Cazar no es matar: la verdadera esencia de la caza y su papel en la conservación

El camino del cazador y la importancia de comprender la naturaleza más allá de los prejuicios y la verdadera esencia de la caza y la conservación.

 

No cabe duda de que los cazadores y la caza tenemos un grave problema en la actualidad con los animalistas y los mal llamados ecologistas, que yo pienso que mejor se denominarían `ecolojetas´, pues muchos de ellos viven del cuento y otros muchos son, directamente, unos hipócritas.

La caza está sufriendo innumerables ataques a diario y por doquier, por personas que, sin duda, tienen muy poca formación y/o información de la que se necesita para poder hablar inteligentemente sobre algo, pero para gritar, decir sandeces e insultar, con lo que tienen, les llega.

Conviene traer aquí a colación al magnífico pensador y filósofo español José Ortega y Gasset y ver cómo, hace ochenta años, ya veía el venir el choque entre los urbanitas y la gente de campo y tradición. Así escribió un magnífico libro, La caza y los toros, hablando sobre estas dos importantes tradiciones en España. Ortega escribió mucho sobre la caza, pues era cazador, y algunas de sus frases son categóricas. La base de su pensamiento al respecto se podría resumir en que cazar no es matar.

Caza y cazadores

Pues bien, ésta es la clave de lo que se debe entender por caza y por cazador. Más que nunca, los cazadores debemos demostrar que entendemos la naturaleza, que somos necesarios para su mantenimiento y que cazar y conservar es lo mismo. Si yo os pregunto: ¿siempre que se mata un toro se torea? La respuesta sería fácil, ¿verdad? Evidentemente, no.

Se puede matar un toro sin haber toreado y, con ello, se habría perdido la ocasión de dar una buena muerte al animal, en el sentido de ser una muerte con más significado y con más valor en todos los sentidos. Todos los seres vivos hemos de morir, en concreto los animales salvajes lo hacen siempre con dolor, no mueren sosegadamente rodeados de sus familiares y amigos como en los cuentos.

Lo que interesa aquí, y de eso va la caza, o debería ir, es el significado y valor que esa muerte puede o no aportar. Veamos, cuando uno de estos `ecolojetas´ o animalistas vociferantes utilizan insecticida para los mosquitos o champú para los piojos, o se comen un filete o un pescado, ¿están ayudando a conservar la naturaleza?

Esos animales que se matan simplemente porque nos perturban o porque los necesitamos para comer, tienen una muerte inútil a los efectos de la conservación de la naturaleza, es más, muchas veces conlleva todo lo contrario, pues a nadie se le escapa que los monocultivos, los pesticidas, las granjas industriales, etc., no hacen ningún bien a la naturaleza, si bien son necesarios para mantener la población humana fuera de los controles que la propia naturaleza tiene para las especies que abundan en demasía.

Los `ecolojetas´, los animalistas, los anticaza…, necesitan comer, beber, limpiarse, tener casa, transporte, comunicaciones, etc. Todo eso son fuentes de daño a la naturaleza, no me voy a extender en el razonamiento porque lo entiendo obvio y, quien no lo haya entendido ya, probablemente no lo hará nunca.

Abrir los ojos

La cuestión es cómo explicar a todo este movimiento de personas anticaza que están en un error gravísimo y que son constantemente desinformados y manipulados interesadamente para mantener una absurda postura contra la caza por los que necesitan eso para poder seguir viviendo del cuento, porque sí, los `ecolojetas´ cobran millones de dinero público anualmente, más las ayudas y donaciones que les sacan a personas de buen corazón a quienes tienen engañadas con su tergiversado mensaje.

Tengo intención de dedicar los últimos años de mi vida a extender el mensaje de que la caza implica necesariamente la conservación de la naturaleza, pero me he dado cuenta que ese mensaje debe llegar también a la gente que tiene ese sentimiento atávico por salir al monte a cazar, especialmente a los jóvenes que empiezan.

Yo he sido un cazador maleducado porque nadie me enseñó, tuve que aprender de manera autodidacta lo que es la caza, lo que es correcto o no hacer. Tuve que esforzarme por comprender el sentimiento que tengo dentro, lo que me ata a la naturaleza y a su conservación por encima de todo. Ahora entiendo que hay muchas personas como yo, que están en el viaje de hacerse cazadores y los que ya llevamos ese itinerario más avanzado, debemos ayudar a los que van detrás.

En mi opinión, sólo cuando se completa el camino puede uno llamarse a sí mismo cazador. Porque cazar no es matar, cazar no es tener muchas medallas CIC, cazar no es abatir un montón de cochinos en una sola montería, no es ir a un safari africano en un rancho.

Sé que muchas personas que lean esto se pueden molestar, pero para solucionar un problema lo primero es admitirlo, y hay que admitir que muchas personas que sale al campo a matar animales no son cazadores aún, y algunas, quizá, ni siquiera lo serán nunca.

El camino del cazador

No es torero todo el que mata toros, ni es cazador todo el que mata perdices, conejos, cochinos o leones. No es la cuestión de la caza el qué, sino el cómo. El esfuerzo de los cazadores debe centrarse en que el medio donde realizan su actividad se mantenga salvaje, diverso y sano. Es decir, la clave es la conservación de la naturaleza y el mantenimiento o, incluso, el aumento, si es posible, de la biodiversidad.

Para ser un cazador hay que preguntarse si nuestra actividad está o no mejorando la biodiversidad, manteniendo el ecosistema salvaje. Hace unos cientos, incluso unas decenas de años, quizá no fuese tan difícil ser cazador, hoy en día sí.

El crecimiento de la población humana está causando unos daños terribles a la naturaleza, esto puede verse por todo el mundo, y los cazadores somos, si no la única, sin duda sí la más importante fuerza que contrarresta eso. Gracias a la caza se mantienen poblaciones de animales y ecosistemas que, sin ella, ya hubiesen desaparecido.

Esa es nuestra fuerza, ese es el camino del cazador: si de verdad queremos salvar lo que amamos debemos avanzar en este viaje de ser cazadores, debemos formar a los jóvenes, pero también a los mayores, y debemos formar al resto de la sociedad no cazadora para que comprendan.

La próxima vez que salgáis al campo con intención de cazar, por favor, preguntaos: ¿estoy ayudando a la conservación de la naturaleza hoy?, ¿mi dinero va a redundar en el mantenimiento de algo que realmente merece la pena? No se trata de ir a matar un cerro de animales, no se trata de hacer la cuenta entre dinero y piezas abatidas. Cazar no es matar y matar no siempre es cazar. Si nosotros no somos capaces de dar estos pasos, la caza y la naturaleza salvaje van a desaparecer. Es así de crudo y de claro.

Autor: Alberto Monje Luna

Ingeniero de Montes