Silvestrismo, cazando aves con red y reclamo

Se trata de un tipo de caza controvertida, en boca de todos desde el expediente abierto a España por la Comisión Europea por permitir la captura de aves silvestres para el canto. Sin tener en cuenta su arraigo cultural e histórico –ya es descrito por Opiano de Apamea en el siglo III– ni a sus 40.000 practicantes en toda España, el asunto ya ha tenido consecuencias como que este año no se hayan concedido licencias a los ocellers catalanes. ¿Estamos asistiendo al final de esta tradición? Javier Hidalgo nos desvela los entresijos de este arte a través de sus recuerdos de juventud.

Yo había aprendido a capturar aves fringílidas con red en mi más incipiente infancia. Mi madre compraba los pájaros que los vecinos capturaban y le ofrecían en venta. Había entonces muchas necesidades en el campo y la captura o recolección de toda clase de piezas silvestres, grandes y pequeñas, aves, mamíferos, plantas y frutos, constituía una ocupación para muchas personas que carecían de un trabajo fijo y se procuraban con ello unos ingresos complementarios para su precario sustento.

No había normas, ni siquiera necesidad de limitar estas actividades en aras de lo que después vino y se llamó «conservación». Estos vendedores de pajaritos, que los capturaban con red, con costillas, encijeras, luz y cencerro, etc., me introdujeron en estas fascinantes modalidades de caza que entrañaban, todas ellas, un profundo conocimiento de los pájaros, su ecología y su etología.

Tuve la suerte de aprender en el gran libro de la naturaleza mucho antes de ser instruido de una manera más académica acerca de las ciencias naturales en la universidad.

Así, con apenas 10 años de edad, yo soñaba con tener lo que se conocía como «afición de red», el equipo completo y necesario para la captura de aves fringílidas con red, reclamos y señuelos.

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Un señuelo, verderón macho, en su carraca, la percha en la que se mantienen durante la temporada de caza.

Mi sueño se transformó en realidad cuando, tras la llegada de unas notas escolares buenas, mi padre me regaló el añorado equipo.

Este consistía en un cúmulo de objetos diversos, aparte de las dos mangas de red: varales, alcayatas, jarillas, tiros de cuerda de distintos tamaños, la jú y una colección numerosa de jaulas que encerraban las aves reclamo de varias especies y los señuelos convenientemente adiestrados para encaramarse a las jarillas.

Por entonces, y como queda dicho arriba, se cazaban las pequeñas aves sin limitación de número ni especies y básicamente para el consumo humano.

Lógicamente cada cazador seleccionaba los mejores ejemplares, los más adecuados según sus cualidades canoras, para conservarlos como reclamos y participar en algún concurso de canto, aunque estos no eran frecuentes en aquella época.

Mi padre había sido uno de los fundadores de la Sociedad Española de Ornitología, que ahora se conoce como SEO-Birdlife, y pronto empezó a actuar como anillador activo, así que las aves que capturábamos, con mi afición de red, eran anilladas y liberadas, al igual que otras muchas que capturábamos por otros medios, como trampas de red, redes invisibles, pollos en nido, mancones, etc. Durante mucho tiempo marcábamos una media de más de 2.000 aves por año.

Esta práctica de caza con red, que debería ser considerada como un arte, por la cantidad de conocimientos específicos que requiere, debe tener un origen muy antiguo y disperso en los países mediterráneos. Ya aparece descrita en un poema dedicado al emperador romano Caracalla en el siglo III. En España ha sido, y es, muy popular en muchos y repartidos puntos de nuestra geografía.

La temporada esencial para practicarla es el otoño, especialmente los meses de octubre y noviembre, cuando, en otro tiempo, cientos de bandadas de aves migratorias –ahora bastante más escasas– procedentes del norte cruzaban nuestros cielos en su camino hacia tierras más temperadas que sus países de origen, para pasar el invierno.

Pinzones, jilgueros, verderones, pardillos o jamaces, serines o chamarices y lúganos eran los principales objetivos de captura, aunque ocasionalmente entraban al engaño otras especies. Por ejemplo recuerdo años en que capturábamos muchos gorriones molineros migrantes y, por supuesto, de vez en cuando algún ejemplar de otras especies menos comunes, como picogordo, pinzón real o gorrión chillón.

En tiempos pasados se cazaba también a la «vuelta de paso», cuando estas mismas aves retornaban hacia sus cuarteles de cría después de la invernada. Y en verano tiene lugar una caza selectiva de las aves residentes, especialmente jilguero, verderón y pardillo, pues estos ejemplares nativos resultan ser los mejores como reclamos para atraer a los migrantes del otoño. Para estas capturas de verano basta normalmente la red y los reclamos. Los señuelos son sustituidos por agua y comida.

El arte de caza consiste básicamente en dos paños rectangulares de red tendidos en el suelo que, mediante un tiro de cuerda, se cierran sobre el espacio que queda entre ellos y adonde se atrae a las aves con los señuelos. Alrededor de la trampa se colocan los reclamos, aves enjauladas de las especies que se pretende cazar, para que con su canto detengan a los viajeros y los atraigan al espacio entre los paños de red, donde los señuelos, atados con un hilo fino a sus perchas o jarillas y convenientemente movidos desde lejos mediante cuerdas para que evolucionen, simulan que se posan allí.

silvestrismo red tiro de cuerda

La red, accionada por el tiro de cuerda, se abate sobre el ave que ha acudido engañada por los señuelos, y sobre las galeras –plantas– que atraen a las diferentes especies.

Según de qué especie se trate, los reclamos se posicionan a mayor o menor distancia de la red y a diferente altura. Así, los verderones se emplazan en perchas altas y lejos de la red, mientras que los pardillos van más cerca y en perchas más bajas, y los chamarices casi a ras de suelo y junto a la red.

En el espacio que quedará bajo el vuelo de esta se disponen las plantas que resulten atractivas para cada especie, así cardos para los jilgueros, lentisco para los verderones, haramagos para los pardillos y chamarices. Se conocen como «galeras». La galera del jilguero es el cardo y la del verderón el lentisco.

El cazador, apostado a conveniente distancia, está atento a las voces de sus reclamos, y cuando perciben que estos están llamando, acciona la jarilla correspondiente, según la especie de que se trate, para que evolucione el señuelo. Si el ave o las aves en paso sucumben al engaño, se posarán sobre las galeras o entre ellas, momento en que el cazador, dando un tirón de la cuerda principal, el tiro de red, hace que los paños se abatan sobre los pájaros, que quedan así apresados. Entonces hay que correr hacia ellos, sacarlos de la red, introducirlos en el jaulón de las capturas y volver a abrir la red para un próximo tirón.

Como queda dicho antes, el cazador de red acumula un enorme bagaje de conocimientos sobre los pájaros.

  • Tiene que conocer y distinguir con precisión sus cantos.
  • Saber cuáles son las galeras adecuadas.
  • Seleccionar los mejores reclamos.
  • Entrenar a los señuelos para que aprendan a evolucionar atados a las jarillas.
  • Entender a la perfección las necesidades de reclamos y señuelos que mantiene cautivos durante todo el año.

Fuera de la época de caza hay que solearlos cada día, sacarlos al campo a oír sus trinos, disponerlos en jaulas más grandes y abrigadas durante la época de muda; en fin, una tarea continua y difícil de delegar.

Cualquier día de caza comienza trasladando todo el equipo al amanecer hasta el cazadero para que la red esté «armada» con las primeras luces del alba. Los mejores lugares en mi provincia son las zonas elevadas cercanas a la costa, para recibir a las bandadas de pájaros que vienen violando sobre el mar.

Con esta práctica el cazador aprende no solo sobre estas aves que constituyen su objetivo, sino también sobre muchas otras que, al igual que estas, están en pleno paso migratorio. Se ven muchos zorzales que llegan por la misma época, pero también avefrías, ánsares, grullas, etc.

Los vientos del primer cuadrante son los más favorables para el paso, así como los días despejados y sin niebla. Aparte de la captura ocasional de aves menos comunes, como alguna especie rara de escribano, piquituerto y otros, yo he experimentado otras capturas no pretendidas. Por ejemplo, un día se descuelga en picado un cernícalo sobre los señuelos. Los ha visto allí sobre sus jarillas y le resultan una tentación irresistible.

De niño recuerdo un ratonero hacer lo mismo. Luego están otras pequeñas aves que, por curiosidad o por cualquier otra extraña razón, acuden a las galeras. Tal es el caso de petirrojos, bisbitas, mosquiteros y colirrojos tizones, que por aquí llamamos «negretes». En suma, un cúmulo de experiencias que deleitan al ornitólogo.

Hoy día se conoce como «silvestrismo» la caza de aves fringílidas para su selección, entrenamiento y destino a los concursos de canto. Aunque la captura se puede llevar a cabo con varios procedimientos, en la inmensa mayoría de los casos se realiza con la red de reclamos y señuelos, y, por tanto, el antiguo arte de cazar de esta manera se conoce ahora por generalización como «silvestrismo».

La normativa actual que la regula, la cual varía según comunidades autónomas, solo permite la caza de fringílidos cuando las aves se destinan a la participación en concursos. Es muy rígida y apenas autoriza a cada cazador a capturar menos de una decena de aves por temporada, que además deben pertenecer a las especies permitidas, las cuales también varían según comunidades autónomas y que son:

  • Jilguero
  • Verderón
  • Pardillo
  • Pinzón
  • Verdecillo
silvestrismo-reclamo-jilguero

Un reclamo de jilguero en su jaula.

Los ecologistas tienen a esta ancestral práctica en su punto de mira porque incumple la Directiva de Aves de la Unión Europea, cuya Comisión ha abierto expediente a España por permitirla. Hasta ahora se le concedía la legalidad que establecen ciertas excepciones; sin embargo la Comisión Europea, atendiendo las denuncias ecologistas, está firmemente decidida a acabar con estas excepcionalidades.

Los practicantes tradicionales de la caza con red se quejan de que los grupos verdes y animalistas no hagan nada, en cambio, por evitar las matanzas de zorzales y otras especies que se están llevando a cabo en la clandestinidad con la ayuda de reclamos electrónicos y redes invisibles. Estos reclamos, que imitan el canto de las diversas especies, se venden legalmente en tiendas de caza y deportes bajo el pretexto de que están destinados a educar a las aves participantes en los concursos.

Es alarmante la eficacia de esta trampa de nueva tecnología que captura a las aves migrantes durante la noche, atrayéndolas hasta un árbol que se ha rodeado de redes invisibles donde quedan enredadas. Nos consta que hay quienes lo hacen en la azotea de su casa en mitad de la población. Y por supuesto hay quienes en lugar de utilizar reclamos vivos para atraer a sus presas a la red tradicional, emplean estos instrumentos electrónicos.

El cazador de siempre, hijo y nieto de cazadores de aves con red, experto en su selección y entrenamiento, ve cómo poco a poco se le van cerrando las puertas y cómo una tradición a la que le vale el título de patrimonio inmaterial se extingue, como tantas otras de las relacionadas con el campo, a causa del desinterés de los gobernantes y del ímpetu globalizador de ecologistas y animalistas urbanos que nada entienden de la realidad de la vida en el campo.

Javier Hidalgo

3 Replies to “Silvestrismo, cazando aves con red y reclamo”

  1. Vicente dice:

    La “ju” es el palo que se clava al final de la red para cuando se jala para cerrar la red aguante y cierre la misma. Esta la “ju” y la “contra ju” que es otro palo clavado justo detrás de la “ju” en diagonal para darle más fuerza y no se salga al tirar del tiro para cerrar la red.

  2. Francisco Javier Macias Martín dice:

    Buenas tardes, la “jú” ,vocablo que utiliza el señor que escribe el artículo creo que hace referencia a una especie de ” v ” que forman las cuerdas de los varales ya que estas se unen a una pequeña distancia en un nudo ,la trasera va al suelo sujeta con un clavo a tierra y la delantera es la que se utiliza para anudar el tiro de la red,que es una cuerda un poco más gruesa de la que se tira para que la red haga su función y se cierre abatiendose sobre la galera,el lentisco etc.y sobre los pájaros quedando estos apresados bajo los paños de la red.

  3. Rafael José dice:

    Buenos días. He leído las diversas cosas que describe en la caza de pájaros con red. Nombra la “jú”, que no encuentro como palabra por ningún sitio. Por favor ¿a qué se refiere con la jú?
    Saludos

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