El cuco, ese sueño que quita las ganas de dormir

Hay quien piensa que cazar el reclamo es poner una perdiz en un tollo, esperar que cante y, en cuanto aparezca un semejante, sacudirle un sartenazo y ¡a otra cosa! Enorme error, provocado por el desconocimiento.

 

Sin lugar a dudas, la modalidad más controvertida dentro de todas las que practicamos los cazadores, de mayor o menor, es la perdiz con reclamo. Esta forma de cazar levanta pasiones, genera discusiones, acarrea enfrentamientos y hasta me atrevería a decir que disuelve matrimonios. Tan fuerte es el estado de ánimo que puede generar en aquellos que han disfrutado de esta caza, que termina en muchas ocasiones atrapando a sus practicantes como una auténtica droga. El vínculo que se establece entre un buen pajaritero y su reclamo es, a veces, superior al que se establece entre un cazador y su perro.

Eso sí, para disfrutar al máximo esta caza hay que practicarla como mandan los cánones. Y esto es, sobre todo, sin prisas. Hay que dejar correr el reloj que va marcando los acontecimientos sin mirar nunca la hora.

Hay quien piensa que cazar el reclamo es poner una perdiz en un tollo, esperar que cante y, en cuanto aparezca un semejante, sacudirle un sartenazo y ¡a otra cosa! Enorme error provocado por el desconocimiento. Cazar la perdiz con reclamo, es un lujo; hacerlo bien, un arte.

La caza de la perdiz con reclamo en Trofeo caza y conservacion

Lo primero que requiere esta modalidad es un conocimiento exhaustivo de las costumbres de las perdices camperas, un estudio pormenorizado de sus comportamientos y un enorme respeto hacia el que está destinado a ser el oponente de nuestro reclamo y, por ende, nuestra pieza de caza más apreciada. Y he dicho bien: «apreciada», no «codiciada». Los que conocemos a fondo esta caza sentimos un profundo cariño por la perdiz, como especie y como objetivo de nuestra afición. Conociendo los comportamientos de la perdiz en el campo empezaremos a estar en condiciones de practicar su caza con reclamo.

Después, cuando estemos observando su entrada desde la tronera, analizaremos el comportamiento del pájaro del campo y el de nuestro enjaulado, y sólo cuando en ambos se hayan dado las condiciones óptimas haremos uso del arma para poner fin a un maravilloso espectáculo de retos, defensa del territorio, lucha por la hembra y gallardía, y nobleza frente al oponente que ha osado invadir un terreno que no tenía conquistado.

Muchos lances buenos de reclamo no responden a menos de una hora desde que escuchamos contestar al campero hasta que finalizamos la suerte. Son muchas las veces que hemos tenido un ejemplar en plaza más de veinte minutos disfrutando del intercambio de cantes y desafíos, de las acometidas del campero a la jaula y hasta los hemos visto tener que pararse a descansar de la contienda para volver, al rato, a entablar una pelea de las que ponen a prueba las coronarias del que observa el acontecimiento oculto en el puesto.

Esa tensión, ese alarde de control de los nervios frente al lance, esa capacidad de escuchar el latido del corazón en las sienes, sabiendo que el éxito no depende de ti, sino de cómo actúe tu pájaro en la jaula, ese dominio de la humildad necesaria para saberse segundón y sólo cómplice de un pájaro enjaulado, ese choque brutal de adrenalina que se dispara al sentir el frío de la culata en la cara antes de finalizar la suerte, es lo que hace único este tipo de caza.

Al tiro de la perdiz con reclamo en trofeo caza y conservacion

Nuestro rival

La perdiz es una gallinácea y, como tal, se comporta. Son gregarias, pero, al mismo tiempo, monógamas. Raramente un macho soporta la presencia de otro en sus inmediaciones y, mucho menos, cercano a su hembra. Por esta razón, a primeros de año, los bandos, que hasta entonces habían permanecido unidos y con cierto «reposo guerrero», empiezan a separarse.

Es normal que el padre de la pollada sea el primero en anunciar a sus hijos que el territorio donde se mueven es suyo y que ellos ya son mayorcitos para buscarse uno propio. En pocos días, su pico cambiará de color a un rojo intenso, casi granate, y lo que antes era protección y cuidados se convertirá en picotazos desesperados repartidos a diestro y siniestro. Sus vástagos emprendan una huida que los llevará hasta doscientos o trescientos metros de donde el macho dominante tiene establecido su territorio.

Los machos irán demostrando su hidalguía y escogerán una hembra por la que combatir, casi como caballeros andantes, y un terreno en el que fijar sus dominios. Buscarán un sitio en el que haya buena alimentación, si es posible agua, buen refugio y buena huida frente a la presencia de depredadores. Encontrado el lugar adecuado, el par fijará su residencia y permanecerán durante más de un mes estableciendo los lugares de comedero, dormidero y sesteo, fijándose una territorialidad que vuelve a los machos agresivos y combativos. Esta es la temporada que los aficionados al reclamo utilizamos para su caza.

Perdices en el campo por Trofeo caza y conservacion

Como todos los componentes del bando se conocen y ya han marcado sus dominios, en la zona reina una paz tensa, que todos respetan. Pero, de repente, en medio del territorio marcado por cualquiera de ellos, aparece un desconocido que nunca antes había estado por allí y, encima, viene lanzando cantos retadores que impacientan a las hembras.

Ahí comienza el puesto soñado, pero antes de llegar a él será necesario haber cubierto una serie de etapas que empiezan con la elección de nuestro pájaro. No cometeré la osadía de decir qué es lo mejor, pero sí aconsejaré qué es mejor no comprar.

Si nos desplazamos a una feria y vamos paseando por las distintas exposiciones de perdices enjauladas, donde los aficionados escogen según su mejor criterio, observaremos que unos buscan patilisos (machos sin espolones), otros se fijan en los que tienen pico de gorrión, algunos en que posean espejuelos grandes y definidos, habrá quien busque pájaros pequeños mientras otros pondrán su cartera al servicio de ejemplares grandes con gorgueras «llovidas». En fin, que cada maestrillo aplicará su librillo, aunque al final será la casualidad, casi seguro, la que ponga en nuestras manos un buen reclamo. No debemos fiarnos de pájaros que tengan las colas o las alas desflecadas, señal inequívoca de su incapacidad para estar en una jaula. Ejemplares que ante nuestra presencia reaccionan con botes o echando la cabeza exageradamente hacia atrás («echarse copas»), demostrarán poca nobleza y ser asustadizos; si los vemos con el pico desollado de meterlo entre los barrotes, mejor que se queden dónde están.

Deberíamos buscar un pájaro que aguante bien nuestra presencia, tranquilo y confiado. Que nos mire con la misma curiosidad que nosotros a él, incluso que, si le acercamos la mano, muy despacio, haga intención de picarnos defendiendo su terreno.

A mí me impresionan los cantes de mayor, roncos, profundos. Cante jondo, flamenco puro, pero hay quien los prefiere hembreados. A partir de aquí, lo demás son cuestiones de estética, manías y resabios que también tenemos los cuquilleros, pero que, a la larga, no van a definir la calidad del ejemplar.

Perdices atraidas por el reclamo en Trofeo caza y conservacion

Los secretos de la caza con reclamo

En cualquier otra forma de cazar es factible observar al cazador y sus preparativos, e ir adquiriendo conocimientos sólo con la observación de otros colegas. Aquí no. El cazador de cuco, salvo contadas excepciones, es un cazador solitario. Caminará en solitario hasta el sitio donde decidió ponerse, hará solo las observaciones del terreno, la elección de la plaza, la construcción del aguardo, la colocación del repostero y, solo, abordará las horas de puesto hasta que su compañero en el tanto lance el primer cante de mayor, toque de clarín que anuncia el comienzo de la faena.

La primera pregunta que nos hacemos una vez que llegamos al cazadero es dónde colocar el puesto y el repostero, tanto o pulpitillo, que de éstas y otras muchas formas se conoce al lugar donde situaremos a nuestro tenor. En este punto el mejor consejo que jamás oí procedió de mi gran amigo y autor de las fotos que ilustran este artículo, el doctor Juan José Cabrero: «Carlos, cuando llegues al sitio y no sepas dónde ponerte, piensa como pensaría una perdiz».

Colocacion del reclamo de perdiz en trofeo caza y conservacion

 

Un pájaro de campo, conocedor de su territorio, nunca se pondrá a lanzar un desafío en un lugar inestable (los faldones de un olivo), siempre buscará un lugar que esté a resguardo de rapaces (tapado por arriba) y, a ser posible, de predadores oportunistas,a un metro de altura, como mínimo. Por tanto y aplicando estas premisas, si nuestro cazadero está entre arbolado, olivos, naranjos o la vegetación propia de la sierra, procuraremos situar la jaula de manera que parezca que nuestro pájaro está encaramado en algún tronco o sobre un tocón en medio de una charrabasca, pero alejado de piedras que puedan provocar un rebote. Poner a nuestro garbón en un sitio en que sea natural que se posicione una perdiz en el campo, relegará la colocación del puesto a un tema secundario.

Otro de los aspectos más importantes a la hora de colocarnos es la situación de la plaza, entendiendo por tal el sitio donde prevemos poder disparar a los que acudan al reclamo. La «plaza» tendrá aproximadamente un par de metros alrededor del pulpitillo, esa es la distancia ideal para ejecutar el lance para que nuestro pájaro sea testigo de la inmovilización de su oponente. Pero debemos considerar «cazadero» todo el espacio que ocuparía una circunferencia trazada tomando como centro el repostero y como distancia del radio, la que haya hasta el puesto (entre veinticinco y treinta pasos). En ese espacio es conveniente no modificar el escenario o hacerlo lo menos posible. No cortar ramas, no limpiar monte, no quitar pajas ni arbustos.

Hay que tener en cuenta que el sitio en el que estamos es el territorio donde viven la pareja que hemos venido a buscar y ellos conocen el lugar perfectamente. Cualquier modificación de su paisaje los llevará a desconfiar y, entonces, sí buscarán la mínima excusa para sacudirse.

Puesto para la perdiz con reclamo en Trofeo caza y conservacion

En cuanto a la colocación del aguardo, ya hemos dicho que, si el tanto está en el sitio adecuado, es secundaria. No obstante, procuraremos colocar el puesto con el sol a nuestra espalda, para evitar el brillo del cañón. Colocar alguna ramilla matando los perfiles, hará más indetectable el puesto. Yo suelo usar una tela troquelada de camuflaje que es muy socorrida en cualquier circunstancia.

 

Con estos mimbres, ya tenemos para hacer un buen cesto. Aplicadlo en el campo, dadle tiempo a vuestro reclamo, si alguna perdiz se marcha no os importe, si no hay tiro no hay resabio, y disfrutad de esta inigualable modalidad de caza. Nunca vayáis a por carne, para eso están las carnicerías. Perseguir el mejor lance, el que implique más belleza, más verdad. Disfrutad de ser únicos testigos de la pelea entre dos machos por conquistar a una hembra y defender un territorio que ya no será de ninguno. Sentíos merecidos herederos de una afición que ya practicaron reyes y emperadores hace más de dos mil años. Finalizad sólo cuando los tiempos estén cumplidos y permitid que esta caza os apasione tanto que, cuando estéis ante un buen reclamo de perdiz, sintáis la necesidad de quitaros el sombrero.

Hacer el pájaro a nosotros

No podemos pensar que, con comprar un reclamo en la feria o en la mejor de las granjas, tendremos resuelta la temporada.

Al reclamo hay que empezar a cuidarlo y a educarlo desde el momento en que le enseñamos su nuevo domicilio. Los pájaros de perdiz, posiblemente, sean uno de los animales más difíciles de «educar» (hacerlos buenos) y más fáciles de echar a perder cuando ya tenemos más de medio camino andado (resabiarlos). Y una vez que han cogido un resabio, sólo grandes maestros de este arte son capaces de volverlos a sus orígenes.

No podemos olvidarnos de que el perdigón tiene que adaptarse a nosotros después de haber sufrido una serie de cambios que le habrán provocado un enorme estrés. En muy poco espacio de tiempo, ha pasado del voladero a la jaula, de la jaula a la exposición, de la exposición a nuestro jaulero, dejando entre medias unas pocas horas de coche, cambios de luz y temperaturas y, con toda seguridad, alimentación. Por tanto, lo primero que intentaremos es que el animal empiece a encontrarse cómodo, para que nos ofrezca lo mejor de sí mismo.

Cuando llegamos a casa, debemos dejarlo en un lugar tranquilo y visitarlo tantas veces como nos sea posible, sin molestarlo. Sólo intentando que vean nuestra presencia como algo familiar. Tendremos cerca del jaulero alguna golosina que poder suministrarle de vez en cuando, como trigo, almendras partidas, garbanzos partidos, berros frescos y cualquier cosa que pueda gustarles, pero que no forme parte de su alimentación diaria.

Al acercarnos, lo haremos despacio, sin movimientos bruscos, chasqueando los dedos y poniendo al alcance de su pico alguna de las golosinas. De esta forma, poco a poco, van asociando nuestra presencia y el chasquido de los dedos con un momento de placer inmediato: degustar sus golosinas favoritas. Así, nuestra presencia será motivo de regocijo, no de alarma.

 

Autor: Carlos Enrique López Martínez

Fotografía: Juan José Cabrero Sánchez