En este artículo toca hablar de uno de los espectáculos más bonitos que nos brinda la naturaleza y, muy especialmente, nuestras sierras ibéricas.
Un mes de septiembre en el que, poco a poco, los días se van haciendo más cortos, los abrasantes calores de julio y agosto se van diluyendo y, si hay suerte, alguna lluvia llegará anunciando la proximidad del comienzo del otoño y el inicio de la berrea de los ciervos.
Septiembre es un mes de preparativos para los monteros. Si todo ha ido bien, el calendario de la temporada que empezará en breve ya está organizado, solo queda preparar todo, renovar el equipo viejo que ya ha dado todo lo que tenía que dar y, por supuesto, obligado es estrenar algún archiperre que nos acompañará durante la temporada y que, seguramente, nos dará buen juego en nuestras salidas monteras.
El mes de septiembre marca un antes y un después entre el verano y la llegada del, tan ansiado, octubre para todos los monteros.
Mientras pasan estos días del final del período estival, empiezan a cambiar los sonidos del monte, los venados reposan debajo de una gran encina protegiéndose del sol e intuyendo que pronto empezará su celo, por lo que en ningún momento pierden de vista a las ciervas que, tranquilas, campean por las dehesas buscando alimento.
Cuando los cielos se tornan oscuros, se van cubriendo de nubes que anuncian las primeras tormentas de final de verano acompañadas de la deseada lluvia.
Cuando el lomo de los venados se moja, es cuando, poco a poco, se van poniendo nerviosos y empieza el ritual de la berrea. Un frescor lluvioso que hace que la temperatura cervuna suba y los venados van sintiendo que su ciclo vital de apareamiento se pone en marcha y tienen por delante unas semanas en las que demostrarán su fuerza y poder.
Días en los que todavía hace calor, en los que se buscan las sombras para reponer fuerzas hasta que llega el atardecer y empiezan los devaneos amorosos. La sierra se llena de berrea, de ciervas nerviosas y refriegas sin cuartel en la que cada venado quiere demostrar su poder.
Noches interminables y en las que se respira un ambiente tenso. Los bramidos de los venados vuelan por cada rincón de las sierras, no descansan hasta el amanecer y el sol en el horizonte anuncia la llegada del nuevo día.
Toca descansar durante las horas más calurosas hasta que, de nuevo, llegue la puesta de sol y el ritual amoroso se repita.
Los venados tratarán de acaparar el mayor número de hembras que formarán parte de su harén y que, posteriormente, serán cubiertas.
En todas las batallas, los mas fuertes siempre son los que ganan y en la berrea, mucho más.
Es primordial que durante la primavera y verano cada venado haya tenido una buena alimentación que garantizará llegar al mes de septiembre en plenitud de fuerza, rebosantes de poder, agilidad y poderío que deben demostrar ante sus contrincantes.
Los grandes venados, veteranos y sabios, siempre intentarán buscar las mejores zonas del monte, provistas de agua y abundancia de alimento y en el que irán marcando su territorio, siempre atentos, y defendiendo con sus bramidos cualquier visita no deseada.
En el monte impera la ley del más fuerte, y aquellos que sepan soportar el esfuerzo y desgaste que supone la berrera durante más de un mes, conseguirán transmitir su ADN al mayor número de hembras.

Cazar en período de berrea es una experiencia única, con unas particularidades que la hacen muy especial y que, año tras año, un sinfín de cazadores esperan este momento para practicar su modalidad de rececho preferida.
Normalmente, cuando se va a cazar en berrea, el cazador busca un gran trofeo, un venado viejo, curtido en mil batallas y poseedor de una preciosa cuerna.
En muchas ocasiones, ver a los venados grandes no es tarea fácil; son recelosos, los años les han dado esa sabiduría que evita los acechantes peligros y, además, tienen la inestimable ayuda de las cotillas ciervas que siempre están ojo avizor y, al menor movimiento, lanzan la voz de alarma.
Para cazar un gran venado en berrea es primordial tener un buen conocimiento del terreno, vigilar las querencias de las reses, la orografía, la cantidad de ciervas que forman su harén y, como en todo rececho, saber realizar una buena entrada y culminar el lance con un abate como mandan las buenas formas en la caza.
La berrea no se puede convertir en una caza fácil y cómoda. Tiene que ir acompañada de esfuerzo, estrategia, sacrificio y tesón… Así, nos sentiremos orgullosos por la culminación de un rececho realizado como manda la tradición cazadora.

Una pregunta que siempre se hace y que genera no pocas controversias entre los partidarios y detractores.
Los primeros dirán que es una caza selectiva, que se buscan los mejores trofeos y que no es una caza de cantidad, sino de calidad.
Los segundos, argumentarán que se esquilman los grandes venados antes de las monterías dejando solo los venados pequeños.
Como todo en la vida, si cualquier actividad se realiza, sea cinegética, deportiva o profesional, con ética y respeto, entonces deberá ser respetada.
Si hablamos de fincas en las que se celebran monterías cada temporada, lo ideal sería que no se cazaran los venados en berrea. El no cazarlos favorece a los monteros, ya que, el solo intuir la posible presencia en la mancha de algún gran «pavo» es un aliciente que nos pone los nervios a flor de piel.
Un orgánico, a la hora de contratar una finca, debe tener muy claro junto a la propiedad lo que hay que hacer en la berrea.
Por supuesto que, desde el punto de vista económico, el vender venados en berrea es muy lucrativo y si los trofeos son muy buenos, más.

Lo que hay que conseguir es un equilibrio entre la caza en berrea y en montería sin agotar la presencia de los mejores venados para luego ofrecer en la montería venados poco destacables.
Yo, personalmente, pienso que sí pueden convivir estas dos modalidades de caza, pero siempre con un criterio coherente y pudiendo ofrecer lo mejor a cada tipo de cazador.
Si una finca tiene varias manchas, lo ideal, ético y correcto sería que, en la mancha en la que se va a dar la montería, no se cace en berrea. Esto supone una muestra de respeto hacia los monteros que próximamente cazarán esa mancha y, para el orgánico, el cazar un gran trofeo en una de sus monterías, le dará un valor añadido a su nombre.
Ahora solo queda esperar las primeras lluvias, que los cielos se tornen grises y que el campo se llene de ese aroma a monte mojado que tanto nos gusta.
Entonces, es cuando los venados empezarán este maravilloso ritual que se repite cada septiembre y que, cuando termine, estaremos ya empezando una nueva temporada montera.
Autor: Carlos Muñoz
@miradasmonteras

