El objetivo de este artículo es que todo el que lo lea logre entender la razón de ser de este tipo de perros que, frecuentemente, vemos en las monterías y de los que, en algunas ocasiones, se escuchan diferentes comentarios de algunas personas, ya sea con un criterio objetivo, ensalzando las virtudes de estas razas con sus pros y contras, tratando de corregir, con buen conocimiento, los posibles defectos que puedan tener, o, por otro lado, también escucharemos de otros palabras llenas de comentarios desfavorables, movidos por intereses particulares y que denotan, en algunas ocasiones, una absoluta falta de objetividad y conocimiento de la función que desempeñan.
Lo importante es saber conocer esta raza de perros, tener claro cuál es su cometido y respetar el buen hacer de las rehalas durante una jornada montera.
¿Qué entendemos por un perro de agarre?
El adjetivo que le acompaña lo dice claro: es un perro para agarrar, para sujetar, para parar a un jabalí, venado o cualquier pieza de caza mayor que se cace en la montería.
Tiene que ser un perro con gran fuerza, con carácter y que el resto de compañeros de la rehala sepan que, cuando aparecen esos momentos difíciles en el monte, siempre va a estar allí para defenderlos.
Si alguien piensa que un perro de agarre tiene que ser agresivo a la fuerza, está totalmente equivocado; es más, en mi larga trayectoria montera he visto muy pocos perros de este tipo que repitan asiduamente con sus compañeros, con el perrero o con otras personas, algún incidente violento.
Son perros que transmiten respeto y tranquilidad, siempre al lado de los zahones de su perrero durante la batida y que, en el momento en que escuchan una petición de ayuda de sus compañeros punteros, abandonan el regazo de su perrero para poner orden.
¿Son estrictamente necesarios en una montería?
Si tengo que manifestar una opinión, mi respuesta es, rotundamente, sí.
Una rehala se compone de diferentes razas de perros con unas características bien definidas para el rol que desempeña cada uno dentro de la misma.
Tenemos lo punteros ligeros, esos que decimos que cazan largo, que nada más abrir portones desaparecen a toda velocidad y, seguramente, los volvamos a ver de vez en cuando para que nos saluden y, de nuevo, con una mirada cómplice, diciendo hasta luego, se adentran en el monte buscando rastros.
Tenemos otros menos ligeros que también campan a sus anchas por el monte, pero a una distancia prudencial, cazando más corto y siempre atentos a las voces y movimientos del perrero.
Y, por último, nuestros perros de agarre, que siempre con su paso pausado y firme acompañan al jefe, permanentemente atentos a los sonidos del monte y a las llamadas de sus compañeros.
Por supuesto que sí son necesarios, pero en su justa medida; obviamente, una rehala de 20 o 22 perros no puede llevar 5 perros de agarre más otros 10 cruzados de talla grande –que, en muchas ocasiones, tienen la misma fuerza que un perro cien por cien de agarre– y el resto ligeros para batir la mancha. Esta configuración no es la adecuada según las normas tradicionales de la rehala y de la montería española.
Los perros deben cazar, pero no agarrar, están desempeñando una función básica y que no es otra que levantar la caza para que los monteros cumplan con su cometido, que es abatir los animales levantados de sus encames por las rehalas.
Obviamente, cuando un organizador ve una rehala con una presencia excesiva de perros de agarre, pone el grito en el cielo y, en muchas ocasiones, surgen los conflictos que se pueden evitar cumpliendo con las normas tradicionales que marca la montería en cuanto al tipo de perros que debe tener cada rehala.
Si nos vamos al otro extremo, en el que en muchas ocasiones se prohíbe expresamente la presencia de algún perro de agarre en cada rehala, considero que es un error gravísimo y carente de toda lógica.
Por supuesto, hay que tener claro que los perros no están para agarrar y mucho más en los famosos cercones en los que el factor económico para el organizador tiene un peso importantísimo y que puede suponer, si los perros agarran muchos jabalíes, un quebranto económico no deseable.
En manchas cochineras, el no llevar en cada rehala uno o dos perros de agarre es un gran problema que conlleva un latente peligro para la integridad de los perros ligeros y del propio perrero. En el agarre de un buen macareno, si falta la fuerza de un alano, de un dogo o de uno de esos cruzados amastinados que tanto nos gustan, la rehala estará perdida y, seguramente, el desenlace final no será muy positivo.
La clave está en lograr el tan ansiado equilibrio para que no haya un excesivo número de agarres y cada rehala esté bien protegida por estos perros.
La raza idónea de agarre
Y aquí volvemos a las discrepancias y, como sentencia el dicho, «Sobre gustos, no hay nada escrito». Opiniones siempre hay muchas, unas esgrimidas con criterios coherentes y otras guiadas más por la pasión y por el gusto particular de cada perrero.
Yo no seré el que diga que esta raza es mejor que la otra; lo importante es que un perro de agarre sepa cumplir con su cometido, que sea valiente, que demuestre coraje cuando se ponen las cosas complicadas, que a pesar de faltarle ligereza sepa moverse bien en el monte y, sobre todo, que respete a su perrero sabiendo en todo momento quién es el que manda.
Si cumple con esas características, da igual que sea un alano, un mastín, un dogo argentino, un american standford, un pitbull, etcétera.
Es cierto que hay algunas razas que, tradicionalmente, tienen una larga historia en la montería y que a los puristas les gustan más que otras introducidas más recientemente. Pero lo importante para todos los que participamos en cualquier montería es saber valorar la figura de los perros de agarre y la función que desempeñan.
Y, para terminar…
La rehala está para empujar la caza hacia los puestos; los monteros, rifle en mano, para cumplir con los lances que disfruten desde su puesto; el orgánico para planificar y gestionar correctamente cada montería y el resto de figuras que participan en cada jornada montera, como cocineras, arrieros, postores guardas, veterinario, empresas cárnicas, etc., para realizar su trabajo lo mejor posible y que cada jornada montera nos deje esa sensación tan maravillosa de haber disfrutado de una afición llena de tradiciones, que nos hace volver temporada tras temporada a nuestras benditas sierras monteras.
Texto y fotos: Carlos Muñoz
Instagram: @miradasmonteras

