Muchos seguidores de Trofeo y de Iberalia GO! me han preguntado por qué soy tan fanático de los rifles cortos. En muchas de nuestras jornadas compartidas de tiro les ha chocado lo cortos que son todos mis rifles cuando los he sacado para probarlos.
La preguntita tiene su miga, pues los rifles y, especialmente, los cañones cortos, van en contra de lo que cree popularmente la gente: que un cañón largo da más precisión y alcance a los rifles de caza. Y, curiosamente, esto no es así.
Sé que tengo cierta fama -que me ha costado mucho esfuerzo labrarme- de tipo raro en mis gustos y preferencias sobre rifles, anteojos y calibres. Solo por citar algunas de mis rarezas y las miles de preguntas que me han hecho sobre ellas, podría señalar por qué no me gustan los calibres magnum ni los anteojos de muchos aumentos, por qué odio los frenos de boca o los bípodes Harris, o por qué no soy partidario, salvo excepciones, de las torretas de corrección de caídas.
Sobre estos temas ya hemos reflexionado alguna vez de pasada y los seguiremos tratando, pero, como requerirían mucho espacio, debemos ir por partes. Por ello, hoy voy a intentar responder a una de las preguntas que tantas veces me han hecho: ¿por qué te gustan tanto los rifles y cañones tan cortos?
Lo que sí puedo asegurar es que mis argumentos, reflexiones y conclusiones son fruto de miles de días de caza pasados en todas las sierras de España y de los cinco continentes; de miles de horas probando rifles y tirando al blanco; de innumerables jornadas tras los trofeos más raros de la Tierra, que pueden ir de un difícil marco polo en el Pamir a un durísimo grizzly en las montañas Rocosas de Canadá; de enormes palizas, sudores, hambre, frío y calor, pasados cazando en todas las montañas, desiertos y selvas de este precioso planeta.
Lo que vamos a revisar a continuación no es producto de ver YouTube, Wikipedia o foros de internet, ni de leer revistas de caza. Es fruto de una intensa experiencia práctica, tras más de cinco décadas de caza por las cuatro esquinas de la Tierra.
En la época de las miras metálicas, los cañones muy largos permitían mayor precisión porque había más distancia entre punto y alza. Pero hoy vivimos en un mundo de anteojos ultramodernos, con sistemas de corrección de caídas. El uso de los mismos ha hecho que ese argumento quede totalmente obsoleto.
Además, hay muchos otros factores involucrados en las ventajas de los cañones cortos o largos que, obviamente, nos darán, a su vez, un rifle más corto o más largo. Vamos a reflexionar sobre ellos e intentaré argumentar por qué soy tan partidario de los rifles y cañones cortos.
A la vez explicaré por qué mi armero de máxima confianza, Juan Conde, de Armería Nierenberg, se pone a temblar cuando me ve entrar por la puerta con un rifle en una mano y, en la otra, una cinta métrica para acortar el cañón 8, 10 o 12 centímetros.
Veremos los factores en los que influye la longitud de un cañón y cómo afectan al rifle en una situación de caza real, como una montería, un aguardo o un rececho.
Una de las creencias populares más erróneas que hay es que los cañones largos suelen ser más precisos que los cortos. Pues siento decirles que suele ser exactamente lo contrario.
La precisión depende mucho de la calidad del estriado, pero, sobre todo, de cómo vibre el cañón durante el milisegundo que tarda la bala en atravesarlo.
Más que cómo, se trata de que siempre vibre igual. De ese modo, asentará de la misma forma sobre los tornillos que lo sujetan, y su precisión y agrupaciones cerrarán más.
Cañones más cortos, rígidos y gruesos tienden a tener una vibración más consistente y regular. Basta ver que los tiradores de competición de Bench Rest usan cañones muy cortos. Esta modalidad, muy popular en Estados Unidos, consiste en hacer las agrupaciones más cerradas posibles. Los tiradores tienen limitado a 10 kilos el peso de sus rifles, muy especializados. Como lo que más pesa en un rifle es el cañón, tienden a utilizar cañones muy cortos y bastante gruesos.
Es lo mismo en los cañones Match, que se ofrecen como opción por muchas marcas: no son más largos, pero suelen ser más gruesos y pesados. Me costó mucho creerlo, pero, después de cortar muchos cañones y haber convencido a muchos amigos cazadores de cortar los suyos, he comprobado que nunca he perdido precisión y, en todo caso, la he ganado.
Sin duda, con un cañón más corto perdemos algo de velocidad de la bala en boca, sencillamente porque la pólvora tiene algo menos de tiempo para acelerar la bala. Pero la cuestión es si esa velocidad es tan necesaria para un tiro de rececho como muchos cazadores creen.
Aquellos que sean seguidores de mis escritos sabrán que, dentro de mis rarezas balísticas, está que no le doy ninguna importancia a unos metros más de velocidad de la bala en boca, dentro de los límites del sentido común, claro. Numerosas pruebas realizadas en Estados Unidos han estudiado la pérdida de velocidad en función del tipo de calibre y cartucho, según acortamos el cañón.
Una media razonable se puede considerar en unos 25 pies de velocidad por pulgada acortada. En medidas decimales simplificadas, esto supone unos 3 metros por segundo por cada centímetro de cañón que acortamos. Es decir, acortar unos 10 centímetros un cañón nos puede producir una pérdida de velocidad de 30 metros por segundo.
Esta cifra puede variar con factores como cañones muy largos y con mucho overbore, es decir, la relación del calibre con el diámetro del casquillo, como los supermagnums de casquillos enormes. En calibres muy rápidos, como .300 WM, 7 mm RM, .300 Weatherby o .300 Remington Ultra Magnum, la pérdida sería mayor y yo no aconsejaría acortarlos respecto de los 63, 65 o 67 centímetros con los que suelen venir.
En cambio, en cartuchos clásicos no magnum la cifra de 3 metros por segundo es casi exacta. Serían cartuchos como el .30-06, .270 Winchester, 7×64, 8×57, .308 Winchester o 9,3×62, todos muy populares en España. Personalmente, pienso que cortar 10 o 12 centímetros en este tipo de calibres nos puede hacer perder 30 o 35 metros por segundo de velocidad en boca. Pero mi argumento principal es que esta pérdida de velocidad usted no la va a notar para nada en una situación real de caza.
Si, además, entiende la puesta en tiro optimizada según el Point Blank Range que estudiamos a fondo en nuestros seminarios de tiro en montaña, compensará esa posible caída de la bala con solo mover su puesta en tiro a 100 metros, uno o dos centímetros más arriba. Y, si utiliza un anteojo con torreta de corrección de caídas verticales o retículo escalado, compensará esa caída por pérdida de velocidad simplemente subiendo uno o dos clics su tabla de tiro.
Por ello, muchísimos francotiradores militares han usado el calibre .308 Winchester, equivalente al 7,62×51 de la OTAN, para realizar tiros a muchos cientos de metros de distancia. Y hoy el calibre más popular en tiro a larga y muy larga distancia es el 6,5 Creedmoor, a pesar de su velocidad moderada.
Esos rifles de entre 92 y 100 centímetros de longitud total serán mucho más cortos, ligeros, compactos y manejables que un supermagnum de 115 o 117 centímetros de longitud. También serán más cómodos de llevar en la espalda en un duro y complicado rececho por terrenos quebrados, donde un rifle de 115 centímetros será mucho más fácil que se enganche en pasos difíciles y rocosos. Esto puede resultar peligroso si le desequilibra, como ya ha ocurrido en accidentes de montaña.
Y no digamos si cazamos entre bosques y montes cerrados. La diferencia entre un rifle que sobresale colgado del hombro 30 centímetros y uno de mis cortos rifles de rececho, que apenas sobresalen 5 o 10 centímetros, es abismal. Este es uno de los motivos por los que soy tan aficionado a los monotiros, salvo para montería.
Es obvio que, al no tener cerrojo, cargador ni acción, son unos 10 o 12 centímetros más cortos que un rifle de cerrojo del mismo calibre y con la misma longitud de cañón. Mi Blaser K95 monotiro del .270 Winchester mide un metro exacto de longitud total, con 61 centímetros de cañón, mientras que muchos rifles de cerrojo del mismo calibre miden 110 centímetros o más. Además, es el rifle más preciso y que mejor agrupa que he probado en mi vida.
Mi Merkel monotiro, también del .270 Winchester, tiene el cañón acortado a 52 centímetros, suficientes para quemar la pólvora del suave .270 Winchester. Su longitud total, una medida muy poco conocida y apreciada en España, es de 91 centímetros. Aparte de tirar muy bien, es el rifle más corto, compacto y manejable que jamás he tenido entre mis manos.

Un viejo Mauser militar, que fue de mi padre. Su largo total de sólo 90 cm lo hace ideal para moverse dentro de una torreta de aguardo rumana.
Pues precisamente en montería y ganchos es donde más va a notar usted la ventaja de un rifle corto y compacto. Con su longitud tan corta, el peso quedará entre sus manos y será mucho más fácil hacer el swing y adelantar la mano lo suficiente en un guarro a todo trapo. Los tiros en montería suelen y deben ser cortos, digamos entre 30 y 150 metros, donde no le influirá para nada esa pérdida de 30 o 40 metros por segundo en boca que supone llevar un cañón más corto.
Utilizo desde hace décadas un Blaser R93 Stutzen, es decir, de madera hasta la boca. Su calibre 9,3×62, por su velocidad moderada, es perfecto para cañones cortos como el que lleva, de 50 centímetros. Su longitud total es de 91 centímetros. Le aseguro que, si se lo encara, se va a quedar asombrado del balance y la comodidad de swing para tirar a tenazón, y de lo fácil que es adelantar los tiros a guarros a todo trapo.
Compare su balance con el de su supermagnum de montería, que mide unos 25 centímetros más de largo, pues suelen medir 115 o 116 centímetros. Ya verá cómo, después de probarlo, no va a parar hasta encontrar algo parecido. También puede, como yo digo cariñosamente, meterle la motosierra a esa espingarda antiaérea que usted consideraba lo máximo: su .338 Winchester, su 8×68 o su .300 Weatherby, de descomunal velocidad y también retroceso.

Vuelvo a lo que tantas veces he repetido. Lo que matará a su presa de un modo rápido, ético, limpio y eficaz no serán las cifras de velocidad y energía que dé un ordenador o una tabla de tiro teórica del móvil. Lo que abatirá su presa será la colocación de su bala en el sitio correcto; será conocer su rifle y manejarlo como si fuera una extensión de su brazo derecho, que le permita colocar las balas casi instintivamente en su sitio.
Le aseguro que eso le será mucho más fácil con un rifle corto, compacto y manejable, cuyo balance y peso se quede entre sus manos y de un calibre cómodo de disparar. Colocará los tiros mucho mejor, tanto en rececho como en montería, que con un supermagnum de 115 centímetros, o incluso 120 centímetros si le añade uno de esos frenos de boca hoy tan de moda.
Además, su potente rifle pesará un kilo más, será mucho más cabezón al encarárselo y tendrá un retroceso insoportable que, probablemente, le hará anticipar ese retroceso y caer en el problema del flinch o gatillazo, del que ya hemos hablado.
Como despedida solo puedo decir que esta es mi humilde opinión. Humilde, pero basada en cazar en los cinco continentes la mitad de la fauna del mundo y hacer cazar delante de mí, a mis amigos y clientes, la otra mitad. Pero, como siempre digo, yo solo puedo contárselo; la decisión final siempre será suya.
Texto y Fotos
Roque Armada
Director de la Escuela de Tiro de Iberalia TV