La esencia de la caza

La caza es una mañana, una tarde o una noche en el campo. Es lo más puro del ser humano, nuestra esencia recae en ella. La caza se hace disfrutando del silencio del monte, a veces interrumpido por el berrido de un venado, el piar de los pájaros o las carreras de las reses. Esto, unido a la dificultad, el salvajismo, la soledad y el esfuerzo al que se somete el cazador, es lo que hace que me apasione la caza, no como un deporte, sino como un estilo de vida, una forma de entender a los animales y apreciarlos. Nadie valora, se preocupa y sabe más acerca de los animales que los cazadores. La caza es una manera de entender la vida y valorar lo pequeño de esta.

La esencia de la caza es la actitud con la que el cazador realiza esta actividad, cómo entiende el campo, lo estudia y lo comprende. El fin de la caza va mucho más allá de la muerte, ya que esta da paso a la vida. Por desgracia, o no, existe la muerte y para que unos muchos sobrevivan otros pocos deben morir, no por placer ni gusto, sino porque debe ser así. La propia naturaleza no podría equilibrase por sí sola, necesita la ayuda del hombre para equilibrar la balanza. No se da muerte a cualquier animal sin más, sino a «ese» que posee una enfermedad, como la sarna o tuberculosis, que pueden afectar de manera directa al ser humano.

Pero no solo se cazan animales por poseer enfermedades, sino por otras muchas cuestiones, como la sobrepoblación o los daños en la agricultura. La caza trata de equilibrar esa báscula que la propia naturaleza no puede hacer, por diversas cuestiones, como la escasez de depredadores, que en muchos puntos de la Península es nula. Aunque cabe destacar que en algunas zonas del norte, como en León o Cantabria, hay una gran abundancia de depredadores, como son el oso o el lobo, que no solo no pueden regular los niveles de población de especies, como el ciervo o la cabra montés, sino que causan daños de todo tipo al ser humano (físicos, materiales y económicos) y que, gracias a la prohibición de la caza de dichas especies, los números de pérdidas económicas de los granjeros va en aumento, a la vez que el número de estos depredadores.

La caza se inicia desde la cabeza del cazador, es esa idea que uno se plantea y que desarrollará en los próximos días, semanas o, incluso, meses. Luego, esta idea pasa a ser realidad. La caza en estos tiempos se ve juzgada sin conocerla, siendo tachada de manera automática por la sociedad. Y es algo que es incomprensible desde mi punto de vista, ya que es la esencia de mi persona. Sin la caza sería otro, con ideas diferentes a las que tengo ahora.

A la caza se la desconoce, principalmente, por la falta de espíritu crítico, por pereza y por temor. La caza es un bien muy preciado en nuestros días, que debemos preservar no solo por el bien que hace al mundo rural y turístico, sino también al de nuestros montes y animales que viven en ellos, y sin el cazador muchas de las especies que encontramos hoy en día en España estarían extinguidas. Y, gracias al cazador, se controlan las poblaciones, lo que reduce enfermedades entre animales y humanos, se ayuda a la reducción de incendios, de los accidentes en carretera causados por especies cinegéticas, y se fomenta la economía en pueblos, lo que reduciría el famoso despoblamiento rural. El cazar, por desgracia, es un estilo de vida que pocos llevan y muchos tachan.

 

José Espinosa Leal.

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