Esperas con los jabalíes en celo

Amanece septiembre en la sierra, en nuestra sierra e, inmiscuido en su despertar, empiezan a oírse unas roncas llamadas de amor.

 

Es la berrea que ha comenzado, es la primavera del ciervo que explota con la fuerza de sus potentes vigores. Y, año tras año, cuando la tórtola se va, abandonando progresivamente los campos de mieses, es lógico suponer que, muy pronto, renacerá el grito territorial que atruena a la dehesa.

La berrea, ya lo dice una soleá anónima de la marisma andaluza, es el gritar los amores y las ansias de los machos de verdad. Los venados más potentes –que durante el estío no se dejaron ver, debido a la «vergüenza» que les supone no tener plenamente desarrolladas sus cuernas–, salen de sus profundidades y soledades para encontrar un claro del bosque que les sirva de picadero.

Pues bien, el mismo ímpetu y las mismas ansias son extrapolables a los jabalíes, ya que, desde mediados de agosto hasta finales de septiembre –pudiendo variar según la situación geográfica–, es cuando las hembras mantienen su primer celo, con lo que resulta relativamente fácil ver a las partidas de cochinas secundadas por algún macho, si bien su puesta en escena no tiene apenas repercusión, ya que se desarrolla a oscuras, en el marco de las soledades serreñas y en la intimidad del grupo, sin apenas transcendencia, salvo los fuertes gruñidos de pasión emitidos por el más fuerte, por lo que nos resultará más fácil abatir un jabalí medallable. Pero, ya no sólo por la escasez de alimentos tras el tórrido verano, sino porque el celo les obliga a bajar la guardia y, por lógica, ser más visibles al ojo humano encontrándose, al igual que su hermano de montería, el venado, sexualmente activos.

esperas en la revista trofeo caza y conservacion

Una constante en esta época serán las disputas por el harén de las hembras que hayan salido altas, cortejo que he tenido la fortuna de presenciar en diversas ocasiones.

Serán, por tanto, esas fechas las más propicias para hacerse con un buen trofeo, dado que se les nubla la razón ante el deseo carnal por las hembras, las cuales no salen altas todas a la vez. Motivo por el que deberemos permanecer más atentos a las piaras de cochinas, ya que atrás, guardando cola, puede que venga el animal que desde siempre nos quitó el sueño.

Para ordenarse en el tiempo, conviene saber que la gestación dura cuatro meses, naciendo los primeros rayones desde mediados de diciembre en adelante, pudiéndose prolongarse las venidas al mundo hasta febrero. De ahí, mi consejo de no montear a finales de temporada, ya que las madres tras el enfrentamiento con los perros y la perdida de sus crías jamás volverán a pisar la mancha.

Memorias del Melena, por mi pezuña y letra

 

Con tal de haceros partícipes de la importancia que tienen sus actos, que mejor que entresacar de mi libro Memorias del Melena, por mi pezuña y letra, los párrafos que, un profundo lirismo, hacen alusión a la pelea que mantuvo el Melena con el temible Buscaruinas, siendo el jabalí quien lo narre:

«La espuma, blanca y espesa, que en aquellos momentos emanaba de mis fauces, era sencillamente distinta; a ésta se la veía colérica y llena de ira. Nuestras fuerzas corrían igualadas flanco con flanco en continuos círculos, atizándonos tremendos colmillazos sobre los escudos, que ni por un momento soñaríamos traspasar. Cualquiera que los apreciase de cerca temblaría ante semejante visión. Apenas sí se sostenía en ellos alguna desdichada cerda; el barro reseco y quebradizo de toda una vida era ya parte integrante y de vital importancia en el lento hacer y esmerado temple de la seguridad y confianza que otorgan unos escudos repletos de cicatrices y costurones.

Jabalies peleando en la revista trofeo caza y conservacion

Más de lo que podríais imaginaros estuvimos de aquí para allá, encolerizados y recargando el ambiente del respeto, la obediencia y el estupor de una patética y acalorada lucha en la que los bufidos, gruñidos y chasquidos conseguirían poner los puntos y las comas a un texto, donde cabría remarcar los renglones donde se cuestionara la lucha por la supervivencia. Me armé con más coraje en el apreciadísimo instante en que me dejé caer desplomado, haciendo gala de una afianzada experiencia, para atizarle con una fiereza desmedida toda la malicia de un puñalón entre los espacios intercostales de las vértebras novena y décima. Salió suelto y herido; pareció buscar resignado un camino con menos complicaciones y prejuicios. Me confié, creyéndolo desarmado y cabizbajo; no recordé el peligro que encierra el orgullo lisiado de la fama, cuando ésta es obligada a desparramarse vencida por el polvo del terreno.

Hacía calor y la sequedad se propagaba por todo mi cuerpo, busqué con ansia la mezcla de barro y agua. Había vencido por abandono del adversario. Pasé a zambullirme hasta las orejas en un meritorio baño, cuando sentí perforar mis entrañas con una colmillada justo debajo del nacimiento de los lomos. El instinto se apoderó de mis miembros y con todo mi ímpetu salté hacia delante. El siguiente paso lo dediqué a revolverme y a cometer contra aquel judas con toda la rabia, el furor y la vehemencia que despierta el ardid y la argucia de todo lo cobarde. Ahora sí quedó demostrada mi infinita superioridad cuando me jacté con él cosiéndolo a navajazos. Su última mirada fue difícil de olvidar, ardía en destellos de clemencia, se alejó desdeñoso, con respiración entrecortada y quejumbroso, afligido, cojeando y ensimismado en un torrente de lágrimas internas que desembocarían en el fondo del lecho de su propia historia».

Jabali disecado en la revista trofeo caza y conservacion

Elección del puesto

 

En el número de julio empecé el cabildo de las esperas, ofreciendo sabios consejos. Pues bien, más importante que la ubicación del aguardo en sí es la elección del puesto, para lo cual deberemos permanecer lo más alejados posible –80 a 100 metros– y en zona elevada, de manera que podamos evitar revoques y que, con ello, se aireen con facilidad, siendo preferible que este se mantenga uniforme y sientas el soplo fresquito de nuestros tesorizados sueños en la cara, que en verano –norte– traerá una dirección diferente a la del otoño/invierno –sur–, donde los aires vienen de abajo.

De cualquier manera, durante estos meses son frecuentes las oscilaciones térmicas entre el día y la noche, de ahí que tengamos que estar atentos a los cambios repentinos del aire. Suelo suspender de una rama cercana una rémige primaria de un buitre, a modo de veleta, manteniéndose útil hasta que se pele, con el fin de que, a la menor alteración, se percate uno del cambio.

El aire, el mayor enemigo de las esperas

 

Es una realidad que los días de mucho viento la caza, en general, se acobarda y no sale al descubierto, ya que las ráfagas de aire no dejan a los animales escuchar con nitidez, por lo que difícilmente abandonarán el abrigo del monte mientras imperen estas circunstancias.

Luego, quede claro, que el aire es el principal enemigo de las esperas. Esas noches, mejor quedarse en casa haciendo vida familiar. A mi juicio, para lo único que es bueno el viento es para la caza de torcaces al paso, dado que éste cimbrea con fuerza las ramas de los árboles, obligándolas a emprender el vuelo bajo y exponerse en sus desplazamientos.

Jabalies en el campo en la revista trofeo caza y conservacion

Aguardos de salida y a la recogida de la mancha

 

Independiente de los comederos, se puede aguardar tanto a la salida del monte como de recogida, con lo que las dificultades aumentan, pero digamos que el resultado llena más, dado que se practican con una pureza y unos conocimientos exquisitos, nada del facilón comedero cebado con maíz al pie de una charca. Siempre repasando los portillos y alambradas en los perfiles de las umbrías y solanas en busca de nuevos rastros con los que armarse de paciencia, bien sea de salida al lubricán de la tarde o de regreso al encame con la alborada.

Huellas de jabali en la revista trofeo caza y conservacion

Aun siendo más atrayentes y seguras las salidas no hemos de perder la vista lo que tienen de especial las recogidas, dado que estos animales, en ocasiones, se entretienen, bien porque se hayan alejado en sus desplazamientos –según qué época suelen ser más largos–, bien por toparse con alguna hembra en celo o bien porque hayan sufrido algún contratiempo inesperado que les haya entretenido, de manera que se les haya venido el día en lo alto, con lo que le habremos ganado una vez más la batalla, gracias a que fuimos madrugadores y enormemente cautelosos a la hora de deambular de noche por esas sierras de Dios, sin despeñarnos, hasta dar con la postura. En cualesquiera de sus manifestaciones, quede claro que la caza es la cruenta del animal y hay que abatirla tal y como nos la brinda el campo.

El mejor compañero

 

A la persona que cultive las esperas le será de suma utilidad como ayudante un perro de rastro, un sabueso de Baviera o el teckel, mis razas preferidas. Eso sí, que derrochen afición y maneras, tiren a la voz de búsqueda la nariz al suelo y se entreguen en cuerpo y alma a cobrar las piezas heridas, haciéndote partícipe de sus logros, lo cual no es fácil de conseguir.

Puestos a elegir, me inclino por el teckel, pero siendo consciente de que para su educación tendríamos que dedicarle tantas horas encima que, caso de no salir un experto, sería claramente superado por el sabueso.

Así era mi Cartucho, el mejor teckel –pelo fino– siguiendo rastros que hayan vistos mis ojos y del que no pasa un solo día sin que lo extrañe, lo que no quita que en un estado de soledad aún siga derramando alguna lágrima por él, a pesar de los años que se fue de mi lado. Una cosa sí tengo clara: fuimos compañeros inseparables; prueba de ello, es la comunión que existía entre ambos.

Equipo para las esperas

 

A las esperas hay que ir bien abrigado tanto si es verano como invierno y, a su vez, cómodos, pensando que, a veces, un aguardo puede llegar a prolongarse toda la noche.

La ropa que utilicemos no debe resultar pesada ni producir ruido al roce. En verano utilizo unas alpargatas con calcetines gordos y, en las demás estaciones, botas de agua o similares, siendo necesario que sean de una buena marca.

En la medida de lo posible deberemos evitar los destellos o brillos del arma, por lo que aconsejo forrar el caño, la mira, el trípode e, incluso, el banquillo, con una venda cohesiva de camuflaje. Lo mismo sucede con los prismáticos, los cuales deben montar una excelente óptica, dado que para un aguardista consagrado es mucho más importante que la propia arma, ya que nos sirve de gran ayuda a la hora de catalogar al animal.

Armas, calibres y apoyos: normas en la ejecución del lance

 

Para afrontar este tipo de lances es necesario permanecer relajado, sin precipitaciones que valgan, con los cinco sentidos alienados en la ejecución del lance y sin vacilaciones, ya que, cuando por fin se nos presente la oportunidad, de ninguna de las maneras podemos marrar el tiro y, menos, que se nos pueda ir el trofeo ‘pegado’. Luego, recomiendo acometer el disparo con prontitud, conteniendo la respiración en el momento de apretar el gatillo y, lo más importante, dejando que el tiro nos sorprenda.

Por norma y siempre que el rifle no sea el habitual, no debemos palpar el gatillo hasta tener la  n cruceta de la mira sobre la paleta del animal, dado que no sabemos las libras en las que está ordenado, con lo que nos evitaremos más de un disgusto. En las esperas, en el momento del disparo, el rifle debe permanecer siempre apoyado, en un trípode o con ambos codos apoyados sobre las piernas, aunque lo ideal es que el arma permanezca en reposo en el trípode, con lo que no nos encontraremos fatigados. A veces los mejores apoyos son los de fabricación casera, sin olvidar las crucetas de los árboles, el mejor apoyo natural a la mano.

En lo referente a la marca del arma, hoy en día cualquier rifle es bueno, si bien me decanto por los de fibra sintética –pesan menos– y los de caja larga, puesto que son más cortos y manejables. En cuanto a los calibres, los más aconsejables son el .300 WM o superiores, también el 7 mm RM y, en menor medida, el .30-06 Sprg., aunque es igualmente eficaz siempre que se utilice una punta de calidad.

jabalis en la tarde en la revista de trofeo caza y conservacion

A los cochinos grandes hay que apuntarle en el centro de la paleta, que la bala rompa hueso y los paralice en seco. Utilizando calibres más pequeños, como puedan ser el .308 W, 7 mm-08 R o el .243 W, tras impactar sobre los escudos, algunos jabalíes se levantan para encontrar finalmente la agonía de la muerte donde les lleven sus fuerzas, sin darnos opciones de cobrarlo. Una cosa más, cuando una res muere enmontada no esperemos encontrar pajareras, ya que estas sólo son posible verlas cuando caen en los limpios.

Para terminar, invitaros a que seáis pacientes y derrochéis mucho culo hasta lograr abatir al macareno soñado, dando pie al origen de numerosas tertulias a pie de chimenea o relatos en barra en las que sólo se hable de campo y de cochinos jabalines.

Como colofón, un epílogo admirablemente logrado por Ortega y Gasset que nos abrirá el apetito por encontramos en un nuevo verano:

«Le seguí por umbrías y solanas buscando sin odio. / Le aceché en vano a orillas de siembras y rastrojos, y no le guardé pena. / Y con el más puro instinto predador, le quité la vida sin quererle la muerte. / No me preguntéis las razones de por qué lo hice, ni me agobiéis en un compromiso sin respuesta. / Es la sierra, la noche sombría, la frescura del alba. / El olor penetrante del espliego y del musgo húmedo. / Es la encina curtida, la leña quebrada y el susurro eterno de la espesura. / Es lo ancestro, lo atávico, es la caza».

Autor: José Ramos Zarallo