Apurando los últimos días en El Bonillo

El día ha comenzado fresco, pero luego ha salido un sol radiante, aunque con el termómetro a 4 grados. El campo rezuma algo más de frescura debido a las últimas lluvias. Las siembras empiezan a verdear con más fuerza. El agua les ha sentado bien. El barro se pega en las botas al cruzar los sembrados.

Hoy hemos cazado Mauro, Jero y yo en Fuente Agria, un cazadero algo más duro con repechos y barrancos. Hay zonas con muchas carrascas y chaparros.

Las perdices siguen igual de esquivas. Están muy fuertes. Bromeando entre nosotros comentamos que Kico no debería darles tanta comida y que podría mezclarla con algún sedante.

Cesáreo con el tractor va delante de nosotros regando de comida los caminos.

Hay que aprovechar todas las opciones porque las perdices se las saben todas y más a esta altura de la temporada que las perdices están muy tiroteadas.

Elías marca la mano para meter las perdices en el centro. Hay que volarlas antes para poderles tirar. Mauro que no lleva perro va por la izquierda., a continuación yo y Jero, cerrando la mano.

La primera vuelta se ha dado regular con pocas perdices y pocos tiros. Yo he errado un par de patirrojas muy buenas. Una volada por Elías cara a mí que le he visto todos los colores. Perdices que normalmente fallamos porque levantamos la cara y hacemos el tiro alto. Yo tiro mejor cuando tiro a tenazón que cuando apunto la caza. Cuando quiero apuntar para asegurar el tiro suelo fallar. Hay gente que tira mejor apuntando y siguiendo la caza. Nunca he sabido y en el tiro al plato me pasa lo mismo.

Blaki caza más a la mano. No se alarga tanto. Como nos decían cuando éramos pequeños: mejora adecuadamente. Ha cobrado una perdiz alicortada en un sembrado que nada más verla caer ha ido a por ella. Le falta traer la caza, pero los labradores, más que perros de muestra suelen ser buenos cobradores.

Un incidente que podría haber acabado en tragedia

A mitad mañana hemos parado a tomar el taco. Sin darme cuenta dejé la escopeta abierta, pero con los cartuchos dentro, al sacar otra de las escopetas esta se cerró de manera fortuita con tal mala fortuna que cuando me disponía a coger el arma se ha disparado en el interior del coche, sin provocar ningún accidente, solo daños materiales en el vehículo y en algunas prendas de vestir. Afortunadamente, la puerta estaba cerrada y no se encontraba ninguna persona al otro lado, pero el susto ha sido gordo.

En la segunda vuelta y con el miedo todavía en el cuerpo, la perrita de Jero, una preciosa pointer, me ha cobrado una perdiz pinchada de la primera vuelta.

Mauro ha empezado cazando con la Purdey que tiene unos choques más cerrados y un cañón de 78 que permite unos tiros más largos. Más tarde ha cambiado por la del 20 que es menos pesada.

Aprovechamos la vuelta para hacer un pequeño ganchillo. Jero espera en una punta, escondido tras unas retamas y baja cuatro en un momento. Tras ellas es complicado tirarles, pero para hacer un buen ganchillo se necesita más gente. La mañana se anima.

Comienzo a bajar algunas perdices, tras un mal inicio. En la primera vuelta solo he conseguido abatir dos perdices. Las mismas que Jero.

Apurando la mañana hemos llegado a los coches pasadas las dos del medio día. Hora de poner fin a esta inolvidable jornada cinegética, con el deseo de repetir pronto.

 

Patricio Simó.

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