Entrevista a Lolo Mialdea Lozano, montero y escritor cinegético

Como continuación de la entrevista a Alfonso Aguado Puig, presidente de la Asociación Española de Rehalas, le corresponde el turno a Lolo Mialdea Lozano, un gran amigo y compañero de monterías en muchas ocasiones.

Me cita en su despacho, en su casa de Córdoba, mi ciudad natal, rodeados de recuerdos de caza, libros, fotografías, láminas, armas y trofeos, un ambiente perfecto para hablar sobre la montería, cuya pasión compartimos.

Para empezar vayamos a lo obvio: ¿Qué significa la caza para ti?

¡Madre de Dios, menuda pregunta! Daría para desarrollar una tesis doctoral, pero intentaré responderte.
Para mí, no es ni más ni menos que un modo de vida, una filosofía, pero no se trata de la caza y se acabó, se trata del campo y sus cosas en general, desde estudiar el comportamiento de un arrendajo que le da por hacer cosas raras, a salir a coger espárragos y de paso ir leyendo lo que me dice el terreno.

No podría vivir sin salir al monte, y si es cazando, en solitario o en la compañía de buenos amigos, tanto mejor. Por otro lado, me resulta terapéutico. Te contaré un pequeño secreto: Cada vez que regreso al ‘mundanal ruido’, como dijo Fray Luis de León, al parar en el primer semáforo de entrada a Córdoba, agarro unas ‘depres’ momentáneas, pero terribles. A veces se me saltan las lágrimas, Félix, a mis casi 60 años. ¿Puedes creerlo? Pero al día siguiente, veo que he recargado las pilas, la energía, las ganas de vivir y de hacer pequeños nuevos proyectos.

Por último, te diré que vivir un lance, aunque no pase del ‘arrollón’ de una cierva, es a día de hoy lo único que me altera los pulsos hasta ni te puedes imaginar qué punto. Es pasión, ¿comprendes? Algo casi místico para mí.

Tirar y abatir la res es casi accesorio, aunque si se juega bien la suerte es una alegría inmensa. Luego, si en mi mano estuviera, les devolvería la vida a los animales, mas la muerte es consustancial con la caza, como lo es en todos los órdenes de la fauna silvestre, y, si me apuras, de la vida toda.

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Lolo en un momento de la entrevista en su casa de Córdoba

¿El cazador nace o se hace?

Esto sí que lo tengo claro. Yo creo que todos llevamos en los genes el acervo de miles de años como predadores, pero en la sociedad actual, más que en ningún tiempo, unos lo desarrollan y otros no.

Mas, volviendo a lo que persigues con tu pregunta, es evidente que el que nace entre armas, perros, olor a pólvora y casi aprende a hablar oyendo a sus familiares de caza, lleva mucho adelantado. El modo de entender y hacer las cosas, haber mamado la tradición, la educación en el monte…

Es evidente que si tienes esos genes dominantes, te pondrán en la senda correcta. Pero mucho ojo, también he conocido, y cazo con alguno de ellos, hombres y mujeres que, sin haber gozado de tales ventajas, han llegado a ser grandes cazadores y monteros, con sapiencia y saber estar, situándose al nivel de los mejores.

Es posible que cierto tufillo delate al cazador de cuna, pero hay que ser un perro con muchos vientos para notar la diferencia.

¿De dónde te viene la afición a la caza?

Bueno, tuve la fortuna de nacer en esto. Siempre he dicho aquello de «me salieron los dientes tirando balas».

Mi padre, sin ser cazador de escopeta, era un gran aficionado al campo y muy paciente. Mis abuelos eran ambos cazadores, e incluso llegué a acompañar al paterno, Manuel como yo, a colgar el pájaro siendo un renacuajo.

Pero fueron mis tíos Andrés y Benito, Beni para el mundo de la montería, los que me hicieron ser el cazador que soy hoy. Cada uno a su manera, fueron auténticos maestros.

Por lo demás, a lo largo de mis primeros años –ya me llevaban a montear a los 6– conocí e intimé con personajes auténticamente grandes, desde furtivos a guardas pasando por perreros, pastores, piconeros y extraordinarios monteros.

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Momento de la firma de libros en la montería Las Mesas

¿Tiempos pasados fueron mejores?

Ya sé por dónde vas y me voy a mojar, amigo Félix, pero te advierto que te hablaré con el sentimiento, con el corazón más que con la razón, máxime cuando tengo la sospecha de que la cacería, tal y como la conocemos, si no del todo, está corriendo un cierto peligro de muerte.

Sí, amigo, estamos viviendo los estertores de la caza entendida tal y como la conocieron nuestros clásicos. Los tiempos de Covarsí, Yebes, Urquijo, o de mi amigo y paisano Mariano Aguayo, no volverán.

Es cierto que existen algunas casas y fincas donde se montea aún a la antigua usanza, pero eso morirá con nosotros porque, aunque hay una cantera inmejorable de vástagos, las circunstancias, las leyes y la sociedad en sí no los van a dejar desarrollarse como nosotros, y tú lo sabes bien. Los movimientos animalistas nos llevan la ventaja de la mala leche.

La sapiencia y el tiempo que tienen para dominar las redes sociales no los tenemos nosotros. No tienen otra cosa que hacer, da la impresión. Viven muchos del cuento y las subvenciones…, y tienen el apoyo de los políticos salvo rarísimas excepciones; y, como no nos hemos sabido explicar ante nuestros conciudadanos, también tienen los votos. Como digo, es una batalla quizás perdida a medio plazo, pero ni tú ni yo veremos el funeral, Deo gratias.

¿Cómo vamos a volver a vivir aquellas armadas puestas con caballerías porque no había carriles ni casi coches camperos? ¿Cómo resucitar aquellos serreños que ejercían de postores o aquellas interminables recuas de burros y mulos con habilísimos arrieros? Qué va, aquello se acabó. Siento ser tan claro, pero es lo que siento.

Ojalá pudiera hacer comprender al gran público que sin cazadores no tendríamos la extraordinaria riqueza de la que gozamos y, lo que es más importante, la conservación de nichos ecológicos vírgenes hoy convertidos en parques nacionales o naturales, hiperprotegidos y –por eso mismo– condenados.

El monte es algo dinámico donde el hombre jugó y debería jugar un papel fundamental que se le está hurtando. Ahora pastores, ganaderos, pescadores de ribera se ven sustituidos por agentes medioambientales, muchos de ellos buenísimos, y gentes subvencionadas y totalmente desconocedoras de la dinámica de la flora y fauna.

Un desastre, vive Dios. Repito, ojalá naciera un cazador con la capacidad de comunicación de un Félix Rodríguez de la Fuente, pongamos. Sería nuestra última esperanza.

Montero, organizador, capitán de montería, rehalero, cazador, escritor cinegético… ¿Con qué faceta te quedas?

Pues con todas ellas, Félix, pues de todo he ejercido. Ante todo y sobre todo, soy montero a secas, bueno o malo no lo sé. Testimonio he dado escribiendo sobre ello y a vosotros os corresponde juzgarme.

He sido organizador y capitán de montería muchas veces, y todas sin ánimo de lucro, y me ha dado esta faceta muchas más satisfacciones que disgustos, al contrario de lo que suele suceder.

Creo que mi secreto siempre fue no engañarme a mí mismo, ser consciente de los recursos de que disponía, haber leído bien las manchas, elegir buenas rehalas y nunca pocas… y dejarme el pellejo en el asunto. Ahora disfruto colaborando donde puedo o me dejan y charlando con los que están en el ajo.

Rehalero lo fui ciertamente, no titular pues ahí anduvieron mis tíos, pero el que bregaba con el asunto era yo y, claro está, Gabino, perrero a la vez que guarda de Las Mesas, donde teníamos las perreras. Conocía cada perro por su dicha en el campo y su carácter en la perrera y acollerado.

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La rehala de Lolo en 1986, monteando Mesas Altas de Prieto.

Muchas veces era transportista pues nos fallaba el Pistolas, nuestro camionero. Hasta me he comido los polvorones echando la caracola la noche de Navidad. He entrado muchas veces con mis perros a batir el monte y para mí queda la satisfacción de rematarle algún que otro cochinaco a mis valientes…; y ellos sí que me dieron alegrías inmensas y disgustos horrorosos cuando alguno se dejaba la vida en cumplimiento de su deber.

Recuerdo como si estuvieran vivos a Ligero (así se llama mi ‘perrete’ actual), Campi, Charli, Turco, Manolo, Palomilla y tantos otros de los que guardo fotos. ¡Va por ellos y por ellos habría dado mi vida!

Aquello se acabó porque no era operativo tener los perros tan lejos de casi todos lados. Hubo un renacer con Rafalín, hijo de Gabino, y estuvo bien mientras duró, pero también acabó por los mismos motivos.

Y, por supuesto, no soy solo montero. Me gusta y practico cuantas modalidades de caza se tercian. Ojeos, caza a la mano hasta que perdí las rodillas, recechos al conejo y una pasión casi irredenta al tiro a la pluma en el paso. Palomas, tórtolas y, sobre todo, zorzales me vuelven loco.

Para nada desmerecen estos cazadores de escopeta y perro al mejor de los monteros.

Mi faceta como contador de historias, pues no me atrevo a llamarme escritor, me ha dado muchas sensaciones contradictorias, pero solo quiero recordar lo bueno, sobre todo mi cerrada colaboración con algunos amigos y directores de la revista Trofeo Caza que considero mía.
40 años monteando narrados en primera persona triunfó por todo lo alto e incluso mereció ser prologado por Mariano Aguayo.

Mi segundo libro fue La montería española, que escribí a requerimiento de Trofeo, que lo regaló con uno de sus números dentro de la colección Cuadernos de Caza. Lo mejor de él fue su gran tirada y el hecho de que pude describir, tal y como yo la entiendo, esta forma nuestra de cazar. Yo lo llamo mi librito, pero solo por su tamaño, y no porque lo piense; además son muchos los viejos monteros que comulgan con mi punto de vista absolutamente. Realmente valió la pena.

Escribí muchísimos artículos para Trofeo y otros medios especializados, y tengo en mente editar algún día otro libro, que será el compendio de todos ellos más los que escribí para mi propio blog: El blog de Lolo Mialdea, valga la redundancia.Y en ello sigo, fundamentalmente porque creo que es mi deber dar testimonio del tiempo que me ha tocado vivir.

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Otro momento de la entrevista

Este nuevo proyecto que te tiene tan ocupado es un nuevo libro. ¿De qué trata?

En efecto, no vas desencaminado. Muy, muy pronto, verá la luz mi tercer libro, que se titula Desde el 2 de Los Caserones y que trata de mi paso por Las Mesas.

Así como el primero tenía cierto carácter autobiográfico, en este voy al grano, por supuesto siempre en primera persona y por derecho, y relato por orden cronológico 118 sucedidos en sendos puestos de montería, que por una u otra razón he considerado reseñables o interesantes.

En cada capítulo veréis la fecha, la finca y la mancha, incluso el número del puesto que ocupé. Me he basado en mi diario de monterías, luego los datos son absolutamente fiables. Reconozco que, como con el anterior, lo di a leer a un par de amigos fieles y críticos, lectores ávidos de todo lo que se escribe sobre caza, y en sus opiniones supera al primero aunque yo no termine de creérmelo. Eso me ha dejado muy tranquilo respecto a sus bondades.

Ciertamente son relatos descarnados en muchos casos, como vividos a la vez que escritos; y, como quiero llegar al mayor número de lectores, este no será un libro de lujo, sino una edición mucho más barata, aunque igualmente cuidada y de total calidad en cuanto a materiales.

¿Qué más puedo decir? Es como mi hijo, mi creación, no voy a hablar mal de él, ¿verdad? Verás, hay otro motivo y te lo diré leyéndote al pie de la letra algo escrito en la introducción:

«Lo que sí he decidido es publicar estas historias para que no se pierdan en quién sabe dónde. Creo que cada cual debe dar testimonio de lo vivido en la caza, pues a algunos les gustará leerlo».

¿Te gustaría añadir algo?

Poca cosa, amigo Félix, quizás solo que deseo fervientemente equivocarme en mis malos augurios. Es más que posible que sean neuras de un montero nostálgico, y que la caza, de un modo u otro, sí que saldrá adelante, y te lo digo desde lo más profundo de mi corazón.

Y por supuesto mandar un saludo a las gentes de Trofeo, directivos y lectores, a los que tanto debo y a los que prometo, aunque no con la frecuencia de antes, algún que otro ‘articulejo’ que considere realmente bueno.

Muchas gracias, Lolo, por tu generosidad; como siempre, ha sido un inmenso placer charlar contigo, y ¡enhorabuena por tu nuevo libro! Ya tengo ganas de leerlo.

A ti y a Trofeo, como no podía ser de otro modo.

Félix Sánchez Montes
[email protected]

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