Experiencias de caza de patos en Argentina

Antonio Notario Gómez nos lleva por los humedales de Argentina a través de sus experiencias de caza, observación y estudio de las aves acuáticas.

Se entiende, en sentido estricto, por Cono Sur de América el territorio que abarca las Repúblicas de Argentina, Chile y Uruguay con una extensión de 3.712.454 Kilómetros cuadrados. Y, en sentido amplio, el territorio de estas 3 Repúblicas más la de Paraguay y los 3 Estados de Brasil Meridional- Paraná, Río Grande del Sur y Santa Catarina- totalizando 4.538.505 Kilómetros cuadrados

En el año 1995 pisé por vez primera, junto a mi muy buen amigo y colega Luis Castresana, un país de este Cono, la Argentina. El motivo fundamental que nos llevó hasta allí fue el de establecer relaciones universitarias con profesores de la Facultad Forestal de Santiago del Estero, ciudad situada a más de 1.000 kilómetros al norte de Buenos Aires.

pato picazo en revista trofeo caza

Sabía de la rica avifauna acuática extendida a lo largo y ancho de este magnífico y vasto país, con lo que mi probada afición por la caza y estudio de estas aves provocó el que indagara sobre la posibilidad de hacer una escapada a algún humedal cercano, deseo complicado de cumplir por falta de personas interesadas en el tema.

No obstante, aprovechando una excursión de carácter académico a tierras más norteñas, en este caso Salta, distanciada de Santiago del Estero 525 kilómetros, conseguí programar una visita al embalse de Cabra Corral, a 85 kilómetros al oeste de la capital, construido entre 1966 y 1972, de 13.160 hectáreas, formado por la confluencia del río Guachipas al que desaguan por el sur las corrientes fluviales de los valles calchaquíes y por el norte los ríos Rosario y Arias.

En la barca de uno de los guardas del embalse, con su escopeta corredera del calibre 16, sobre las 5 de la tarde de aquel 25 de abril iniciamos la navegación por la extensa masa de agua buscando las querencias de los patos. El paisaje, cautivador: numerosas islas cubiertas de abundante vegetación e impresionantes reculas llanas desperdigadas por el embalse. Y fue en una de esas reculas donde avistamos a varios grupos de patos descansando en sus orillas.

cerceta colorada en revista trofeo

Con el motor parado y avanzando lentamente, al arrancar el vuelo las aves pude disparar y voltear a 2 ejemplares en dos ocasiones, una hembra y un macho, ambos en plumaje nupcial, de cerceta colorada (Spatula cyanoptera). Mi primera especie de las 38 que se distribuyen por el Cono, muy llamativa, en particular el macho con todo su cuerpo cubierto de plumas marrón rojizo.

Pensé entonces como cazador de acuáticas que tener las 37 restantes en la mano sería ilusionante, aunque los inconvenientes hacían que este pensamiento fuese en principio irrealizable ya que, en primer lugar, ello suponía que a partir de entonces tenía que viajar con asiduidad a estas tierras y, en segundo lugar, porque solo unas pocas de estas 38 especies estaban consideradas por la ley como piezas de caza.

Ambos inconvenientes se solucionaron ya que, por fortuna, mis visitas a la Argentina se extendieron durante bastantes años, y porque mediante un permiso científico extendido por la administración gubernamental de Santiago del Estero debido a mi condición de profesor e investigador me facultaba para abatir especies vedadas siempre que no estuviesen en peligro crítico de supervivencia.

De este modo, mi segunda experiencia de caza tuvo lugar en 1996 en dos enclaves de la provincia de Santiago del Estero, el Área Natural de los Bañados de Figueroa y el embalse de las Termas de Ríos Hondo gracias a las gestiones de dos autoridades académicas de la Universidad que con el tiempo llegaron a ser excelentes amigos, Victorio Mariot y Humberto Herrera.

El Área Natural de los Bañados de Figueroa ubicado a unos 170 kilómetros al noreste de la capital, con 60.000 hectáreas de extensión, está formado por un embalse, innumerables esteros, pequeñas lagunas y terrenos estacionales inundados a lo largo del río Salado.

Aquel 1 de junio, paralelo a la orilla del embalse, en una inacabable masa de agua de escasa profundidad, salpicada por esqueletos de arbolillos, dirigí mis pasos hacia donde se alineaba una dilatada y espesa vegetación, y ocultándome entre sus ramas y troncos esperé el paso de los patos, cobrando varios ejemplares de cerceta capuchina (Spatula versicolor), pato acollarado (Callonetta leucophrys) y malvasía argentina (Oxyura vittata).

rio en argetina en revista trofeo caza

Las dos primeras especies de pequeño tamaño, “patillos” para los cazadores oriundos, relativamente comunes, la primera con coronilla y nuca de color negro parduzco, y la segunda con una mancha blanca oval situada en el dorso del ala muy visible durante el vuelo.

Como es natural, durante el tiempo que estuvimos en los puestos, hubo más de una anécdota, la más llamativa la que tuvo como protagonista al cazador que tenía a mi izquierda, el Sr. Ibañez, funcionario encargado de las compuertas del embalse, cuando le rogué cogiera una pieza que había caído cerca de él.

Llegados a su casa, comentó con su mujer, entre abundantes risotadas, que el doctor (así me llamaba), le había dicho que cogiera un pato. Ella, horrorizada, salió a estampida. Explicación: el verbo coger en este país, como en algunos otros de Sudamérica, significa “tener relaciones sexuales” (decir que un hombre coge a alguien o a algo es decir que un hombre posee sexualmente a alguien o a algo). Lo que pedí al bueno del Sr. Ibañez es que copulara con una cerceta.

Para llegar al segundo enclave, el del embalse de las Termas de Río Hondo, hay que recorrer desde Santiago del Estero 75 kilómetros dirección norte. Un embalse inaugurado en 1967, construido para atenuar las crecidas, suministrar agua de riego y potable, generar hidroelectricidad y favorecer el turismo. El 6 de junio embarcamos en una lancha para adentrarnos en la inmensidad de aquellas aguas, envueltas por densa niebla, que nos inmovilizó hasta bien pasado el mediodía.

Fue entonces cuando nuestros ojos captaron una escena sorprendente: más de 50 hectáreas de agua estaba cubierta por una planta gramínea emergente, y sobre el tapiz que formaba, iluminado por los tímidos rayos de sol filtrados a través de los vapores neblinosos, se erguían un sinfín, de, al parecer, ramillas de color pardo rojo vivo.

De repente, las ramillas tomaron vida balanceándose de un lado hacia otro, para acto seguido romper el casi sagrado silencio que nos envolvía con un estruendoso batir de alas como si de un cañonazo se tratara.

cuchara argetino en revista trofeo caza

En realidad, eran miles de siriríes comunes (Dendrocygna bicolor) que estaban reposando en aquellos lares, patos muy conocidos y celebrados por el pueblo llano argentino, protagonistas de una bella melodía interpretada por el célebre cantautor Jorge Cafrune (pato sirirí que de noche pasas ¿adónde te vas buscando el amor?.

Las estrellas son rumbos de tu raza. Por eso en el ríu persigues reflejos de la cruz del sur). Volaban de un lado a otro, sin rumbo fijo, mientras que otros muchos continuaban posados e inquietos entre el tapiz vegetal. En verdad, espectacular. Naturalmente, no perdimos la oportunidad de usar las escopetas, volteando más de una treintena de ejemplares.

En el año 1997 visité por segunda vez el embalse de los Figueroa, cobrando 3 especies nuevas, el pato maicero (Anas georgica), pato picazo (Netta peposaca) y coscoroba (Coscoroba coscoroba). Maicero y picazo, por su tamaño, muy parecido, por ejemplo, al de nuestros conocidos rabudo y azulón respectivamente, quedan fuera del término “patillo”, siendo el segundo una de las piezas más apreciadas por los cazadores en razón a su esquivo comportamiento y potencia de vuelo. En cuanto al coscoroba, llamado ganso por los cazadores locales, con plumaje totalmente blanco y de tamaño más que considerable, pertenece en realidad al grupo de los cisnes.pato gargantilla en revista trofeo caza

En junio de 1998, visitando por cuarta vez el país de los gauchos, descubrimos un lugar que se convirtió durante los siguientes años en nuestro “cuartel general” desde el punto de vista cinegético.

Para llegar a él había que recorrer aproximadamente 270 kilómetros desde Santiago del Estero cruzando Sumampa, limítrofe a la Provincia de Córdoba tomando la carretera hacia Pinto. Formaba parte de los humedales conocidos como “Bañados del río Dulce”, los cuales cubren una superficie de más o menos 12.000 kilómetros cuadrados asociados con la laguna del Mar Chiquita, uno de los mayores lagos salinos del mundo.

El ecosistema es impresionante, en él conviven buen número de especies, tanto de vertebrados como de invertebrados, y !cómo no! de aves acuáticas, sedentarias e invernantes. Allí me encontré con nuevos patos, el gargantilla (Anas bahamensis), cuchara argentino (Spatula platalea), cerceta brasileña (Amazonetta brasiliensis), cerceta barcina (Anas flavirostris), y sirirí cariblanco o pampa (Dendrocygna viduata).

malvasia argetina en revista trofeo

En el invierno austral, la belleza de estos humedales, así como su importancia zoológica, son indescriptibles.

Las extensiones de agua, de mediana y baja profundidad, se confunden con el horizonte, parte de ellas con casas rurales asentadas en isletas, parte con intrincada vegetación subacuática, parte con árboles de todo tipo, la mayoría espinosos.

Los vertebrados, mamíferos y aves, campan tranquilamente por ellas, incluyendo, en ocasiones, a peces de considerable tamaño arrastrados por las corrientes del desborde de los ríos. Un vergel, en definitiva, para el asentamiento de la fauna y de la flora dependientes del líquido elemento.

Conforme avanzábamos en el conocimiento, observación y estudio del emplazamiento, dábamos cuenta de ello a la comunidad científica y a los lugareños, lo que condujo a que ciertas personas fijaran su atención en el beneficio económico. De manera, que con el tiempo, una orgánica de caza cordobesa, dirigida precisamente por un español, construyó el típico “lodge” para cazadores y habilitó zonas, más o menos espaciosas, para el tiro a las aves acuáticas.

No entro en la bondad o maldad del asunto, pero me malicio que aquellos parajes paradísiacos para las acuáticas dejaron de serlo. Conste que no lo digo por egocentrismo sino como un hecho más que natural, el número de cazadores en la zona probablemente se centuplicara años después de que nosotros la “descubriésemos”, hecho que de seguro no sería muy beneficioso para las aves que la visitaban en sus viajes migratorios.

Autor: Antonio Notario Gómez

Dr. Ingeniero de Montes