3 Claves para identificar los rastros del gamo

El gamo es el ungulado que por el momento ha sobrevivido a la ley de especies alóctonas invasoras, existen poblaciones de gamo en la Península en estado salvaje y en semilibertad, al menos desde el siglo XIX, tras haber desaparecido durante distintos episodios de su historia ibérica.

Pero mejor no demos ideas. El autor ofrece en este artículo las particularidades del rastro del gamo, para diferenciarlo del de otros ungulados con los que pueda confundirse, sobre todo con los de ciervo.

A pesar de ser muy vistoso, es sorprendentemente difícil distinguir a un gamo quieto en el interior del bosque mediterráneo.

Su preciosa librea moteada, a la que los antiguos griegos comparaban con el cielo estrellado, lo funde con el juego de luces y sombras del matorral.

No encuentro al gamo fuera de lugar allí donde lo he observado en la península ibérica. Ya sea en las suaves colinas de Sierra Morena, en las ásperas laderas cubiertas de matorral de un coto en la Sierra de Guara, la Vera del Coto del Rey o, incluso, en un bosque de montaña del Pirineo.

Resulta paradójico que animales alóctonos como el gamo encajen de forma tan precisa en un hábitat que supuestamente han invadido. El caso de otra criatura moteada, la gineta, invasora milenaria, me lleva a una reflexión similar. ¿En qué punto hemos de poner el corte temporal para considerar a una especie como alóctona o autóctona?

La última glaciación empujó a este cérvido, tan bien adaptado al benigno clima del sur de Europa, hacia Oriente Medio. De allí fueron rescatados, ya en tiempos históricos, por griegos y romanos, a los que sedujeron con su gracia y mansedumbre.

Durante la Edad Media, los señores feudales los mantenían en parques y reservas como ornamento y trofeo cinegético. Así, los gamos regresaron a sus antiguos dominios gracias a que su belleza está en el exterior.

LOS RASTROS IDENTIFICATIVOS DEL GAMO

– Huellas

– Escarbaduras

– Heces y orín

– Pelo

– Camas

– Escodaduras

LAS HUELLAS DEL GAMO

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Como rastreador, los ungulados representan un desafío. Reconozco que no le he dedicado al estudio del gamo el tiempo que a otras especies.

Hace unos años, gracias a una gestión de mi amigo Ricardo Villar, un naturalista experimentado, estuve una mañana observando y sacando moldes de los gamos de un pequeño núcleo zoológico privado.

La finca se encontraba en la sierra de Collserola y, si no recuerdo mal, se llamaba Cal Castillo. Su propietario, un jubilado barcelonés, mantenía allí un grupo de animales, cabras, pavos reales y una manada de gamos, en unas condiciones impecables.

Cobraba la voluntad, si en los fines de semana querías dar un paseo con los niños entre los animales.

Me explicó la lobada que habían protagonizado dos o tres huskies escapados de un chalet de la urbanización. Le mataron catorce gamos.

No pudo reclamar nada. Los daños de los perros ni se indemnizan con facilidad ni despiertan la alarma social que en el caso de que el responsable sea el lobo.

Esta ‘perrada’ o ‘perrería’ me recordó la vulnerabilidad a la depredación del lobo que demostraron los gamos en aquella cárcava del río Dulce a su paso por Peregrina, cerrada para los rodajes de El Hombre y la Tierra, en la que se mantenían diferentes especies de ungulados y la manada de lobos de Félix.

En el estudio de los rastros de los gamos de Cal Castillo, desechamos la idea de tomar excrementos como significativos, puesto que la alimentación de los animales era absolutamente artificial y no creí que sirvieran para identificar los excretados por animales más salvajes. Así que es un tema pendiente que he ido posponiendo.

Las huellas resultaron ser las típicas de un ungulado, con los dedos II y V como pezuñas secundarias; y los dedos III y IV, los principales sobre los que las extremidades se apoyan en el suelo.

Quizá la mejor manera de describir las huellas de un ungulado es a partir de su comparación con otro conocido, con el que además la especie tratada pueda vivir en simpatría.

Creo que las huellas de gamo son lo suficientemente diferentes de las de jabalí, corzo, muflón o cabra para que puedan plantear problemas para el rastreador ibérico.

Cómo identificar los rastros y las huellas del Jabalí

La posible confusión puede llegar con las huellas del ciervo, particularmente con las de hembras y jóvenes de esta especie, que por su tamaño se puede solapar con las de los gamos más grandes.

Mis observaciones y el estudio de los moldes indubitados de gamo, además de la lectura de la bibliografía más fiable (Galán y Vázquez, 2016), me permiten escribir aquí unas claves:

•La forma general de las huellas del gamo es triangular, mientras que las del ciervo serían ovoides. Esto se debe a que los muros exteriores tienden a ser rectos en el gamo y más arqueados en el ciervo.

•La suela ocupa más superficie en el gamo, que puede llegar a la mitad de la pezuña; por el contrario, en el ciervo no va mucho más allá del tercio inferior de la pezuña. Este es un detalle bastante característico pero sutil y difícil de apreciar en la mayoría de huellas, por lo que es mejor atender a la forma general de las mismas.

Respecto a otros indicios, mi poca experiencia con la especie me hace desconocer si escoda como lo hacen el ciervo y el corzo.

Así que, para detectarlo de forma indirecta, solo puedo escribir aquí sobre sus huellas.

Aun así, la ronca, su celo otoñal, sí que sería otro indicio para localizarlo.

Este berrido extraño es inconfundible si lo has escuchado una vez; y, aunque donde coincide con el ciervo es posible comenzar a escucharlos roncar tímidamente solapándose con el final de la berrea, alcanza su máximo una vez sus más indiscretos primos mayores han finalizado extenuados su período de apareamiento.

CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS DE LA HUELLA DEL GAMO

De aspecto similar a la del ciervo, es más estrecha y puntiaguda que la de esta especie. Marca las dos pezuñas, siendo su tamaño de unos 7-8 cm de largo por 4-5 de ancho en los machos y de 5-5,5 cm de largo por 3-3,5 de ancho en las hembras.

Como otras especies, la forma de la pezuña depende del tipo de terreno donde viva el ejemplar, y se desgasta más en zonas pedregosas y menos en terreno encharcado, por ejemplo. El de la foto tiene poco desgaste debido a la poca actividad de los animales en cautividad.

LOS EXCREMENTOS DEL GAMO 

rastros-gamo-excrementosLos excrementos del gamo adulto son algo más pequeños por término general a los de una hembra adulta de ciervo, de unos 15-16 x 10-11 mm, algo menores las hembras.

Son quizás menos redondos que los de ciervo y tienen normalmente un color oscuro aunque, según el tipo de alimento y la vejez del excremento, pueden aclararse.

Son, por la humedad, más brillantes cuando son frescos. Suelen encontrarse dispersos, en montones o compactados.

OTROS RASTROS DEL GAMO

Como en el caso de otros cérvidos, el gamo ofrece otro tipo de señales que dan testimonio de su presencia.

Las escodaduras o descortezamientos de pequeños árboles, que provocan al frotar sus cuernas para descorrear, son muy similares a las de los corzos y ciervos; y el pelo o la correa que pueda dejar el autor podría ser la única pista para identificarlo.

También marcan el suelo rascando con las pezuñas y los troncos para marcar su territorio, impregnando estos, a su vez, con secreciones de sus glándulas olorosas preorbitarias y con orina.

– Los desmogues, que se producen entre abril y mayo, son más claramente identificables a partir del primer año, por su característica pala.

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El desmogue del gamo, a partir de la segunda cabeza es inconfundible.

SU SISTEMA DE COMUNICACIÓN

Con ocho o nueve años me arrastro por la maleza, con todo el sigilo adquirido en los juegos de niños, en un bosque de la Sierra de Cazorla. Llevo preparada una cámara fotos (analógica, claro) que me han regalado por mi santo.

rastros-gamo-colaCreo que una hembra de gamo y su precioso recental no han podido verme ni oírme. De repente la hembra, que ni siquiera ha mirado en mi dirección, levanta su cola verticalmente con la punta mirando al cielo y los dos desaparecen en la espesura, en esa huida ordenada que las matriarcas de la especie suelen liderar cuando se trata de desaparecer de un sitio donde la amenaza puede ser superada sin caer presa del pánico.

Y allí me quedé yo con cara de tonto. Aprendí entonces que, para acercarme a un mamífero, he de tener en cuenta el viento y que el lenguaje corporal es un sistema de comunicación común en el mundo animal.

No quisiera dejar al gamo sin hablar brevemente de su sistema de comunicación fanérico. Estos ciervos tienen, sin duda, el escudo anal más llamativo de todos los ungulados ibéricos.

La combinación de blanco y negro da muy buenos resultados en la naturaleza cuando se trata de hacerse visible; solo hay que pensar en las urracas y en su papel de señal en la detección de las carroñas por parte de las grandes necrófagas planeadoras.

Estos colores presentes en la grupa de los gamos y la combinación de las diferentes posiciones de la cola suponen todo un código por el que los gamos comunican a sus congéneres diferentes estados, como tranquilidad o alertas de diferente intensidad.

Se especula si la señal de alarma con la cola vertical puede haber evolucionado de la posición que este apéndice adopta al defecar.

José Carlos de la Fuente Fernández

Naturalista.Experto en rastreo de fauna

Primera foto: José María Mompart Fábregas

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