La escuela de la vida tan implacable y huérfana de empatía actúa como madre, amante y viuda, pero no es capaz de domar el huracán de las emociones, tan inciertas como diferentes, tan inesperadas como perennes.
Y con el paso de los años me eriza la piel recordar los amaneceres de la vieja Castilla en agosto, la Castilla sin concentración parcelaria, de terrones y linderos, de rocíos y olor a paja húmeda, de tabernas abiertas al amanecer y cazadores con ropa vieja, alma joven y espíritu inquebrantable. Me emociona recordar las vigilias interminables el día de apertura, la figura enorme de mi padre proyectándose en el horizonte y colocándose la canana con tranquilidad, rellenando cada hueco, cargando tranquilamente su Breda, mientras el Tony, esbelto setter irlandés, espera tranquilo y tenso a la vez con su primera muestra: se sucederán sin descanso prácticamente y durante toda la mañana las arrancadas ruidosas de las pequeñas africanas, polladas que salen solas por doquier, detonaciones en cada rastrojo, nos cruzaremos con un sinfín de escopetas venidas desde el País Vasco, Cantabria o, incluso, Francia, perros de todas las razas y mil sangres, perchas repletas, y botas de vino avivando el espíritu y calmando la sed a la hora del almuerzo en el regazo de alguna chopera, mientras los sufridos y aspeados canes se refrescan en el arroyo o alguna fuente cercana.

Miguel Ángel Alonso, autor del artículo con una bonita percha

Oscar Puentes, autor del artículo con otra bonita percha
Hoy, por quedar, no queda ni paja el día de la apertura, la mayoría de aquellas fuentes ya no existen, los arroyos que no han sido engullidos por la concentración parcelaria bajan secos y los linderos han muerto antes de nacer sin paraguas que los libre del asesino silencioso: el glifosato. Ante esta desalentadora perspectiva las pequeñas africanas que, como todas las migratorias de tontas no tienen un plumón, han optado por nuevos lares para instalar su contingente migratorio, y lo que antaño era considerado como zona codornicera por excelencia se ha convertido hoy en un erial donde se vive de recuerdos e ilusiones en el que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Vendrán años malos y menos malos, pero nunca volveremos a disfrutar de temporadas como las de antaño: hoy entre todos los cazadores de un coto no llegarán a matar lo que antes mataba uno solo en el mes de agosto. Esta nueva realidad ha propiciado que muchos cazadores opten por borrar la media veda de sus calendarios y esperen al mes de septiembre y la caza mayor como alternativa a colgar los trastos de forma definitiva.
Muchos otros hemos optado por un cambio de paradigma y nos hemos reinventado (a la fuerza ahorcan) para poder seguir emocionándonos cada mes de agosto: la caza de la codorniz ha dejado de ser un fin para ser un medio. Un medio que se convierte en escuela, universidad y máster para selección y perfeccionamiento de los mejores ejemplares caninos. Unos optarán por razas continentales, otros británicos y, los menos, nacionales. Pero la astucia de esta pequeña ave ha conseguido que nos emocionemos con lances de calidad por encima de cantidad, que busquemos la plasticidad de una muestra o un patrón múltiple de nuestros canes, que nos erice la piel esas guías imposibles, manteniendo la distancia, arrastrándose felino por el rastrojo, con la nariz alta, buscando las emanaciones de cara, belfando… estampas irrepetibles, que, inmortalizadas en móviles y, sobre todo, en la memoria, sustituyen a las perchas de antaño.

Situación actual, año 2024
Empezar este artículo mencionando que las aves esteparias no atraviesan su mejor momento, no es contar ninguna novedad. La enorme crisis ambiental que padece nuestro planeta no es ajena al mundo de la caza y las especies cinegéticas. En el año 2009, un grupo de prestigiosos científicos internacionales, liderados por el sueco Dr. Johan Rockström, del Centro de Resiliencia de Estocolmo (SRC), por sus siglas en inglés) establecieron un marco conceptual de referencia donde se definían nueve límites planetarios basados en procesos fundamentales del planeta Tierra y que, en caso de ser superados, podrían poner en peligro la propia habitabilidad del planeta. De estos nueve límites planetarios ya han sido superados seis de ellos, entre los que se encuentran la pérdida de biodiversidad, la alteración de los ciclos del nitrógeno y el fósforo, la crisis climática y contaminación por sustancias químicas.
La salud de las aves esteparias está también gravemente afectada debido a esta alarmante situación, si bien, nuestra querida codorniz (Coturnix coturnix), debido a su carácter migratorio y a su elevada capacidad reproductora, es una de las pocas aves esteparias «supervivientes» que consigue adaptarse «como puede» a la situación actual, y que aprovecha de forma increíble las condiciones ambientales que pueda ofrecerle el medio para reproducirse de forma exponencial. No obstante, incluso en años de climatología favorable como lo está siendo este 2024, el modelo de agricultura industrial e intensiva que mayoritariamente se práctica en las zonas agrocerealistas, produce una serie de factores directos y a corto plazo que limitan de forma notable la capacidad reproductora de las codornices. Hogaño es habitual ver prácticas muy nocivas para la fauna esteparia que antaño eran impensables: el tratamiento con productos fitosanitarios en plena primavera (este año con especial incidencia durante los meses de marzo, abril y mayo), ya sea para eliminar las mal llamadas malas hierbas en zonas perdidas o restos de cosechas anteriores o para tratar los nuevos cultivos en crecimiento, la siega en verde de cultivos (cada vez más extendida), que da al traste con numerosos nidos de aves que anidan en el suelo, unido a las prácticas de cosecha y empacado que se producirán en meses posteriores, representan factores muy limitantes para el asentamiento y éxito reproductor de la codorniz.
Ciencia y caza
La ciencia y el aprovechamiento cinegético siempre van de la mano. Es fundamental, no sólo conocer la biología de las especies cinegéticas, sino también sus tendencias poblaciones y los aspectos que actualmente están afectando a su éxito reproductor. El Dr. Jesús Nadal, desde la Universidad de Lérida, lleva toda una vida científica dedicada al estudio de la codorniz para fomentar su conservación. Gracias a científicos de la talla de Jesús y a otras instituciones como FEDENCA (con José Luis Garrido al frente de la misma durante muchos años; hoy ha tomado el relevo Artemisan), se han puesto en marcha proyectos de estudio de la codorniz para fomentar su conservación y aprovechamiento cinegético sostenible. Uno de los proyectos más recientes, el proyecto Coturnix, liderado en sus inicios por Jesús Nadal, ha puesto en marcha métodos de ciencia ciudadana para la observación y seguimiento de las poblaciones de codorniz durante su estancia en España, de forma que pueda promoverse una gestión cinegética adecuada de la especie. El éxito de participación por parte de miles de cazadores y la gran cantidad de información que se ha ido recopilando durante estos últimos años han permitido crear una gran base de datos que sin duda resulta de gran utilidad.
Los anillamientos y avistamientos de codornices en las diferentes épocas de su ciclo reproductivo, la fenología de los cultivos, así como los movimientos migratorios más habituales que se vienen detectando, deben servir como una excelente herramienta de planificación a integrar en los planes de aprovechamiento cinegético.
Gestión para una caza sostenible de la codorniz
Hablar de aprovechamiento sostenible en el mundo cinegético es hablar de número de capturas y presión de caza. Hemos de emplear el conocimiento científico para estimar de la forma más precisa posible la población de codornices de nuestros cotos y su éxito reproductor, de forma que puedan promoverse las prácticas y limitaciones adecuadas que aseguren que se capture un número de codornices siempre compatible con su conservación. Parafraseando al mundo financiero, hemos de asegurarnos de que el aprovechamiento cinegético lo realizamos sobre los «intereses», pero nunca sobre el «capital», ya que, de lo contrario, nos acabaremos quedando sin dinero.

Las prácticas agrícolas que se aplican en zonas agrocerealistas no sólo suponen un importante factor limitante para el éxito reproductor de las codornices, sino que también representan en sí mismas un enorme incremento de la presión cinegética sobre la codorniz en muchos terrenos donde los cultivos de cereales representan la mayor parte del territorio. Antaño, las codornices encontraban un refugio muy importante en las abundantes rastrojeras y sus tupidas hileras de paja, donde el cazador más experimentado, acompañado del mejor perro, necesitaban horas y horas para escudriñar unas pocas hectáreas de rastrojo, levantando, en el mejor de los casos, una pequeña parte de las codornices que allí se guarecían. Hogaño las cosas han cambiado, ya que la mayor parte de los rastrojos se cortan prácticamente a ras de suelo, la paja se recoge acto seguido, incluso pueden encontrarse labrados cuando se desarrolla la actividad cinegética. Esto implica que las codornices que no hayan emigrado y aún permanezcan en esos terrenos, buscarán defensa en los pocos lugares que puedan brindarles protección y refugio (acequias, zonas de ladera, perdidos, girasol, maíz, etc.), de forma que la presión de caza aumenta porque los terrenos donde puede encontrarse la codorniz son mucho más pequeños y limitados.
A día de hoy, los cazadores disponemos de una mayor cantidad de datos objetivos que nos permiten articular medidas de planificación y gestión adaptativas para realizar un aprovechamiento cinegético adecuado según las circunstancias de cada terreno y año en particular.
Por ejemplo, los datos del proyecto Coturnix están aportando datos sobre censos de machos cantores durante toda la primavera, sobre la fenología de los cultivos y las fechas estimadas de la cosecha, de forma que resulta muy factible determinar una fecha idónea de apertura de la media veda cada temporada, especialmente en zonas que se encuentran a mayor altitud y latitud, donde algunos años podría resultar recomendable retrasar la apertura más allá del 15 de agosto.
Por otro lado, el proyecto ha ido recopilando también valiosa información sobre las capturas medias en las diferentes regiones biogeográficas de España, de forma que podemos obtener estimaciones más aproximadas de las codornices capturadas, datos que son de utilidad para poder establecer los cupos de capturas y número de días hábiles más adecuado a las condiciones observadas en cada lugar. En este sentido, existen prácticas como el control de capturas mediante precintos (por ejemplo, ya establecido con éxito en Francia para otras especies como la becada) o compaginar los días hábiles con días caza sin muerte (sólo con perro) que actualmente son bienvenidas y acogidas entre el colectivo de cazadores.
Se dice que el futuro de la codorniz es incierto, pero, desde luego, resulta mucho menos incierto que el de otras aves esteparias que no disponen de esa elevada tasa de reproducción y carácter migratorio. La codorniz es capaz de revertir una tendencia poblacional regresiva con tan sólo un buen año de cría. Entre otros aspectos, su categoría de especie estrella de caza menor viene dada por esa gran capacidad de regeneración, que ha permitido un abundante aprovechamiento cinegético durante muchos años. Sin embargo, es nuestro deber como cazadores practicar una caza responsable, asegurando la conservación de las especies y limitando su caza tanto cuanto sea necesario cuando las circunstancias así lo recomienden.
¿Será buena, mala o regular la temporada 2024?
La incertidumbre implícita de la caza no desvelará la respuesta hasta dentro de unas semanas. En las zonas codorniceras del tercio norte peninsular, la primavera ha sido generosa en lluvias, tanto en tiempo como en cantidad y forma, lo que hace ser moderadamente optimistas.
Las redes sociales, los móviles, etc., dicen que los meses de junio y julio estaban muy repartidas por toda la península, incluso en zonas denostadas los últimos años.
Lo que desde luego no nos van a quitar es la ilusión de amanecer y atardecer en el campo, con la escopeta al hombro disfrutando de los lances de nuestros perros y rememorándolos en bodegas sedientas como veranos, rodeados de amistad recuerdos y añoranzas.

Autores: Miguel Ángel Alonso Valdivielso y Óscar Puentes Fernández
Artículo publicado en la revista de Agosto de 2024.

