4 pilares fundamentales para cazar la liebre

Su rapidez y capacidad de  mimetismo la convierten en  una de las piezas de menor  más difíciles de abatir. Por ello,  saber dónde y con qué perro  buscarla, qué munición utilizar o  cómo y dónde dispararla para  que nuestro tiro sea efectivo son  algunas de los interrogantes a los  que intentaremos dar respuesta  en las siguientes líneas, Ah, y  recuerde, cuando menos se lo  espera, salta la…

Los llanos. Llanuras, posíos, barbechos, sembrados,  rastrojeras, baldíos, pastizales, veneros,  arroyos, costanas, laderas, junqueras,  tomillares, aulagares… Detrás de una retama, junto  a un tomillo, en el tocón de una jara, entre una formación  de “dientes de perro”, en un surco junto al  agua, en unos juncos….

De cualquier sitio puede saltar la liebre.  En la yacija (la cama), su panza caliente, y mirando  hacia donde viene el aire, “pico a viento”, como  decía Covarsí. ¿Hay liebres en los riberos? Las  hay, pero pocas.

En terreno quebrado y fragoso no  se siente tan segura. Su defensa natural es la huida,  por lo tanto, haberlas, puede que sí, pero serán las  menos. La liebre preferirá los altos, los llanos y los  espacios abiertos, los abertales.

Como todo vertebrado y mamífero, la liebre, en  verano, busca la sombra y el rincón que le dé frescura,  y en invierno huirá de la rudeza de la helada y  se acercará a la orilla del agua, que no está tan fría  como la tierra. Ahí la buscábamos. Ahora, con eso  de adelantar la veda a diciembre, nos han fregado.

¿Es la liebre caza actual? En el ámbito rural, sin  duda. En los cotos de sociedades, llamados ahora  sociales, abunda el cazador de escopeta y perro  que sale el día de caza en pos de la rabona clásica  de toda la vida. No olvidemos lo que decía nuestro  maestro de escopeta y prosa: una liebre da mucho  de sí en el plato de una casa con necesidades. Y por  desgracia, últimamente las hay.

EL PERRO IMPRESCINDIBLE

Liebre-en-los-Llanos-perroSi es bueno, propicia será cualquier raza. El drahthaar y el braco,  mucha fuerza y buen olfato, cada vez se ven más por esos cazaderos.  El podenco, si tranquilo, mejor que ninguno, pero… ¿dónde  está el podenco obediente y sereno? El setter, magnífico, pero  como apriete el calor, puede que se canse pronto.

El pointer,  precioso, pero también demasiada carrera de un lado a otro, y  la caza de la liebre necesita más calma. El bretón, inmejorable,  sólo le falta esa punta de velocidad para alcanzar a la liebre  tocada por algún vago… Lo importante es su olfato, que cace  cerca, que dé señales de que la liebre no está lejos, que sea veloz  por si huye herida y que la traiga a la mano una vez cobrada.

Mucho pedir es eso. Una liebre movida deja rastro y el perro con  narices lo coge fácilmente; pero una liebre encamada no huele  tanto y el perro la detectará en su yacija si tiene un olfato sobresaliente.

Fundamental: ¿para qué un perro que se mueva mucho  y que levante las liebres en Pekín? No interesan perros “espantaliebres”.  Luego, que cace, pero a tiro.

Descubre las características de cada una de estas y otras razas de perros de caza en nuestra sección “Perros de caza: Razas y Características

LA CAZA DE LA LIEBRE, EL LANCE 

En el llano, busca la liebre como si buscaras la llave  que has perdido”, decía un experto “liebrero” de  antaño.

En efecto, como el cazador vaya con prisas,  lo más probable es que deje la liebre atrás, encamada  en su yacija y mimetizada con el pasto y la tierra.  Puede que el miedo la fuerce a salir de estampida,  pero como pueda, lo hará cuando el cazador le dé  la espalda para ganar tiempo y distancia.  Por eso, calma y buscándola como dijo el experto.

Felonía propia de un desalmado será verla en  la cama y fusilarla allí sin haberle dado la oportunidad  de la huida. Por desgracia, sabemos demasiados  casos en los que el ansia pudo más que la  decencia.

Otra cosa será con el perro. Si el can tiene olfato  y la detecta en la yacija, lo normal es que haga  la parada o muestra y nos dé tiempo a prepararnos  para el tiro. Cuando salga, déjenla que corra, si el  espacio está despejado, y tírenla a media distancia:  tendrán más oportunidad de acertarle que tirándola  cerca. Obvio: cuanto más próxima, el tiro más  entacado; más larga, el tiro más abierto.

Cacen con el rabillo del ojo por lo ya dicho: si  puede, la liebre saldrá para atrás, para dificultarnos  la acción del encare y el disparo. Además, en cuanto  pueda, pondrá un obstáculo por medio, por  ejemplo, el tronco de una encina.  Al tiro, si mortal, dará la voltereta; pero si es de  panza, seguirá corriendo hasta donde pueda.

Triste  es romperle una pata y verla correr arrastrándola.  Cuanto menos sufra, mejor.  Hay quien dice que la liebre, a principios de temporada,  se levanta larga y fuera de tiro; y que luego,  temporada adelante, aguanta más y sale más cerca.

Sin embargo, hay quien dice que, declinando ya el  otoño, la liebre que ha sido tiroteada se levanta antes  y no aguanta en la cama. No nos pondremos de  acuerdo nunca. Cada uno cuenta la feria según le va.

Liebre-en-los-Llanos-equipoLOS PERTRECHOS, EL EQUIPO Y LAS ARMAS 

Aquí manda la estampa clásica, y todo lo demás, zurrapa.  ¿Que cuál? El hombre de vestimenta ligera, las magníficas botas  actuales de caza, que protegen del frío, del calor, del agua  y de la intemperie en general; la canana al cinto, la mochila  a la espalda, la escopeta del 12…y la libertad por delante.

A  todo ello, el amable lector pondrá peros y preferirá el chaleco  actual, tan funcional, y una repetidora. Allá cada cual con sus  manías.  Habrá quien use aún la del 16. ¡Muy pocos! Y algunos más la  del 20; pero, digan lo que digan, para buscar a la liebre en los  llanos, la del 12. En efecto, con munición del 7 hay bastante.

No obstante, los de los pueblos gustan de plomo más grueso,  por eso por allí se vende más el cartucho de sexta, o sea, del 6.  En realidad, todo depende del tiro. Cuantos más plomos, más  oportunidad de que la alcance alguno; pero no será lo mismo  herirla con un grano del 8 que con otro del 5.

BUSCÁNDOLAS CERCA DEL AGUA

Lo que es de cajón es que, por unas y otras causas,  en el llano, la liebre tiene querencia por los veneros  de agua.

Si en octubre aún rabean las calores, búsquenlas  cerca de algún cauce en el que se conserve  el frescor del agua, y cuando lleguen los fríos de diciembre,  por lo ya dicho: el agua está más templada  que la dura tierra.

Como haga aire, malo; si algo es nocivo para la  caza es el viento, y más si revoca. Si de todas formas  va a salir en busca de la rabona y hace aire, ya  sabe que ha de cazar “pico a viento”, porque como  lo lleve en el cogote, la liebre procurará poner tierra  de por medio.

Si al primer tiro la deja herida y la pobre liebre  emite sus chillidos lastimeros, remátela con el segundo.  Nada tan cruel como el sufrimiento de la  liebre antes de la muerte. Y ruegue para que sea un  macho, porque si hay algo penoso es abrir la blanca  panza de la liebre y que estén dentro los lebrastinos  nonatos.

Es una lástima que en ellas no exista  el dimorfismo para no tirarle y no matar nunca más  a las hembras.  Si caza en huertos y cercados de piedra, de los  que aún quedan en algunos cazaderos no alejados  de los núcleos urbanos, cuidado al saltar la pared.

La liebre gusta de echarse cerca de algún  obstáculo, en este caso la pared, que la pueda  ocultar en su huida.  Finalmente, si la caza y da sangre, no olvide  en la mochila una bolsa de plástico para guardarla,  porque si no le pondrá el interior pringando  de sangre.

No le digo si la lleva colgando de  la canana, que es costumbre que gusta a muchos  con tal de presumir.  Se ha escrito mucho sobre nuestra querida rabona,  y lo que te rondaré; pero lo mejor es que  sigue rodeada de un halo de misterio que no se  apaga con los años ni los siglos.

El perfil de la  liebre, a la luz de la luna, en las noches de estío  en el llano, no deja de tener su intríngulis.  Ah, y en la cocina, de la liebre, todo; hasta los  huesos largos para pipa de cigarro. Tal sabor da  al arroz que el plato se adorna con la categoría  de clásico. •

Salvador Calvo Muñoz

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