Leones devoradores de seres humanos ( III )

De la mano de Tony Sánchez Ariño, volvemos a Njombe para conocer la lucha de George Rushby contra los leones devoradores de hombres.

 

Al tercer día de haber cobrado la leona encontraron otro grupo o pride de leones, pero sólo se podía ver un ejemplar debido a lo boscoso del terreno, disparando al mismo tiempo Rushby y los dos game scouts que le acompañaban, matando al león en el acto.

Tiempo después, Rushby, que había tenido que ir a la capital de Tanganica, Dar es Salaam, por ciertos asuntos oficiales, al regresar a Njombe se encontró que el game scout Alfani había cazado otro león y, en otra ocasión, al pasar por delante de un poblado, se le ocurrió preguntar por los leones, contestándole que hacía poco habían visto uno donde terminaban los campos de maíz, por lo que decidió echar un vistazo con el resultado final de que pudo abatir otro de la forma más inesperada…

Después de este lance se encontró con que su periodo oficial de vacaciones había llegado después de años de espera, debido a la guerra que terminó en 1945, y que él y su esposa Leonor ya tenían reservado sitio en el barco que salía de Mombasa a los pocos días con destino a Inglaterra, donde estaban sus dos hijos mayores al cuidado de la madre de Rushby y a quienes no habían visto desde hacía años por culpa de la guerra.

Al marchar de vacaciones a Inglaterra tuvo que vender su rifle del calibre 9,3×74 para disponer de más dinero es la eterna canción y al regresar a Tanganica quiso recuperar su arma, pero el nuevo propietario no quiso ni oír hablar de eso, por lo que tuvo que tomar un rifle del departamento de caza, un .404 Jeffery que me comentó le dio los mejores resultados, con el cerrojo original Mauser y cuatro cartuchos en el almacén o magazine.

 

leon en revista trofeo caza

 

Ocho leones … y sumando

 

Intentando recuperar el tiempo perdido con las vacaciones en Inglaterra, Rushby se multiplicó por dos, intentando acabar con los leones, pues estos seguían atacando a las personas por todas partes. En cierta ocasión él y uno de sus ayudantes localizaron dos, macho y hembra, bajo la sombra de unos árboles, consiguiendo poder llegar a buena distancia de tiro, lo que realizaron al mismo tiempo, cada uno al ejemplar señalado. Al recibir el disparo de Rushby, el macho cayó a tierra, pero levantándose inmediatamente, al tiempo que un segundo tiro le dejó en el sitio. La leona herida por el game scout, inició una rápida huida, que Rushby cortó con dos disparos bien impactados con su rifle .404 Jeffery, terminando todo felizmente, menos para los endiablados leones…

Desde finales del 1946 ya se habrían cobrado ocho leones devoradores de hombres y, en febrero de 1947, una vez terminado su trabajo burocrático en la oficina, salió de nuevo hacia el distrito de Njombe, encontrándose con la noticia de que los game scouts que había dejado allí habían matado dos leones merodeadores en el poblado de Mawinde.

 

leona en mal estado en revista trofeo caza

 

Halalí

 

Rushby instaló su campamento central en un punto donde los leones parecían tener especial querencia en sus recorridos, en el poblado de Halalí, iniciando desde allí su campo de operaciones. Al regresar la primera mañana, sin ver nada, se encontró que tras marchar él y sus game scouts, a plena luz del día un grupo de leones había entrado allí, matando a un hombre al cual se comieron, marchándose luego tranquilamente…

Aprovechando un momento, Rushby se tomó una taza de té, partiendo inmediatamente sobre el rastro de los leones, acompañado por un joven del poblado que no tendría más de 16 años, pero que conocía muy bien la zona, siendo, además, un gran rastreador siempre con su lanza en la mano, como arma ofensiva y defensiva, con la que tenía gran habilidad, con profundo odio hacia los leones, pues estos habían matado y devorado a su padre hacía unos pocos meses. Como el terreno era arenoso les permitió rastrearlos rápidamente, alcanzándolos sobre las tres de la tarde, dentro de una zona de matorrales muy espesos.

Rushby, guiado por los ruidos que hacían lo leones en su descanso, se adelantó un poco junto con el chico, que no soltaba la lanza en posición de ataque, sin demostrar el menor temor. Por medio de señas, le indicó que se quedara allí sin moverse ni hacer ruido, avanzando Rushby solo y, como los matorrales eran muy espesos, tuvo que avanzar agachado sobre manos y rodillas, muy lentamente, con el rifle colgado del cuello gracias al portafusil en posición de hacer fuego, mirando entre la vegetación, hasta que, por fin, vio una joven leona, al mismo tiempo que ella le vio a él… pero antes de que esta reaccionara le hizo un disparo a la cabeza causándole la muerte instantánea. Al ponerse de pie vio a otra leona totalmente adulta y de gran tamaño, haciéndole un disparo con el .404 Jeffery, que la hirió, pero no fatalmente, escapándose rápidamente junto con numerosos gruñidos y rugidos, quedándose emboscada.

Mientras tanto el jovencito se le había unido, siempre con la lanza lista en la mano y sin mostrar ningún miedo en absoluto. Para rastrear a la leona herida el chico comenzó su trabajo de forma increíble para una persona de su edad, sin mostrar el menor miedo. Por fin, salieron a una zona más despejada y allí, en un claro, vieron a la leona mirándolos de cara, pero Rushby le hizo dos disparos, matándola. Como ya quedaba poca luz, con el sol bajando, taparon a la leona con ramas, espinos y hojas, para protegerla de los carroñeros, regresando al campamento.

Por la mañana volvieron donde dejaron la leona, la desollaron, volviendo al poblado con la piel y el cráneo, para que todo el mundo viera que se trataba de un animal de carne y hueso, y no de un fantasma como algunos aún pretendían…

 

leon herido en revista trofeo caza

 

¿Instinto ‘devorador’?

 

A partir de la segunda quincena de junio el game scout Jumapili cazó otro de los leones devoradores de hombres y, en julio, Rushby y Jumanili, abatieron dos más, lo que hizo pensar que ya se había terminado con todos los leones devoradores de hombre, pero no fue así, pues aún quedaban dos leones que mataron y se comieron una mujer del poblado de Maripu.

Cuando Rushby se estaba organizando para ir allí recibió la noticia de que tres de sus game scouts, operando juntos, habían matado a las dos leonas, el 15 de julio en el poblado de Sindagasi, con lo que se puso punto final a aquella maldición comenzada tantos años antes, siendo el total de devoradores de hombres de 15 ejemplares. Como estos leones pertenecían ya a diversas generaciones, parece ser que las nuevas crías nacían con el instinto de convertirse en devoradores de seres humanos, el haber recibido esos específicos ‘genes’ a través de sus padres y abuelos, siendo curioso que abundaban más las hembras que los machos matando y comiendo personas.

 

leon macho en revista trofeo caza

 

Tsavo vs. Njombe

 

Si comparamos los leones del Tsavo con los de Njombe, ¿cuáles fueron más dañinos? Indudablemente, los de Njombe. ¿Quién tuvo más mérito en el proceso de eliminarlos, Patterson o Rushby? Siendo totalmente neutro y prescindiendo del hecho de que fui buen amigo personal de Rushby, fue éste, pues, aunque tuvo unos game scouts ayudándole, los momentos más peligrosos los corrió él en solitario, mientras que Patterson se las vio solo con dos leones, a los que consiguió matar desde un machan arriba de un árbol, fuera del alcance de las fieras…, mientras que Rushby lo hizo siempre pie a tierra ¡y a pecho descubierto!

Patterson se hizo muy famoso con sus dos leones del Tsavo por una serie de circunstancias adicionales, como fue suspender las obras del tendido del puente sobre el río Tsavo y que su libro «The Man-Eaters of Tsavo», publicado en 1907, lo fue en una época en la que los cazadores africanos eran poco menos que héroes, siendo una actividad enormemente popular, coincidiendo con el principio de la colonización de África Oriental con sus inmensos campos de caza. Las personas hindúes o coolies muertas por los leones fueron 28, y entre 30 y 40 nativos locales, lo que sumaba sobre 68 víctimas en Tsavo, contra las 1.500 censadas en Njombe.

George Rushby fue una persona sencilla y humilde, que lo que hizo lo consideraba como parte de su trabajo, sin mayor presunción, y con los lances que tuvo que afrontar para terminar con los leones de Njombe podría haber escrito un libro de más de 500 páginas autopromocionándose, pero no lo hizo, destacando tan sólo dos cortos capítulos de aquella epopeya en su obra «No more the tusker», publicado en Inglaterra en 1965, sin mayores pretensiones.

 

Leones andando en revista Trofeo Caza

 

Los leones son siempre leones…

 

Hablando con George Rushby sobre este tema de los devoradores de hombres, circunstancia que todavía se da, pero en menor escala en diversas zonas de África, afortunadamente, me decía que si uno quiere ser cazador de leones lo primero que debe de tener presente es que nunca hay que perderles el respeto, ni tomarse confianza con ellos, pues un león es siempre un león y sus reacciones impredecibles, sirviendo como horrible ejemplo lo que sucedió en el Jardín Zoológico de Frejus, Francia, en 1975.

En este zoo nacieron cuatro leoncitos que fueron criados con biberón por el director y su esposa. Fueron creciendo como animales domésticos en la casa del director, junto con su familia, donde se les trató siempre con gran cariño, hasta el punto de que dormían en las camas jugando y alimentándose con lo que más les gustaba. El tiempo fue pasando y los leones creciendo, continuando su vida junto con las personas que los criaron y mimaron desde que nacieron.

Al hacerse adultos y para que los vieran los visitantes del zoológico, por las mañanas los exponían en las jaulas y por las noches los sacaban para que estuvieran con sus padres adoptivos.

El día 1 de enero de 1975, mientras los pasaban habitualmente de lugar a otro, de pronto, se abalanzaron sobre el director y su ayudante matándolos sin más, y eso que se trataba de animales prácticamente domésticos, bien alimentados, cuidados y acostumbrados al trato diario con personas desde su nacimiento, de las que sólo tuvieron cariño y afecto, lo que demuestra que, por mucho que se les quiera humanizar con shows y películas más o menos ñoñas, el león, en el fondo de su alma, será siempre una bestia feroz y peligrosísima

 

leon sangrando en revista trofeo caza

 

Padrinos africanos

 

Yo tuve la inmensa suerte de ser buen amigo de John A. Hunter y de George Rushby, grandes cazadores de elefantes y leones, quienes, durante nuestras largas charlas que yo poco menos que escuchaba con la boca abierta sin perder detalle, me enseñaron muchas cosas de lo que había que hacer cazando leones y ¡lo que no!, siendo esto quizás lo más importante, pues la mayoría de los accidentes suelen ser provocados por errores del cazador

Siempre que tenía la oportunidad, le hacía visitas a John A. Hunter quien me llamaba Tony, my boy afectuosamente, para escuchar sus opiniones y experiencias en su hotel a mitad de camino entre Nairobi y Mombasa, en Kenia.

Ver a George Rushby, ya retirado, residente en el extremo sur de la Provincia del Cabo, África del Sur, lo hacía, por fuerza, de tarde en tarde, donde pasaba unos pocos días en su compañía, hablando y recordando sus viejos y felices días de cazador profesional de elefantes, los leones de Njombe y un largo etcétera de sus actividades cinegéticas en diversos países africanos, en los cuales yo cacé también años después, explicándole cómo habían evolucionado muchos de ellos a lo largo de los años, no para bien, lamentablemente, sobre todo lo referente al peso, en general, de los colmillos de los elefantes

estacion Simba en revista trofeo caza

 

Entre los consejos y las opiniones de Hunter y Rushby, que fueron mis padrinos africanos, escuchando con la debida atención y respeto las experiencias de estos grandes cazadores, fui aprendiendo muchas cosas que luego me fueron de gran importancia, como lo demuestra el hecho de que después de los 62 años que fui cazador profesional en África, habiendo cobrado 1.317 elefantes y 340 leones, poniendo juntos todos los cazados con mis licencias de caza, con permisos especiales en determinadas zonas en operaciones de control y doblando animales heridos en los safaris, nunca sufrí ni el más mínimo arañazo, nada de nada, afortunadamente.

A lo largo de mi vida bajo el sol africano tuve la oportunidad de cobrar cuatro leones que, los nativos «decían» que eran devoradores de hombres, cosa de la que nunca estuve muy seguro, excepto de dos «convictos y confesos», que, si la menor duda lo eran, temiendo que los otros fueran «víctimas inocentes»… (Continuará).

Accede aquí al artículo anterior y continúa con la historia de los leones de Njombe.

Autor: Tony Sánchez Ariño.