La lucha por salvar a elefantes y rinocerontes de los furtivos en África

El tráfico ilegal de marfil y cuernos de rinoceronte sigue amenazando a la fauna africana.

Los recursos que la genera la caza son imprescindibles para la lucha contra la lacra un tumor transformado en letal metástasis que supone el furtivismo. Los países africanos implicados en el problema no disponen de medios económicos suficientes para atender la inaplazable cuestión no porque no pudiesen tenerlos (algunos, aunque no lo parezca, son países muy ricos), sino por su estatus en vías de desarrollo, la corrupta estructura política y la falta de conciencia de la población, y los multimillonarios lobbies internacionales sólo emplean el dinero que manejan en atender el reclamo de organizaciones pseudoecologistas, animalistas o, directamente, anticaza y prohibicionistas.

Pero los elefantes no tienen culpa alguna de que una considerable mayoría se deje convencer por gentes que no conocen y no se molesten en comprobar si lo que les dicen es cierto o les engañan no como a chinos, pues a los chinos ya no les engaña nadie, sino como a los ignorantes y abúlicos que son.

La caza, y todo lo que su actividad genera y conlleva, se reafirma como indispensable para la solución que entre todos debiéramos lograr y realizar sin más tardar.

Dense cuenta de que si uno de los países más poderosos e influyentes, USA, pusiese manos a la obra dejando de lado las monsergas perrofláuticas de tanto descerebrado como anda suelto por ahí, el fin de una parte sustancial del furtivismo en África estaría garantizado, ¿cómo?, enseguida se lo cuento.

rinoceronte en revista trofeo caza

A pesar de que China ha terminado, oficialmente, con el comercio de marfil, la realidad es otra. Con ellos, el único modo de cambiar las cosas es contando con la colaboración del gobierno, mucho más que capaz dada su absoluta, indiscutida e ilimitada autoridad de terminar de un plumazo con las mafias que operan en su país comerciando con cuernos y marfil.

Pero hablábamos de USA. Pues bien, después de China, el máximo consumidor, ilegal por supuesto, de marfil de elefante y cuerno de rino es Tailandia, corazón del tráfico de estos productos en el sureste asiático. De aquí se distribuye a Camboya, Vietnam, Laos y a la misma China, burlando la prohibición oficial vigente en esta última nación.

Pues resulta que el reino de Tailandia es un país al que los gringos riegan con mil millonarias inversiones en 2020 fueron 17,5 billones de dólares, y se nos antoja que sería muy fácil, resolutivo y de efecto inmediato, para dar un extraordinario paso de gigante en la protección del rinoceronte y del elefante africano, que el Congreso de Washington dijese, amablemente, a sus socios tailandeses que se abstuvieran de comerciar con los cuernos de unos y los colmillos de los otros.

Desgraciada y asombrosamente, desde los EE. UU. no se ha movido un dedo en este sentido.

De manera que, mientras se sigan pagando las alucinantes cantidades que muchos habitantes de esos países pagan por conseguir poner enhiesto lo que ya no tienen modo de enderezarse, continuará la masacre de dos de los más imponentes y portentosos animales de África. (Continúa)

Autor: Alberto Núñez de Seoane