El celo del rebeco cantábrico: comportamiento, retos y una jornada de caza inolvidable

Entre precipicios y niebla, así viven y se cazan los rebecos durante su espectacular época de celo en la Cordillera Cantábrica.

 

El rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva) es, sin duda, una de las especies más emblemáticas y escurridizas de nuestras montañas. Habitante de la Cordillera Cantábrica, en entornos abruptos y remotos donde la roca y la niebla son sus aliadas, su celo tiene lugar entre finales de octubre y mediados de diciembre, dependiendo de la altitud y condiciones climáticas.

Es una época en la que los machos abandonan sus territorios habituales para buscar a las hembras, que se agrupan en rebaños junto a las crías del año. Los machos compiten entre sí en una demostración de fuerza y resistencia que tiene más de ritual ancestral que de simple disputa.

El rebeco en celo en trofeo caza y conservación

Las carreras del celo: velocidad, ganchos y muerte

Durante el celo, los machos se enzarzan en vertiginosas carreras de persecución, saltando por cortados imposibles, cruzando neveros y desafiando pendientes inverosímiles. Estas persecuciones tienen como objetivo desalojar a los rivales del rebaño de hembras, imponiendo su supremacía para poder cubrirlas.

En muchas ocasiones, estos enfrentamientos no son sólo carreras. Los rebecos machos luchan con sus ganchudos cuernos, afilados como dagas, capaces de producir heridas mortales. No es raro encontrar en esta época restos de machos que han muerto tras una pelea, atravesados por el gancho de su rival o despeñados por el ímpetu del combate. La selección natural se manifiesta sin contemplaciones en estas montañas.

Caza mayor en trofeo caza y conservación

Curiosidades del celo y comportamiento del rebeco

Una de las curiosidades más llamativas es que, a pesar del bullicio del celo, el rebeco sigue siendo extremadamente vigilante y desconfiado. Aunque los machos bajan la guardia en presencia de las hembras, los rebaños mantienen centinelas que detectan cualquier movimiento anormal, lo que hace del rececho en esta época un auténtico reto.

Rebeco al atardecer en trofeo caza y conservación

También es destacable que los mejores machos no siempre son los más activos en el celo. Muchos de ellos, ya veteranos, conocen el terreno a la perfección y saben cuándo y cómo aparecer. Suelen evitar enfrentamientos directos, eligiendo momentos precisos para acercarse al rebaño y cubrir a las hembras cuando los machos jóvenes ya están agotados. Cazarlos exige paciencia, conocimiento del terreno y una buena dosis de suerte.

rebeco en celo en trofeo caza y conservación

Consejos para cazar rebecos durante el celo

Elige bien la zona: el rebeco cantábrico no está distribuido homogéneamente por la cordillera. Buscar zonas con densidad adecuada y presencia de buenos trofeos es fundamental. Las reservas regionales y cotos privados bien gestionados son una excelente opción.

Controla el viento y la visibilidad: el rebeco confía más en la vista y el olfato que en el oído. Un giro de viento puede arruinar horas de trabajo. Usa ropa silenciosa, técnica y adaptada al frío y la humedad.

rebeco en el monte en trofeo caza y conservación

Observación previa: si es posible, realiza un par de días una observación previa antes de iniciar el rececho. Saber dónde están los rebaños, qué machos se acercan y cómo se comportan es clave para diseñar una entrada eficaz. Si no puedes hacerlo elige a algún guarda competente que lo haga por ti.

Tiempos de actividad: los mejores momentos son al amanecer y atardecer. En el celo, los machos se mueven más, incluso en horas centrales, pero siguen prefiriendo las primeras y últimas luces del día.

rebeco en celo en el monte en trofeo caza y conservación

Tiro largo y preciso: las distancias medias en la caza de rebeco suelen oscilar entre los 200 y 300 metros. Es fundamental entrenar bien el tiro a esas distancias y conocer el comportamiento balístico de nuestra munición en altura y frío.

machos rebecos en trofeo caza y conservación

Medalla de oro durante el celo

El pasado noviembre tuvimos la suerte de compartir montaña con un cazador extranjero apasionado por la caza de montaña. Su objetivo: un rebeco cantábrico medalla de oro, en pleno celo, en un entorno natural impresionante de la Cordillera Cantábrica.

La jornada comenzó temprano. Aparcamos el coche en una pista forestal tras una noche fría y estrellada. A 1.500 metros de altitud el aire cortaba la piel, pero el cielo despejado prometía una buena jornada de observación y rececho.

rebeco cantabrico en trofeo caza y conservación

Durante las primeras dos horas recorrimos laderas pedregosas y bosques de hayas. Vimos varios grupos de hembras con crías y algún macho joven que intentaba integrarse sin demasiado éxito. Decidimos ganar altitud, sabiendo que los grandes machos suelen observar desde arriba antes de decidir entrar en acción.

Casi tres horas después, cuando el sol comenzaba a calentar ligeramente las crestas, localizamos lo que buscábamos: un macho solitario, apartado, pero atento, observando un grupo de hembras en una ladera opuesta. Estaba a unos 500 metros y, desde el primer momento, nos pareció un ejemplar sobresaliente: ganchos largos, buena apertura, longitud y grosor.

cazando rebecos en trofeo caza y conservación

Diseñamos la entrada con cuidado, aprovechando una pequeña vaguada que nos permitiría avanzar sin ser vistos. El terreno era duro, con roca suelta y alguna placa de hielo, pero tras casi una hora de avance conseguimos colocarnos a 180 metros del animal. El rebeco, ajeno a nuestra presencia, seguía observando el rebaño sin moverse.

Nuestro cazador tomó posición con calma. Apoyó el rifle en las mochilas, controló la respiración y esperó el momento justo. El disparo fue perfecto y sin sufrimiento. El rebeco cayó sin dar un paso.

Al llegar hasta él, la emoción fue evidente. Era un rebeco cantábrico impresionante, de los que no se olvidan. Con ganchos bien formados, simétricos y una edad estimada de 8 años, era el broche de oro a una jornada inolvidable de caza en alta montaña.

caza mayor rebeco en trofeo caza y conservación

El cazador, visiblemente emocionado, comprendió en ese instante que no sólo había cazado un rebeco, sino que había vivido una experiencia única, difícil de repetir.

Texto y fotos: Alfonso Prieto 

Top Spanish Hunting / @alfonsoprietocaza