Desde que en 1977 se prohibió la caza mayor, en su totalidad, casi la mitad del número de elefantes que habitaban la bellísima nación del este africano han sido masacrados por los furtivos, repetimos: ¡casi la mitad del total de la población! Pero… seguro que no habrán escuchado a ningún botarate animalista, ni leído informe alguno de cualquier prostituida ONG ecópata, denunciando este pavoroso espanto.
Pareciese que a los patéticos «defensores de la fauna salvaje, la biodiversidad y su sostenibilidad», les trajera al pairo que los majestuosos colmillos de los viejos machos, auténticos reyes de la sabana, en lugar de pasear a la sombra del Kilimanjaro, se vendan, reducidos a polvo, en las callejuelas de los barrios bajos de media China y parte del sureste asiático, ¡malditos hipócritas!
De acuerdo a los datos que maneja la World Wildlife Fund» organización que no me merece ninguna simpatía, por su sesgo tendencioso en favor de un pseudoecologismo politizado, verdulero y avaricioso –por eso, precisamente, la escojo, para que no me acusen de ayudarme sólo de determinados medios que, es un decir, servirían a unos intereses y no a otros.

No pierdan su precioso tiempo en fantásticas elucubraciones, los únicos intereses que me motivan y mueven, son los animales, si son salvajes, mejor, la naturaleza, la caza de unos y la conservación de los unos y la otra, no busquen más cera dónde no van a encontrar más que la que arde–, pues de acuerdo con WWF –les decía–, de los 415.000 elefantes que, dicen ellos, quedan en África –en realidad su número se acerca casi al doble de esta cantidad–, 340.000 viven en países en los que su caza está permitida, es decir, un 82 % de ese total. Si aplicásemos este porcentaje al número real de elefantes que hay, resultaría que hay más elefantes de sabana africanos en el conjunto de países en los que se permite su caza, que el número total de estos paquidermos que los ecópatas dicen que hay en todo el continente negro.
En el año 2021 tan sólo se cazaron algo menos de 500 elefantes en África, una cantidad irrelevante y en absoluto perjudicial para la feliz conservación sostenible de la especie, en relación con el número total de estos animales que aún pueblan las tierras africanas, desde el Cabo de Buena Esperanza hasta la frontera norte del Sudán.
Sin embargo, según el informe anual de la «Oficina de Sostenibilidad» y de los «Ministerios de Vida Salvaje y Conservación» de países subsaharianos y del cono sur del continente, más de 40.000 elefantes perecen cada año a manos de furtivos, primera causa, siendo la pérdida de hábitat por la expansión humana y ganadera, la segunda de la caída de la población del elefante africano. (Continúa).
Autor: Alberto Núñez de Seoane

