Barnacla cuellirroja: su carnet de identidad y su relación con la caza

La barnacla cuellirroja es casi con total seguridad la más bella, la más espectacular del resto de sus congéneres, esto es, canadiense, canadiense chica, cariblanca y cuellinegra.

 

No he podido resistir a la tentación de dedicar unas notas sobre esta emblemática especie, la barnacla cuellirroja, después de haber escrito sobre el ánsar careto grande , puesto que los dos, en más de una ocasión, vuelan entremezclados y comparten los mismos lugares de alimentación.

Migración postnupcial

 

Su comportamiento es estrictamente migratorio desplazándose en la migración postnupcial por un corredor de 100 a 150 kilómetros de ancho a través de las cuencas de los ríos Nadym y Pura hasta la primera estancia en las llanuras inundadas del río Obi en el Círculo Ártico, continuando después por los lados sur y este de los Urales hasta llegar a la segunda estancia en el Medio Obi cerca de la ciudad rusa de Janti-Mansijks.

A partir de aquí se mueve al suroeste a través del sur de la Llanura Oriental Siberiana por encima de la ciudad de Kustanai hasta alcanzar la tercera estancia, la más importante, en la estepa boscosa de Tobol-Ishim y las divisorias de los ríos Ubagan, Ulkayak e Irgizin en las tierras altas de Kazajist. Y, por último, pasando por las ciudades de Orsk y Ahtyubinks continúa a través del norte del mar Caspio hasta la estancia del valle ruso de Manych viajando por la costa norte del mar Negro hasta llegar a la quinta estancia entre los deltas ucranianos del Dneper y Dnester y siguiendo hasta las costas de Bulgaria y Rumanía. En esas costas, rumana y búlgara, la pude contemplar a placer, en la primera cazando y en la segunda disfrutando de una excursión ornitológica.

Bandada de barnaclas cuelliroja en Trofeo caza y conservacion

Avistando barnaclas

 

Calarasi, situada en el sureste de Rumanía a 120 kilómetros de Bucarest es la capital del condado de Muntenia. Posee un puerto fluvial en la orilla izquierda de la rama Borcea del Danubio fronteriza con la ciudad búlgara de Silistra. Las muy fértiles tierras agrícolas permiten una agricultura a gran escala con suelos en su mayor parte de origen aluvial que representan el 64,2% de su superficie con un 97,8 % cultivable.

La primera vez que visité esta localidad se remonta a diciembre de 2009. La meta final era un lodge de cazadores dirigido por el excelente profesional, Constantin Cobal. La reserva de caza que él administraba ocupaba más de 2.000 hectáreas, toda ella cultivada con distintos cereales (maíz, trigo, avena…), provista de una red de canales de riego excavados en la segunda mitad del siglo XX. Terreno ideal para cualquier ganso, pues la comida está «a flor de piel», sólo tiene que aterrizar y, sin más, alimentarse, sobre todo de las abundantes mazorcas de maíz que han dejado a propósito los recolectores. Importante este último detalle, ya que, si para recolectar los cultivos se usan poderosas máquinas que dejen el suelo por completo esquilmado, las aves dejarán de visitarlo, por lo que es imposible practicar la caza o sostener a los ejemplares de especies en peligro de supervivencia.

Barnaclas en el agua con Trofeo caza y conservacion

Dediqué los tres días de mi estancia en el lodge a ocupar un puesto de caza para el ganso careto grande de 7 a 11 de la mañana con más o menos fortuna en lo que respecta al volteo de piezas, pero con mucha suerte al poder deleitarme con la observación de un grupo de barnaclas cuellirrojas que pasó delante de mi posición a unos 50 metros de distancia con vuelo casi rasante. Podía haber dudado en la identificación, pero sus figuras eran tan clarividentes que resultaba imposible hacerlo. Pasado el tiempo, en diciembre de 2013 y en el mismo lugar, tuve la suerte de encontrarme por segunda vez con la «sin par» barnacla, en esta ocasión formando grupos de más de un centenar de ejemplares desplazándose en el aire abigarradamente con movimientos sincronizados.

Migración prenupcial

 

Pasados febrero y marzo meses en los que la barnacla se alimenta intensivamente a fin de acumular reservas, inicia la migración prenupcial siguiendo el mismo camino que en el viaje postnupcial. En total, ida y vuelta, 12.000 km, pudiendo recorrer algunos ejemplares en un solo vuelo 1.500 km, aunque lo normal es de 400 o 500 km diarios. Alcanzadas las áreas de cría inicia la nidificación haciéndola, por lo general, en pequeñas colonias formadas por 4 o 5 parejas que se sitúan en zonas escarpadas de ríos, acantilados, colinas bajas, afloramientos rocosos, caballetes de arcilla lodosa o afloramientos y rocas de islas arenosas.

 

Su éxito de cría depende del clima, de la depredación a la que puede verse sometida y, especialmente, a los niveles poblacionales de rapaces, tales como el halcón peregrino de la tundra, busardo calzado y ciertas gaviotas como la de Heuglin considerada subespecie de la sombría. Esta curiosa simbiosis es debida a que, al ser todas estas especies coloniales, el peligro que representan los depredadores, especialmente el zorro ártico, es neutralizado por la reacción defensiva de esas rapaces o de la gaviota que los hacen huir. Naturalmente, cuando las crías de la barnacla nacen, la familia debe apresurarse en abandonar el lugar por temor a la posible rapiña de los que durante la incubación fueron sus «aliados». Y he aquí la cuestión crucial: desde la década de los setenta del siglo pasado la población del halcón peregrino de la tundra, el «aliado» más útil, descendió a niveles alarmantes permitiendo que la barnacla quedara desprotegida y, como consecuencia de ello, viera reducidos sus efectivos que fluctúan año tras año pero que probablemente no alcancen la cifra de 60 o 70.000 individuos.

Barnaclas en momentos de cria en Trofeo caza y conservacion

Proyecto Life

 

La excursión ornitológica a la que me he referido antes en tierras búlgaras con la intención de seguirle los pasos a la cuellirroja tuvo su centro de operaciones a unos 12 km de la frontera con Rumanía en el lodge Bird Center a orillas del lago Darunkulak regentado por Pavel y Tatiana, un matrimonio de excelentes ornitólogos. El haber elegido ese emplazamiento fue debido a que en el lago Darunkulak tradicionalmente acampan las barnaclas, hecho que comprobé al amanecer del día siguiente de la llegada avistando un grupo de más de un centenar de ejemplares posados en las aguas bastante alejados de donde me encontraba sin posibilidad de captarlos limpiamente con la cámara fotográfica. Fue al segundo día de mi estancia cuando en un camino perpendicular a la carretera que conduce al lago Shabla, en las proximidades de un cultivo en el que varios investigadores habían colocado redes para intentar atrapar algún ejemplar bajo los auspicios de un proyecto de conservación de la especie (cosa que les fue imposible lograr), un grupo de cuellirrojas, como de medio centenar, volaron sobre mí a una aceptable distancia para fotografiarlas. Había logrado que la suerte me sonriera, aunque de forma moderada, podría decirse que el propósito de mi desplazamiento a aquellas tierras estaba cumplido.

Franja de cultivo de maíz sin cosechar para alimentación de labarnacla cuellirroja En Trofeo caza y conservacion

Franja de cultivo de maíz sin cosechar para alimentación de la barnacla cuellirroja.

Los investigadores a los que me he referido, aquellos que estaban en la labor de trabajar con barnaclas en vivo, formaban parte de un equipo en el que intervenía personal de Rusia, Ucrania, Kazakstán, Rumanía y Bulgaria, pues la Comunidad Europea, consciente del peligro al que está sometida esta extraordinaria ave, subvencionó (y subvenciona) el proyecto Life Project Conservation of the Read-breasted Goose. En él se plantean varios objetivos, entre los cuales se halla el procedimiento para lograr que los cazadores, en las rutas migratorias y en los asentamientos de reproducción e invernales, provoquen el menor daño posible.

El objetivo no es, desde mi punto de vista, muy viable sobre todo en aquellas tierras lejanas de la parte asiática oriental de Rusia y de la República de Kazajistán en las que, probablemente, no rijan normativas que restrinjan su captura y muerte y los periodos hábiles de caza se extiendan hasta bien entrada la primavera.

Barnacla Cuelliroja en Trofeo caza y conservacióno

 

Abates accidentales

 

Pero aún hay más. Inicié este artículo señalando que la barnacla cuellirroja en muchas ocasiones se mezcla con el ánsar careto grande (ahora añado también otras especies de barnaclas). Esta circunstancia la pone en riesgo extremo, ya que el cazador puede disparar a un grupo de caretos y, sin ninguna intención, echarla abajo. Esto lo digo no acudiendo a relatos bibliográficos, sino a lo que me ocurrió un día cazando en Calarasi con algo de niebla y con una entrada de grupos de caretos más que aceptable. Cuando fui a cobrar las piezas abatidas me encontré con que una de ellas era una cuellirroja. Sorprendente, pues en ningún momento fui consciente de la presencia de esta cromática ave entre el grupo de los gansos. Y lo cierto es que no soy un «novato» en estas lides de caza de acuáticas. Me aprecio de conocerlas con cierta facilidad, tanto en vuelo como posadas. De ahí mi sorpresa mayúscula. Entonces, pienso que, si este desgraciado evento me pasó a mí, de la misma forma le puede pasar a otros, con lo que la suma de barnaclas muertas por esta falta de identificación de seguro alcanza cantidades más que apreciables a lo largo de la temporada cinegética.

Ejemplar de barnacla cuellirroja abatido involuntariamente en Trofeo caza y conservación

Ejemplar de barnacla cuellirroja abatido involuntariamente

Apunto, antes de finalizar, dos cuestiones creo que interesantes: la primera es que, por fortuna, el cultivo de la barnacla cuellirroja en recintos tales como zoológicos o aviarios no tiene apenas dificultad, y eso es bueno para en caso de extrema necesidad mantener la especie. Y, la segunda, es que algunos ejemplares visitan nuestro país de forma accidental, tal como lo demuestran algunas observaciones. Y finalizo esperando y deseando que esta bella y magnífica especie tenga larga vida en el tiempo.

Texto y fotos: Antonio Notario Gómez.

Dr. Ingeniero de Montes