¿Está la caza en peligro de extinción?: El relevo montero

Mientras el campo revive, algunos titulares en prensa lanzan un mensaje inquietante: “España se queda sin cazadores”

 

El agua, la vida… y la caza

La lluvia cae a raudales. Un día tras otro, el cielo se abre y transforma el paisaje. Las escorrentías en los cantones forman pequeñas cascadas, las fuentes brotan con fuerza, los veneros se llenan, y el campo —por fin— respira. El gris del cielo, las nieblas, y las nubes bajas se funden con el verde pardo del olivar y los tonos ocres de la tierra. La sierra, empapada y desbordada, se regenera. El milagro del agua está obrando su magia. El ciclo de la vida continúa, y este año, con un invierno tardío pero auténtico, parece que el fantasma de la sequía empieza a alejarse.

Confiemos en que así sea.

¿Está la caza en peligro de extinción?

Mientras el campo revive, algunos titulares en prensa lanzan un mensaje inquietante: “España se queda sin cazadores”. Lo afirman basándose en un estudio publicado en la revista People and Nature, del que se han hecho eco varios medios. Según este informe, la incorporación de jóvenes a la actividad cinegética ha disminuido un 89 % en los últimos 50 años y el número de cazadores se ha reducido a la mitad.

¿Es esto cierto? ¿Estamos ante el ocaso de una de nuestras tradiciones más antiguas?

 

 

La realidad que yo conozco

No sé con qué intención se ha difundido ese mensaje ni si los datos son precisos. Pero sí puedo hablar de lo que conozco, de lo que he vivido año tras año. En el entorno montero que frecuento, la realidad es muy diferente: la caza goza de buena salud y el relevo generacional está, por ahora, asegurado.

He visto crecer a niñas y niños en el monte. Primero como morraleros, acompañando a sus padres o abuelos, aprendiendo con respeto y entusiasmo. He compartido monterías en las que se resguardaban del frío envueltos en mantas, o buscaban sombra bajo un chaparro en días de octubre. Los he visto escuchar, embelesados, las historias de los mayores junto a la lumbre. He sido testigo de cómo, con ilusión contenida, daban el salto de oyentes a protagonistas, alcanzando su sueño de abatir su primera res y ser nombrados monteros —o monteras— con todos los honores.

Ese día, la emoción en sus ojos decía más que cualquier palabra. El orgullo, el respeto, la herencia recibida. Y las miradas de sus compañeros, sabiendo que su momento también llegará.

 

 

Un reflejo de la sociedad actual

Hoy en día, ellas y ellos participan por igual. La montería es también un reflejo de la sociedad abierta en la que vivimos. Ambos recogen el testigo y aprenden lo que dictan los cánones: respeto, normas, compañerismo. Amistades forjadas en jornadas de lluvia, frío, sol o penurias, pero también de alegrías y vivencias compartidas. Vínculos tan fuertes como los que canta Carole King en su famosa canción: “You’ve got a friend”.

 

 

Que hablen las cifras… pero también el monte

No sé si las estadísticas son correctas o si, por el contrario, buscan difundir un mensaje interesado. Lo que sí puedo afirmar, al menos desde mi experiencia, es que la caza, en su esencia más pura y tradicional, sigue viva. Y que el relevo generacional, al menos en el entorno que me rodea, gracias a Dios, está garantizado.

 

Texto y fotos: José Manuel López Carrasco.