Estamos terminando el mes de septiembre en el que, en algunas comunidades, ya se puede montear, aunque el mes de octubre tiene el honor de marcar el inicio de la temporada montera tradicionalmente hablando.
Durante unos cuantos meses todos los monteros y rehaleros hemos estado de parón, contando los días para comenzar de nuevo a practicar nuestra modalidad de caza preferida, de adentrarnos en el monte junto a los valientes o colocarnos en un portillo para disfrutar del trabajo de las rehalas y si hay suerte, culminar el tan soñado lance.
Nuestro querido octubre viene acompañado de olor a jara, de madrugones, de preparar archiperres y, sobre todo, de reencontrarnos con viejos amigos con los que compartiremos muchas vivencias.

Si alguien me pregunta la razón por la cual cada fin de semana me pego madrugones, hago más kilómetros que un camionero, acabo rendido después de tronchar más de una jara y llegando a casa de noche… La razón es clara: no es otra que la pasión que tengo por todo lo que rodea a la montería española.
Muchos años llevo monteando y, a pesar de ello, cada día tengo más ilusión cuando llega octubre y puedo constatar, que muchas de las personas con las que comparto monterías, sienten lo mismo que yo.
Montear no es solo pegar tiros desde un puesto o meterte en el monte con una rehala. Montear es mucho más que cazar, la montería se compone de un sinfín de vivencias que compartes con amigos, que disfrutas en un entorno privilegiado que tenemos en nuestras sierras ibéricas y que acelera tu corazón cada vez que disfrutas de un lance.
«Si cuando escuchas abrir portones o el arrollón de un cochino rompiendo monte, no se acelera tu corazón, nunca sentirás pasión por la montería».
Son muchas las personas que participan en una montería. Algunos por ocio, otros por trabajo. Pero todos con un mismo objetivo: disfrutar de un día de campo practicando una caza llena de tradiciones y muy arraigada en nuestra historia cinegética y en nuestro entorno rural.
Muchas vivencias nos esperan con diferentes personas.
Hablando durante los meses previos de lo que íbamos a hacer la próxima temporada, contactando con nuestros organizadores de confianza, revisando archiperres, visitando al armero para realizar la obligada puesta a punto de las herramientas, renovando algo de ropa y acaparando un cumplido stock de balas, no vaya a ser que, a mitad de temporada, nos quedemos sin munición.
Y ya, cuando llegue el primer día de la temporada, la tarde/noche anterior dejaremos todos los trastos preparados, nos iremos a dormir con esa sensación nerviosa en el cuerpo y deseando que el despertador nos anuncie que hay que levantarse para ir a montear.

Desde hace unos años comparto muchos momentos junto a ellos. Estos meses previos, he mantenido muchas conversaciones con rehaleros, he visitado perreras y compartido algún almuerzo que se prolongó hasta el atardecer hablando de nuestra pasión por la rehala.
Muchas ilusiones depositadas en las nuevas generaciones que empezarán esta temporada a montear, muchos cuidados durante la primavera y verano valorando cada perro con el criterio que te dan muchos años junto a ellos.
Para los rehaleros octubre es el mes en que se demostrará todo el trabajo realizado en los meses anteriores y marcará el inicio de muchos días tronchando jaras junto a sus valientes.
Ellos son los actores principales de la montería y desde aquí, pido el máximo respeto hacia su trabajo.
Una figura que también tiene una gran importancia en cada montería. Mucho trabajo previo durante la primavera/ verano para contratar fincas, prepararlas para la temporada con un equipo de confianza.
Ellos desempeñan un papel importantísimo en la valoración que se puede hacer de una montería. Hablando claro, no vendiendo quimeras, respetando las tradiciones monteras, garantizando seguridad para estar tranquilos en el monte y, en definitiva, ofrecer a todos los monteros días inolvidables.

Y, además, en toda montería hay otras figuras que también tienen vital importancia y que, dirigidos por el capitán de montería, cumplirán a la perfección con su cometido:
Postores que, con su sabiduría, nos colocarán en cada puesto y dándonos consejos que pueden hacer un puesto bueno o malo.
Los arrieros que, con su silencioso trabajo, consiguen, al final de la montería, recoger todas las reses del campo.
Los cocineros que alegrarán nuestros estómagos en el desayuno y al final de la montería.
Los necesarios controles serán realizados por los veterinarios para que, esa carne tan apreciada, sea controlada y garantizar un consumo sin ningún riesgo.
Las empresas cárnicas que, con su personal cualificado, aviarán al final de la montería todas las reses y jabalíes.
El guarda rural, que tantas veces olvidamos y que hace un trabajo que muy pocos ven y que garantiza el cuidado de cada finca.
Si hay algo que caracteriza a la montería es la tradición que la envuelve. Montear no es matar… Montear es cumplir con unas normas arraigadas en nuestra cultura cinegética y que debemos respetar.
Es cierto y no podemos negar que la montería ha cambiado mucho, que el componente económico ha tomado un protagonismo muy importante y que, en muchos casos, no todos, se están olvidando las buenas maneras.
En una montería no podemos ir con la única intención de pegar tiros, cuantos más mejor, ¡no!, ¡la montería no es eso!
Montear es disfrutar de la caza, del campo junto a buenos amigos, respetando en todo momento sus normas y, en ningún caso, ir a un puesto con la preocupación obsesiva de si vamos a tener muchos lances o no.

Empezamos nuestro mes preferido, tenemos cinco meses por delante en los que vamos a vivir muchas vivencias.
Seguramente, el inicio del mes de octubre vendrá acompañado de mucho calor, como llevamos viviendo unos cuantos años atrás. Desde aquí, animo a todos a brindar ayuda a las rehalas en las primeras y calurosas monterías. No es nada difícil llevar algún bidón de agua al puesto. Si la mancha no tiene charcas, habilitar en zonas estratégicas un suministro de agua para que los perros puedan recobrar fuerzas, seguro que lo agradecerán.
Muchos días tenemos por delante, muchos lances por culminar, muchos paisajes serreños que nos brindarán esa tranquilidad que nos falta en las grandes ciudades.
Sólo me queda desear a todos los lectores una maravillosa temporada, que la suerte los acompañe, que la prudencia brille en cada lance, valorar el trabajo de las rehalas y siempre tener muy presente que, gracias a su trabajo, los monteros podemos cazar.
Y que nuestra patrona montera, la Virgen de la Cabeza, vele por todos nosotros para que cada jornada montera se convierta en un día para recordar gratamente en nuestra historia cazadora.
¡Feliz temporada 2026/2027!

