Cara y cruz de la gestión de las reservas de caza

Qué duda cabe, para el que tiene capacidad de razonar, que la gestión del medio natural es necesaria y que además genera importantes recursos económicos mientras se mantiene o incluso se mejora.

Ejemplo de esta gestión han sido durante años las antiguas Reservas Nacionales de Caza, posteriormente cedidas a las CCAA y que pasaron a denominarse en la mayoría de los casos Reservas Regionales de Caza.

A lo largo de mi vida he tenido ocasión de cazar casi en todas ellas, o por lo menos en sus inmediaciones, y he podido ser testigo de su desarrollo y de la creación de su fama mundial y de su ulterior depauperamiento. Esto se hace más evidente en la reservas castellanoleonesas, donde sus preciosos paisajes, la excepcionalidad de los trofeos y la pericia de sus celadores, eran envidiados por cualquier entendido, siendo un ejemplo de lo que debe ser una acertada gestión pública del medio natural y el espejo en que se miraban los gestores privados de grandes territorios abiertos.

Lamentablemente, en los últimos años, se están abandonando las reservas, se reducen inversiones, se acumulan opiniones, y en medio de todo ese ruido, se nos está apagando la luz y el ejemplo que la gestión pública de estos grandes espacios daba a toda la sociedad.

La caza fue el origen de la creación de las Reservas de Caza, con ello se mejoró el medio, se incrementaron las poblaciones de animales tanto cinegéticos como no cinegéticos, incluso en muchos casos se introdujeron o reintrodujeron especies animales que antes no estaban, y eso es riqueza para todos los españoles. La caza es indudable que ha mejorado el medio y ha generado riqueza para los pueblos de esas zonas que ahora se llaman “la España vaciada”. Pero ahora se está desmantelando ese mundo.

Una administración maniatada por las presiones de ecologistas desinformados y funcionarios más preocupados por el sueldo que conlleva su cargo que por las responsabilidades que el mismo tiene, van a terminar con un desastre ecológico y humano que en unos años se estudiará como ejemplo de lo que no hay que hacer.

A muchos se les llena la boca con palabrería vana y aumentan incesablemente los que se apuntan a la batería de esnobs que piensan que por mentar esos vacíos discursos de “la España vaciada”, los “techos de cristal”, “el bienestar animal” o la “matria”, son parte con ello de una élite intelectual más avanzada, una especie de “homo ludens” en contraposición al “homo sapiens” que se convierte en un ancestro proscrito y brutal.

Se apropian así de la definición que allá por el año 1938 ya acuñó el profesor Huizinga, refiriéndose a la importancia del juego en el desarrollo del ser humano, retorciendo el concepto para referirlo al “nuevo” ser humano, desconectado de la naturaleza y conectado a lo electrónico en todas sus variedades (redes sociales, maquinitas, juegos electrónicos, documentales desde el sillón).

Poco podemos los cazadores cuando nuestras opiniones, consejos, e incluso demandas, son pertinazmente silenciadas por los medios. No interesa ese discurso, es mejor dejarse llevar por la corriente imperante de memes y memos desinformados y extremistas que no tienen la más mínima idea de lo que es la naturaleza, ni de que los cazadores llevamos aquí desde mucho antes que ellos nacieran, cuidando el medio donde se desarrolla nuestra actividad, y un poco más alejados de la tele y del hipócrita chuletón del supermercado con el que se llenan la boca algunos después de hablar del derecho de los animales.

¿Creen que el pollo, cerdo o vaca, que nacen estabulados y con el destino de engordar lo más rápido posible para ser sacrificados sin pisar el campo, no preferirían correr la suerte de los venados o jabalíes de nuestros montes que nacen, viven y mueren libres?

El argumento de todos estos memos es fácilmente comprable, de ahí su éxito, que se acabe con el negocio del asesinato de los animales silvestres, que se protejan las especies y los espacios para conseguir así dejar la naturaleza en su estado salvaje y prístino. Claro. Ahora bien, la pregunta que hay que hacerles es ¿cuál es esa naturaleza prístina y pura que quieren protejer del salvajismo humano? Evidentemente no se trata de la de los últimos siglos ya que el hombre ha estado impactando en el medio desde hace por lo menos milenios ¿a dónde quieren hacernos retroceder entonces? ¿al paleolítico? ¿al inicio de la vida pura y prístina de la primera bacteria? Así de fácil se deshacen sus absurdos planteamientos, pues añoran algo que ni siquiera han conocido.

El hombre es parte de la naturaleza y su impacto sobre el medio también es naturaleza, pues somos igualmente animales, y algunos menos racionales de lo que ellos mismos se creen.
¿Pero que es lo que se pretende? Separar al hombre de la naturaleza, ese es el final de la política que se está llevando a cabo, abrir una brecha insalvable.

Si el hombre no puede subsistir en el medio natural deberá recluirse en el medio artificial (las grandes ciudades tecnológicas), y al final las ciudades se irán comiendo ese medio natural del que ahora nos expulsamos, por la sencilla razón de que no será rentable mantenerlo. No es posible que una persona con dos dedos de frente no vea esto.

El desmantelamiento paulatino de la gestión pública de las reservas de caza, la falta de medios e inversiones en el mundo rural, la desvalorización de los recursos naturales y muy especialmente los cinegéticos, van a terminar con la destrucción de nuestro patrimonio natural nacional.

Existen multitud de ejemplos en el mundo del desastre que el abandono de la gestión técnica profesional trae al medio natural y parte fundamental de esa gestión técnica profesional es la caza regulada.

La caza protege a la especie cinegética, le asigna un valor económico, y con ello lo hace al biotopo donde se desarrolla. ¿Cuanto valdrían esas magníficas fincas de caza de monte mediterráneo de Andujar, Sierra Madrona o Montes de Toledo, si se dejase de cazar? ¿Que ingresos tendrían esos propietarios que han mantenido y cuidado el monte durante siglos simplemente para el ejercicio de la caza sin meter ganado ni roturar para siembras?. Supongo que, en el fondo, a todos estos memos eso les da igual, que se fastidien los ricos, dirán.

Como ya he dicho, se descapitaliza así, poco a poco, una gran parte del patrimonio de nuestro país, se pierden jornales y tarde o temprano se perderán esos montes, porque lo que no tiene valor nadie lo quiere, eso es indudable.

El abandono de la gestión técnica de las reservas regionales, la falta de inversión, la pérdida en definitiva de recursos públicos para el medio natural de forma deliberada, está siendo hoy en día la punta de lanza del movimiento que viene a denominarse “anticaza”, sin darse realmente cuenta que lo que son es “antinaturaleza”.

El problema es que la presión mediática de ese “homo ludens” es tan fuerte que los politicuchos de medio pelo se van plegando a sus deseos.

No olvidemos nunca el más claro ejemplo de esa ”gestión ecologista” que tenemos en España, el Arruí. Los memos presionaron hasta conseguir que se declarase al Arruí especie invasora en España y con ello se ordenase su matanza con medios públicos hasta sembrar el monte con miles de cadáveres de estos preciosos animales, supongo que eso no les parece cruel. De ser una especie cinegética establecida desde hace años y gestionada con beneficio económico y natural, pues amplía la biodiversidad, a terminar masacrados y además a coste de los impuestos de todos.

Tenemos un país con una deuda impagable y que además crece de año en año, y nos dedicamos a desvalorizar aún más nuestro patrimonio permitiendo que unos memos sin oficio ni beneficio dirijan nuestros pasos al despeñadero. Como no tuvieron bastante con la barbarie del Arruí, de nuevo, sin estudios científicos que lo avalen, y en contra del más básico sentido común, ahora toca el lobo, y esto no va a parar, tenemos que pararlo nosotros.

Esta corriente que nos está llevando es un auténtico “Terrorismo contra la naturaleza” y hay que alzarse ante ello, no podemos permitir ni un momento más que estos memos sigan presionando en redes sociales y medios de comunicación, haciendo que los cazadores se avergüencen de ser lo que son.

“YO SOY CAZADOR Y A MUCHA HONRA”. Basta de escondernos, basta de permitir que las administraciones destruyan nuestro patrimonio, hay que exigir la gestión técnica profesional del medio natural, precisamente para valorizarlo, para conservarlo. No permitamos que se siga pisoteando a los cazadores, a los agricultores, a los ganaderos, al campo en definitiva.

Señores, es momento de decir basta, o estamos acabados.

Por Alberto Monje, Ingeniero de Montes.

Experto en gestión cinegética.

MBA Internacional.

Técnico especialista en Plagas.

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