Otro día de perdices en el Bonillo

Nuevo viaje a la patirroja. Tercero de esta temporada. Esta vez me ha acompañado Mauro. Me he dejado a Blaki en casa hasta que se recupere de la operación. He avisado a Kiko y a Elías para decirles que íbamos sin perro. Kiko tiene varios perros en la finca y nos han dejado uno. Una preciosa braca de nombre Chula que lo hizo francamente bien.

Hemos vuelto a cazar en Fuente Agria. Empezamos a cazar un poco más tarde de lo habitual para evitar el hielo de la madrugada.

La lluvia de los últimos días le ha sentado muy bien al campo. Las siembras empiezan a verdear y el contraste de colores durante el otoño de campos sembrados y barbechos es muy típico del paisaje castellanomanchego.

Subiendo por el camino con el coche empezamos a ver las primeras perdices que apeonan sin ningún miedo al vehículo. No hace mucho que ha pasado Cesáreo con el tractor, tirando comida por los caminos. El coto está muy cuidado con bebederos y comederos dispersados por todo el acotado.

En la mano Elías va por el centro con la perrita para mover más caza. La noche ha sido gélida y en las umbrías se puede ver la escarcha de la noche anterior.

El sol luce con fuerza. Apenas hace viento. Las perdices apeonan a gran distancia. El frío las hace estar más fuertes. Vuelan muy largas.

Vemos perdices, pero nos torean. Chula rastrea muy bien y tiene buenos vientos. A pesar de no conocernos, no se aleja de Elías.

Mauro va por arriba y yo por abajo. Elías me canta una perdiz que descuelgo de primer tiro. Enseguida otra se deja caer barranco abajo. Menos mal que llevaba las gafas de sol puestas porque si no el sol me hubiera deslumbrado y no le hubiera podido tirar. La engancho y cae echa una bola dentro de un reguero. Consigo verla por el aleteo.

Chula saca un conejo que baja barranco abajo huyendo del perro. Elías me avisa. Cruza el reguero, lo dejo pasar para no deshacerlo porque estaba muy cerca. Se lleva algún plomo en la cabeza que le hace brincar en el suelo y cuando voy a cogerlo se recompone y sale barranco arriba, como si tal cosa. Yerro en los dos disparos. Menos mal que luego he enganchado uno en medio de un sembrado a más de 65 metros que cruzaba de un pedregal a otro.

No he conseguido dormir en toda la noche y eso se nota en los reflejos. Hoy se han dado pocas oportunidades de tirar a las perdices y había que aprovecharlas todas. He desperdiciado una de las mejores cuando de mi lado han volado dos perdices cara al sembrado. He errado la primera y cuando estaba siguiendo la segunda para apretar el gatillo, Elías me ha cantado otra por detrás y en lugar de disparar a la que ya tenía en el punto de mira, me he girado a buscar la otra. Y al final, ni una ni otra.

Llevábamos pocas perdices cobradas y la mañana iba avanzando. Estábamos todavía muy lejos del cupo. A mitad de mañana hemos parado a tomar un taco para reponer fuerzas. Mauro ha traído para cazar una escopeta superpuesta del calibre 20 de la marca italiana Abbiatico & Salvinelli. Cada vez se están imponiendo más las escopetas del calibre 20 para la caza porque son mucho menos pesadas. La diferencia puede ser de un kilo entre una del 12 y una del 20. Y eso, cuando llevas un par de horas con la escopeta a cuestas se nota. El 20 puede tirar cartuchos de hasta 32 gramos y en todos los perdigones. Además, el calibre 20 permite tiros más largos al ser más cerradas con el mismo choque.

La segunda vuelta se ha dado algo mejor, sobre todo, para Mauro que ha conseguido colgarse media docena de patirrojas.

Cuando nos hemos dado cuenta pasaban de las dos del medio día y aún estábamos en el campo.

 

Patricio Simó.

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