El kudu, el fantasma gris de África

El kudu pertenece al género de antílopes con cuernos en espiral, como el nyala y el bushbuck, y es un animal que me fascina, quizás el antílope más representativo de África.

Desde que empecé a tener curiosidad cinegética tuve claro que, tarde o temprano, intentaría cazar uno con el arco. En las cuatro ocasiones que intenté abatir uno fue imposible. En 2007 lo probé al paso, en una charca. Entró uno pequeño que el profesional no me dejó tirar. No vimos ni uno más en todo el safari. En 2012 lo probé recechando y al que tuve cerca sólo le veía cuernos y orejas, y tampoco le pude disparar. En 2022 receché un espectacular macho y fue imposible colocarme a menos de cien metros. Luego, le hice un par de esperas y el que entró era pequeño… En fin, ¡se resistía el kudu!

¡Un diuker muy ágil!

Casi catorce años más tarde lo volvería a intentar de nuevo. La zona tenía mucha vegetación y era difícil moverse sin hacer ruido, así que decidimos hacer una espera en un puesto elevado delante de un water hole, donde tenía querencia un bonito kudu que Leti fallo días atrás y, como el animal estaba resabiado, pusimos unas cuantas coles algo más lejos, a unos 45 metros.

A la hora y media de estar en el puesto nos entró un diuker, uno de los antílopes más pequeños y con fama de ser de los más agiles y rápidos, dejando a nuestros corzos como «lentos» a la hora de esquivar flechas. «Shot, shot, it’s a big one», me dijo Koos. Medí 43 metros, abrí, lo metí en el visor, sonó el clic de mi disparador y en tres segundos la fecha voló… Sonó como si hubiera impactado en el pequeño antílope, pero todo fue tan rápido que, a simple vista, era difícil saber lo que había sucedido. Al revisar el vídeo vimos que, cuando la flecha llegó, el animal ¡ya no estaba! Hunt is hunt y, sobre todo, cuando se usa el arco como herramienta.

kudu en africa en trofeo caza

Fantasma gris

Después del matrix del diuker, ¡calma! Una hora más tarde, por encima de las ramas, dos cuernos en espiral asoman, ¡es el kudu! El corazón empieza a latir con más fuerza, poco a poco se van acercando, entran primero las hembras y, muy receloso el macho, 41 metros, ¡qué animal tan espectacular! Abro, ni tiempo de anclar y los kudus ya no están, se alejan cien metros y se paran, mirando en dirección al puesto, sólo se le ven los cuernos… No sé qué les asustó, tenemos el aire bien y estamos completamente parapetados en el puesto.

El animal estuvo en esa posición unos cuarenta minutos, se gira y, lentamente, entra de nuevo. Esta vez abro el arco antes de que el macho dé la cara, pero se para detrás de un bush, ¡fuck! A los pocos segundos, sin motivo aparente, huye de nuevo el grupo, parándose algo más lejos… ¡Me va a dar algo!, ¿qué estamos haciendo mal?, ¿por qué están tan desconfiados? Pues bien, este patrón se repitió en cinco ocasiones más y, en cada una, veía más lejos conseguir conectar con este precioso animal.

Siete horas después de colocarnos en el puesto, a las tres de la tarde, aproximadamente, entraron por sexta vez, pero el macho cambió su patrón y entró más por la derecha. Estaba casi de frente, no pensaba esperar a que se girara y, a cámara lenta, abrí… Una hembra se puso delante del macho, pero, como son más pequeñas, seguía teniendo tiro, le coloqué el punto entre la escápula y el cuello, relajé la mano y el clic me avisó de que todo estaba listo, disfrutaba de la espera hasta que se produjese la suelta… De pronto, la hembra levantó la cabeza situándola en la zona vital, donde el pin estaba flotando, coloqué el dedo en el seguro y ejercí tensión de nuevo…

kudus en trofeo caza

La hembra miraba fijamente al puesto, mientras, con sus enormes orejas a modo de radar, rastreaba toda la zona en busca de algo que no le cuadrara y pudiera dar la voz de alarma… Cuarenta segundos que se hicieron eternos hasta que perdió el interés y agachó la cabeza. Solté el seguro, terminé de definir la zona de impacto, empujé y traccioné mientras relajaba las manos y la flecha volópocc.

El kudu arrancó con la saeta metida hasta las plumas para perderse entre el bush. El impacto en la escápula me pareció algo alto, pero, como el tiro era de arriba a abajo, creía que estaba en el sitio, pero en posiciones comprometidas siempre surge la duda de lo letal que haya podido ser.

Mientras esperamos, repasé el vídeo una y otra vez. Koos afirmaba: «It’s a good shot», pero, por experiencia, hasta que no toco el animal con las manos no celebro el lance.

Cuarenta minutos más tarde fuimos al tiro, la arrancada marcaba la dirección de su huida, no había ni gota de sangre… Seguimos sus huellas, bueno, las siguió Koos que es un verdadero especialista en saber cuál es la del animal herido entre tanto rastro, y ¡a cincuenta metros encontramos el kudu!

¡No me lo creía! ¡Qué animal tan bonito! Era increíble, por fin podía tocarlo, lo acaricié, me arrodillé a su lado para mostrar el respeto que se merecía este majestuoso animal, lo volví a acariciar… Su cara rasgada en blanco, su pelaje gris con las líneas blancas y su barba y crin negras, con esos cuernos negros en espiral terminando en blanco marfil… Sin lugar a dudas, para mí el antílope más bonito del continente negro, ¡qué tanto tiempo y esfuerzo me costó conseguir!

Texto y fotos: Joan España