Sí, amigos, nos referimos a la alarma de la migración del año pasado que, como todos sabemos, suele saltarnos a principios de septiembre, momento en el cual nuestros pequeños viajeros (no voy a decir de qué especie hablamos, pues todos la tenemos en mente), así como otras muchas especies, sólo tienen en su cabeza la idea de viajar hacia otros lares donde la vida se les haga más fácil durante el invierno.

Una temporada desconcertante
La floja temporada pasada será, sin duda, recordada para siempre, al igual que no olvidaremos la de 22/23 por la gran afluencia de zorzales que visitaron nuestra Península –a pesar de ser un año donde la comida en nuestros campos para ellos, en líneas generales, brilló por su ausencia–, viéndose una población de zorzales muy elevada, aunque en determinadas zonas mal repartida debido a la baja presencia de alimentos en nuestros campos, que fue lo que marcó que los pájaros se concentrarán más en unas áreas que en otras y dando lugar a situaciones bastante curiosas, como encontrarnos con fincas con fama de zorzaleras con muy poco pájaro y, en cambio, otras «del montón» con cantidades de zorzales bastante elevadas, y lo que es más importante, aguantando la fuerza de pájaros en ellas durante prácticamente toda la temporada.
Por lo que, tal y como empezamos contando, han sido dos años con la cara y la cruz de la migración puestas sobre nuestras espaldas. Y veremos ahora la temporada 23/24, que es la que nos atañe, por tener más cercana, de mayor referencia y la que nos inunda de miedo en lo más profundo de nuestros pensamientos.
Vamos a comenzar señalando algo que todo amante del zorzal conoce o ha escuchado en alguna ocasión, un dicho de los veteranos cazadores de zorzales que sentenciaba que tras un año bueno siempre venía uno malo. Esto siempre ha marcado mucho las temporadas de zorzales, pero es verdad que podemos entenderlo de manera general (migración a nuestra Península) o de manera localizada (cuando se refiere a determinadas zonas), aunque lo normal es basarse en la generalidad de la migración sobre nuestra Península, que suele medirse por la afluencia de entrada de pájaros que se nos marca desde los tres puntos neurálgicos por donde nos llegan las corrientes migratorias: el norte de España, la zona del Levante (que, cada vez más, está cogiendo un cariz más serio en cuanto a entrada de aves migratorias) y la zona costera de la provincia de Cádiz (una zona que, sin duda, marca mucho la temporada zorzalera para las zonas más sureñas de la península).
La temporada pasada, un antes y un después
Carlos Zahinos (Extremadura), experto en Veterinaria de IberaliaGO y gestor cinegético, nos cuenta:
Lo sucedido en la temporada pasada ha marcado un antes y un después en la migración y en la caza del zorzal. Se esperaba un buen año, ya que había mucha comida en el campo, tanto en el olivar cultivado como en el salvaje o acebuche.
En la fecha en la que suelen migrar hacia España teníamos unas temperaturas completamente templadas en el centro y norte de Europa, fuera de lo normal, por lo que se retrasó la migración sobre un mes. Posteriormente, los primeros visitantes de la Península iban asentándose en el este, exclusivamente. Los vientos de poniente continuos evitaron la entrada de zorzales por el estrecho y por la zona del País Vasco. Y esperando la entrada fuerte, que nunca llegó, un fuerte temporal cerró el paso por los Pirineos con nevadas a finales de noviembre, dejando un año nefasto para la caza del zorzal.
Una vez más las condiciones meteorológicas han influido de manera muy notable en los movimientos migratorios de esta especie, sin tener en cuenta la abundancia o no de comida en las zonas de invernada.
La incertidumbre sobre el futuro de las migraciones en años venideros es palpable en todos los amantes del zorzal.
Esta temporada se plantea con muchas dudas: teniendo bastante comida en el campo y temperaturas idóneas para su llegada, ¿vendrán?

Año bueno, año malo
Dentro de las hipótesis que se manejan sobre lo que pudo ocurrir el año pasado con la migración del zorzal, se podrían presentar varios escenarios a estudiar, todos basados en conjeturas e informaciones resumidas de webs migratorias, así como de testimonios de cazadores de diferentes áreas.
La primera premisa en la que debemos fijarnos es que, dentro de la afición al mundo del zorzal, hay un dicho muy popular y que se ha mantenido firme con el paso de los años, que, sin tener una base científica sólida ni mucho menos, es algo que siempre, en mayor o menor medida, se ha conservado entre los amantes de la caza de esta especie.
Estamos hablando, para los que aún no se han percatado, de lo que apuntábamos anteriormente: que, tras un año bueno, viene uno malo, coincidiendo el año pasado con el de las vacas flacas, en cuanto al espectro migratorio del zorzal, pues, como ya se comentó, la temporada 22/23 también será recordada por la cantidad de pájaros que llegaron.
En cuanto a este aspecto y con temor por parte de gran parte de la población zorzalera, la temporada pasada se vivió con gran intensidad toda la antesala de la temporada, su migración y todo lo que a esta le comprometía.
No fueron pocos los que aventuraron que no sería un buen año, atendiendo a lo ocurrido con la temporada tan buena que habíamos dejado atrás; además, era muy curioso que este pensamiento estaba bastante generalizado, incluso habiendo en los campos gran cantidad de comida para ellos, pues el clima vino bastante bien y el alimento abundaba, todo lo contrario a lo ocurrido en la gran temporada 22/23, donde la comida escaseaba mucho por zonas y fue cuando la migración del zorzal pegó más fuerte en nuestra Península, con gran diferencia sobre otras muchas temporadas.
A qué se pudo deber, es una de las grandes preguntas que nos hicimos durante la temporada pasada y que muchos de nosotros esperamos darle una explicación durante el transcurso de la venidera. Esto, en principio y con la información que se maneja hoy día, podría ser debido a varias hipótesis.

La situación en sus zonas de origen
La primera hipótesis que se barajó fue que la migración había sido nula, atendiendo a factores climáticos, refiriéndonos en este caso a la incidencia de las temperaturas. No es algo extraño que siempre tengamos ese runruneo de que tiene que hacer frío y nevar para que los zorzales bajen hacia nuestras latitudes. Esto es algo que puede tener su lógica, pues, si en sus zonas las temperaturas caen de manera muy notable, esto propiciaría que nevadas y heladas no les permitieran tener alimentos, imposibilitando su subsistencia.
Esto es algo que nos ha ido contrariando mucho a lo largo de los tiempos, pues no han sido pocos los años en los que el clima en nuestras latitudes ha sido muy cálido y seco, hasta bien pasado el otoño, y, en cambio, la temporada de zorzales ha sido buenísima; otros, en general, han venido más frescos por nuestras latitudes y con agua abundante, pero la temporada dejó mucho que desear, por lo que todo invita a pensar que hay algunas variantes que se nos escapan con respecto a esta teoría.
Creo que todo esto tiene más que ver con lo que ocurre en sus países de origen que con lo que ocurra en el nuestro, pues si ellos no se encuentran a gusto con los fríos y los temporales de sus zonas, no tendrán más remedio que bajarse a nuestras latitudes; en cambio, si en sus zonas encuentran todo lo que necesitan, tendrán menos necesidad de moverse.
Aun así, se pudo comprobar por las webs de migración, así como por informaciones trasladadas por compañeros de otras zonas de Europa, que la migración del zorzal transcurrió con normalidad, normalidad que, sobre mitad de octubre, varió 360 grados…
Entradas en Andalucía
Diego Suarez (Andalucía, Cádiz). Cazador de menor y apasionado del zorzal, nos hace su reflexión:
La migración del zorzal es un viaje colectivo perfectamente organizado. Implica unas conductas especiales de preparación, como la sobrealimentación, climatología, etc. El pasado año en Cádiz, como en general en la Península, los zorzales no llegaron y creo firmemente que el causante fue la climatología adversa desde sus puntos de partida hasta llegar aquí.
También los campos magnéticos que utilizan las aves (sus brújulas) en sus migraciones varían… Esperemos que este año todo vuelva a la «normalidad» y la migración nos agracie y riegue nuestros campos con esta magnífica ave que, sin duda alguna, es nuestro rey del otoño.

Zorzales en Levante
Francisco Quintanilla( Valencia ), experto en zorzales de IberaliaGo en la zona de Levante, nos comenta:
La temporada pasada, sin duda, fue una de las más flojas en cuanto a la pasa se refiere en la zona norte de Castellón. Los zorzales entraron más tarde de lo habitual y » en pinceladas», nada que ver con otras temporadas.
Las altas temperaturas que hubo en toda Europa y los vientos quizá no fueron los propicios para su entrada.
Esta temporada si espero que acompañe más la temperatura y los vientos, y que los zorzales lleguen a todos los rincones de España regalándonos unas bonitas jornadas.
¿Migración incompleta?
La segunda hipótesis que tomó bastante fuerza conforme transcurría la temporada, es que la migración se quedó incompleta en la parte final de la misma, aunque hay aspectos de esta teoría que pueden contrariarnos y que comentaremos a continuación.
Dentro del conjunto de aspectos que engloban los movimientos migratorios, los vientos tienen una importancia vital, pues una variable como esta, o las precipitaciones, pueden determinar muchos aspectos de la migración.
Los vientos más demandados para la migración suelen ser de componente norte y del este (conocidos como vientos de levante), y es cierto que, dependiendo del flanco de migración en el que nos centremos, hay condiciones que afectan favorablemente más que otras.
Si empezamos por la zona norte de España, los compañeros suelen coincidir en que los mejores vientos para que se aventuren a pasar son los del noroeste, comentando algunos que, en los días de llovizna marcados por estos vientos, las posibilidades de que haya un gran movimiento de pasa por aquellos lares aumentan bastante.
Si nos desplazamos a la zona del levante (costas de Cataluña y Valencia), suelen ser los vientos de norte y levante los que más marcan los movimientos de migración de los zorzales que se adentran en tierra provenientes de la mar, aunque predomina muchísimo en esta zona costera que los vientos de levante son los que favoreven las mayores entradas por la zona, al ser unos vientos que les ayudan a entrar en la Península provenientes de la costa. En esta zona no son pocos los compañeros que en alguna ocasión nos han comentado que, en las noches de poco viento y luna llena, suelen meterse gran cantidad de pájaros por la zona costera.

El tercer flanco de entrada migratoria de nuestro país lo encontramos en la parte más sureña de nuestra geografía: hablamos de la zona costera de Cádiz, que se presenta como uno de los testigos más fieles de la afluencia de zorzales que tendremos en el sur de España, pues se sabe que esos pájaros que entran por la costa sur nutrirán a Andalucía y a la zona más sureña de Extremadura, al menos en los primeros momentos de la temporada.
Prueba de ello es que en la temporada pasada los zorzales por estos lares fueron casi testimoniales, coincidiendo con que la migración por nuestras costas gaditanas fue prácticamente nula (algunas noches se dice que entraron algunos zorzales, pero nada más lejos de la realidad). En cambio, hace dos años –tan recordado por la cantidad de zorzales que tuvimos–, las entradas por las costas de Cádiz fueron algo fuera de lo común, eso sí, bastante tardías en comparación con fechas de entradas de años anteriores.
En Cádiz nos cuentan nuestros compañeros que los vientos que más favorecen las entradas de zorzales de la costa son los de norte y levante, siendo este último el más anhelado en fechas de migración, pues ayuda a los pájaros en su vuelo a meterse por las corrientes de aire hasta adentrarse en tierra.
Pues estos vientos de los que hablamos son los que ganan mayores enteros para hacernos ver por qué la migración del zorzal estuvo tan floja por todos nuestros flancos, y nos referimos al zorzal porque otras especies como la paloma torcaz, sin ir más lejos, sí consiguió pasar las barreras migratorias, pues son más fuertes y aguantan mucho mejor los temporales y las desavenencias del tiempo.

El mes de octubre es, además, a partir de su segunda quincena, el periodo más crítico para la migración hacia nuestros lares. En España vino marcado por dos grandes desavenencias climáticas en forma de borrascas. La primera fue Aline –nombrada por el Instituto Portugués del Mar y de la Atmósfera el 17 de octubre–, que entró por nuestro país el 19 de octubre, dejando imágenes devastadoras de viento, fuertes precipitaciones y mal estado del mar.
No contentos con eso, prácticamente sin salir de Aline llegó la otra gran borrasca, Bernard, que nuevamente nombró el Instituto de Portugal y de la Atmósfera el 20 de octubre, y empezó a azotar nuestras áreas más sureñas a partir del 21 de octubre. Entre estas dos borrascas, sumadas a los fuertes vientos de sur que tuvimos de forma prolongada por la parte alta de España, se consiguió un caldo de cultivo que propició que la migración de nuestros queridos viajeros –que ya venía retrasada por las templadas temperaturas del norte de Europa–, terminara de frenar la entrada de pájaros por nuestros flancos migratorios, haciendo así que fuera un año relativamente interesante para otras zonas donde prácticamente la presencia del zorzal era algo testimonial desde hacía años: nos referimos a áreas de Italia o Francia.

Qué pasará con las migraciones
El sentir general sobre todo lo que conllevó el nefasto año de la temporada pasada, en términos generales, por nuestra Península, pasó de la incertidumbre por falta de respuestas hasta el pesimismo total, llegando, incluso, a pensarse en algunos casos extremos que la migración hacia España se estaba acabando progresivamente, mirando de reojo a lo ocurrido en Italia en años anteriores.
Todo parte de la falta de información y la cantidad de hipótesis que fueron surgiendo conforme avanzaba la temporada, pues, como muchos pensábamos a mediados de noviembre, con la veda del zorzal recién abierta y la baja presencia de aves por nuestros campos, el problema a esas alturas no era que no hubieran llegado, sino más bien qué iba a pasar la temporada siguiente…

Nervios a flor de piel
Como podéis imaginar, este artículo se tuvo que redactar a finales de septiembre, por lo que en estas fechas e inmersos en él, entenderéis cómo se habla sobre todo de sensaciones personales, aunque tengo que decir que ya a finales de septiembre se han avistado los primeros zorzales en diversas zonas de Andalucía, y que sobre el 14 de septiembre algunos compañeros del norte de España ya vieron alguna tímida avanzadilla nocturna, además de ser un septiembre bastante más fresco con respecto a otros años y, aunque no haya sido un final de verano lluvioso, algunas precipitaciones sí que se han dejado ya ver por nuestra Península.
¿Qué quiere decirnos esto?, pues, la verdad, que explicaciones se podrían dar muchas, pero lo cierto es que lo que pasará sólo lo saben ellos, nuestros queridos viajeros, que, como todos los años, nos mantendrán sin sueño, sin uñas y mirando al cielo.
Artículo publicado en la revista Noviembre de 2024
Texto: Francisco García
Fotos: Alexandru Moraras

