El camino hacia la berrea: alimentación, gestión y selección del venado

La berrea es el resultado de un trabajo que comienza mucho antes: conocer el campo, cuidar la alimentación y gestionar correctamente la población de venados.

Todos los años viene siendo igual: el sordo rumor del gastadero, el penduleo de las tórdigas, el orín en panzas y pechos, el tarameo de las cuernas ya duras y el tímido berrear de aquellos que tienen las ciervas cerca, envueltos con ellas porque son sus rastras. Hasta que la lluvia transportadora de vida y olores no vuelva, no arrancará este espectáculo de la vida, cuando el campo pierde su cautela.

Pero, en realidad, no estamos esperando a que empiece la berrea; en realidad, si sabemos lo que tenemos entre manos, estamos llegando al epílogo de nuestra temporada, donde se cosechan resultados y, según sean, se acabarán las preocupaciones y llegarán las alegrías. Pero, de todas maneras, habrá que comenzar a trabajar en la berrea del año que viene; no nos hemos desnortado, sabemos lo que decimos. La época del celo de las ciervas, porque los machos andamos siempre en celo, es cuando mejor se cazan los grandes venados y se comprueban los resultados de la gestión, y para ello tuvimos que empezar el año pasado con el primer camino de la berrea, que es la alimentación.

ciervos en revista trofeo caza Comida

 

Antes, cuando las caballerías monopolizaban los trabajos de nuestros campos y estaban descansando de la trilla y preparándose para la siembra, se sembraban las antiguas herrenes con centeno, un cereal de rápido crecimiento que, en verde, aportaba nutrición suficiente para recuperarse de los rigores del verano. A poquito relente que hubiese y algunas aguas que cayesen se sembraba aquel basto cereal salvador. Bueno, pues nosotros ya podemos ir preparando la sementera, sí, ahora, antes de que se pongan verriondos, deberíamos sembrar como si no hubiese un mañana, usando como simiente varias especies de cereal, con distinto ciclo de crecimiento, a la vez. Nada de cercas de ningún tipo, porque el asunto está en que, según vaya creciendo la siembra, puedan ir alimentándose de ella, acabando en verano comiendo las espigas del centeno que es lo que menos les gusta, pero, incluso así, se lo comen. Si el año viene bueno de bellotas ya tendremos gran parte de la alimentación cubierta, aun así y según lo que queramos tener, habrá que dar algún aporte extra, porque ya les digo yo que, en las granjas cinegéticas, aparte de la genética, esas cuernas masivas son fruto de más de cinco kilos de pienso diarios por cabeza. Cuando un venado desmoga tiene que estar gordo para medrar, si no lo está, podemos hacer lo que queramos, pero no desarrollará ninguna cuerna digna de la berrea.

ciervo en el campo berreando en revista trofeo caza

 

Los objetivos, claros

 

Quien piense que las monterías son el fin último de aprovechamiento de la caza mayor, se equivoca. Económicamente pueden ser lo más llamativo, pero, en realidad, son un instrumento de gestión con reunión social incluida. Aunque no sean muy selectivas, sí nos van a ayudar en mantener un número de reses que deberíamos tener muy estudiado de antemano. Según posibilidad de siembras, pastos y bellotas, cada finca tiene su capacidad de carga ganadera. Pero lo que es indiscutible es la relación entre machos y hembras, y cuanto más se acerque a 1:1 mejor será. Dentro del número de hembras hay que tener en cuenta que incluimos la rastra última, por lo que, si no andamos listos, nos podremos encontrar el año que viene con el doble del sexo femenino que de machos. Distintos estudios coinciden en que las hembras adultas, en plenitud, crían rastras más grandes, por eso, las «pepas» viejas no deben eliminarse a priori (se han estudiado ciervas que, con 20 años, estaban desarrollando fetos fuertes y totalmente viables).

ciervo en revista trofeo caza

 

Cada cosa en su momento

 

Otro de los caminos que nos llevan a la berrea es el tiempo que están los venados berreando. Muchas veces, se los oye reclamar en unas épocas impensables para la razón y la costumbre, haciéndose notar hasta en plenas fechas navideñas, evidentemente, no con la misma intensidad que en septiembre, pero con insistencia. Hay zonas donde el celo parece continuar, y de hecho lo hace, hasta noviembre y eso es porque hay ciervas que salen en celo demasiado tarde. El motivo de ese retardo es porque comienzan a estar receptivas una vez que la rastra se ha destetado totalmente y eso ocurre cuando los chivos nacen tarde. Por eso, todo gabato nacido después de junio debería ser eliminado: necesitamos machitos con la cuerna nacida en tiempo, con buena constitución física para sobrepasar el invierno, eso para su propio beneficio, y para el rebaño, en general, necesitamos berreas cortas. Este tema de la constitución física de los gabatos, tanto machos como hembras, es importantísimo.

De todos es sabido que el mayor aporte de proteínas para la producción de leche lo dan las plantas verdes, en plena capacidad de realizar la fotosíntesis, es decir, hierba viva. Esto ocurre en primavera, que es la época en la que deberían darse todos los nacimientos. Madre gorda, leche buena y chivo feliz, y sano y fuerte y, a la hora de empezar a comer por sí mismo, hacerlo con hierba verde. Toda la alimentación que se les pueda aportar es buena, pero no es la mejor, no es hierba. Cuanto antes nazcan nuestros pequeños bambis antes arrancarán a comer y, si tienen hierba y alimentación natural, más «cabezones» serán y mejores pivotes óseos donde desarrollar sus cuernas tendrán. Las rosetas del futuro deberán ser lo más grandes posible, es obvio tanto como que la historia de las cuernas comienza años antes de lo que parece. A quien le gusten los varetos de ocho o diez puntas, sin tener en cuenta el grosor, ya sabe que tiene que apañárselas para conseguir que estos consuman una cantidad de comida «campera» equivalente a cuatro o cinco kilógramos de pienso al día, como se hace en las granjas cinegéticas del ramo.

ciervo corriendo en revista trofeo

 

Conocer nuestro campo

 

Nos vamos adentrando ya en la selección de nuestros venados, pura y dura, pero para eso tendremos que tener un censo o una idea aproximada de lo que integra nuestra población.

Comenzamos por los resultados de las monterías sabiendo exactamente lo que se ha cazado, qué virtudes y defectos tienen. No es exacto, como las encuestas, pero sí indica claramente una tendencia, pudiéndose ver los que no conocíamos, esas sangres que son muy abiertas o cerradas, sabremos si se pierden muchas contraluchaderas o palmas con la edad o si faltan por motivos hereditarios… Del mismo modo, en la época de desmogue, antes de que los guardas vendan los cuernos encontrados, como es o era tradición, deberíamos, más que echarles un ojo somero, buscar las parejas, pesarlas, fotografiarlas y, aparte de observar lo mismo que en las monterías, saber el grado de vejez o de juventud de las rosetas y la relación con el volumen de la cuerna. Deberíamos encontrar pivotes de rosetas convexas en cuernos jóvenes con buen volumen y las rosetas cóncavas en cuernas muy grandes o en regresión.

He oído mil teorías sobre la edad de los venados y de su tiempo óptimo para ser cazados, es decir, cuándo entran en regresión. Independientemente de los años que puedan vivir, puede ser hasta los veinte o más, aquí, en nuestra piel de toro, pienso que no podemos dejarlos más allá de una octava o novena cabeza y quizá sea mucho; puede ser que cerrados y con una alimentación casi de establo puedan llegar a más.

En realidad, más que la alimentación, lo que determina el crecimiento y la forma física de los animales es cómo pueden aprovecharla y eso lo determina la dentición. Mientras que la dentición no está gastada, no tenga picos de loro o de gavilán, los animales mastican perfectamente, pudiendo digerir de un modo óptimo. Por el contrario, si la dentición está gastada o, lo que es peor, presenta esas irregularidades que impiden que trituren el alimento correctamente, siendo muy difícil la digestión y aprovechamiento de ciertos elementos que expulsan casi enteros en las heces, eso repercute, cómo no, en las condiciones de las cuernas, que comienzan a resentirse y entrar en regresión.

ciervos luchando en revista trofeo caza

Tal hecho puede observarse tímidamente por la visión general que el animal nos ofrece: las luchaderas parece que nacen dos dedos más altas de lo que lo hicieron ayer, ya no están tan próximas a la roseta, no sabemos si es que sube una o baja la otra, pero, a partir de un momento determinado, comienzan las rosetas a deformarse hacia los ojos, como si de barro tierno fuesen. Aquellos candiles centrales que hace un tiempo tenían una orgullosa pero tímida horquilla, ahora ya no la muestran y comienzan a acercarse al tronco de la cuerna.

Asombrosamente, las palmas ya no son mellizas, es más, la derecha diríamos que se esté quedando atrás… Parece que hemos llegado a nuestra meta…
Ese momento en que el camino comienza a «desandarse» es el justo en el que hay que preparar las armas, templar los nervios y, tras unas pocas semanas de montas, a modo de despedida y para dejar más simiente, es cuando hay que honrar a nuestro monarca y trasladarle de la sierra al salón de nuestra casa.

Autor: Juan Pedro Juárez