Desde antaño, la ética en la montería siempre ha estado presente, rigiéndose por una serie de normas que, a lo largo de su historia, han marcado su día a día y el buen o mal hacer de todos los que participan en esta modalidad de caza tan arraigada en nuestra cultura ibérica.
Es cierto que, con el paso de los años, la montería ha cambiado. En algunos casos se ha mejorado, pero en otros, desgraciadamente, se están olvidando tradiciones que nunca deberían desaparecer.
El título de este artículo genera preguntas, opiniones diversas y algunas controversias en el momento de catalogar una mancha como cercado o cercón y si el día de caza se puede catalogar, a la hora de montear en ella, como auténtica montería.
Los monteros puristas que han vivido otras épocas monteras seguramente argumentarán que el cazar en cercones no es verdadera montería y que se pierde la esencia de esta forma de cazar.
Como todo en la vida, el paso del tiempo va cambiando a las personas, las aficiones y las formas de practicarlas. En algunos casos, las monterías actuales no tienen nada que ver con la que se celebraban hace cincuenta años, con una forma de montear diferente, con menos innovaciones técnicas en las armas, carriles que difícilmente se podían transitar, a no ser con los queridos Land Rover que, a día de hoy, siguen acompañando a muchos monteros en el campo.
Eran otros tiempos, ni mejores ni peores… eran diferentes.
Las monterías eran menos comerciales y la incertidumbre siempre estaba presente a la hora de montear una mancha.
Las monterías del siglo XXI han cambiado radicalmente en muchos aspectos: empezando por la estética en la forma de vestir, en las formas de montear, el respeto por las rehalas, el valorar las tradiciones heredadas de nuestros padres y abuelos, los avances tecnológicos y muchos otros factores que han cambiado nuestra montería ibérica.

Siempre que hacemos una valoración de algo y más en nuestro querido mundo de la montería, existen unos límites que pueden estar condicionados por opiniones, gustos, enseñanzas recibidas y, sobre todo, por un factor importantísimo que influye de manera determinante en nuestras opiniones y que no es otro, que la objetividad o subjetividad en las opiniones expresadas.
Sobre la forma de montear y esa delgada línea entre la ética montera y su ausencia, han corrido ríos de tinta con opiniones de todos los colores.
Sirvan estas frases para intentar, desde mi humilde experiencia sustentada por una larga vida monteando por toda la geografía montera española, clarificar un poco las diferencias y esos límites que las marcan.
Fincas cercadas, malladas, cerradas… cada uno las llama de una forma, pero, en el fondo, el significado es el mismo.
Ya no hay fincas pequeñas que se puedan cerrar con valla cinegética. La actual normativa exige una superficie mínima para cerrar una finca de 1.000 hectáreas, por lo que ya estamos hablando de fincas con una superficie grande y, si son quebradas, las distancias son mucho más largas que en una finca prácticamente llana.
Por lo tanto, hablamos de grandes fincas y, si no tienen cerramientos interiores, las reses campan a sus anchas, conocen cada palmo de su territorio y saben las trochas más ventajosas a la hora de despistar a los perros de rehala. Un venado en un cercado de estas dimensiones, si traspasa una armada de cierre, seguramente no será visto de nuevo por ningún montero que participa en la montería.

En estas manchas, obviamente, la superficie a cazar es mucho más pequeña y siempre rodeada perimetralmente de una valla reforzada y, normalmente, sin gateras.
En la mayor parte de estas manchas, la especie predominante es el jabalí y, en muchos casos, se hace una selección muy bien definida del equilibrio entre machos y hembras con el fin de satisfacer la demanda de los cazadores. Obviamente, un cercón en el que se dan garantías de un número de abates de grandes machos, costará mucho más que una mancha en la que no se dan dichas garantías.
Sobre la eterna polémica sobre si los cercones son verdadera montería, como dice el refrán, sobre gustos no hay nada escrito.
Por una parte, los cercados dan a los monteros muchas alegrías, ya que, normalmente, son fincas muy cuidadas, con una población sana gracias a los controles veterinarios que se realizan y con una calidad de trofeos superior a cualquier finca abierta.
Por supuesto que, si la forma de montear en este tipo de fincas se basa en el respeto de las tradiciones monteras, dando el valor que se merece la montería, cuidando las formas, la estética y demostrando en todo momento respeto por esta forma de cazar –tanto por el organizador, los monteros, rehaleros, como por cualquier persona que participe en la montería, entonces, podemos decir que estamos monteando siguiendo la tradición.
Una finca cercada con una gran superficie en la que venados y jabalíes, a pesar del cerramiento, siguen teniendo ventaja sobre rehalas y monteros, se coloca el número justo de puestos para no saturar la mancha, se ponen cupos para guardar el equilibrio poblacional y se caza éticamente…, en este caso, nada que objetar.
Y, ahora, veamos los cercones… Cuando hablamos de este tipo de manchas, siempre van a aparecer muchas polémicas sobre si es caza ética o no.
Obviamente, cazar en un cercón es muy diferente a cazar en una finca abierta o en una cercada con una gran superficie.
En los cercones, la garantía de abates siempre está presente y, por lo tanto, se pierde esa incertidumbre que en cada montería nos invade a todos los monteros sobre lo que nos va a deparar la jornada montera.
Para las rehalas el cazar en un cercón multiplica el riesgo y las no deseadas bajas. Son superficies pequeñas, con gran cantidad de grandes jabalíes con un comportamiento muy diferente a los que habitan las sierras abiertas y que siempre provocan situaciones complicadas tanto para los perros como para sus perreros.
Y, para finalizar…Yo, personalmente, defenderé siempre la caza ética en todas sus modalidades, sea caza mayor o menor. Cazando con educación, respetando al resto de cazadores y, sobre todo, no convirtiendo el ejercicio de la caza en una competición en la que prevalezca el cuánto antes que el cómo.
Cada uno es libre de disfrutar de su modalidad de caza preferida como estime oportuno, pero siempre acatando las normas.
Siempre respetaré la decisión de cada cazador que quiera cazar en una finca abierta, cercada o en un cercón.
Yo intentaré seguir disfrutando de la montería, sea desde un puesto o tronchando jaras con mis queridos perros de rehala, pero siempre con una actitud basada en el respeto de las tradiciones y el buen hacer en el campo.
Autor: Carlos Muñoz

