Decía el doctor David Livingstone: «El arte de viajar consiste en llevar cada uno la menor carga posible, desembarazándose de cuanto pueda estorbar la marcha y acrecer la fatiga del camino».
Discrepo. Puede ser que fuera cierto en el siglo XIX, cuando se llevaban decenas de porteadores con las más altas cotas de exquisitez. El famoso lavado de pelo de Robert Redford, muy querido actor, recién desaparecido y ya añorado, sobre la cabellera de Meryl Streep en la película «Memorias de África», es un excelente ejemplo de aquel lujo colonial.
En la actualidad, en este siglo XXI, ha habido muchos cambios y tampoco se puede generalizar de modo absoluto, sobre la composición ideal de un equipaje, tema ya de sí muy subjetivo, que, si añadimos la diferencia de género, masculino o femenino, nos daría tema suficiente no sólo para escribir este artículo, sino para redactar una enciclopedia completa de la A hasta la Z.
Si nuestro destino fuera África en la época seca, la facilidad de la lavandería diaria podría limitar nuestro equipaje hasta el punto de no tener que facturarlo, con una pequeña maleta tipo trolley, de medida adecuada para entrar en cabina, y una mochila regular, tendremos más que de sobra.

Si llevamos armas, teniendo en cuenta que el límite habitual de peso en IATA es de 23 kilogramos, se puede rellenar el menor peso de la maleta del arma y visor, hasta completar esos kilos con prismáticos, linternas, navaja o cualquier otro adminículo; además, si nos entra por volumen podríamos meter hasta alguna prenda de ropa ligera.
Incluso en un viaje tan específico como es la caza de alta montaña en Asia, si llevamos puestas las botas de marcha y en el brazo el pesado chaquetón, la fórmula maletita y mochila puede ser suficiente.
Yo nunca he seguido el pensamiento del poeta de ir «ligero de equipaje», muy al contrario, y los que han viajado personalmente conmigo lo pueden atestiguar. Pero llevo mal los abusos y el asalto a las carteras de la enorme cantidad de líneas aéreas que cobran una cantidad más que respetable por llevar equipaje facturado, cuando, hasta hace relativamente muy poco, en todas las líneas regulares aéreas llevar equipaje facturado entraba dentro de las condiciones de adquisición del billete de vuelo.
De seguir mi consejo de no llevar equipaje facturado de pago, acaso pueda pasar lo que ya acaeció con los carritos portaequipajes en el Aeropuerto de Barajas, los modificaron para que el usuario pagara, y los tuvieron que cambiar porque nadie pagaba por su uso, y los viajeros preferirían tirar de sus maletas con ruedas.
Quizás los «sacamantecas» de las líneas aéreas rectifiquen y de futuro ¡no nos obliguen a un cargo extra por llevar equipaje facturado! ¡No caerá esa breva!
Autor: José García Escorial

