Creo que con lo escrito no haría falta dar más señas de la especie a la que nos referimos porque, a estas alturas, todos sabemos que hablamos del zorzal, ese pequeño pájaro de colores pardos y pequeñas motas negras en su pecho que, con su vuelo y sonido de guerra, hace perder el sueño cada vez a más y más personas, sobrepasando, incluso, el interés por su caza hasta lugares fuera de nuestras fronteras, desde la conocida Italia donde desde hace muchísimos años ha demostrado la afición que tiene por este pequeño migrador, hasta zonas como el Líbano donde desde hace unos años han ido creciendo los adeptos por este enigmático pájaro, sin dejar atrás países como nuestro cercano Portugal, Francia, Grecia, Túnez y Rumanía, entre otros, que se están sumando a su caza y devoción.
Actualmente y desde hace unos años, gracias a las diferentes plataformas migratorias que existen, así como a los relevantes grupos que se han creado sobre esta ave, podemos seguir sus movimientos desde, prácticamente, finales de agosto.

Aunque pueda resultar extraño, aquellos a los que el veneno del zorzal les ha calado en sus adentros suelen coincidir en que, cuando empiezan a darse los cambios de tiempo de finales de verano, algo se les remueve por el interior y, como si de algo natural se tratase, comienzan a pensar en esos zorzales que sabemos que tienen que llegar, pero que a esas alturas se desconoce el cuándo, de qué manera y cuántos llegarán, comenzando aquí un punto de inflexión que se prolongará hasta el mes de noviembre… Mes en el que se abre la veda tanto en Andalucía y Extremadura, lugares que podrían considerarse la ‘madre’ del zorzal por excelencia de nuestra península Ibérica.

Hablamos de ‘madre’ refiriéndonos a zonas donde los pájaros (llamaremos al zorzal también así a partir de ahora) suelen quedarse una vez que llegan, debido a, como comentamos antes, las condiciones que presentan tanto de clima y orografía como a cultivos en estas tierras.
No podemos obviar que hay otras zonas de España donde la presencia de zorzales es muy abundante (Comunidad Valenciana, Cataluña, Castilla-La Mancha…), pero es cierto que son zonas donde las diferencias entre temporadas suelen ser muy acusada atendiendo a factores que pueden ser muy determinantes para los pájaros, algo que se nota menos en las comunidades más sureñas de nuestra península, al igual que no entramos a valorar tampoco las zonas de pasa tradicionales, que es de donde nos nutrimos de zorzales para la temporada en toda España.
Estas zonas son ya conocidas por todos y, en orden de importancia, recalcaremos que son la zona norte de España o pasa del País Vasco, la pasa de la Comunidad Valenciana y la pasa de Cádiz.
Haciéndonos eco al título de este artículo, nos centraremos en el mes de noviembre, pues, como todos sabemos, es cuando se levantan las vedas del zorzal en Andalucía y Extremadura y, por ende, donde se termina de fraguar el nerviosismo por las grandes jornadas de caza y campo que nos ofrece este pájaro, aunque es cierto que desde prácticamente el 12 de octubre la veda del zorzal está abierta por casi toda España, atendiendo a que las zonas de pasa, así como otras determinadas áreas que se encuentran más al norte de la península, tendrán pocos días para disfrutar de ellos, cosa que en las regiones de más al sur suele ocurrir más bien lo contrario.
Andalucía y Extremadura siempre han abierto la veda en la primera semana de noviembre, recalcando también que en esta última siempre se ha disfrutado de una prórroga más acusada para su caza, cerrando su veda a finales de febrero, pero esta tendencia se ha modificado en los últimos tiempos, marcando ahora las vedas hasta mitad del mes de febrero y comenzando el día 1 de noviembre (aprovechando la festividad del Día de Todos los Santos) y cerrando apenas llegada la mitad de febrero.
En Andalucía las variaciones han sido menores, no por ello inexistentes, pues desde hace muy poco la tendencia es levantar la veda a mediados de noviembre, cerrando ésta a principios de febrero.

No es menos cierto que el mes de noviembre para estas comunidades sureñas es un mes muy interesante para la caza de estos pájaros, cosa que también suele ir de la mano de cómo se hayan ido desarrollando los factores climáticos hasta la llegada de este mes (fríos, lluvias…) y cómo haya transcurrido la migración hasta ese momento.
Si nos remitimos al año pasado que será recordado por todos por la gran cantidad de pájaros que nos visitaron, la migración fue de las más tardías que hemos conocido, atendiendo tanto a la zona norte de nuestro país como a la zona sur, refiriéndonos a la pasa de Cádiz, en donde recordamos cómo el grueso de migración se dio a partir de primeros de noviembre (teniendo en cuenta que sobre los días 6 a 8 hasta pasado mediados de mes fueron los golpes grandes de entrada), cuando desde siempre se había dicho que, por la costa, los dos fines de semana anteriores a noviembre era el momento en que se metía la mayoría de la migración, aprovechando los vientos de levante y de componente norte.

Esta circunstancia de que la migración se retrasara tanto, como muchos pensaban, fue algo muy beneficioso para la temporada zorzalera, aunque bien es cierto que, desde las diferentes plataformas, foros y redes sociales relacionadas con el zorzal y la migración, hubo un amplio abanico del sector que, por algunos momentos, comenzó a ponerse nervioso, pensando que el año sería muy malo de pájaros o que, incluso, no aparecerían en las cantidades similares de otros años. Pero, finalmente, pareció quedar patente que cuanto más tarden los zorzales en llegar por estos lares, mejor será para el beneficio de la temporada.
Las causas que aludieron a esto no estuvieron del todo claras, pero algunos pensaban que era porque el clima estaba más fresco (a pesar de haber sido un año seco y algo caluroso) o porque los cambios bruscos de tiempo ya se habían pasado (con esto nos referimos a las lluvias fuertes que suelen darse a mediados y finales de octubre, que muchos aficionados al zorzal aluden a ellas, culpándolas de que los empujan hacia regiones más al sur, refiriéndose al norte de África).

Tanto fue así que, aunque la comunidad extremeña abriera la veda el 1 de noviembre, la gran mayoría de acotados decidieron no tirarlos hasta bien pasados unos días, pues los pájaros estaban comenzando a moverse y dejar que se asentaran en esos días podría ser sinónimo de disfrutar de una bonita y entretenida temporada.
Esos días de finales de octubre y principios de noviembre son de los días más mágicos para los aficionados de este túrdido, pues es realmente cuando se empieza a ver qué hay en el campo, se comienza con las cábalas y las ilusiones están a flor de piel.
Son días en los que los aficionados comienzan a preparar las fincas con esmero, de cara al comienzo de la temporada, se revisan los carriles, se preparan los puestos, se adecentan las casillas de cazadores esas donde tantos ratos buenos se pasan en las grandes sobremesas, en esos momentos de dulce espera hasta la tirada de tarde y se controlan los pasos de los pájaros como si de su caza se tratase, pasando buenos ratos en el campo que nos anticipan todo lo que nos espera, recordándonos, aún más si cabe, esos grandes días de campo que nos regala este pequeño migrador.
Noviembre, como venimos comentando, es un mes de nervios, de esperas interminables. Recuerdo que, de jovenzuelo, un veterano cazador de zorzales me dijo una frase que aún recuerdo bien: «No hay días más largos que la última semana antes de que se abra la veda del zorzal», a día de hoy todos los años me acuerdo de esas palabras, porque no podía tener más razón el compañero.

Es un mes donde mirar las previsiones climatológicas, centrándonos mucho en las temperaturas y la posibilidad de precipitaciones, y esto nos lleva bastante parte del tiempo porque todo viene precedido de las diversas valoraciones que cada uno realiza sobre las mismas, pues sobre teorías y suposiciones los cazadores, en general, y los zorzaleros, en particular, somos muy originales.
Para los menos precavidos, noviembre suele ser el mes cuando se suministran de cartuchos para el zorzal, algo que en los últimos años se ha tornado complicado debido a la escasez de componentes para la fabricación de los mismos, así como a la alta demanda de los cazadores cuando nos referimos a determinadas marcas, números y gramajes que suelen ser referencias para la caza de este ave, por lo que, cada vez más, un gran número de aficionados a esta especie tiene los cartuchos a buen recaudo desde principios de octubre, evitando así prisas y agobios innecesarios.
Sobre el tema de los cartuchos para esta modalidad de caza podríamos hablar largo y tendido, pues hay que tener también en cuenta que las vedas de esta especie se suelen abrir de forma escalonada, comenzando desde la parte más al norte de España (la tradicional pasa de Navarra), hasta la parte más al sur de nuestro país (Andalucía), pasando por todo el territorio español y, claro, esto puede traer sus consecuencias en los años que la migración de pájaros es alta.
Sin ir más lejos, la temporada pasada en la que muchos de los lectores estarán de acuerdo que fue algo excepcional ocurrió esto a lo que nos referimos, pues, siendo conscientes de que sobre el 20 de septiembre se abre la pasa en la zona más norte de nuestro país (buscando como especies predilectas el zorzal, paloma zurita y paloma torcaz) y de ahí poco a poco se irá abriendo en las demás comunidades hasta llegar a la última, algo totalmente lógico debido a la migración de las aves y las condiciones espacio/temporales en donde caza cada cazador, amén de que también hay que tener en cuenta que los compañeros del norte disfrutan del zorzal antes que los demás aunque bien es cierto que una vez pasan los pájaros, su disfrute se reduce al mínimo, pues la presencia de estos y las tiradas al paso por aquellos lares son casi testimoniales…, pero, bueno, a lo que vamos, en temporadas como la pasada ocurrió que, conforme pasaban los días y se veía que cuajaba una buena migración, las armerías de la zona norte de España, así como en días posteriores incluso las del centro de la península, comenzaron con el alarmante e inesperado grito de guerra de «Nos quedamos sin cartuchos».

Esto sonaba más a broma que a otra cosa, pero nada más lejos de la realidad: era cierto que, ante la poca abundancia de munición, sumada a la presencia de mucho zorzal de pase, comenzaron a escasear los cartuchos en casi todas las armerías.
Zonas como el País Vasco, Baleares e, incluso, la Comunidad Valenciana sonaron como las que más estaban siendo afectadas por la falta de munición.
Pero, claro, ahora venía el problema añadido a esta situación y era que todos aquellos cazadores de las zonas más sureñas de España, que aún no tuvieran sus cartuchos a buen recaudo, tenían toda la presión de que prácticamente se estaban agotando.
Esto, sumado la gran repercusión que se hizo sobre este tema, tanto en los grupos de cazadores como en las redes sociales, propició que muchos aficionados se quisieran asegurar de poder disfrutar de los primeros meses de caza abasteciéndose de los primeros cartuchos que estuvieran a su alcance. Por suerte para todos, esta situación sólo se mantuvo durante algunas semanas para, poco a poco, ir normalizándose, pudiendo finalmente conseguir cada aficionado los cartuchos que buscaban, eso sí, con el consiguiente aumento de precios de los mismos, algo que también es destacable mencionar.

Las fincas zorzaleras abrirán nuevamente sus puertas en este noviembre, mes del zorzal por excelencia y con él volverán esas tardes de ilusiones preparando achacales, esas llamadas de última hora con los compañeros de caza, decidiendo hora y sitio donde quedar, esas noches largas e interminables en las que parece que el despertador no va a sonar, esos reencuentros con aquellos «locos» que viven y sienten esta afición de la misma manera que tú… y ese llegar al campo a oscuras, andar hasta tu puesto, desenfundar tu escopeta y, cuando la cargas escuchando el cerrar del carro, pensar: «Aquí es donde necesitaba volver…».
Autor: Francisco García

