en un sencillo tiro, apenas a 120 metros.
Lo segundo que aprendemos de un fallo es que hay que subirse de nuevo al caballo inmediatamente. Lo primero es comprobar si el rifle tira bien en un campo de tiro o si ha sido culpa nuestra. Y así, además, practicaremos y ganaremos confianza en nuestro rifle.
Lo tercero que aprendemos de un fallo es a ser humildes. Cualquier guía que oye a su cliente presumir de que nunca falla nada, ya se pone a temblar. Es mejor que usted sea humilde, diga la máxima distancia a la que tira seguro y mantenga la boca cerrada.
Consejo del mes: ¡Que no, que no y que no!
Da igual que usted lleve un nuevo rifle y el anteojo más caro y sofisticado del mercado. Si no lo ha probado intensamente y tirado suficientemente al blanco, no le ayudará. Al revés, puede ser contraproducente, pues no tendrá práctica ni confianza con él.
Para ganar confianza en su rifle usted debe practicar intensamente con él. Y cuanto más practique, mejor; es el único modo. El cazador español es muy poco dado a tirar al blanco. Porque no tenemos costumbre, facilidades y no nos gusta. Incluso he oído el disparate de que algún cazador no tira al blanco porque luego tira peor.
No lo olvide, querido lector. Como en todas las actividades en la vida, la frecuente práctica y el continuo entrenamiento son las claves del éxito. Hágalo ¡y entonces habrá dominado factor «C»!
Texto y fotos de Roque Armada. Director de la Escuela de Tiro Iberalia GO!

