Han sido muchos los esfuerzos realizados hasta llegar a este punto, pero, al fin, el pasado 2 de octubre, la Junta de Andalucía ha promulgado a través del boletín número 192 del BOJA la inclusión de la modalidad de reclamo de perdiz como actividad de interés etnológico, bien de interés cultural (BIC).
El reclamo de perdiz, más que una modalidad cinegética, es un noble arte donde se escenifica en la plaza la lucha por la autoridad territorial. Una batalla que lleva aparejada una serie de valores con los que, paradójicamente, los humanos convivimos día tras día: el honor, la verdad, la pureza, la superioridad, la inteligencia, la vida y la muerte.
Es justo reconocer que, por todo ello, la controversia que siempre ha acarreado ha sido alta. En mi opinión, todo basado en el desconocimiento y en los abundantes prejuicios con los que se habitúa juzgar las cuestiones en los tiempos que corren. Los cuidados de los pajariteros, las atenciones, la rigurosidad de sus veredictos, todo eso no hace sino dotar de verdad y nobleza esta bella práctica. Quizás, en los tiempos que corren, donde a menudo se intenta «camuflar» la muerte, la perdiz con reclamo destelle por su autenticidad.
La declaración como bien de interés cultura por parte de la Junta de Andalucía significa que esta actividad cuenta con el respaldo de 143 ayuntamientos andaluces y de las diputaciones provinciales de Granada, Jaén y Sevilla. Un reconocimiento unánime a esta actividad cultural que contribuye a la defensa del medio ambiente y la biodiversidad del mismo.
En el reclamo vierten creencias populares, ritos y tradición, haciendo un constante guiño al pasado, siempre consciente de las raíces de donde provenimos. El resultado final del nombramiento obedece a la recopilación de una serie de argumentos como la adquisición cultural de habilidades, el hecho de poseer una simbología o léxico propio (tan rico como variado), así como la relación que presenta con otros oficios, tales como artesanías tan ilustres como la carpintería o la herrería.
La comunidad andaluza ha hablado, ha alzado la voz y en un «cante» unánime de gallardía ha declarado que es pajaritera y que va a defender esta modalidad. Ojalá este alegato de valentía sirva a otras como ejemplo para defender lo nuestro con verdad y sin tapujos, de frente y por derecho, como entran esas patirrojas a la plaza, arrastrando el ala con ánimo retador, con la sinceridad de sus curicheos y piñones, sabedoras de que lo único que importa es la pureza de su verdad.
Texto: Rafael del Campo Prieto

