Seguridad, responsabilidad y relevo generacional: reflexiones necesarias en la caza

Accidentes, imprudencias en montería, conducción en el monte y el papel clave de los jóvenes en el futuro cinegético.

Si bien en términos cinegéticos ha sido un éxito, no ha sido una temporada libre de accidentes fatídicos y sustos, probablemente no más que otros años, pero hemos sido más conscientes debido a las redes sociales y al altavoz que se les dan a estos terribles accidentes desde los medios de comunicación. La terrible realidad es que aún existen muchos comportamientos imprudentes e irresponsables, pero la buena noticia es que cada día los cazadores somos más conscientes de los riesgos y de los comportamientos a evitar.

Dicho esto último, creo que los propios cazadores y resto de actores de las actividades de caza somos y debemos seguir siendo los principales «agentes» de cambio. Agradezco cuando los orgánicos se ponen de verdad serios y machacones en los discursos mañaneros en las monterías para recordarnos las normas de seguridad, explicándolas una a una y poniendo el énfasis que merece. Me gustaría agradecérselo, particularmente porque he sido testigo en primera persona, a Lolo de Juan y a Pablo del Guayo, ambos, además de grandes amigos, repiten hasta la saciedad, con seriedad y claridad los comportamientos a evitar.

Joaquin de lapatz en trofeo caza y conservación

Pero quizás nos toca como cazadores dar un paso más allá y ser los primeros en enfrentar comportamientos imprudentes, haciéndolo saber, no sólo al interesado sino al resto de la parroquia, si es necesario, el asunto acontecido.

Este año he sido testigo de varias situaciones y, una de ellas, particularmente molesta, ante el relato de lo acontecido en la comida tras la montería. Un cazador relataba cómo le había «matado» un venado entrando casi al puesto vecino, que estaba dejando cumplir a la res… Me produjo tal cabreo que no pude evitar decirle al fulano: «Si me haces eso a mí o te veo hacerlo, te espero en la comida y te arreo un soplamocos con la mano abierta, no por el daño, sino por la vergüenza que mereces sentir». Con sonrisa forzada me dijo: «Hombre, no te pongas así, que al que le he matado el venado es amigo», a lo que le contesté algo que aprendí de pequeño: «Lo que está mal hecho, mal hecho está; pero si es a un amigo, doblemente mal hecho».

Temporadas de caza en trofeo caza y conservación

Sobre los coches, los caminos y las ruedas

Esta temporada ha traído las lluvias tarde, pero, como todos los años, los caminos y pistas a veces no siempre están mantenidos (porque mantenerlos cuesta un buen dinero y no siempre hay quien quiera o pueda pagarlo) y esto nos empuja o bien a andar más o bien a transitar por esos caminos con los vehículos.

Y esto me lleva a otra reflexión y es que, con el auge de los todocaminos, este año me he topado en varias ocasiones a «optimistas del volante» que, contra el consejo de orgánicos y postores, han metido sus vehículos con ruedas de carretera por el monte mojado quedándose atrapados, dificultando todo el arranque o el final de la jornada de caza. Otros, han pinchado o, incluso, roto llantas, provocando aún más problema porque las grúas de asistencia en carretera, hacen eso, asistir en carretera, no en el monte, y porque muchos de estos vehículos no llevan rueda de repuesto, sustituyéndolo por un kit antipinchazos, que sólo vale para tapar pinchazos menores y no rajas en cubiertas.

relevo generacional en trofeo caza y conservación

Y la realidad es que, para adentrarse en según qué pistas, hace falta no sólo una buena tracción, sino unas buenas ruedas para el todoterreno y, desde luego, experiencia conduciendo en este tipo de superficies.

Sin ir más lejos, hace un par de semanas, cazaba la «penúltima» en la sierra de Villatoro, en Ávila, donde no es que los caminos sean intransitables, es que siempre acumulan algo de nieve en invierno y barro, bastante barro. Y, claro, los todocaminos sufren y se terminan quedando. Y, sin embargo, los todoterrenos más puros, algunos con muchos años y varios centenares de miles de kilómetros a sus espaldas, pero con buenas ruedas, subían sin problema, esa es la diferencia.

Sin embargo, en la caza menuda ese problema disminuye bastante. Y ¿por qué? No porque las pistas sean mejores o los vehículos más preparados. Simplemente, porque el cazador de menor muchas veces va solo y suele ser bastante más realista a la hora de meterse en según qué caminos.

Las temporadas de caza en trofeo caza y conservación

Y, por último, el relevo generacional

Veo con franca alegría a jóvenes sumándose al arte de la caza y no sólo acompañando a sus padres, sino directamente montando planes alrededor de la caza. No es que sea una generalidad, pero veo «brotes verdes» sin los cuales pronosticaría el fin de esta afición tan necesaria. Una vez más, os recuerdo a los que ya vais peinando canas la obligación no escrita de dedicar un minuto de vuestro tiempo a saludar y reconocer a los niños y jóvenes que acuden a jornadas de caza. En otro tiempo erais vosotros los que agradecíais cuando los «mayores» os saludaban. Ahora os toca devolver a la gran hermandad de la caza esos favores y reconocimientos.

Texto y fotos: Joaquín de Lapatza