Pautas básicas de entrenamiento

Nuestro experto adiestrador, José Antonio Sanz, les ofrece algunos consejos sobre cómo adiestrar a su perro para que se convierta en nuestro auténtico compañero de caza, incidiendo en tres aspectos básicos: cómo evitar que no se nos vaya de punta, ayudarle a superar el miedo a los disparos y lograr una fijación en la muestra.

ASÍ SE INICIA A UN PERRO DE CAZA

En primer lugar, antes de nada, deberíamos haber superado la fase de obediencia básica (ya explicada en anteriores artículos), pues, como luego comprobaremos, será de vital importancia en otros aspectos. Personalmente, y desde mi más humilde punto de vista, no soy muy partidario de someter demasiado a los perros de caza. Sólamente lo imprescindible.

1.- QUE NO SE VAYA DE PUNTA

Todos los perros de caza, y en especial los de muestra, tienden a buscar las emanaciones de las piezas siempre a favor del aire. Y en la mayoría de los cosos lo suelen hacer de forma desordenada, a su manera. Esto se debe a que todavía nadie les ha instruido en cómo deben realizarlo. Nosotros deberemos estar dispuestos a mostrarles cómo hacerlo, pues estas enseñanzas serán tan eficaces para el perro como para nosotros.

Para comenzar a adiestrar a nuestro perro en este aspecto, es recomendable contar con un silbato, una correa extensible de unos cinco metros y resistente a los tirones y una cuerda de unos 20 metros. Una buena opción sería utilizar para ello las cuerdas de tender la ropa o las que están recubiertas de una capa de plástico, pues de esta manera evitaremos enredos en el campo.

Entonces buscaremos un lugar con poca vegetación con el objetivo de evitar enredos con las cuerdas. También es importantísimo que no cuente con caza, pues así evitaremos distracciones de nuestro perro.

A la hora de comenzar el ejercicio intentaremos siempre situar al perro a favor del aire, que se convertirá en nuestro aliado a la hora de intentar conseguir que el perro capte mejor las emanaciones de la caza, que se mueven a través del viento, en forma de partículas, hasta la trufa de nuestro compañero.

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Para este ejercicio deberemos contar con una correa extensible y con caza sembrada.

De esta manera, las partículas de olor de la pieza entran en contacto con su cerebro y le impulsan irremediablemente a capturar la presa. En ese momento es cuando el perro corre de punta hacia ese magnífico olor, espantando la caza y no haciéndonos ni caso, pues se encuentra “hechizado”, olvidándose completamente de todo y de todos.

Es momento de enseñarle a controlar todo ese deseo instintivo tan fuerte y arraigado en lo más hondo de su ser. Para eso comenzaremos colocándole la correa extensible y situándolo de cara al aire.

Más tarde, soltaremos al can, de tal forma que cada vez que quiera ir hacia delante, con un tirón de la correa seguido de un pitido, le indicaremos señalando con el brazo hacia qué lado queremos que vaya.

Repetiremos esta acción sucesivamente hasta que el perro aprenda que no puede ir hacia delante, pero sí hacia los lados, donde le ofreceremos mayor libertad y apoyo. Cada vez que el perro pase a nuestro lado laceando, le motivaremos para que se sienta recompensado y aprenda más rápido.

Tras varios días usando la correa extensible, pasaremos a colocarle una cuerda de unos 20 metros aproximadamente. Para este ejercicio podremos usar unos guantes de cuero, pues si pretendemos detener la cuerda con la mano, es probable que nos quememos. ¡Mucho cuidado con ello!

Particularmente, aconsejo dejar la cuerda por el suelo. Así, cada vez que queramos corregir a nuestro perro, lo único que deberemos hacer es pisarla, dándole una orden con el silbato. De esta manera, el perro cada vez se sentirá más cómodo yendo de lado a lado que de frente, acostumbrándose poco a poco.

2.- FIJACIÓN DE LA MUESTRA

El siguiente paso es importantísimo, pues de que el perro respete o no la muestra dependerá mucho el éxito o el fracaso de nuestras jornadas cinegéticas.

En primer lugar, debemos apuntar que la muestra es algo instintivo, genético, por lo que nosotros, como adiestradores, únicamente podremos afianzarla. Y para ellos les ofrezco los siguientes consejos.

Necesitaremos una correa extensible, una jaula lanzadora, caza de granja y lo deseable es que también contemos con la ayuda de un amigo que nos eche una mano.

Empezaremos colocando la correa extensible al perro y cogeremos el aire de cara. A continuación, sembraremos una codorniz alicortada ocultándola en algo e maleza que no sea muy espesa, pues lo que pretendemos con este ejercicio es afianzar la muestra. Para ello empezaremos con algo sencillo.

Tras llegarle la emanación, con tirones suaves a la correa, le diremos “quieto”, con autoridad pero sin ser demasiado bruscos, pues si el perro tiene un carácter complicado, podríamos quitarle la pasión por la caza. Si contamos con una jaula lanzadora, introduciremos en ella una pieza. Lo más aconsejable es que coloquemos una paloma, pues así, cuando la lancemos, se marchará volando, evitando que el perro la atrape.

Una vez colocada la paloma en la jaula, situaremos al perro de cara al aire y repetiremos el ejercicio que ya hemos realizado sin jaula. De esta manera, cuando el perro ya haya fijado la muestra, lo pararemos con tirones cortos e indicándole la orden con la palabra “quieto”.

Normalmente, solemos utilizar las jaulas lanzadoras automáticas o manuales para perros un poco más experimentados o para adiestrarlos en el respeto al vuelo y a los tiros, de tal forma que cuando nuestro can quiera coger la presa, nosotros, con un mando a distancia o con una cuerda lo bastante larga, accionaremos la jaula antes de que el perro pueda echarse encima de la pieza.

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Todos los movimientos que llevemos a cabo deben realizarse con mucha suavidad.

De esta manera, con las jaulas lanzaderas lo que pretendemos es enseñar a nuestro perro que no debe entrar a la caza o echarse muy encima de ella, pues, de lo contrario, accionaremos la jaula y la pieza se escapará. Esto, involuntariamente, le está enviando al perro una señal. En definitiva, le estamos enseñando a ser cada vez más prudentes y sigilosos, convirtiendo sus movimientos en casi felinos y construyendo un perro con muestra firme y fija.

3.- ¿MIEDO A LOS DISPAROS?

En este punto vamos a intentar corregir los miedos a los disparos o detonaciones de nuestros perros de caza. Como he comentado en artículos anteriores, este problema hay que tratarlo cuando nuestros perros son cachorros.

Como todo en la vida, tenemos que tener un sexto sentido y conocer a nuestros perros, pues de ello dependerá mucho que el problema pueda ir a mayores y convertirse en una fobia, lo que es una enfermedad.

Cuando salgamos el primer día de caza con todas las ilusiones puestas en ese perro que hemos criado y mimado durante todo el año y peguemos el primer tiro… puf, puede ocurrir lo peor: en vez de correr hacia la presa para cobrarla, observamos con estupor que huye despavorido buscando refugio entre nuestros pies o bajo el coche.

“Pero… ¿qué ha pasado? ¿Qué he hecho mal?”, nos preguntamos entonces, retrotrayéndonos a sus primeros meses, cuando deberíamos haber actuado al respecto. Ahí es cuando nos damos cuenta de lo importante que es la correcta sociabilización de un cachorro.

Pero, dentro de lo malo, todavía estamos a tiempo de solucionarlo. Sí, nos va a costar mucho tiempo, por lo que debemos ser muy pacientes y constantes. Mi consejo es seguir los siguientes pasos.

Lo primero que debemos hacer para intentar corregir ese miedo es pasear a nuestro perro por sitios donde haya abundante caza, preferiblemente conejo, ver cómo campea y cuál es su actitud. En definitiva, si tiene pasión o no por la caza. Si observamos que el perro se mueve por delante de nosotros buscando caza e incluso echa algún conejo y corre detrás de él, estamos de enhorabuena, pues nuestro compañero tiene posibilidades de superar el miedo a los tiros. En esta situación nos valdremos de su pasión por la caza, introduciendo alguna pequeña detonación cuando eche la pieza en cuestión, esté en plena carrera detrás de ella y vaya unos metros por delante de nosotros.

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Palmadas, explosiones de globos, detonadora y, por último, el disparo de una escopeta. Es el orden que seguiremos para que el perro se acostumbre correctamente a los tiros.

Empezaremos con unas inofensivas detonaciones de globos, comprobando su reacción posterior. Si el perro sigue detrás de la pieza como si nada, perfecto.

Así, poco a poco iremos aumentando el volumen de las detonaciones. Si, por el contrario, vemos que se frena de repente, nos mira y acude hacia nosotros, tenemos un problema grave, pues posiblemente nos encontremos ante una fobia, una enfermedad muy complicada de curar.

¿Cómo actuaremos en este caso?

Retiraremos las detonaciones de inmediato y nos llevaremos al perro a casa. No le sacaremos al campo durante algunos días con el fin de que pueda olvidar lo que para él ha sido un desagradable episodio. Y cuando notemos que ya está más tranquilo y contento, lo volveremos a intentar, pero esta vez sin ninguna detonación.

Durante estas salidas dejaremos que el animal corra tras la caza sin realizar ningún tipo de ruido. Después introduciremos alguna palmada, la explosión de algún y globo, el ruido de una detonadora y, por último, el disparo de una escopeta. Pero siempre observando su evolución y comportamiento.

José Antonio Sanz

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