Para todos los monteros, la llegada de octubre supone el final de una larga y tediosa espera en la que no hemos podido practicar nuestra modalidad de caza preferida. Atrás quedan largos meses en los que hemos recogido trofeos de la temporada anterior, recordando lances, convocando almuerzos con la única excusa de juntarnos unos cuantos para hablar de montería e intentando que pasara el tiempo lo más rápido posible.
Cuando salga a la luz este número de la revista, el verano habrá tocado a su fin y, seguramente, muchos ya habrán disfrutado de sus primeras monterías, pues algunas comunidades abren la temporada en el mes de septiembre. Y, con la alegría que produce el saber que muy pronto ¡abrimos portones!, empezaremos una nueva temporada llena de ilusiones.

Octubre y el calor
Todos los años se repite la misma historia. No sé si será por el famoso cambio climático, o es el ciclo natural de las estaciones, pero el comienzo de la temporada siempre nos hace sudar. Un factor que puede influir de manera determinante en el trabajo de los perros y, por ende, en el resultado de la montería.
Un comienzo en el que los perros, después de un largo período de descanso, han cogido peso, se han movido poco y, por lo tanto, les falta entrenamiento a pesar del campeo que, normalmente, hacen con ellos todos los rehaleros durante el mes de septiembre.
Desde aquí hago un llamamiento a todos los que montearán en estos primeros días de temporada: ayudar no cuesta nada, en las manchas se deben habilitar bebederos, sea con bidones, espuertas o llenar charcas, si es posible. Y a los que estén en el puesto, no les cuesta nada llevar un bidón de agua por si algún valiente nos visita y podemos refrescarle un poco. Ellos son muy agradecidos y a nosotros no nos supone ningún inconveniente. Esperemos que no se produzcan muchos golpes de calor y que nuestros queridos perros de rehala pasen el temporal de calor lo mejor posible.

Preparando archiperres
Todos, tanto monteros como rehaleros, vamos preparando los archiperres que estaban a buen recaudo en nuestros armarios. Los monteros irán revisando armas, stock de balas, ropa, botas… y visitarán su armería de confianza para comprar todo lo que sea necesario para que, cuando llegué el día tan esperado, todo esté preparado.
Para los organizadores, mucho trabajo llevan ya sobre la espalda durante el verano preparando manchas. En septiembre deberían estar ya marcadas las manchas que se van a montear en el inicio y sólo queda seguir con los cebados y controlar que no surja ninguna circunstancia que pueda influir de manera negativa en la mancha.
Y para los rehaleros y sus valientes, como ya he dicho en repetidas ocasiones, el trabajo de un rehalero no se circunscribe a los casi seis meses de temporada. Un rehalero trabaja todo el año y, si hablamos de estos meses previos al inicio, el trabajo se duplica e intensifica. Su calendario seguro que está ya prácticamente cerrado y sabe cuándo y dónde van a montear en los próximos meses. Hay que tener listos los archiperres: zahones, botas, cuchillo, caracola, polainas, etcétera.
Revisar cada collar, el estado de salud de cada perro, ir viendo los cachorros que van a debutar, comprar existencias de alimento para que no les falte de nada… Es un trabajo intenso, pero hecho con mucha ilusión ante el inminente comienzo de la temporada en la que monteará con sus valientes lleno de orgullo.

¿Cómo se presenta la temporada?
Siempre nos hacemos la misma pregunta. La primavera dio lo que dio, el campo no está mal, pero podía estar mejor… nunca estamos conformes.
Las fincas están cuidadas, las reses y jabalíes tranquilos, campando a sus anchas por nuestras sierras. Mucha ilusión tenemos todos por empezar y lo que nos depare la temporada lo iremos viendo semana a semana.
Hablando con amigos organizadores y rehaleros, parece que vamos a tener una buena temporada. Como todos los años, tendremos monterías que quedarán para el recuerdo y otras que será mejor olvidarlas. Lo que no podemos pretender, y más en monterías abiertas, es garantizar lances en todas las a las que asistamos. La caza no es una ciencia exacta y, por lo tanto, cada montero debe ser consciente de este factor. La incertidumbre forma parte del juego, y le da a la montería ese aliciente cuando estás en la junta, sorteas y, al llegar al puesto que te ha tocado, ya veremos lo que nos depara el día.

Algunas recomendaciones que no están de más
La montería es una caza colectiva en la que intervienen muchas personas. Unas están en un puesto, otras en medio del monte. Hay monteros, perreros, perros, arrieros, postores… Todos ellos en el monte, antes, durante y después de la montería.
No malogremos lo que puede ser un gran día para disfrutar no respetando las normas básicas de seguridad que todo cazador debe conocer y, por supuesto, aplicar. Montear no es abatir el mayor número de trofeos, no podemos llegar a un puesto pensando que voy a gastar dos cajas de balas y que me voy a llevar a casa los mejores venados y jabalíes. Si alguno piensa esto nunca disfrutará de esta forma de cazar que está compuesta por muchas vivencias y que no se circunscriben únicamente al hecho de disparar.

Los que estén en un puesto, recordad:
Un tiradero no es infinito, hay que respetar al resto de personas que hay en la mancha. Máximo cuidado con el uso de las armas. Respeta a las rehalas, son las que dan razón de ser a la montería. Enseña a las nuevas generaciones, la verdadera esencia montera.
Siempre demuestra una envidia sana por los éxitos de los demás. No discutas por un trofeo, si hay que determinar la propiedad de una res, siempre se debe hacer en el monte, nunca en la junta. Y, por último, a la montería vas a disfrutar, a desconectar del mundanal ruido de las ciudades. El mundo rural forma parte de nuestra historia, de nuestra cultura, y todas las personas que forman parte de él, merecen todo el respeto. Demuestra en todo momento que los cazadores somos personas educadas.
A todos, mis mejores deseos para esta nueva temporada. Sólo pido máxima prudencia, que compartamos buenos momentos y que todas las vivencias que nos dé el campo las guardemos a buen recaudo para que, en los años venideros, podamos disfrutar recordando cada momento vivido en nuestras benditas sierras. ¡Nos vemos en el monte!
Texto y fotos: Carlos Muñoz

