Damos comienzo a la nueva temporada de caza

Se abre la veda general y ya andamos nerviosos tras meses sin pegar un tiro.

Ya lo tengo todo preparado. Además, este año, con la ilusión añadida de llevarme por primera vez a la pequeña Tiza, una preciosa labradora de color chocolate de siete meses que ya ha mordido alguna pieza. Y, por supuesto,  a mi fiel compañero Blaki, que sin él la caza no sería lo mismo.

Hace unos días compré los cartuchos. Este año voy a tirar 32 gramos y séptima, en lugar de 34 gramos. Las paralelas suelen ser pegonas y, además, el cartucho de 32 gramos es más rápido.

Cada vez se emplean gramajes menores. Tengo amigos cazadores que cazan con 28 gramos y perdigón del 7,5 y no les va mal. A veces pensamos, equivocadamente, que cuantos más gramos de plomo lleve el cartucho, más posibilidades tenemos de abatir una pieza.  Y esto es una verdad a medias. Un cartucho de sexta de 32 gramos puede ser igualmente de efectivo que uno del 7 y 36 gramos.

Después de renovar los permisos y licencias, solo me falta por recoger la paralela, que  llevé a la armería para que Salva me pusiera el embellecedor del guardamano. Le he dicho que, si es posible, me ponga mis iniciales. Mi tío Vicente llevaba grabadas sus iniciales en las escopetas: en la jabalina y en otra de perrillos que me regaló.

He hablado un par de veces con Elías, que esta temporada volverá a estar con nosotros, acompañándonos  para ver cómo se presenta la temporada. En principio, si no llueve, mal.

cazador en revista trofeo caza

En La Mancha y, en concreto, en El Bonillo ha llovido muy poco esta primavera y este verano.

Este año quiero probar a cazar en el coto La Carolina, en Ossa de Montiel. Este verano después de pasar un día de codornices estuve allí con Fran, que es el encargado de gestionar el coto, y hemos quedado en ir en octubre. El coto lo tiene muy cuidado y hay bastante densidad de perdices y conejos.

Le he preguntado si podemos ir el día 8 y me ha contestado que mejor esperar a que refresque  “a ver si nacen las rochas y se envardinan las perdices”. Hacía tiempo que no escuchaba el término envardinar.

Decir que las perdices “se envardinan” significa en el argot cinegético y rural que empiezan a comer los brotes verdes de la hierba y de las nuevas siembras que brotan con las primeras lluvias de otoño.

También he hablado con mi compañero de batallas, Jorge Bolás, que este año quiere entrar en un coto, también en Ossa de Montiel, aunque me ha prometido que vendrá igualmente a cazar a la patirroja.

Jorge y yo mantenemos un pique sano para ver quién de los dos se cuelga más perdices. Y he de reconocer que, algunas veces, me lo pone francamente muy difícil. Nos conocemos desde el colegio y es un cazador como la copa de un pino.

Ahora solo queda esperar. Esperar a que llegue ese primer día de caza, a que amanezca y volvamos a pisar el campo después de tantos meses.

Tengo ganas de escuchar los primeros tiros, de ver cómo se presenta la temporada y, sobre todo, de ver a Tiza en acción. Será su primera temporada de verdad y no sé qué nos deparará, aunque ilusión no nos falta.

A su lado estará Blaki, que ya sabe perfectamente lo que significa salir al campo y que, seguro, tendrá mucho que enseñarle.

Autor: Patricio Simó