Los problemas de piel en los perros de caza

Leandro nos remitió la siguiente pregunta sobre un dogo argentino:

«Hace unos meses le quitamos a mi perro un tumor que no era maligno, por suerte salió todo bien y me recomendaron que no esté mucho al sol. Ahora le han salido unos puntos bajo el pelo, a modo de alergia, en las patas y en el morro. Consulté a todos los veterinarios que pude y nadie me supo aclarar nada. Espero que ustedes me puedan ayudar porque ya no sé qué más hacer. El perro tiene 6 años, es un perro muy bueno. Espero su respuesta, muchas gracias.»

Comenzaré con un par de observaciones sobre la piel. La primera de ellas es que la piel es un importante órgano. No siempre somos conscientes de las importantes funciones que tiene para el correcto funcionamiento del organismo, como proteger del medioambiente, barrera defensiva, regulación de la temperatura, percepción sensorial, control de la presión sanguínea, acúmulo de grasa, etc.

Además, y desde el punto de vista clínico, es casi el único órgano que podemos ver y observar sus lesiones directamente. Por comparar, cuando un órgano como el hígado o el riñón enferman solo los podemos ‘observar’ mediante pruebas indirectas, como radiografías, ecografías o análisis.

La piel y sus patologías las observamos en directo, a pesar de lo cual no siempre es fácil llegar a un buen diagnóstico, sobre todo porque muchas patologías son similares, con cuadros clínicos muy parecidos.

Hecha esta introducción, comienzo repitiendo una vez más que a través de las preguntas de nuestros lectores nunca es posible llegar a un diagnóstico, y los comentarios aquí reflejados tienen una función exclusivamente informativa.

En esta ocasión, las fotos que nos ha remitido nuestro lector son muy orientativas y compatibles con una infección de piel, lo que técnicamente denominamos pioderma.

Como comentábamos antes, una de las importantes funciones de la piel es la de constituir una barrera que separa a los animales del exterior y permite un entorno idóneo para el funcionamiento de los órganos en el interior del organismo. Esta barrera tiene que tener unas defensas que mantengan a raya a los microrganismos que les pueden causar daños.

Las defensas son de tres tipos: físicas, químicas y bacterianas.

DEFENSA FÍSICA 

La primera defensa es física, y está constituida por el estrato superficial de las células de la piel, queratinizadas y duras. Esta capa está cubierta por una emulsión de grasa y sudor, rica en ácidos grasos, especialmente ácido linoleico, que tiene una importante función desinfectante.

Además dispone de sales inorgánicas e inmunoproteínas que inhiben el crecimiento de las bacterias y que conforman la defensa química. Incluso la piel tiene su población bacteriana propia, de bacterias saprofitas, que compiten con las bacterias patógenas y llegan a producir sustancias ‘antibióticas’ que evitan que las bacterias dañinas colonicen la piel: las defensas bacterianas.

Pero a los veterinarios nos gusta mirar un poco más allá, y preguntarnos: «¿Por qué, en esta ocasión, no han funcionado las barreras defensivas?».

Cuando no funcionan las defensas naturales, suele haber algo más. En este caso se intuye un problema alérgico previo que ha hecho que las defensas estén disminuidas.

Los perros sufren con mucha frecuencia problemas alérgicos de piel, que denominamos atopias, y que terminan provocando un proceso inflamatorio llamado dermatitis, y que a su vez provoca que las defensas disminuyan o desaparezcan.

Parece que este caso es debido a un proceso alérgico denominado atopia, que ha provocado una inflamación de la piel, la dermatitis, y a consecuencia de esto ha terminando en una infección denominada pioderma. En algunos libros esta combinación de patologías las denominan piodermas superficiales alérgicas, y se da con mayor frecuencia en perros de pelo corto y edad media, como es el caso.

CÓMO TRATAMOS EL PROBLEMA

Estas explicaciones de la patogenia de la enfermedad son siempre interesantes, pero lo que realmente importa a los dueños es: ¿Qué debo hacer para curar a mi perro? Pue, como vemos, por un lado tenemos que evitar la infección y por otro mantener bajo control el proceso alérgico.

Normalmente, cuando ponemos un tratamiento para las infecciones superficiales de piel, se suele tener una buena respuesta en las semanas siguientes. Este tratamiento consiste en dos acciones. La primera es utilizar un antibiótico, lo más selectivo posible para la piel y por vía oral.

Suelen ser tratamientos largos, de un mínimo de tres semanas, y puede llegar hasta las ocho semanas. Además, ayuda mucho aplicar tratamientos directos sobre la piel, como son baños con champús especiales para infecciones de piel.

Otro asunto es la alergia. Las alergias de piel en los animales atópicos hacen que los consideremos pacientes crónicos, es decir, van a padecer la patología de por vida y hay que saber manejarla y convivir con ella. La manera de enfocar el manejo de esta enfermedad es complejo, ya que cada animal puede padecer alergias frente a diferentes agentes y en diferente grado, por lo que ningún paciente es igual a otro.

Cuando son alérgicos a la comida, si se evita el alimento que provoca la reacción, se suele conseguir un control del problema. Si el perro es alérgico a lo que denominamos agentes ‘ambientales’ (ácaros, pólenes, etc.), el tema se complica. Pero lo que más complica todo es que la mayoría de los perros son alérgicos a más de un componente –los muy alérgicos reaccionan a muchos alérgenos–, y además con la edad suelen aumentar las alergias.

Como indicaba, para controlar las alergias lo mejor es evitar el contacto con el alérgeno, pero esto muy pocas veces es posible, por lo que es necesario el manejo a base de medicinas. La respuesta a los corticoides es casi siempre muy buena; el problema es que tienen muchos efectos secundarios, por lo que no se pueden utilizar a largo plazo y se reservan solo para brotes puntuales en algunos pacientes. Además están contraindicados cuando existe una infección en la piel, tal y como es el caso que estamos tratando.

Como tratamiento a largo plazo se viene utilizando la inmunoterapia a base de vacunas especialmente diseñadas para cada paciente. Más recientemente ha aparecido una nueva generación de medicamentos, algunos por vía oral y otros en inyecciones, que ayudan al control de la atopia a largo plazo y con menos efectos secundarios, como son los inhibidores de enzimas o los anticuerpos monclonales.

En resumen, este caso es sugestivo de una alergia cutánea, con un cuadro de infección de piel secundario. Todo lo que he indicado es la base teórica sobre la que trabajamos los veterinarios, pero tengo que indicar –es importante saberlo– que para llegar a un diagnóstico exacto suele ser necesario hacer una serie de pruebas de laboratorio.

Existen una serie de análisis clínicos, específicos para la piel, que nos llevan al diagnóstico correcto. Hay que recordar que sin un buen diagnóstico no se puede poner un buen tratamiento.

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