La caza a lo largo de su historia ha pasado un sinfín de etapas en cuanto a la percepción que se tenía de ella hasta llegar al presente en el que, desgraciadamente, sufre continuos ataques por parte de colectivos contrarios a ella.
Obviamente, en este artículo voy a escribir sobre los convulsos tiempos actuales. Atrás queda una época en la que nuestra España era un país con un alto componente rural y el ejercicio de la caza era visto desde otra perspectiva mucho más tolerante y se asimilaba que la acción cinegética era necesaria y formaba parte de nuestra cultura.
En pleno siglo XXI la percepción de la caza ha cambiado radicalmente y sufre continuos ataques de detractores que, en muchas ocasiones, esgrimen argumentos con un componente político muy fuerte y carentes de esa racionalidad tan necesaria para llegar a un consenso entre dos partes con opiniones confrontadas.
Yo, como cazador, podría escribir regueros de tinta sobre las virtudes del ejercicio de la caza olvidándome de la objetividad y expresando unas valoraciones muy condicionadas por el simple hecho de ser cazador.
Pero quiero ir más allá de una defensa a ultranza de algo que forma parte de mi historia, que practico desde hace muchos años y que siempre he intentado defender esa caza ética y respetuosa que todo buen cazador intentamos transmitir a las nuevas generaciones.

La caza, por supuesto, que tiene un gran valor. Pero no nos engañemos. El valor de la caza lo podemos elevar a lo más alto los cazadores, nadie más. Nunca esperemos que una persona con el título de anticaza moverá un dedo en defensa de esta actividad. Por este motivo, los cazadores somos los responsables de conseguir que la percepción de la caza, por parte de la sociedad y en pleno siglo XXI, sea tolerante o, por lo menos, no suframos los cazadores el desdén de personas que ni entienden ni quieren entender el mundo cinegético.
El verdadero valor de la caza es el respeto, el enseñar a las nuevas generaciones la práctica de una caza respetuosa, ética y envuelta en tradiciones que deben perdurar a lo largo de los años.

Argumentos firmes y razonados es lo que necesita la caza para que pueda ser entendida. De nada sirve pregonar a bombo y platillo las virtudes que tiene si, cuando vamos al campo a cazar, nos comportamos como verdaderos cavernícolas demostrando actitudes muy alejadas de las que debe tener un verdadero cazador. Ese mal comportamiento es el que hace un daño irreparable a la imagen del colectivo cazador. Actitudes de poco respeto por los animales, por el medio ambiente, mal uso de las redes sociales o en la caza colectiva el ansia que se ve en algunos mal llamados cazadores, que piensan que lo único que vale es cazar cuanto más, mejor.
Podemos hablar de muchos aspectos que demostrarán la importancia de la caza y que voy a intentar resumir.
La caza ética, bien regulada, ayuda a mantener el equilibrio ecológico de nuestros montes. Controla la población de especies que, de no estar reguladas, supondrían un grave problema medioambiental, tanto en el monte como en zonas de cultivo. Un ejemplo claro y que todos conocemos es el jabalí. No hace falta explicar la importancia que tiene la regulación de su población y a las pruebas me remito sobre todos los problemas generados en cultivos, núcleos poblacionales, accidentes de tráfico, etcétera.

El sector cinegético tiene un importantísimo peso económico en un país como España con una larga tradición cazadora. Afortunadamente, tenemos sierras que son la envidia de muchos países. Variedad de especies cinegéticas, modalidades de caza únicas, como nuestra montería española que cada año es practicada por un sinfín de cazadores nacionales y, cada vez más, extranjeros.Tenemos magníficos profesionales de la caza que ofrecen jornadas de caza mayor y menor generando ingresos, tanto directos como indirectos en el medio rural.
Nuestro mundo rural no está pasando sus mejores momentos con un progresivo éxodo a las ciudades y un envejecimiento de la población. La caza genera cada temporada una ayuda vital para la economía de muchos pueblos y representa una importante ayuda para esas familias que siguen defendiendo sus raíces rurales. Gestión de cotos por los ayuntamientos, casas rurales, restaurantes, cocineros, postores, rehaleros, arrieros, empresas cárnicas, guardas, etcétera. Ellos forman parte del mundo cinegético y, gracias a él, tienen una ayuda importantísima en su economía doméstica.

Históricamente la caza ha formado parte de nuestros desde hace muchos años. El campo español no se puede entender sin el ejercicio de la caza, que ha estado siempre muy ligado a él.
La caza es cultura, tradiciones que se transmiten de padres a hijos y que debemos defender y preservar para las generaciones venideras.
Aunque la forma de cazar ha cambiado mucho y las normativas se han ido adaptando a la evolución del tiempo, la caza sigue siendo vista como una actividad con un fuerte componente social y cultural, en la que se transmiten unos valores que perduran a lo largo de los años y que todos los cazadores estamos obligados a respetar.

La caza bien practicada puede ser una herramienta educativa muy importante para transmitir sus valores acordes con algo fundamental y que es la conservación de la naturaleza.
El que diga que los cazadores no respetamos la naturaleza, o quiere transmitir esta afirmación de mala fe o no conoce en absoluto el respeto que tenemos los verdaderos cazadores por la naturaleza.
Muchos colectivos de cazadores, como asociaciones, sociedades de cazadores de pueblos, rehaleros, organizadores… están muy involucrados en programas de educación medioambiental, en los que se trata de inculcar las buenas prácticas en cuanto al manejo sostenible de los recursos que la naturaleza nos brinda, un correcto control de las poblaciones de especies y planificación de acciones para mejorar la gestión de nuestros montes.

¿A quién no le gusta disfrutar de un plato con carne bien cocinada, silvestre, saludable, sin aditamentos artificiales y que tiene un alto valor nutricional?
La carne de caza es muy valorada por todo lo que aporta, por su origen totalmente natural y salvaje, con un menor impacto medioambiental comparado con la carne industrial y por su excelente calidad.
España es uno de los productores de carne de caza más importantes, pero el consumo no se corresponde con su capacidad productora. Tenemos que aprender de otros países en los que esta carne es muy valorada y su consumo es mucho más alto que el que tenemos actualmente en nuestro país.
Para finalizar, creo que hay muchas razones para defender los valores que tiene la caza. A pesar de los continuos ataques que sufrimos el colectivo de cazadores, en España siempre ha estado presente en nuestras vidas la caza y, si entre todos luchamos por ensalzar sus valores y defender esta práctica sostenible, nunca desaparecerá. Y, esto, es responsabilidad de todos nosotros, los cazadores.

Un texto de: Carlos Muñoz
Instagram: @miradasmonteras

