El furtivismo: el crimen que amenaza a la fauna salvaje

El furtivo no es cazador: es uno de los mayores enemigos de la conservación y de la naturaleza.

Buscaba título para el artículo: ¿Traición a la caza…?, ¿Cazador o furtivo…?, ¿El fin de la caza…? Pero me di cuenta de que no era buena idea mezclar «caza» con «furtivo», pues, de algún modo, podría inducir a imperdonable error. Mejor dejar la caza con lo que le corresponde: lo noble, leal y honesto, y calificar al furtivismo como lo que es: un crimen. De lejos y siempre por separado.

La motivación última del furtivo criminal es siempre la misma: el dinero. Ya nos lo dijo don Francisco de Quevedo y Villegas: Poderoso caballero es don dinero, y la lacra que nos sacude no hace sino darle, una vez más, razón.

Podemos clasificar a los furtivos en dos diferentes tipos, atendiendo, en este caso, a razones geopolíticas: aquellos que pertenecen al mundo desarrollado, en el que nosotros vivimos; y los que lo hacen en los países subdesarrollados o en vías de alcanzar el estatus de los primeros, el desarrollo civilizado.

Los furtivos que están en el primer grupo no cometen la atrocidad por ganar unas monedas con las que aliviar una necesidad primaria el hambre, pagar casa, ropa, luz o agua, sino por rapiñar un dinero con el que satisfacer un capricho, adquirir un bien superfluo o conseguir algo que no les es necesario. El crimen que cometen, ya de por sí repugnante, raya el límite de la absoluta degradación moral.safari en revista trofeo caza

Los desgraciados que se sitúan en la segunda opción, vamos a llamarles furtivos «ejecutores», se arrastran, son empujados, o ambas cosas, a la abyección que nos ocupa por el «gran» furtivo, podríamos calificarlo, que se esconde muy lejos del escenario de la tragedia, amasando fortunas mientras «echa», a los pobres miserables que no tienen alternativa, cuatro reales por, además de poner en alto riesgo sus vidas, desollar pieles, arrancar huesos y marfil, decapitar gorilas, degollar tigres o envenenar leones; todo, para convertir los restos de tan dignos y majestuosos animales, en los polvos «de la madre Celestina y del padre Cucharón» como los llamaba la buena de mi abuela Concha, cuando, allá en mi Galicia de niño, me entretenía con sus cuentos, vendidos a quien «no puede» para que siga sin poder.

Lo he escrito muchas veces y lo seguiré haciendo otras muchas más: el furtivo no es el cáncer del cazador, es la metástasis que amenaza la naturaleza. No hay peor enemigo para el furtivo que el cazador: somos nosotros o son ellos. Ustedes deciden.

Los ríos de tinta, bastarda; los «datos alarmantes», manipulados; las noticias catastrofistas, inventadas; toda la mierda prefabricada y envasada al vacío, por favor, para que no huela en plástico urbanita, que animalistas y ecoflautas arrojan en contra de la caza y los cazadores, a más de inútil, grosera y estúpida pérdida de tiempo, son alas que dan a los responsables, causantes y, en mayor medida, culpables, del enorme peligro en el que la fauna salvaje se encuentra.

Autor: Alberto Núñez de Seoane