El error que todo cazador debe conocer a la hora de tirar

Cómo apuntar cuesta arriba o cuesta abajo

En el número anterior de Trofeo revisamos la problemática de la desviación por el viento de las balas y he recibido varias peticiones para que explicara la influencia de los tiros en ángulo, tanto cuesta arriba como cuesta abajo. Por ello, estando en plena temporada de recechos de otoño, lo vamos a revisar por si puede ser útil a los lectores.

Cómo afectan los tiros en ángulo al impacto de la bala

Han pasado más de cuarenta años y aún recuerdo este lance como si fuera ayer. Tenía veinte años cuando me enfrenté a mi primera cacería de sarrio en el Pirineo aragonés. Creo que era 1981 y había tenido la suerte de que me tocase un permiso en los sorteos que en aquellos años hacía ICONA entre todos los cazadores, cuando aún la afición a la caza en montaña no era muy grande y era relativamente fácil que te tocase. Los precios de los trofeos eran irrisorios comparado con lo que hoy se llega a pagar por un precinto de sarrio macho, tal vez veinte veces menos

La cacería sonaba a aventura por cazar en el remoto valle de Gistain en la R. N. de los Circos. Íbamos a recechar exactamente en las faldas del pico Posets, el segundo más alto del Pirineo, con 3.368 metros, sólo superado por el Aneto que tiene 3.404 metros.

Aunque era muy joven ya tenía cierta experiencia en caza de rebecos en Asturias. Ya he contado que, por ser mi familia de origen asturiano, desde niño tuve la suerte de que me invitaran a cazar en varios cotos de Ponga. Pero nunca había cazado en el Pirineo y estaba emocionado.

La cacería del primer sarrio de mi vida

Cazábamos en primavera, a finales de mayo. La primavera puede ser una época muy buena, si la hierba nueva ya ha brotado, para buscar un viejo sarrio que no sale del bosque. Pero entonces esta especie en el Pirineo estaba pasando unos años malísimos por una epidemia de queratoconjuntivitis que había arrasado las poblaciones. Atacaba sobre todo a los chivos, dejándolos ciegos, y la densidad de sarrios era muy baja.

Sarrio en revista trofeo caza conservacion

Este fue mi primer sarrio del Pirineo en al valle de Bujaruelo, en las faldas del pico Viñamala. Pero, desgraciadamente, el año anterior fallé porque entonces no entendía la problemática de los tiros en ángulo, que me costó casi quince o veinte años comprender.

 

Cazamos muy duro por las laderas del Posets, por la zona conocida como las bordas de Viadós. Pero yo era muy joven y cargado de afición y aguanté bien, siguiendo a un magnífico guarda de nombre Ramón, que me doblaba la edad y, aun así, andaba tres veces mejor que yo. Después de tres días vimos el único sarrio bonito de la cacería. Pero la entrada era difícil pues se encontraba en una ladera empinadísima y cubierta de bosque, justo unos 400 metros encima de nosotros. Y digo «encima» porque estaba como encaramado en una aguja casi vertical y los 400 metros eran casi una escalada. Ramón, el magnífico guarda, dijo que le entráramos, pues con el bosque podíamos llegar a una distancia razonable de tiro, sin que nos viera. Y, si teníamos suerte y lo hacíamos bien, no nos oiría, pues el aire venía perfecto.

Y arrastrándonos entre matas de boj, acebos y pinos llegó a meterme hasta unos 250 metros de distancia del rebeco. Lo malo es que, siendo una distancia razonable de tiro, era como tirar al cielo, pues el sarrio estaba exactamente encima de nosotros. Un tiro casi vertical que con mi escasa experiencia –y aun hoy– odiaba –y odio–, por lo incómodo que es tirar desde abajo totalmente hacia arriba.

Pero era la última oportunidad: o lo intentaba o volvía ‘bolo’ a Madrid. Y después de una entrada magistral por parte del guarda, me llegó el turno de hacer mi parte del guion.

Y cómo lo fallé ‘inexplicablemente’

Apoyado perfectamente en su morral me enfrenté a un disparo complicadísimo a 250 metros y totalmente vertical. En esa época ya andaba obsesionado con el tiro y había puesto mi rifle Manlicher .270 Winchester, para hacer un cero a 200 metros, que era la distancia a la que solía tirar los rebecos en Asturias.

Esto suponía que mi bala a 100 metros impactaba a unos 5 – 6 centímetros por arriba del cero. Hacía blanco a 200 m y a 250 tendría una caída de unos 20 cm. Por tanto, puse la cruz de mi antojo justo en el rape del lomo del sarrio, esperando que, con esa caída, le enganchara en medio de la paleta. Apreté el gatillo con mucho cuidado. Y fallé el tiro. Ramón, el guarda, me dijo: «Le ha pasado una cuarta alto». El sarrio pegó un tornillazo, se metió en el bosque y desapareció. Y hasta hoy.

Tristes, bajamos a las bordas de Viadós, llegando casi de noche. Desde ahí un largo recorrido en Land Rover. Noche en San Juan de Plan y regreso a Madrid, muy disgustado por haber fallado mi sueño, desde niño, de cobrar mi primer sarrio en el Pirineo.

avioneta en trofeo caza conservacion

Recién aterrizado en los glaciares de las montañas Wrangler de Alaska y preparándonos para cazar en sus rectas montañas. Habían pasado treinta años desde aquellas cacerías del Pirineo y ya había entendido la problemática de los tiros en ángulo.

 

¿Qué había hecho mal?

En cuanto llegué a Madrid me fui a comprobar el rifle en una finca de un amigo en la que solíamos tirar a 100 y 200 metros. Pensaba que en los tres duros días de caza que había pasado en las faldas del Posets podía haber goleado el anteojo y por eso había fallado un tiro que, aunque difícil, no era imposible.

Quedé asombrado, pues mi Manlicher .270 Winchester agrupó perfectamente tres balas en un +6 a 100 metros y otras tres en el cero a 200 m. Pusimos otra diana a 250 metros, que entonces era lo que yo consideraba mi límite para tirar, y las balas agruparon perfectamente a unos 20 cm por debajo del cero. Justo la corrección que había hecho de altura al tirar el sarrio. Un gatillazo no pudo ser, pues el Manlicher tenía sistema alemán con ‘pelo’ de doble gatillo, y cuando lo montaba saltaba a 150 gramos, con lo cual era imposible dar tirón.

¿Qué había hecho mal…? No lo podía comprender. Y me costó casi quince años entender por qué fallé aquel bonito sarrio…

Tengamos en cuenta que en aquellos años ochenta había muy poco escrito sobre armas y tiro. Sólo los maravillosos artículos de Miguel Escobedo en Caza y Pesca y poco más. No existía Internet, YouTube ni los ordenadores. Ni, por supuesto, los calculadores balísticos que tenemos hoy… Pasaban los años y nunca entendí por qué fallé ese sarrio.

El problema de los tiros en ángulo

El tiempo fue pasando y fui aprendiendo bastante. Volví mucho al Pirineo donde ya cobré unos cuantos sarrios, cuando empecé a trabajar y tener algo más de dinero.

Pero, sobre todo, tuve acceso a través de una petición por fax a la literatura americana de tiro, que entonces me mandaban por correo postal. Y un libro de tiro americano me hizo entender los tiros en ángulo. Entonces, casi quince años después, comprendí por qué había fallado el sarrio de Vaidos. No había tenido en cuenta, porque entonces los desconocía, el efecto del ángulo en los tiros en montaña.

nieve en trofeo caza conservacion

Cazando rebecos en Austria. La gran nevada y sus empinadas montañas nos hacen ver claramente que nos vamos a enfrentar a tiros muy verticales.

 

Lo primero y más curioso es que el efecto sobre la bala es exactamente el mismo, se tire cuesta arriba o cuesta abajo. A la velocidad de 3.000 km/h que sale una bala del cañón, una cuesta de 300 metros no hace que vuele más rápido o más despacio.

Dos son los factores que influyen en la caída de una bala en su trayectoria: la resistencia del viento y la fuerza de la gravedad. Por ellas la bala empieza a disminuir velocidad y caer desde el primer metro de la boca del cañón. La resistencia del aire –sobre la que reflexionamos el mes pasado– se puede mejorar con la aerodinámica de la bala. Esto es exactamente el famoso coeficiente balístico. Pero contra la atracción de la fuerza de la gravedad no se puede hacer nada. Y cuanta más velocidad pierde la bala más la hace caer la gravedad, simplemente porque al ir la bala más despacio tiene más tiempo para actuar sobre ella.

¿Cómo actúa la fuerza de la gravedad?

Pues atrae cualquier objeto de un modo perpendicular a la superficie de la Tierra. Vemos en las figuras 1 y 2 que es como una línea vertical (color azul oscuro) y observamos que atrae los objetos en vertical, sin tener en cuenta que la superficie de la Tierra sea plana o montañosa.

Es decir, tiremos en el ángulo que tiremos, lo que importa es que la gravedad sólo actúa en la distancia horizontal que hay entre usted y su presa. Es como si usted bajase o subiese a la horizontal de su presa. La distancia que hay entre los dos –y no la que mide su telémetro– es sobre la que va a actuar la fuerza de la gravedad.

caza en revista trofeo caza

Gracias al profundo estudio que hicimos antes de la cacería del Cáucaso conseguimos volver con éxito de sus empinadas montañas.

Esa «distancia compensada» se mide por el coseno del ángulo que forma el cañón de su rifle con la horizontal de la tierra. Recordando la niñez, sabemos que el coseno de un ángulo es una constante trigonométrica que varía según el ángulo. El coseno de un ángulo de 30° es 0,86; de 45° es 0,707 y de un ángulo de 60° grados es 0,5.

Lo que a usted le interesa es la distancia compensada, que es sobre la que va a actuar la fuerza de la gravedad. Se obtiene multiplicando la «distancia real» –que es la que marca su telémetro– por el coseno del ángulo que tiene el cañón de su rifle con la horizontal.

Veamos dos ejemplos para hacerlo más comprensible.

Los tiros hacia abajo 

En la figura 1 vemos un ejemplo de tiro hacia abajo. Supongamos que usted está muy por encima de su presa y que su telémetro le marca una distancia real de 350 metros. Si es un tiro de unos 45° hacia abajo debe multiplicar esta distancia por el coseno de 45°, que es 0,707; es decir un 70 %, aproximadamente. Verá que la distancia compensada es de 247 metros y es sobre la que va a actuar la fuerza de la gravedad.

Si en ese tiro usted pone la torreta de su anteojo en 350 metros, su disparo va a pasar alto por encima de su presa. O si hace un cálculo de caída para 350 m pasará exactamente lo mismo. En nuestros seminarios de tiro en montaña y rececho estudiamos profundamente la técnica de tiro con el máximo Point Blank Range, PBR. Metemos los tiros para una ventana vital de 20 cm hasta 300 m, sin necesidad de hacer ningún cálculo o correccion a la hora de tirar. Esto significa que el cero está, aproximadamente, en torno a los 250 metros.

Dependiendo de la velocidad del calibre que usemos sabemos que la caída con ese PBR a 350 metros es de entre 20 y 25 cm. Si aplico una correccion de caída y subo el tiro 25 cm estaré cometiendo un grave error. Como a 250 metros de distancia compensada es justo el cero, mi bala va a pasar unos 20 – 25 cm por encima de donde haya puesto la cruz de mi anteojo. Y voy a fallar mi presa.

 

Los tiros hacia arriba 

Pues verá que la fuerza de la gravedad actúa exactamente igual, verticalmente y sobre la distancia compensada. En este caso estamos tirando a nuestra presa a 400 metros, distancia real medida por el láser, hacia arriba. Tenemos el mismo ángulo que en el caso anterior, que es 45°. Vemos que al multiplicar por el coseno de este ángulo que hemos visto, que es 0,707, nos salen 285 m de distancia compensada horizontal. Si usted pone en su torreta a 400 m, su tiro va a ir unos 50 – 60 cm alto. Si utiliza mi técnica del PBR, su bala va a pasar unos 40 – 50 cm alta.

Un ángulo de 45° no es muy raro en un tiro de montaña. Pero, a veces, en una situación muy forzada de asomadas en montaña, el ángulo puede ser mayor. Note que con un ángulo de 60° su coseno es de 0,5; es decir, un 50 %. Esto significa que la distancia compensada sobre la que va a actuar la fuerza de la gravedad es la mitad de la que marca su telémetro.

Consejo del mes

 

…Y el misterio quedó resuelto

Así fue como, casi diez años después de fallar mi sarrio de las bordas de Vaidós, en el Posets, entendí por qué lo había fallado.

El sarrio estaba a unos 250 metros, pues la distancia la conocía Ramón, el guarda, perfectamente. Como esperaba una caída de bala de 15 – 20 cm apunté al rape del lomo del sarrio. Pero el ángulo en el que tiraba hacia arriba era tal vez de 50 – 60 grados. Es uno de los tiros más verticales que recuerdo haber hecho en mi vida.

Por tanto, aplicando lo que hemos visto en la figura 2, tenía que haber calculado un 50 % de la distancia real. Y como mi rifle a 125 metros tiraba unos 5 – 6 cm por encima del cero, la bala le pasó justo por encima. Un secreto que tardé quince años en aprender y que hoy le cuento al paciente lector esperando que algún día le sea pueda ser útil.

Hoy es mucho más fácil, porque muchos telémetros y prismáticos modernos directamente nos calculan la distancia compensada según el ángulo. Pero también es cierto que bajo el «estrés de trofeo a la vista» a veces o no nos acordamos o no nos da tiempo a medir la distancia.

En estos cuarenta años he cobrado bastantes más sarrios. Uno de mis maestros en el Pirineo fue el guarda mayor de la Reserva Nacional de los Valles, Félix Ipas. Hijo del anterior guarda mayor era un maestro del rececho en montaña. Tal vez no supiera mucho de cosenos y ángulos de tiro, pero de montaña y de entrar a un sarrio, lo sabía todo. Después de cuarenta años habiendo cobrado cientos de trofeos con sus cazadores, siempre me dijo lo mismo: «En el Pirineo aragonés hay un dicho para la caza en montaña: cuesta arriba o cuesta abajo, apunta un poco bajo».

Si yo hubiera sabido esto tal vez aquel precioso sarrio de las bordas de Viadós hoy colgaría de la pared de mi casa. Espero que a ti sí te pueda ser útil, querido lector.

Autor: Roque Armada