Prevención en el campo durante el verano

Prevención de incendios, gestión cinegética y el valor de hacer las cosas bien en el campo

Entra un verano copioso de pastos y de riquezas. Pero no todo el monte es orégano. Si hay algo que me encoge el alma es el tema del fuego, el innombrable. Es una pesadilla que me persigue cada año, que me acongoja, que me tiene en vilo todos los días hasta que se pone el sol. No puedo evitarlo. Los fuegos –dicen– se apagan en invierno llevando a cabo unas labores previsorias de limpiar bien los cortafuegos, cunetas y jugar con los barbechos levantados en enero para acotar las zonas vulnerables. Es fundamental tener un plan mental, o escrito, para acometer una desgracia y minimizarla, en lugar de entregarse a la oración y la plegaria. Dios está para las cosas que se nos van de las manos, no para las que podríamos haber evitado aplicando responsabilidad.

En verano hay que poner especial interés en tener siempre un tractor con aperos cerca del corte de la cosechadora, los caminos en buen estado y las cunetas y pasos de agua limpios. Los vehículos revisados. Este año habrá mucho trasiego de maquinarias por las carreteras españolas, hay mucho y muy bueno para segar. Los precios no se mantendrán altos –porca miseria–, pero es preferible tener los almacenes hasta los topes de comida que faltos de la misma. Me gusta que los venados entren en junio con las carnes limpias de parásitos; un buen pienso con una ivermectina hace que las hembras paran pulcras y los machos se desarrollen bien. Que no nos cuenten rollos con piensos mágicos: un pienso ganadero de gránulo fino para rumiantes con la proporción de desparasitante justa. Los milagros, en Lourdes. Y los vendedores de peines y de piensos mágicos que no nos cuenten milongas subidos en sus coches de alta cilindrada y cubiertos de datos falsos. El campo tiene las letras muy gordas y no van a llegar tres listos a enseñarnos a los tontos de qué va el campo.

ciervas en revista trofeo caza

Me gusta aportar piedras de sal con extracto de ajo, simples y baratas. Estas piedras hacen que el ajo se incorpore al pigmento de la piel de los animales y hace de repelente para que los mosquitos no se posen. Lo mismo que con los piensos, que no nos cuenten cuentos de echa esto y te irá de maravilla. No podemos sustituir una alimentación artificial habiendo comida en el campo, que, además, de más barata es más sana. Picardías que se me ocurren están en mezclar sal de cantera molida (cloruro sódico o sal de mesa de toda la vida) con el pienso de mantenimiento que queramos echar a los venados para verlos más lustrosos cuando las rastrojeras comiencen a flojear: en verano los rumiantes tienen la boca escaldada de engullir mucho pasto seco y se le forman llagas. La sal les cura y reseca esas heridas haciendo que se les encienda la boca y apuren las rastrojeras y los pastos que en otras circunstancias no agotarían.

Los puntos de agua que estén saneados. Lo mejor es que tengan ovas, algas y plantas acuáticas que son las que aclaran el entorno. Los insectos y anfibios son indicadores de vida y esos puntos limpios y sanos son los mejores aguaceros para que abreven los animales montunos.

En algún lugar alejado de puntos de agua he colocado un palo de pino con un par de cortes no muy profundos que he untado con aceite quemado, sin exagerar. Ahí se revolcará el marrano y el cervuno para quitarse algún parásito externo. En las zonas arenosas siempre se acuestan las ciervas, pues ahí la garrapata no trabaja al no tener defensa y ellas pierden el calor que la arena absorbe en estos días donde el estío comienza a apretar.

La berrea pasada fue pronta y esta paridera está ya a punto de caramelo. Los gabatos nacen en un entorno copioso y abundante, un año para anotar como fantástico donde pocos se repetirán en nuestras vidas. Ojalá que siga todo como va porque, desde luego, cualquiera es ganadero y agricultor un año como este.

Las corchas las tienen sujetas de precios, pero no hay quien me diga que subirán con más fuerza; si no, las quedo en el árbol. Lo que vale se paga y, si no se paga, no lo regalo. Se compra lo que vale dinero y lo que tiene valor se conquista. Ahí lo dejo.

Voy a lomos de Talibán que está rollizo y fuerte de tanta comida y tan poco trabajo. Dios creo el mundo en seis días y el séptimo lo paseó para disfrutar de su obra. Y no lo dicen, pero ya lo digo yo: lo hizo a lomos de un caballo.

Autor: Manuel De Juan (Lolo)