La promoción de la caza

Porque la caza sigue siendo la única afición que la sociedad obliga a esconder.

Pasa a menudo. Ser cazador parece ser una condición a ocultar socialmente e, incluso, laboralmente. No para con la mayoría de las aficiones al aire libre como puede ser el esquí, la pesca, el senderismo o el ciclismo. Y es que no sé en qué momento «perdimos el relato» de la sostenibilidad o la ecología, cuando, humildemente, somos uno de los colectivos de actividades de ocio en la naturaleza que más hace por la economía rural, el equilibrio medioambiental y el aprovechamiento de la naturaleza.

No voy a escribir un artículo para convencer a no cazadores de lo «buenos» que somos y lo necesarios que somos, para eso hay organizaciones como Fundación Artemisan que lo hacen con mucha más profesionalidad y profundidad y, por supuesto, también hay voces con mucha más autoridad y peso. Sin embargo, sí creo necesario dedicar esta sección hoy a hacer un examen de conciencia que cada uno de nosotros debe acometer y si lo considera oportuno, cambiar comportamientos y actitudes.

Binocular de caza en Trofeo caza y conservacion

 

Las redes sociales

En la era de la sobreinformación cada publicación importa y cada comentario, también. No hace tanto prácticamente no había material gráfico del resultado de monterías, ojeos, recechos, jornadas de caza en mano, etcétera, tan solo fotos reveladas que pocas veces salían del ámbito del protagonista y que éste solamente compartía con su entorno más cercano.

 

cazador con binoculares en Trofeo caza y conservacion

 

Hoy, sin embargo, únicamente hace falta abrir las apps de mensajería instantánea y en cualquier grupo de cazadores brotan las imágenes y los vídeos de caza, algunos de situaciones límite o, directamente, ilegales. Y, claro, corren más las malas noticias que las buenas, ¡de eso viven los telediarios y los periódicos!

Y aquí viene la primera reflexión que debemos hacer cada uno de nosotros: ¿hago bien difundiendo esta imagen o este vídeo terrible en otros grupos? No hablemos ya de esas cuentas que suben a redes sociales abiertas todo lo que reciben, venga de donde venga, sea como sea. ¿Qué buscamos con estas acciones? ¿Ensalzar los valores de lo que amas? Seguro que no.

La crítica destructiva

Esto pasa principalmente en el anonimato o la distancia de las redes sociales, nuevamente. Que alguien que sufre por el acto de matar a un animal critique un lance o una imagen de un animal muerto, lo entiendo. Probablemente, no ve lo que representa desde el punto de vista de equilibrio medioambiental, de la riqueza que genera o del alimento y/o abrigo que produce, pero no le critico porque sufra por ello y que lo diga (con respeto). Ahora bien, lo que sí es grave –o para hacérselo mirar– es cuando otro cazador critica públicamente y con acidez una publicación que, bien o mal, está en la red.

Nueva reflexión: ¿cuál es mi objetivo con la crítica abierta?, ¿me mueven los valores del respeto, de defender la caza o es el ego o la envidia? Todos hemos visto ejemplos: desde que ese corzo es demasiado joven, que son demasiadas perdices o un largo etcétera que cada uno de nosotros sabemos. Si de verdad queremos hacer un favor a la caza y al colectivo, puedes hacer (como me consta) como muchos amigos, que critican en privado por contacto directo con el que ha publicado el contenido razonando su comentario.

Detalle de un cazador mirando su teléfono móvil en Trofeo caza y conservacion

 

Come caza

La variedad de sabores que nos aporta el campo español y los tipos de carne es amplísima. Resulta que la carne más cara es la vendida como «ecológica» y la carne de caza, que realmente es la única de origen salvaje y, por tanto, la única que de verdad es ecológica, resulta que es la menos visible y con precios muy ajustados.

Animémonos a probar nuevas recetas, a pedir platos de caza en restaurantes y, sobre todo, tanto cazadores como orgánicos, facilitemos al cazador llevarse parte de lo cazado para consumo propio o familiar. Esto es habitual en la caza menor, pero queda camino por recorrer en la caza mayor y empieza por cada cazador consumiendo más carne de caza.

 

Filete grueso y jugoso de venado salvaje a la parrilla en Trofeo caza y conservacion

 

Forcemos nuestro rol como herramienta de ecosistema

Donde antes se generaba riqueza, ahora se generan costes para el bolsillo de los cazadores y de los no cazadores, por no hablar de los impactos medioambientales. Hablo de los parques nacionales, que es un ejemplo atronador, o de las cotorras de Madrid, sin ir más lejos.

En lugar de potenciar el empleo de voluntarios para realizar labores de control poblacional, pagamos a empresas para que hagan estas labores a costes muy muy superiores. Va siendo hora de que nuestros cuerpos representativos: cotos, asociaciones, federaciones, etcétera, hagan presión donde corresponda para recuperar nuestro sitio. Buenos ejemplos son los del Real Club de Monteros o el de la Asociación del Corzo Español. El primero por ofrecerse –cuento a la Asociación Española de Rehalas– a realizar acciones de caza controladas en parques nacionales para controlar poblaciones de ungulados y jabalíes. La segunda, por aportar claridad y opinión en casos como el de los precintos de corzo que tanto revuelo ha montado en marzo.

 

Amigos cazadores en Trofeo caza y conservacion

Aunque las federaciones van haciendo cada vez más acciones no solo en defensa de la caza y los cazadores, necesitamos que den un paso más hacia la exigencia de protagonismo en la gestión del medio ambiente. Nadie es tan efectivo como los cazadores para la gestión poblacional.

Así que va siendo hora de dejar de quejarnos y empezar a actuar. No hace falta esperar a grandes movilizaciones, podemos empezar cada uno de nosotros con nuestro comportamiento, tanto en el campo como fuera de él. Cada uno de nosotros somos embajadores de una tradición ancestral, de una gran herencia y tenemos una gran responsabilidad, que es la promoción de un conjunto de artes y tradiciones para el aprovechamiento y orden del campo que tanto amamos: la caza.

 

Texto: Joaquín de Lapatza