Grouse con perros de muestra en Escocia e Inglaterra

Durante los últimos años he tenido la suerte de practicar la caza del grouse con perros de muestra en Escocia e Inglaterra, una modalidad a mi humilde juicio fascinante y de la que ni había oído hablar hace relativamente poco tiempo. Tengo la sensación, quizás errónea porque me baso casi exclusivamente en mi caso, que en un país con tanta afición cinegética como España, no se conoce esta disciplina todo lo bien que se merece.

Creo que fue el maestro Delibes quien dijo que una de las razones por las que le gustaba la caza a mano era que podía recordar cada una de las perdices abatidas al final de la jornada de caza. No sólo ya al final de la jornada, sino que según van pasando las temporadas, seguimos recordando muchos de los pájaros que hemos cobrado. ¿Por qué unos y otros no? A veces ciertos pájaros se recuerdan sin que logremos comprender la razón.

Sin embargo en otras ocasiones algo fuera de lo corriente lo explica: un gran trabajo del perro o quizás un tiro particularmente difícil. Esos lances se graban con tal nitidez en nuestra memoria que sus protagonistas alcanzan una suerte de inmortalidad: vuelan, muestran o cobran con la misma intensidad y pasión cada vez que cerramos los ojos.

Acomódese frente a una imaginaria chimenea y permítanme que les hable de esta caza única compartiendo lances y recuerdos sobre esos grouse que nunca murieron.

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Luis Janniche

LOS PRIMEROS GROUSE

Tras tres viajes de adiestramiento en el páramo con mi epagneul bretón Valick, en los que nos dedicamos a trabajar la obediencia, el patrón de búsqueda y la quietud en la muestra, por fin nos lanzamos: nuestro primer día de caza de grouse, en el páramo de Ben Rinnes, en las tierras altas escocesas. Aunque había disfrutado muchísimo durante los viajes de adiestramiento, donde había aprovechado para tomar fotos sin casi echar de menos la escopeta, nada más empezar a cazar noté una sensación especial al dar los primeros pasos en el brezo con la escopeta en la mano.

Estábamos en la parte baja del páramo, y una subida larga y de gran pendiente se extendía ante nosotros. Dado que alguno de los cazadores del grupo no son tan jóvenes, Dick Bartlett, que tiene la caza arrendada en estos páramos y es nuestro guía para la jornada, ha organizado la posibilidad de subir en el Argocat, una mezcla entre cochecito de golf y tanque que es capaz de salvar casi cualquier pendiente. Anne Johnson, excepcional adiestradora de perros de muestra con quien suelo tener el lujo de cazar en Escocia, y yo decidimos subir andando a pesar del desnivel, porque esa ladera es una zona querenciosa para el grouse. Anne propone que sea Valick quien cace primero, así que le suelto con la esperanza de que recuerde por lo menos parte de su entrenamiento.

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Valick de muestra.

Valick comienza a lacear rápido y compruebo aliviado que va buscando el viento con inteligencia. No me da tiempo a admirarlo mucho rato, porque debido a la orografía del terreno, desaparece por mi derecha tras el segundo lazo. Salgo en esa dirección y enseguida que gano unos metros de altura lo veo a lo lejos en una muestra firme. Aprieto el paso intentando no hacer demasiado ruido y dominar los nervios. Antes de que consiga llegar a su altura, el grouse se arranca como una exhalación bastante por delante del perro. Lo toco del único disparo que me da tiempo a hacer pero no lo veo caer, en parte porque me despisto al apreciar por el rabillo del ojo que Valick se ha movido apenas dos metros pero sigue de muestra.

Desde que era un cachorro casi nunca se equivoca cuando sigue indicando tras un muestra, así que me mantengo atento por si acaso hubiera otros pájaros. Esta vez el grouse se arranca cerca y cae de un tiro certero en el que trato de asegurar. (El primer grouse es cobrado más tarde por el otro grupo, lo que me llena de alegría). Recuperó el grouse y me arrodillo para felicitar efusivamente a Valick, que no sé si termina de entender la inmensa alegría que siente su dueño al haber cobrado su primer grouse a una muestra de su perro.

Otro grouse de Ben Rinnes de aquel año lo recuerdo por lo dura que fue su caza en cuanto a exigencia física. Estaba cazando Dipper, un draathar perteneciente a Anne, que caza a gran distancia dada su experiencia y fijeza en la muestra. En esta ocasión Dipper avanza muchos metros en la dirección del viento en cada giro, por lo que resulta difícil mantenerse a su altura, aunque hago lo posible. Dipper continúa guiando en la dirección del viento y, pese a mis esfuerzos, cada vez está más lejos, hasta que por fin me parece advertir que se para finalmente de muestra. El terreno parece llano así que avanzo confiado y rápido en su dirección. Empiezo a acusar el cansancio pero avanzo y avanzo sin darme cuenta de que en realidad el terreno no es llano sino una falsa subida que exige mucho más de lo que creía.

Tras unos minutos más, no me queda más remedio que detenerme todavía sin haber llegado a la muestra para recuperar el aliento porque estoy a punto de caer redondo. Nada más reanudar el paso, el grouse me sorprende en su salida y, como suele pasar en estos casos, lo fallo.

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Casi no me da tiempo a lamentarme porque todo el bando está desperdigado alrededor nuestro y veo primero otro grouse fuera de tiro mientras recargo y luego un segundo que sale, recto y bajo, que logró abatir. Al año siguiente, durante otro día de caza, Anne se refiere a esta parte del páramo como “El Valle de Santiago”. Pienso inocentemente que es por lo mucho que me esforcé y por no haber abandonado a su suerte a Dipper en aquella muestra imposible, pero Anne se sonríe mientras me explica que no es por eso, sino por la mucha gracia que le hizo saber que estuviera a punto del desmayo.

UN DÍA ÚNICO

Por razones que pertenecen a los misterios, hay días o ratos donde al perro le da por hacerlo todo bien. Esos momentos deben disfrutarse a tope porque compensan los muchos días en los que pasa todo lo contrario. Recuerdo tres o cuatro ocasiones durante los nueve años de vida de Valick donde haya cazado en ese estado de gracia al que me refiero. Nunca olvidaré la primera: en el páramo de Roxby en North Yorkshire, acompañándome como escopetas Gonzalo Garrigues y Geraud d’Halluin.

Era un día de mucho calor y habíamos cobrado sólo un brace y medio cuando paramos a comer (la tradición es que los grouse se cuentan en brace o pares). Tras acabar la comida, nos dirigimos a una zona de páramo plana, con brezo alto y difícil de andar y con el calor apretando. Valick trabaja incansablemente pero durante un buen rato no vemos volar un solo grouse. Era uno de esos momentos donde si alguien hubiera propuesto dejar de cazar, hubiera sido difícil argumentar lo contrario.

Por fin logra Valick una muestra firme. Consigo llegar hasta el perro y derribo el grouse que se arranca cerca. Esta escena se repite de forma muy parecida dos veces más y logramos hacernos con un pájaro de cada una de las muestras. Inmediatamente después hay otra muestra en la que cae un brace: un pájaro Geraud, el primero de su vida, y otro yo, que cobro fácilmente. Llevamos ya un buen rato buscando el grouse que nos falta pero no damos con él a pesar de tener varios perros con nosotros. Ya algo preocupados, Geraud, un poco frustrado, señala un punto aleatorio delante de él diciendo que “con este brezo tan cerrado, vamos, es que podría estar ahí delante y ni lo vería”. Y para su sorpresa encuentra el grouse exactamente donde estaba señalando y él mismo lo recoge encantado.

grouse-detalle-2Unos minutos después veo que asoma la cabeza un grouse entre el brezo sin que ningún perro le haya detectado. Está bastante cerca y decide comprensible pero equivocadamente amagarse. Sin un solo ruido, hago todo tipo de aspavientos a Gonzalo hasta que consigo captar su atención.

Según por donde van los perros, el grouse es probable que rompa volando hacia nosotros, lo cual es evidentemente una mala idea desde su punto de vista.

Efectivamente, Valick le toma el aire desde el otro lado e instantes después el grouse se arranca derecho hacia nosotros a media altura cruzándose entre Gonzalo y yo, sin que pueda yo dispararle por seguridad, pero Gonzalo lo abate de magnífico disparo. ¡El primer grouse que creo haber mostrado en mi vida!

Seguimos cazando sin que Valick se deje atrás un sólo pájaro y sin que pasen más de unos minutos entre muestra y muestra. El trabajo del perro es realmente bueno, permitiendo a la escopeta llegar a la muestra y tener una buena oportunidad de tiro en cada lance.

Ya para concluir el día, nos dirigimos a una zona del páramo con gran densidad de grouse. Empezamos a cazar con un buen viento de cara, pero los grouse, pese a ser muy abundantes, están muy alerta. Se ven sus cabezas entre el brezo desde lejos, y se arrancan mucho antes de que nos de tiempo a tenerlos a tiro. Ya cerca de donde tenemos que dar la vuelta para volver hacia los coches (y por tanto del final del viento bueno) mato uno de un segundo tiro larguísimo a muestra de Valick. Sigue volando bastantes metros y me fijo bien en donde cae, logrando el perro cobrarlo al cabo de un rato de búsqueda. Geraud mata uno también de ese bando de un tiro espectacular por la distancia y por el giro que hace el grouse en el aire antes de recibir el impacto del plomo y ser derribado.

Tras ese brace cobrado, toca ya girar para comenzar el regreso. Valick, al que había dado un breve descanso a mi lado, en vez de girar, decide avanzar unos pasos contra el viento. Antes que me dé tiempo a reprenderle ya se ha parado de muestra. El grouse se arranca cerca y lo cobramos de inmediato. Si Valick pudiera hablar, no tengo duda de lo que me hubiera dicho en aquel momento… Resuelto el asunto de ese grouse amagado, logramos finalmente girar, e insisto en que Valick cace según “el libro”: alargándose mucho en línea recta y cazando de vuelta, en dirección al cazador con el viento de cara.

grouse-detalle-4En uno de esos lazos perdemos de vista a Valick y lo encontramos unos segundos después casi sentado, entre un brezo alto que le ha desequilibrado, en una muestra con la cabeza completamente girada. Está mirando hacia nosotros y podemos ver perfectamente la expresión de sus ojos. No hay escena que me conmueva más en el campo que la de un perro de muestra de frente, los ojos en trance, y ese imperceptible movimiento de la mandíbula para saborear la emanación.

El grouse sale con fuerza hacia arriba y lo abatimos con tranquilidad. Acto seguido vuelve a repetir la misma jugada de forma parecida. Esta vez guía bastante rato hasta el grouse, que se arranca fuerte y difícil pero es matado con maestría por Gonzalo.

Tenemos un par de muestras más, ya que prácticamente en cada salida Valick consigue parar alguno volviendo hacia nosotros. Estoy en una auténtica nube de contento: nunca un perro mío había cazado con tal intención e inteligencia tantos pájaros seguidos.

MÁS VIENTO DE COLA

La primera gran muestra de Valick con viento de cola había tenido lugar en el páramo de Drummuir, en las tierras altas escocesas. Al tratarse este de un páramo razonablemente llano para lo que suele ser habitual en Escocia, habíamos decidido caminar por la cuerda, para cazar a ambos lados sin perder altura. Valick está cazando bien, cubriendo mucho terreno pero manteniendo un patrón de búsqueda muy regular. Varias veces desaparece de la vista al final de cada lazo, para volver a aparecer a los pocos instantes.

Cuando no regresa tras un par de minutos, nos lanzamos a buscarle y mi suegro Willy le localiza de muestra a la derecha de la cuerda, y nos acercamos a paso ligero. La muestra es deslumbrante: el perro ha bloqueado al grouse entre él y nosotros mirando en nuestra dirección. Valick (y el grouse) aguantan inmóviles todavía unos segundos mientras avanzamos lentamente. En total se levantan seis grouse, tres cerca y otros tres algo más lejos tras los primeros tiros. Lamentablemente sólo logramos abatir uno, aunque menos mal, porque sólo faltaba fallar tras esa lección magistral. El momento álgido del lance se recoge en la espectacular foto adjunta tomada por mi cuñada Marta.

Recuerdo otro día en las tierras altas escocesas, cazando un pequeño valle bajando por una ladera pronunciada. Me quedo quieto antes de que comience el valle y mando bajar a Valick para que cace de vuelta, con el viento a su favor. Disfruto muchísimo viendo cómo se alarga hasta casi desaparecer en la parte de abajo del valle, subiendo de vuelta con muchísima amplitud e intención. Casi parece más una montería viendo cómo lacea de lado a lado del valle, cubriendo el terreno. Se lo cuento a mis compañeros de aquel día, Baito Sánchez y Javier Ussía, quienes no sé si me creen del todo.

Pero poco después hay una nueva ocasión parecida a la anterior, con una ladera algo menos pronunciada y con Baito y Javier esta vez a mi lado. De nuevo Valick se aleja para volver cazando hacia nosotros con el viento de cara. Le esperamos a que vuelva sin movernos del sitio para que cubra él primero el terreno y sólo entonces avanzamos y le volvemos a enviar a favor del viento para repetir la operación.

La segunda vez, otra vez volviendo, claramente toca algo. Baito, que tiene mucha experiencia, lo indica antes de que yo me de cuenta. Avanza lentamente a mitad de ladera durante muchos metros, parándose y volviendo a guiar varias veces, hasta que finalmente fija la muestra. Nos acercamos rápidos, y como pasa con el viento de cola, le tenemos mirando hacia nosotros y con el grouse encerrado. Hay unos instantes eternos hasta que el grouse sale con muchísima fuerza intentando ganar altura pero está perdido.

COBROS PARA LA POSTERIDAD

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Tippex cobrando un grouse

En cierta ocasión nos acercábamos mi suegro Willy y yo a cubrir una muestra de Dipper no demasiado lejana y en terreno razonablemente accesible en el páramo de Drummuir. Nos da tiempo a llegar cómodamente y a situarnos cubriendo bien la muestra, uno a cada lado del perro. Dos grouse se arrancan, uno claramente en la línea de tiro de cada escopeta. Mi pájaro cae del segundo tiro, ya casi al límite del rango.

El de Willy cae tocado, igualmente de un segundo disparo larguísimo. Willy le sigue muy bien con la mirada y lo ve caer aunque muy por delante. Willy pregunta inquieto a Anne si ella lo ha marcado también y, ante la falta de respuesta, empieza a salir a paso ligero hacia la referencia que él ha tomado, la técnica habitual que solemos emplear si una perdiz se va de ala. “No se mueva por favor”, ordena firmemente Anne.

Un segundo después vemos pasar al labrador de Anne como un cohete. El perro ha marcado también el grouse y corre sin dudar en línea recta para finalmente cobrarlo a unos doscientos metros de distancia. Anne, satisfecha con el buen trabajo del perro, nos explica que los labradores marcan en el páramo el punto de la caída en relación con el tirador, y que si éste se mueve se desorientan.

Y finalmente, recuerdo un día extraño con José del Alcázar en Ben Rinnes donde encontrábamos todos los grouse en los caminos. Veo a Valick en una muestra con mucha intensidad otra vez en una cuneta. Un bando se levanta y aseguro el primer tiro y el segundo grouse, más difícil, deja una nube de plumas, aunque sigue volando.

Después de haber perdido algunos pájaros, he tomado la costumbre de seguir con la mirada los grouse tocados hasta que desaparecen de la vista. Ya casi a punto de ocultarse, veo claramente como el grouse gira en el aire volviéndose hacia nosotros, cayendo seco. No me cabe duda que está muerto, pero el problema es que ha volado fácilmente casi un kilómetro. Anne tiene sólo a su labrador joven pero decide igualmente intentar el cobro “a distancia”.

grouse-8Hay un árbol que he tomado de referencia, por lo que creo poder indicar a Anne el punto de la caída con bastante precisión. Anne suelta al labrador que se alarga fácilmente los primeros 150 metros siguiendo sus indicaciones, parándose de vez en cuando a recibir nuevas instrucciones. Sin embargo, llega un momento donde el perro no termina de decidirse a alargarse más (lo cual no me extraña porque está lejísimos y ya sólo es prácticamente un punto negro en el horizonte) y Anne tiene que trabajar mucho dirigiéndole efusivamente con gestos de ambos brazos, la voz y el silbato. Se ha dejado caer además demasiado hacia la izquierda, por lo que Anne tiene que lograr que avance perpendicular a nosotros unos 100 metros hacia la derecha.

Poco a poco lo va consiguiendo y el perro ya está en la buena línea y sólo a unos 100 metros de la caída. Anne me consulta y noto un punto de incredulidad cuando le digo que todavía falta un poco. Aun así traslada la orden al perro que sigue avanzando en la buena dirección. Al poco de confirmar a Anne que está en el sitio, vemos al perro avanzar unos diez metros con mucha decisión y bajar una décima de segundo la cabeza al suelo.

El perro describe un giro y comienza a volver hacia nosotros, aunque no logramos ver si ha cobrado o no el grouse. Anne dice que esa bajada de cabeza es una muy buena señal y unos segundos después confirmamos que sí lo trae. Nos quedamos verdaderamente impresionados con el cobro que hemos presenciado y felicitamos muchísimo a Anne. Es probablemente el cobro más difícil que yo haya visto nunca y, desde luego, un doblete para el recuerdo.

“Red Grouse Over Pointing Dogs”
Las imágenes y parte del texto de este artículo provienen del libro de fotografía “Red Grouse Over Pointing Dogs” en el inglés original (“Grouse sobre perros de muestra”).

  • Autor: Santiago Herrero y otros autores
  • Dimensiones: 29.85 x 29.85cm
  • Páginas: 200 páginas con más de 150 fotografías a todo color
  • Edición: Edición especial limitada a 400 ejemplares, numerada a mano y firmada por el editor.

El objetivo de este libro de fotografía de gran formato es compartir la pasión por la caza del grouse con perros de muestra en los páramos de Escocia y el Norte de Inglaterra.

El libro trata de comunicar la belleza y emoción de esta caza mediante una selección de fotografías acompañadas de breves textos que comentan la historia alrededor de las imágenes y muchas de las particularidades de esta disciplina tan especial.

Está organizado en capítulos temáticos, casi como si se tratara de una obra de teatro. Con su enfoque tan visual, lleva al lector a un viaje inolvidable a estos singulares páramos, donde tiene lugar una de las modalidades de caza más espectaculares del mundo sobre perros de muestra (con el debido permiso de las perdices españolas).

Cuidadosamente impreso y encuadernado, constituye un regalo ideal para cualquier cazador, amante del campo o aficionado a los perros de muestra.

Puede adquirirse por 82 € más gastos de envío escribiendo a [email protected].

Texto: Santiago Herrero

Fotos: Roy Rimmer, Santiago Herrero, Luise Janniche, María de la Cuadra, Dario Martina

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