En defensa de nuestras raíces

Cuando hablamos de caza, hablamos de mundo rural… Nuestro campo es el entorno donde desarrollamos nuestras jornadas de caza, ya sea monteando entre jaras o pateando cerros detrás de las bravas perdices.

El mundo rural vive una situación agónica, un envejecimiento de la población, una pérdida progresiva de habitantes, de infraestructuras, de ilusiones depositadas por nuestros antepasados y que están abocadas al olvido.

La sociedad ha cambiado, ha preferido permutar el sosiego y la tranquilidad de nuestro campo por el bullicio de las grandes urbes, se han olvidado muchas tradiciones, costumbres, formas de vida rurales que han marcado muchas generaciones y que forman parte de nuestra cultura.

Sí que es cierto que este cambio ha sido obligado por las circunstancias y, en muchos casos, no ha habido otra opción por condicionantes meramente económicos.

La situación es irreversible, a mejor no vamos a ir, pero estamos en la obligación de intentar que no vaya a peor y el colectivo cazador tiene mucho que decir al respecto.

Un colectivo que aporta ingresos, vida en los pueblos y un factor emocional muy importante y que se define con una frase que lo dice todo: «olvidar el olvido».

La caza de pueblo

Mucho antes de las actuales grandes monterías, los ojeos de perdiz o los solitarios recechos ha habido, y sigue habiendo, la caza de pueblo, una caza auténtica, carente de aditamentos superfluos en la que la prioridad es disfrutar de nuestra pasión cinegética, cambiando el cuanto más mejor por el disfrutar, sin prisas ni agobios, de una jornada de caza junto a un puñado de buenos amigos que comparten esta bendita pasión que tenemos.

Esta caza de pueblo, como me gusta llamarla, es la que nos enseñaron nuestros antepasados, recuerdos en el bar del pueblo donde nos reuníamos buscando el calor que fuera de él faltaba en las mañanas frías de invierno, impregnados de olor a café de puchero, aguardiente, el calor de la chimenea, migas cocinadas al trantrán y el aroma del tabaco cuando todavía se podía fumar.

Aún quedan momentos como estos, todavía quedan muchos pueblos que, gracias a la caza, siguen luchando contra marea para seguir existiendo y no ser engullidos por el olvido y el abandono.

Una economía basada en la caza

Para muchos pueblos su fuente de ingresos más importante viene de la caza. Son casi cinco meses en los que, cada fin de semana, recuperan la alegría, sus calles se llenan de movimiento, se escuchan los ladridos de nuestros fieles compañeros, las casas rurales encienden sus chimeneas, los restaurantes ponen sus mejores manteles en el comedor y llenan el horno de leña para asar ese lechazo que nos sabrá a gloria después del día de caza.

Y, si hablamos de trabajo, no olvidemos a todos los que con cada jornada de caza se ganan un merecido jornal… Ejemplos tan claros como la celebración de una montería:

Personas que ayudan en el bar de la junta para poder dar servicio a todos los cazadores que asisten a la jornada montera.

Postores, conocedores de las manchas a cazar y que, con su trabajo, hacen que los monteros puedan llegar en tiempo y hora a su puesto.

Los rehaleros, muchos de ellos habitantes de los pueblos donde se celebran las monterías, y que durante todo el año cuidan de sus valientes.

Arrieros, figuras imprescindibles para recoger las reses donde nadie puede llegar y que conocen el monte como nadie.

Hosteleros, cuidando todos los fines de semana cada detalle de sus casas rurales y pequeños hoteles, que recobran la alegría durante la temporada de caza.

Taxidermistas cuyo trabajo está muy condicionado por la estacionalidad y que un porcentaje muy alto de sus ingresos se desarrolla en los cinco meses de temporada.

Viejos oficios como los artesanos del cuero que, con sus manos, hacen todas esas prendas o accesorios que tanto nos gustan a los cazadores…

Son muchas familias que viven de un trabajo que está sustentando principalmente por la caza y que, si esta faltara, su forma de vida desaparecería.

Defendamos la caza y el mundo rural

La situación que vive actualmente el mundo rural no es fácil, las perspectivas futuras no acompañan, mucha gente habla de la España olvidada y no se equivocan.

Actualmente, los medios de vida de los habitantes rurales están muy delimitados, la ganadería, agricultura, pequeños negocios y ¡la caza!

¿Qué podemos hacer los cazadores?

Lo primero, defender la caza a ultranza. Si conseguimos que la actividad cinegética esté valorada como se merece, nunca desaparecerá y, paralelamente, el mundo rural, tampoco. Pero, para conseguir todo esto, es necesaria una unión entre todos los colectivos, sean cazadores, agricultores, ganaderos, hosteleros o cualquier persona que esté relacionada con el mundo rural.

España es un paraíso cinegético muy apreciado en el extranjero, tenemos modalidades de caza únicas en el mundo como nuestra montería española, especies propias y un entorno natural maravilloso. Lo único que tenemos que hacer es trabajar por dar cada día más valor a la España cinegética, ofreciendo jornadas de caza con un nivel de calidad muy alto, respetando las tradiciones para que todos los cazadores que visitan nuestros cotos las valoren y, en definitiva, que la caza auténtica nunca desaparezca.

Si a esto le unimos el encanto de nuestro mundo rural, con pueblos con una arquitectura espectacular, una deliciosa cultura culinaria, rodeados de naturaleza y con unos habitantes que nos reciben siempre con los brazos abiertos, la ecuación nos da un resultado muy positivo.

Solamente tenemos que cuidar, valorar, defender estos valores que tenemos tan importantes y, de esta forma, conseguiremos que la situación actual no empeore y podamos seguir disfrutando de pueblos habitados y llenos de ilusión y vida.

Y un punto muy importante y que no hay que olvidar: estamos obligados a transmitir a las generaciones futuras la importancia del mundo rural y de la caza. Transmitir los valores que rodean esta bendita afición basada en el respeto, la educación y el saber valorar la importancia que tiene la cultura rural.

Un futuro esperanzador

Quiero terminar este artículo con un mensaje de esperanza… Evidentemente, la situación no es fácil, pero no debemos ser conformistas o tirar la toalla y dejar que el mundo rural vaya cayendo en el olvido.

La caza es uno de los pilares fundamentales para el campo y, por lo tanto, es vital que entre todos luchemos para que tenga el valor y reconocimiento que se merece.

Muchos enemigos tenemos actualmente, urbanitas que poco han pisado el campo, empapados de un ecologismo falso y carente de realidad, que no han hablado con ese pastor que todos los días del año, sin descanso, cuida de su rebaño y que una noche se levanta alertado por el aullido de un lobo, o con el arriero que cada fin de semana de temporada saca sus mulas y se gana un jornal, o con el hostelero que salva su economía de octubre a febrero o con el agradecido agricultor que, gracias a la montería que se celebra en su pueblo, logra evitar en parte los inevitables destrozos que hace la fauna salvaje en sus cultivos.

Respeto es lo que se merecen estas personas, respeto por la caza y por los cazadores y, sobre todo, respeto por el campo.

Nuestros pueblos seguirán existiendo, solamente tenemos que defender la caza, el mundo rural y a todas las personas que forman parte de él y, de esta forma, conseguiremos que nuestra historia en el futuro se siga escribiendo con letra firme.

Carlos Muñoz.

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