Consejos para la montería: cómo actuar en el puesto de caza

Repasamos las claves para comportarse en el puesto, interpretar las señales del monte y afrontar cada lance con seguridad.

En mi opinión y como a mí me enseñaron, hay tres claves: el olor, el ruido y la «ocultación» en el puesto. La primera es preparación, sobre todo; la segunda y tercera son comportamiento en nuestra postura.

Ropa

 

En lo referente a la ropa y no me meto en estilos, que eso es cosa de cada uno y de dónde y con quién caza, sí hay dos cosas que hay que preparar de víspera en lo referente a la ropa: yo evito prendas que puedan ser ruidosas al moverme y evito ir «perfumado» el día de autos, nada de desodorantes olorosos, colonias y ¡ojo con el olor de la indumentaria! Cierto es que, si estamos cargando aire, va a dar un poco igual, pero si hay poco aire se lo pondremos más fácil al «bicho».

Carreras, escapes y trochas

 

De todo montero es sabido que cuanto menos se «moleste» al campo hasta que todos los cazadores estén colocados, mejor para todos; así que, sigilo en el camino al puesto. De hecho, el camino al puesto nos da mucha información sobre las posibles carreras y escapes de las reses.

Desde pasos naturales donde se observa el transitar de las reses, las trochas o gateras donde los jabalíes entran y salen de la maleza, el maíz podrido sin comer o los excrementos o huellas más frescas que nos indicarán la presencia reciente y/o habitual o no de animales en la zona…

cazador de monteria en revista trofeo caza

Esta información es sumamente útil, ya que si, por ejemplo, vemos una clara gatera donde, además, no crece la hierba a la derecha del puesto y a nuestra izquierda es todo jara tupida, es más probable que un cochino tome esta vía conocida de escape a que se ponga a romper monte, aunque todo es posible, por lo que enfocaremos nuestra vista principalmente a donde vemos evidencias de paso a una zona que esté completamente cerrada de maleza.

Primeros pasos en el puesto

 

Una vez que me quedo solo en el puesto, además de saludar y marcar a los puestos vecinos, personalmente, yo suelo descargar los bártulos en el suelo, lo más cercano a la marca del puesto y, a poder ser, en el borde de los sucio, si lo hay, o en la base de algún árbol para, acto seguido, desenfundar el arma, cargarla y asegurarla.

Con el rifle colgado al hombro, mi siguiente paso es abrir el macuto y disponer de todo aquello que vaya a necesitar en función del puesto: en puestos largos, los prismáticos con telémetro, el agua para beber, el banco, el taco y las balas adicionales para una recarga rápida.

No es la primera vez que nada más llegar al puesto se ha levantado algún guarro y he tenido oportunidad de hacer un lance temprano, en algunas ocasiones aprovechado y, en otras, perdido por no estar aún preparado.

Interpretamos las ladras

 

En función de si estamos pegados a la suelta es habitual estar en máxima alerta en los primeros compases de la montería aun cuando hay quietud y silencio.

Con los años, uno aprende a interpretar las ladras y a entender que una ladra aguda y continua suele llevar premio y lo que sea que persigue el puntero suele ir unos metros por delante, a veces muchos metros, con lo que, cuando oímos la ladra incipiente, la atención no debe ser hacia la ubicación de los perros, sino a lo que, posiblemente, va delante y es ahí donde las gateras y las trochas tienen más posibilidad de ser la vía elegida por el animal que escapa.

cazador tirando en monteria en revista trofeo caza

Pasa la rehala a la carrera y no hemos visto lo que perseguían… Atentos, porque tampoco sería la primera vez que el guarro se ha revuelto o parado y sale tras los perros o vuelve tras darles esquinazo.

Silencio y atención

 

En caso de estar en una zona sorda o alejada aún del transitar de los perros, yo soy de mantener silencio máximo en el puesto y moverme lo mínimo indispensable, ya que, a veces, las reses, sobre todo las adultas, emprenden una huida sigilosa y una y otra vez te sorprenden al pasar de manera silenciosa sin una ladra ni siquiera lejana.

Recuerdo un puesto en una de las monterías del Real Club de Monteros en la que dominaba varias posturas en la parte baja de la mancha y pude ver como a dos monteros entretenidos en charla y taco se les colaban cuatro guarros en distintos momentos de la montería. Es seguro que a mí también se me habrán colado otros tantos mientras miraba a otra parte…

A veces hay señales no escritas que ayudan a intensificar nuestra atención: una espantada de pájaros sin perros de por medio puede indicar la presencia de un animal escapando silenciosamente. Movimiento de alguna piedra o hojas en el suelo son claros indicadores de la presencia de un animal en movimiento.

El lance

 

Los animales a la carrera pueden tardar en vernos, pero nada más hacerlo cambiarán de trayectoria, saltarán y emprenderán carrera, mucho más rápida, de escape.

Para evitar esto en tiraderos abiertos, lo mejor es pegarse bien a un tronco, a un mato de retamas o al escondite que nos permita el puesto y dejar cumplir la res que, aunque al cazador novel le pica el gatillo, es mucho más noble y satisfactorio dejar cumplir la res y garantizar un lance certero y terminal que liarse a tiros y fallar o, peor aún, dejar al animal herido.

Si hemos acertado el lance y el animal ha caído muerto, no toca acercarse hasta acabada la montería, ya que, además de peligroso, es egoísta con nuestros vecinos porque les restamos tiradero y podemos ahuyentar a otras presas en la zona.

rifle de caza en revista trofeo caza

En el caso de que yazca malherido, pero no muerto o esté agarrado por los perros, nos acercaremos al remate siempre avisando a los vecinos previamente. No desenfundaremos el cuchillo hasta que llegue el momento, porque no hay nada más peligroso que echarse al monte con un cuchillo de remate desenfundado.

Nunca emplearemos el rifle en presencia de los perros o contra otra res que veamos fuera de nuestra postura, ya que el organizador ha velado por la seguridad de los disparos desde los puestos, no desde cualquier punto de la mancha.

Taco y candela

 

En lo referente al taco hay una serie de cosas que para mí están vetadas en montería y, normalmente, son aquellas que o bien que son ruidosas al abrir (bolsas de patatas, latas, por ejemplo) o al comer (picos o regañás) o ensucian mucho las manos (cosas muy aceitosas o pegajosas).

Sobre la candela o el fuego en el puesto, hay quien defiende que no afecta y quien dice que sí. Personalmente, sólo hago fuego en caso de necesidad y aburrimiento; es decir, en caso de mucho frío y quietud prolongada.

Hablar o no en el puesto

 

Pues en puestos largos y abiertos, sin problema, pero en voz baja; en cortaderos o posturas muy cerradas, lo mínimo y en susurros. Si vamos acompañados debemos indicar a esta persona dónde ubicarse y cómo actuar en cada situación para evitar molestias y riesgos innecesarios.

ciervo en revista trofeo caza

 

Armas y cartuchos

 

Si doblamos puesto, yo suelo doblar muchas veces, se trata de tener sólo un arma desenfundada y cargada y que sea sólo un cazador el que tenga la capacidad de disparar en cada momento.

Yo suelo echar a suertes quien empieza y luego hacemos turnos de diez o quince minutos hasta que uno de los dos dispare y mate, en cuyo caso el turno pasa al otro cazador o bien hasta que tenga su oportunidad o hasta que ceda el arma al otro.

Y, finalmente, sobre cuántas balas llevar al puesto… Pues casi nunca disparamos más de tres o cinco disparos, pero a veces tenemos esos días de fortuna en los que vaciamos una caja, o casi, o la sobrepasamos. Yo nunca llevo menos de una caja y, habitualmente, más bien casi dos cajas completas.

Autor: Joaquín de Lapatza