El íbice ibérico y sus cumbres

Descubre el pasado y presente del rececho de íbice ibérico

 

Si hay una especie de caza mayor en nuestra península que nos represente en cuanto a caza internacional se refiere, en cuanto a auténtica caza de montaña y en cuanto a verdadero rececho en los picos y paredes más escarpadas de nuestras cordilleras, esa es nuestra emblemática Capra pyrenaica o cabra montés.

reina de las cumbres o cabra montés en Trofeo caza y conservacion

 

Nuestra reina de las cumbres enamora a todo aficionado a la caza, no sólo por la belleza de los parajes en donde se mueve, sino, sobre todo, por su capacidad de adaptación y movilidad en espacios donde cualquier otra especie sería muy vulnerable.

Por todos es sabido que en nuestro país existen cuatro subespecies de montés, a cual más impresionante y de mayor belleza, pero todas con un denominador común, que no es otro que la majestuosidad de verlas «trepar» auténticas paredes –donde a cualquier ser vivo le es imposible ni tan siquiera sostenerse–, ya sea para encontrar algún brote tierno de piorno, coscoja, chaparro, etcétera o, simplemente, para huir si lo que detecta es algún tipo de peligro o circunstancia que lo haga sentir cierta inseguridad.

Grupo de cabras montesas de Ronda, Beceite, Sierra Nevada y Gredos en Trofeo caza y conservacion

 

Nuestras monteses despiertan un gran interés entre todo tipo de cazadores, ya sean nacionales o extranjeros, y no es raro que aquel que da caza a cualquiera de nuestras cabras quiera intentar conseguir su «póker pyrenaico»: Ronda, Beceite, Sierra Nevada y Gredos, todas ellas con su belleza particular, pero, ante todo, por el entorno en el que se desenvuelven estos animales, cada uno con un encanto singular.

Su caza, ayer

 

Tradicionalmente, hace cuarenta o cincuenta años atrás, la caza de nuestra especie más emblemática se caracterizaba por ejecutarse en alta montaña. Pongámonos en situación en aquellos años, cuando el goretex aún no estaba ni inventado, donde las microfibras, trajes térmicos y demás avances de la indumentaria estaban por llegar, y lo que estaba a la orden del día era la pana gorda, las camisas de thermolactyl, las botas Segarra e, incluso, con «piales». Con todo ello se recechaba en nuestro Sistema Central, a bajas temperaturas, incluso zurrón a la espalda, con su particular kit de supervivencia por si la noche se les echaba encima. Imaginemos por un momento esta situación y la condición física que debían tener.

rececho en alta montaña de cabra montesa en Trofeo caza y conservacion

Sin embargo, hoy en día, con la proliferación de dicha especie (como la de otras muchas de nuestra caza mayor) y los antes mencionados avances tecnológicos en cuanto a vestimenta se refiere, no necesitamos de una condición física excepcional para cazar un ejemplar de montés, además de que podemos encontrarla en lugares menos montañosos o, incluso, en pequeños cerros –donde, eso sí, puedan disfrutar de rocas calizas, riscos o peñas–, llegando incluso a bajar, cuando hay escasez de comida y agua, hasta los pequeños huertos de poblaciones limítrofes de su entorno.

Su caza, hoy

 

 

Este cambio ha hecho que también se modifique su forma de caza. Si, como digo, hace cincuenta años conseguir abatir un ejemplar de nuestro íbex requería de una forma física cuando menos buena, muy buena y, en ocasiones, si la época del año era desapacible, incluso extraordinaria, hoy en día, al expandirse esta especie a zonas más «cómodas», no necesitamos ser un «gran atleta» para hacernos con nuestro ejemplar.

Si, por el contrario, lo que queremos es realizar un rececho «de altura» en las cumbres de Gredos, Sierra Nevada o en los cortados del Maestrazgo aragonés detrás de nuestras cabras, no sólo deberemos tener una condición física aceptable –pues puede que tengamos que estar «horas» detrás de nuestro ejemplar deseado–, sino que, además, debemos tener unos conocimientos mínimos de campo, del hábitat y de cómo andar entre «riscales», ya que, en ocasiones, lo escarpado del terreno no sólo puede dar al traste con el rececho, sino, además, acarrear un peligro para nuestra integridad física, puesto que no es difícil quedarte «enriscado» o, lo que sería todavía peor, verte sorprendido por un temporal que te deje totalmente aislado.

Cabras de montaña femeninas y juveniles en la Sierra de Gredos en trofeo caza y conservacion

Como lo más normal es que los cazaderos sean quebrados, buscaremos apostaderos donde podamos controlar el mayor terreno posible, todo ello dependiendo del clima del día en cuestión. Como en toda modalidad de caza esto es primordial, pero aquí aún más si cabe, pues la cabra es un animal tremendamente sensible a los vientos, a la par de ser un animal duro, pues la climatología que soporta, en muchas ocasiones, puede ser extrema. Decía lo de los vientos, porque estos pueden hacer que «embarranque» en una garganta u otra o, incluso, cambiarse en el transcurso del mismo día, buscando el resguardo del viento y el calorcito del sol.

Cabras de montaña femeninas y juveniles tomada en la Sierra de Gredos en trofeo caza y conservacion

Bien es cierto que con las armas, los calibres y las ópticas de las que disponemos hoy en día no nos hace falta un gran acercamiento en muchos de los casos, máxime cuando en la mayoría de ellos esto fuese imposible, bien por la orografía del terreno o bien porque es un animal muy «comunitario» y podríamos ser fácilmente localizados, con lo que el «silbido» de algún miembro del grupo pondría en alerta al resto, dando por finalizada la cacería, al menos, para ese rebaño en cuestión, pues si algo tienen las monteses es la virtud de poder desaparecer en pocos segundos, trepando por auténticas paredes verticales con esas pezuñas, que más parecen ventosas, siendo imposible su persecución.

 

 

El acercamiento

 

 

Soy partidario de ir controlando el careo hacia su encame –puesto que, al tratarse de zonas rocosas, con menos monte que en otras modalidades y especies (aunque no siempre se da esta circunstancia) esto es posible– y esperar la hora del sesteo, que suelen hacer en balcones desde donde dominen las zonas inferiores a su asestadero, para localizar la posible presencia de enemigos. Esta circunstancia nos dará la posibilidad de entrar de arriba hacia abajo, siempre y cuando el aire nos lo permitiese. En esta situación no debemos olvidarnos de la dificultad que acarrean los disparos con demasiada inclinación.

macho montés en Ronda en Trofeo caza y conservacion

Las entradas a las cabras desde abajo son, bajo mi punto de vista, más complejas y de mayor dificultad, no sólo por la circunstancia que antes he mencionado –que es un animal que, principalmente, «observa» hacia abajo (donde, por lo general, es donde está la presencia humana), sino porque, además, el ángulo de visión desde la parte inferior de una montaña es muchísimo menor, los puntos muertos entre las piedras son mayores y, por último, en muchos casos, los disparos hacen visos, lo que entrañaría un peligro inminente.

Épocas de rececho

 

 

En cuanto a la estación del año ideal para su caza, todo dependerá del trofeo en cuestión que queramos abatir y de cómo vaya el año en el que estamos cazando, climatológicamente hablando. Aunque es una especie con un gran rango en su periodo de hábil para rececharla, los meses de auténtico frío invernal, cuando el celo despierta en los grandes machos, este les hace «bajar» en busca de rebaños de hembras, es un buen momento de caza.

Cabras montesas en Sierra Nevada en Trofeo caza y conservacion

Si, por el contrario, lo que queremos es hacer control de selectivos, hembras o chivos, soy partidario de ejecutarlo después del celo, incluso al final del invierno, cuando las piaras bajan más en busca de hierbas frescas, hojas y retoños de árboles, pues estas se dan antes en las faldas de las montañas, que en las alturas. A mayor altitud, menos vegetación y menos comida.

Equipo

 

 

Por último, nuestro equipo de caza, al igual que todo, dependerá de la climatología, si hablamos de la indumentaria. Si lo hacemos de armas y óptica, debemos saber que, como vengo señalando, se trata de recechos en la mayoría duros, con muchos desniveles, tanto hacia arriba como hacia abajo, y eso lo tendremos en cuenta a la hora de elegir un equipo ligero y compacto. Lo ideal sería un monotiro, con visor de mínimo 10 aumentos (cazo con máximo 12 y me parece suficiente), aunque no estaría de más 15. Respecto a los calibres, es algo muy personal y daría, no ya para otro artículo, sino más bien para un libro completo. Particularmente, creo que no es necesario grandes calibres, pues se trata de animales de tamaño medio (un gran macho ronda los 100/120 kg de peso), además de que soy amante de calibres pequeños (.243, .308 y .270), pues creo que para las especies que se caza en España, con estos tres calibres podríamos estar servidos. Lo importante es conocer nuestro rifle y poner la bala en su sitio, pero para eso, para explicarnos todo en detalle, tenemos a nuestro amigo Roque Armada.

hembra cabra montés en Trofeo caza y conservacion

Con todo, debemos pensar y creernos que somos unos privilegiados por el país en el que vivimos, cinegéticamente hablando, por las especies que disponemos, hábitat que nos rodea, gentes que los habita, a pesar de que nos iría mejor si los temas de campo y caza, los gestionase gente de campo. Cuando la caza es caza.

Texto: Pablo López Lojo de Cinegética La Trocha
Contacto: [email protected]