Leones devoradores de seres humanos ( II )

Tony Sánchez Ariño continúa la historia de los leones de Tsavo y de la aterradora familia de Njombe, responsable de alrededor de 1.500 muertes.

Seguimos adentrándonos, de la mano de Tony Sánchez Ariño en la historia de los leones devoradores de hombres: desde los célebres de Tsavo, con sus fauces dañadas pero letales, hasta la aterradora familia de Njombe, cuyo reinado de muerte superó cualquier ficción. Entre la bruma de las supersticiones tribales y las exageraciones populares alimentadas incluso por el cine, emerge la mirada certera del cazador que distingue el relato de la realidad. Una travesía entre espíritus, balas y colmillos, que nos invita a seguir este siniestro rastro del miedo y la historia, bajo el sol inclemente de la sabana.

Los dos leones devoradores de hombres, de los que veníamos hablando desde la primera parte, eran machos, adultos en plena forma, sin que se apreciase ninguna merma en sus condiciones físicas que les impidiesen cazar los animales habituales en su alimentación cotidiana, excepto posibles problemas con la dentadura.

Por las fotos que ilustran estas notas, se ve que la dentadura del primer león tenía fracturas y pérdida de dientes, mientras que el segundo sufría pérdida y malformación en los molares, lo que, teóricamente, reduciría su capacidad de sujetar y matar a sus presas, que se defenderían violentamente coceando y dando cornadas de las que muchas veces salían mal parados.

cazador de leones en revista trofeo caza

Una antigua fotografía de Tony con un enorme león.

¿Por qué se convirtieron en devoradores?

 

Sobre la cuestión de por qué, estos leones, se hicieran devoradores de hombres, hay todas las teorías que se quieran, más o menos posibles o, simplemente, absurdas. Yo también tengo la mía, pero sin pretensiones dogmáticas ni mucho menos, eso sería ridículo y pretencioso, pues aún tuvieron que pasar 32 años de aquel drama para que yo naciera… En mi modestísima opinión creo que, por casualidad, un día se encontraron con un pobre africano, matándolo y comiendo parte de su cuerpo, lo que debió de «enseñar» a aquellos animales lo fácil que era matar a aquel «animal de dos patas» que no se revolvía, prácticamente, sin ofrecer resistencia. Entonces, a la vista de la «gran despensa» que tenían a mano, fueron perdiendo el miedo innato al ser humano, comenzando aquel reinado de terror que los hizo tristemente famosos internacionalmente hasta que Patterson acabó con ellos.

Como siempre, se exageró mucho el número de víctimas causadas por los ambos leones, hablando de centenares y disparates por el estilo. El número oficial de hindúes muertos y devorados fueron 28 debidamente contabilizados y, aparte de ellos, se calculó que también mataron entre 30 y 40 personas de la población local Kamba, pero, a falta de registros oficiales, nunca se pudieron saber las cifras verdaderas exactas, quedando a la fantasía de cada cual, pues ya pasaron desde entonces 127 años, dando un amplio margen para decir todas las sandeces e incongruencias que se les ocurrían a los que jamás pisaron África ni vieron un león salvaje in situ.

En el año 1924, el Field Museum de Chicago (EE. UU.) le ofreció a Patterson comprarle las pieles de los leones, junto con sus cráneos, que había conservado, pagándole por fin la cantidad de 5.000 dólares americanos, una gran suma entonces. Después de tantos años, las pieles, al no recibir los cuidados necesarios, se habían deteriorado bastante y los taxidermistas del museo tuvieron que hacer milagros para preservarlas y montarlas naturalizadas formando un diorama con los dos leones. La realidad es que, a pesar de la buena voluntad de los taxidermistas, una vez montado el diorama, los dos leones se parecían más a dos ratones gigantes que a los famosos devoradores de hombres, como puede verse en la fotografía adjunta.

Leona en revista trofeo Caza

Camuflada entre la hierba, la leona observa en silencio, atenta a cada movimiento de la sabana.

The ghost and the darkness

 

Patterson falleció en Estados Unidos el 18 de junio de 1947 a la edad de 80 años, con el grado de Teniente Coronel del Ejército Británico, quedando su nombre como referencia cuando se habla de devoradores de hombres. En 1996 se filmó una película sobre estos leones, titulada The ghost and the darkness, traducida como Los demonios de la noche, o sea, sin la menor relación con el nombre original…

Esta película, hecha «a la americana», apenas guarda relación con los hechos realmente sucedidos y está enfocada a ese público fácil y poco ducho en la materia que gusta de esas aventuras en la vieja África. Para empezar, los leones amaestrados empleados en la película, tenían unas supermelenas, al contrario que los originales que carecían prácticamente de ella, Según la publicidad de la película, todo estaba realizado sobre hechos reales, pero, de acuerdo con mis conocimientos, y que me perdonen, yo diría «altamente irreales», con personajes que nunca existieron, como el absurdo cazador profesional llamado Remington, interpretado por Michael Douglas, que en su papel más recordaba a un deficiente mental que a un cazador de verdad, al cual, como era de esperar, terminaban comiéndose los leones… ¡menos mal!

He de confesar que, a pesar de mis comentarios, vi la referida película un par de veces sin ojo crítico y me distrajo recordándome mis viejos tiempos por el río Tsavo y un largo etcétera.

Hace años, volviendo de Mombasa a Nairobi, acompañado por mi hijo segundo, Jorge, después de unos días en la costa de Kenia, intentando pescar algo, con el habitual fracaso, paramos el coche en un punto para que Jorge pudiera ver el famoso puente sobre el río Tsavo, explicándole la historia de los leones devoradores de trabajadores en el tendido del ferrocarril.

Mientras tanto aprovechábamos para comer algo, pues había comprado en Mombasa unos bocadillos y fruta, que nos colocaron en una caja de cartón todo muy bien ordenado. Tomando un bocadillo cada uno, dejamos el Land Rover bajo una pequeña sombra y nos acercamos al río para que Jorge pudiese ver todo aquello, quedando la caja de las provisiones encima del capó. Le estaba explicando a mi hijo el desastre que organizaron aquellos dos leones cuando, al mirar hacia el vehículo, nos encontramos con un babuino sentado tranquilamente al lado de la caja de las provisiones, comiéndose los bocadillos, con uno en cada mano, y sujetando con el pie una manzana. Al intentar asustarlo nos plantó cara, chillándonos y mostrándonos unos colmillos nada tranquilizadores, por lo que tratamos mantenernos lo más alejados posible, por si acaso… Al final el babuino decidió marcharse dando un salto desde el capó, pero sin abandonar sus provisiones, haciéndome pensar en cómo habían cambiado las cosas en África, pues hacía setenta y cinco años los dos leones sembraron el terror allí y, ahora, los babuinos, eran los señores del lugar, que te robaban la comida impunemente delante de tus narices… ¡ver para creer!

Por la gran publicidad que se dio a las tristes hazañas de los leones de la zona de Tsavo, estos han gozado siempre de ser los más famosos devoradores de seres humanos, algo así como si fueran los campeones en esta siniestra actividad, pero nada comparable con lo que hizo una familia de leones, muchos años después en la zona de Njombe, en el sureste de Tanganica, actual Tanzania, entre 1932 y 1947 comprobándose oficialmente que mataron y devoraron a unas 1.500 personas (¡¡mil quinientas!!), finalmente aniquilados por mi amigo George Rushby y su equipo de game scouts.

leon de frente en revista trofeo caza

El rey de la sabana, caminando en silencio por su territorio.

George Rushby

 

Tuve la gran satisfacción de conocer a Rushby en Arusha, en la aún Tanganica, en octubre de 1958, quien fue uno de los últimos grandes cazadores profesionales de elefantes durante la década de 1920, principalmente en el Ubangui-Chari, además de Rhodesia, Mozambique y el Congo Belga, actividad que abandonó tras casarse, en 1930, con una joven sudafricana, profesora de escuela, llamada Leonor, a quien conoció el día anterior… matrimonio que resultó muy feliz en todos los sentidos, teniendo varios hijos. Al casarse, lo primero que decidió Rushby fue abandonar aquella vida de cazador y fundar un hogar estable.

A pesar de la diferencia de edad nos hicimos muy buenos amigos, pues él tenía 58 años y yo 28, pero con un punto en común que era nuestra pasión por la caza del elefante, continuando nuestra amistad hasta el día de su muerte, acaecida el 28 de abril de 1969 en Simonstown, en la provincia del Cabo en África del Sur, a los 69 años de edad.

Como yo había cazado elefantes en lo que fueron sus viejos cazaderos, le gustaba mucho hacerme preguntas sobre cómo estaban las cosas después de tantos años, como es lógico con grandes cambios según zonas, unas donde sólo quedaban ratones y no muchos, mientras que en otros lugares aún cazábamos elefantes con colmillos, superando las cien libras por colmillo, sitios que manteníamos lo más secretamente posible «por si acaso» se podría meter allí alguien que malograra las posibilidades para él y los demás, como ya había sucedido en otros sitios anteriormente.

Una vez abandonada la caza comercial del elefante al casarse, se dedicó al cultivo del café en Tanganica, donde terminó arruinándose y, para sobrevivir la familia, se hizo buscador de oro en la zona del río Lupa. Más tarde entró como oficial en el Departamento de Caza de Tanganica hasta 1956 cuando se retiró con el cargo de vicepresidente del mismo, dedicándose nuevamente a la agricultura, esta vez con mejor suerte, hasta que decidieron marcharse a África del Sur, lugar natal de su esposa, con una buena situación económica gracias a la pensión del Gobierno y a la venta de sus propiedades en Tanganica, alrededor de 1965.

Durante los años que permaneció en el Departamento de Caza de Tanganica, su labor principal fue la de eliminar y controlar los elefantes que producían daños a la agricultura gubernamental y local, de los que cobró 800, más otros 600 en los viejos tiempos de buscador de marfil, o sea, un total de 1.400 elefantes, más o menos, con su mayor trofeo, un monopunta cobrado en el Congo Belga con 169 libras (76,5 kilos), cerca de la zona de Albertville, en la parte oriental del país.

elefante en revista trofeo caza

Paso firme y mirada serena: el gigante de la sabana recorre su territorio

Los leones de Njombe

 

Ocasionalmente se citaba el caso de que había una familia de leones, todos ellos devoradores de hombres, operando en el distrito de Njombe, en el extremo más meridional de Tanganica, dentro del Southern Highlands Province Range, pero, sorprendentemente, sin que se tomaran medidas serias, quizá debido a una falta de información veraz.

Por fin, en 1945 George Rushby fue transferido a la Southern Highlands Province para realizar diversos trabajos. Tres días después de llegar a la zona le hizo una visita el comisario provincial, Mr. Flynn, quien le pidió que hiciera todo lo humanamente posible contra los leones, pues la situación estaba alcanzando niveles realmente trágicos, lo que fue una sorpresa para Rushby a quien nunca le habían mencionado nada de lo terrible de la verdadera situación… Al día siguiente recibió un telegrama del comisario del distrito en el puesto de Njombe, Mr. Wemban-Smith, que decía lo siguiente: «Le ruego les dé la máxima prioridad y atención a los devoradores de hombres. Las condiciones en este distrito son patéticas». Este comisario era viejo amigo de Rushby, quien acudió inmediatamente, a ver qué ocurría, pues hasta entonces no se había enterado de la gravedad de la situación causada por aquellos leones, descrita por Wenban-Smith como espantosa.

Después del primer encuentro Rushby hizo un recorrido por todo el territorio donde se movían los leones para tener un conocimiento directo del terreno y posibles movimientos de ellos. También habló con varios jefes locales y nativos, aquí y allá encontrándose con una barrera que le negaba toda posible información sobre los leones. Finalmente, pudo averiguar que la razón de aquel mutismo generalizado era por la gran superstición de aquellas personas, quienes creían que los leones eran los espíritus de antiguos jefes dominados por el demonio y que, si colaboraban con su destrucción, les caerían todas las desgracias habidas y por haber, a ellos y sus familias, permitiendo que los leones se les comieran antes que denunciar por dónde andaban, pues para aquellas personas el asunto de la brujería era cuestión de vida o muerte, con un gran terror hacia los referidos espíritus, con gran terror hacia los referidos espíritus, por lo que negaban siempre su colaboración o daban falsas informaciones para evitar que pudieran encontrar a los leones.

leon en una jaula en revista trofeo caza

El león capturado en una trampa, que en 1900 mató y devoró al superintendente del ferrocarril de Uganda, Mr. Ryall, mientras dormía dentro de un vagón especial en la estación de Kima.

El primer encuentro con la manada

 

Debido a sus múltiples obligaciones, Rushby tuvo que abandonar Njombe, para regresar hacia mediados de 1946 con el deseo de acabar con aquella familia de leones, que cada vez eran más agresivos y con poco miedo de los seres humanos, lo que los hacía cada vez más peligrosos. Me explicaba Rushby que se llevó con él seis game scouts como ayudantes, que le habían demostrado su valía haciendo operaciones de control de elefantes y, ocasionalmente, búfalos saqueadores de plantaciones y algunos leones devoradores de ganado doméstico «junto» con sus pastores…

En un principio colocaron unas veinte trampas con armas que se disparaban al tocar una cuerda atada al gatillo, pero sin ningún resultado. Él y sus game scouts dieron batidas durante el día por todas partes haciendo aguardos por la noche en los más diversos puntos, utilizando toda clase de cebos, pero con un resultado negativo, hasta que un día encontró a tres nativos que no creían demasiado en los espíritus y que ya estaban más que hartos de las fechorías de los malditos leones que, con el tiempo, se habían convertido en una gran familia que, por imitación, se habían aficionado a la carne humana, aparte de lo fácil y cómodo que los resultaba matar personas que no ofrecían ninguna resistencia, excepto chillar si aún tenían la ocasión de hacerlo antes de sufrir aquella horrible muerte…

cazador en revista trofeo caza

El amigo del autor, George Rushby, quien finalmente pudo acabar con los devoradores de hombres en Njombe, en Tanganica.

Estas tres personas brindaron a Rushby hacerle de rastreadores, oferta que fue más que bienvenida, contando, además, con que allí el terreno era más arenoso y blando, lo que facilitaba el seguir las huellas. El grupo salió hacia un lugar llamado Kidugalo, bien conocido por los nuevos ayudantes, con la buena suerte de que, sobre las diez de la mañana, encontraron rastros frescos, también en dirección a Kidugalo, siguiendo la orilla de un riachuelo afluente del río Mbarali. Finalmente, hacia el mediodía, alcanzaron a los leones, que se habían tumbado a la sombra de un tupido árbol para pasar las horas de calor fuerte, como suelen hacer todos, devoradores de hombres o no. Se trataba de cuatro ejemplares, bien alimentados y con buen aspecto general.

En aquella ocasión Rushby utilizaba un rifle express fabricado en Alemania, del calibre 9,3×74, con expulsores automáticos, cargado con munición TUG muy efectiva contra los leones. El arma tenía un peso moderado que permitía acarrearla todo el día sin problema, siendo el favorito de Rushby para esta actividad. (Continuará).

El animal que ofrecía mayor blanco era una leona, medio cruzada delante del resto, haciéndole un disparo que le rompió el hombro y la pata delantera derecha. Le hizo un nuevo disparo que terminó con ella, pero, por mayor seguridad, le tiró dos veces más. Al acercarse al cuerpo del animal, los tres rastreadores locales lo miraban como esperando que se transformara en un diablo o algo parecido, sin que naturalmente ocurriera nada, a pesar de todas las terroríficas historias que habían escuchado siempre. Para que vieran la leona y que allí no había brujerías ni nada parecido, hizo venir a las personas del poblado más próximo, incluidos niños y ancianos. Al principio todo el mundo estaba temeroso, sin querer tocar el cuerpo, hasta el punto de que el propio Rushby tuvo que desollarla sacando la piel y el cráneo. Entonces, al ver que él seguía sano y salvo se fueron animando a coger la piel y la cabeza, autoconvenciéndose de que allí no había espíritus ni diablos, con lo que sus temores desaparecieron casi de golpe…

Al día siguiente Rushby salió hacia Wangingombe, dejando la piel y el cráneo al cuidado del subjefe Jifike, para que la pudieran ver todos los habitantes de la zona y comprobar que allí no había nada sobrenatural. (Continúa).

Autor: Tony Sánchez Ariño.