La Miasis del corzo, mitos y certezas
6 junio, 2017 Trofeocaza .

Caza mayor nacional

La Miasis del corzo, mitos y certezas

Este art√≠culo aborda el debate sobre la importancia del par√°sito Cephenemyia stimulator, causante de la miasis far√≠ngea del corzo. Los autores aportan informaci√≥n para se√Īalar que no hay pruebas suficientes hasta la fecha que permitan asociar al par√°sito con una mayor mortalidad o con una p√©rdida de la calidad del trofeo, pero indican la necesidad de profundizar en el estudio de las enfermedades de la caza.

El corzo es el c√©rvido ib√©rico que m√°s ha incrementado su √°rea de distribuci√≥n y su abundancia en las √ļltimas d√©cadas. A lo largo de este proceso, ha pasado de duende del bosque a pesadilla de conductores y agricultores hasta en zonas en principio poco favorables para su presencia.

Pero por encima de ello, el corzo constituye un atractivo natural, forma parte importante de la dieta de predadores como el lobo y es una de las principales y m√°s apreciadas especies de caza en Espa√Īa. El corzo es muy abundante en algunas regiones, particularmente en la mitad norte peninsular, lo que no s√≥lo facilita su observaci√≥n, sino tambi√©n la circulaci√≥n de par√°sitos y enfermedades.

CICLO DEL PAR√ĀSITO

Las miasis nasofaríngeas se deben a oéstridos, unos dípteros (moscas) muy especializados cuyas larvas son parásitas y se desarrollan lentamente en el interior de cavidades de los mamíferos afectados.

Las formas adultas, en cambio, no son par√°sitas y tienen una vida relativamente corta.

Larva en fase 3 (L3) del díptero Cephenemyia stimulator. Obsérvense los ganchos (cefaloesqueleto) que facilitan su desplazamiento por las superficies mucosas de las cavidades y vías respiratorias superiores del corzo.

Las moscas hembras fecundadas deben buscar hospedadores adecuados sobre los cuales depositar su progenie, para dar lugar a una nueva generación de larvas.

Las larvas tienen tres fases de desarrollo, conocidas como larva 1 (L1), L2 y L3, respectivamente.

Estas larvas cuentan con unos peque√Īos pero fuertes ganchos, que utilizan para desplazarse por las superficies mucosas como la nasofaringe, la cavidad oral y la tr√°quea de su hospedador.

Las L1 son diminutas, casi imperceptibles a simple vista, y se desarrollan principalmente en fosas y senos nasales.

Las L2 ya son visibles, principalmente en la faringe.

Las L2 maduran a L3, que son las que abandonan al hospedador, se entierran y forman una pupa (el estadío en el que se produce la metamorfosis a mosca adulta).

A finales de primavera o en verano las pupas darán lugar a nuevas moscas adultas, en busca de pareja… ¡y de corzos!

EL EQUILIBRIO ENTRE PAR√ĀSITOS Y HOSPEDADORES

Par√°sitos y mam√≠feros llevan muchos siglos, milenios, de convivencia. A lo largo de ese tiempo se han producido adaptaciones en unos y en otros hasta alcanzar un equilibrio. En una poblaci√≥n cualquiera de mam√≠feros, la mayor parte de los individuos no tiene ning√ļn par√°sito de una especie concreta, o s√≥lo unos pocos. Algunos individuos, por su parte, son hospedadores para cantidades modestas de par√°sitos.

Excepcionalmente, ciertos individuos concretos (los menos resistentes) resultan fuertemente parasitados, sirviendo de h√°bitat a una enorme cantidad de par√°sitos. Obviamente, muchos par√°sitos juntos pueden causar da√Īo, a veces mortal, al hospedador. Aqu√≠ es donde se produce el equilibrio: si unos pocos individuos mantienen a muchos par√°sitos, cada vez que desaparece uno de ellos (por culpa del par√°sito o no), desaparece una porci√≥n importante de la poblaci√≥n total de par√°sitos.

Pero como hay muchos otros hospedadores que mantienen pocos par√°sitos, la supervivencia del par√°sito a largo plazo est√° asegurada. Este equilibrio por tanto beneficia al par√°sito, pero parad√≥jicamente tambi√©n beneficia al mam√≠fero hospedador: no es interesante para el par√°sito producir muchos casos de parasitaci√≥n masiva, ya que ello causar√≠a demasiada mortalidad en los hospedadores que al fin y al cabo constituyen su √ļnico h√°bitat.

Hay excepciones, por supuesto: por ejemplo, una poblaci√≥n de hospedadores muy debilitada por otras causas (sobreabundancia, falta de recursos, otras infecciones) resulta mucho m√°s propensa a la parasitaci√≥n. Igualmente, un par√°sito nuevo, frente al que el hospedador carezca de resistencia inmune adquirida, puede causar mayores da√Īos que los par√°sitos ya establecidos.

PRESENCIA DE CEPHENEMYIA STIMULATOR Y DESARROLLO DE LA CUERNA DEL CORZO

Partiendo de la hipótesis de que la presencia de larvas debería ocasionar disminución de la capacidad metabólica y de la neoformación ósea que da lugar a la cuerna, se ha realizado un estudio comparando el desarrollo del trofeo en corzos parasitados y corzos libres de larvas. El estudio se realizó examinando 303 corzos, de los cuales 50 presentaban larvas en el espacio nasofaríngeo (16% parasitados).

La-miasis-del-corzo-mapa

Mapa en el que se se√Īalan los lugares en los que se ha encontrado este par√°sito en los corzos estudiados. De los 303, 50 ten√≠an larvas en el espacio nasofar√≠ngeo.

La mayoría de los parasitados procedían del noroeste peninsular (Galicia, Asturias y León; ver mapa de la siguiente página). Seleccionando sólo machos adultos con el trofeo totalmente formado, se tomaron las medidas longitudinales del tronco central, luchadera y contra de ambas cuernas.

El estudio permiti√≥ comprobar la presencia del par√°sito en regiones tan diversas como Galicia, Extremadura, Catalu√Īa o Castilla‚ÄďLa Mancha. Sin embargo, el estudio no revel√≥ diferencias estad√≠sticamente significativas entre ambos grupos en ninguna de las medidas de la cuerna. De hecho, las diferencias entre longitudes totales medias de corzos parasitados y no parasitados fueron inferiores a un cent√≠metro.

Estos resultados coinciden con otros estudios con menor tama√Īo de muestra, como el llevado a cabo por el SERIDA en el Principado de Asturias sobre una muestra de 101 corzos, en el que tampoco se observaron diferencias significativas en la calidad del trofeo ni tampoco en cuanto a condici√≥n f√≠sica e indicadores de capacidad inmune y estr√©s al comparar animales con anticuerpos en sangre frente a este par√°sito con aquellos que no los presentaban.

En relaci√≥n con el trofeo del corzo, es importante considerar que la formaci√≥n de la cuerna se produce anualmente en el tiempo en que las larvas se encuentran en fase de L1, peque√Īas e incapaces de ocasionar grandes perjuicios al hospedador.

Sin embargo, cabría la posibilidad de que la densidad ósea o la forma y simetría de la cuerna se vieran alteradas por el estrés y las molestias producidas por las larvas en fase L2 en el momento de la calcificación, contribuyendo a la presencia de cuernas deformes.

En este sentido, se han observado casos de formas aberrantes, deformes y fracturas en las cuernas de algunos corzos parasitados. Ello, como siempre, ser√° objeto de nuevas investigaciones.

Texto: Luis E. Fidalgo √Ālvarez

MITOS EN TORNO A LA CEPHENEMYIA STIMULATOR

Por el ciberespacio cineg√©tico espa√Īol circulan toda clase de rumores. Algunos, en relaci√≥n con el corzo y el par√°sito que nos ocupa, sugieren que se trata de un par√°sito nuevo, introducido a partir de la importaci√≥n de corzos franceses. Otros rumores sugieren adem√°s que este par√°sito es el causante de un declive del n√ļmero y de la calidad cineg√©tica de los corzos de buena parte del norte de Espa√Īa. ¬ŅQu√© hay de cierto en eso?

En cuanto al origen del par√°sito, √©ste fue descrito relativamente tarde, en 1815, pero desde entonces se le ha encontrado parasitando a corzos de pr√°cticamente toda Europa incluyendo pa√≠ses mediterr√°neos como Francia e Italia. En Espa√Īa, la primera descripci√≥n se debe a Notario y Castresana en 2001, en Ciudad Real. Estos autores indican que se trata de la primera detecci√≥n del par√°sito en Espa√Īa y concluyen que se trata de la consecuencia de una importaci√≥n de corzos parasitados, desde Francia.

Despu√©s, el par√°sito fue descrito en corzos de Asturias y de varias otras provincias del norte de Espa√Īa (Bolet√≠n del Corzo Espa√Īol, 2009). En C√°ceres, otros investigadores hablan de ‚Äúla detecci√≥n m√°s meridional de la potencial infestaci√≥n aut√≥ctona por C. stimulator en corzos europeos‚ÄĚ (Calero-Bernal y Habela, 2014). En ese caso no se conocen introducciones (al menos, introducciones legales), por lo que cabe pensar bien en la inmigraci√≥n natural de corzos parasitados, o bien en una mejor investigaci√≥n parasitol√≥gica a consecuencia de los primeros hallazgos.

Por consiguiente, parece l√≠cito preguntarse si la detecci√≥n del par√°sito a partir del a√Īo 2001 es realmente debida a introducciones de corzos parasitados o puede ser consecuencia de una mayor atenci√≥n, o incluso de una mayor presencia del par√°sito en poblaciones de corzo en expansi√≥n.

En cuanto al efecto del par√°sito sobre las poblaciones de corzo, se trata de un binomio par√°sito-hospedador extraordinariamente bien adaptado, fruto de miles de a√Īos de coexistencia. Este par√°sito es altamente espec√≠fico del corzo, y aunque hay especies cercanas parasitando al ciervo, s√≥lo raramente ocurren parasitaciones cruzadas.

Hay fuertes variaciones interanuales en su presencia, y seguramente los individuos más jóvenes (por la novedad) y los más viejos (por su menor capacidad de defensa) serán los más intensamente parasitados. Todo esto sugiere una situación relativamente equilibrada en poblaciones donde la presencia de esta mosca es endémica, con unos pocos individuos fuertemente parasitados y una mayoría poco o nada afectada por el parásito.

De ser as√≠, el efecto del par√°sito sobre la poblaci√≥n de corzo ser√≠a escasa a largo plazo, tal vez con unos efectos algo m√°s notorios durante los primeros a√Īos tras su llegada a poblaciones libres, hasta alcanzar ese equilibrio par√°sito-hospedador previamente se√Īalado.

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A nivel individual, los corzos fuertemente parasitados pueden mostrar signos respiratorios por la irritación de las vías respiratorias altas, así como ocasionales problemas de bronconeumonía posiblemente facilitados por la presencia del parásito. El ovino presenta una enfermedad similar (oestrosis ovina) que ha sido muy estudiada: las muertes en esta especie son excepcionales, pero si ocurren, se deben a infecciones secundarias.

Pero cuando un cazador encuentra un corzo d√©bil, con abundantes larvas de Cephenemyia y a menudo otras lesiones, surge una duda: ¬Ņqui√©n fue primero, el huevo o la gallina?

Ya en 1970 se apuntaba en Polonia la necesidad de investigar con mucha cautela los casos de muerte aparentemente relacionados con Cephenemyia stimulator ante el riesgo de atribuir muertes provocadas por otras razones a la presencia de este par√°sito (Dudzi Ski 1970).

El despiece Un caso cl√≠nico ilustra esa duda con un ejemplo real. El titulado ¬ŅEl declive del corzo? resume la poca informaci√≥n disponible en Espa√Īa sobre el efecto del par√°sito en el trofeo del corzo, o m√°s bien sobre su ausencia. En consecuencia, nos encontramos ante un par√°sito que, una vez conocidas sus peculiaridades, se detecta con frecuencia.

En Asturias por ejemplo, un 40% de los corzos estudiados presenta anticuerpos frente a Cephenemyia. Por definici√≥n, adem√°s, un par√°sito siempre debe causar alg√ļn efecto adverso en el hospedador. Pero dicho efecto no tiene por qu√© ser grave, ni implica necesariamente efectos adversos a escala de poblaci√≥n o a largo plazo. Por expresarlo de forma llana, encontrar estos par√°sitos no significa mucho, es algo natural.

Eso sí, las larvas de Cephenemyia son particularmente llamativas y es normal que puedan causar mayor alarma entre los cazadores que otros parásitos menos visibles, o que las infecciones víricas o bacterianas cuyos agentes causales no detectamos a simple vista. Para salir completamente de dudas sería necesario recurrir a un experimento en condiciones controladas, en el que se manipulasen los niveles de parasitación de varios grupos de corzos, para evaluar de forma precisa los efectos de esa manipulación sobre la fisiología del corzo.

Tambi√©n podr√≠a aportar mucha informaci√≥n el marcaje y seguimiento permanente de un n√ļmero representativo de animales en libertad que permitiese determinar tasas de mortalidad as√≠ como causas reales de muerte, mediante la recogida inmediata de los individuos muertos y su necropsia reglada y exhaustiva.

UN CASO CL√ćNICO

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Cuadro en el que se muestra el estado del corzo del caso clínico que se expone.

Finales de agosto de 2014. Guadalajara. El guarda privado de caza observa otro corzo, y van seis, con un adelgazamiento muy marcado. Esta vez el titular del coto lo abate para averiguar la causa. Tras contactar con el Servicio Provincial de Caza, el corzo es trasladado al IREC en Ciudad Real. Abundantes bolsas de hielo aseguran que la pieza llegue al laboratorio en buenas condiciones.

El animal, un macho adulto, est√° caqu√©ctico: ni un gramo de grasa en los ri√Īones, y los huesos de la cadera muy marcados, se√Īalando la p√©rdida de masa muscular. ‚ÄúHay gusanos en la garganta‚ÄĚ, remarca el guarda. ¬ŅSer√°n los ‚Äúgusanos‚ÄĚ de los que tanto se habla la causa del problema observado en el coto?

El corzo resulta ser un caso clínico interesante. Además de una moderada parasitación por Cephenemyia, hay muchas garrapatas, una lesión importante en la mano izquierda y abundantes bolas de pelo en el abomaso (el estómago verdadero de los rumiantes).

La lesi√≥n de la mano izquierda es un pedero, una infecci√≥n bacteriana que puede producirse al contaminarse una herida, o cuando corzos, ciervos, cabras o arru√≠s pisan terreno demasiado h√ļmedo y reblandecido, facilitando la contaminaci√≥n. La extremidad est√° deformada y contiene abundante pus y tejido muerto, dificultando los movimientos del corzo.

Las garrapatas abundan particularmente en las axilas. Estos parásitos, además de causar irritación y consumir sangre, transmiten diversas infecciones que pueden afectar severamente al corzo. En la imagen puede observarse pus junto a las garrapatas de la izquierda, indicando una probable infección bacteriana.

Las larvas de Cephenemyia est√°n presentes en n√ļmero moderado, pero no parecen tener m√°s consecuencias que una reacci√≥n local. Finalmente, el abomaso (el √ļltimo compartimento del digestivo antes del intestino, que sirve como est√≥mago) se encuentra lleno de estructuras densas de pelo, como fieltro, llamadas tricobezoares.

Son hallazgos corrientes en corzos y en otros rumiantes, pero no en estas cantidades. Con esa carga en el abomaso, la capacidad de digestión del corzo debía encontrarse muy mermada.

Lo difícil es saber qué fue antes. La presencia de las larvas de Cephenemyia es evidente y puede llamar fácilmente la atención. Pero nuestra apuesta personal son las garrapatas: estar en tal cantidad puede deberse a que aprovechan el desgaste del animal por alguna enfermedad para infestarlo o, en cambio, puede que transmitiesen al corzo alguna infección que, combinada con la acción directa de estos parásitos, haya causado su debilitamiento.

El laboratorio nos identificará la posible causa. Alternativamente, es posible que la causa primaria se encuentre en la lesión de la mano y le impidiera desplazarse y alimentarse adecuadamente. Sin embargo, eso no explicaría los otros casos observados en la finca: el verano seco no es una época propensa para el pedero.

Lo que sí podemos asegurar es que las pocas larvas no parecen el origen del marcado deterioro de este corzo.

Texto: Christian Gortázar y José Francisco Lima

¬ŅEL DECLIVE DEL CORZO?

Y si la parasitaci√≥n por Cephenemyia no es la causa del declive, ¬Ņqu√© es lo que hace que disfrutemos de menos corzos en nuestros montes? La respuesta a esta pregunta comprende dos partes, una relativa a la evoluci√≥n reciente de la demograf√≠a del corzo, y otra relativa a las posibles causas del descenso percibido. ¬ŅHay menos corzos? Depende de d√≥nde.

En principio, la especie contin√ļa su expansi√≥n geogr√°fica y, sin duda, all√≠ donde acaba de llegar, la percepci√≥n ser√° la contraria, es decir, un incremento del n√ļmero de corzos. Sin embargo, las regiones donde el corzo lleva tiempo siendo abundante pueden estar experimentando descensos demogr√°ficos del c√©rvido, m√°s o menos pasajeros.

En las reservas de caza asturianas, por ejemplo, el √≠ndice de abundancia de corzo ha pasado de 3,9 en 1996 a 5,1 en 2009 y 2,9 en 2014. Podr√≠a ser una consecuencia de haber alcanzado la capacidad de carga natural, es decir, el l√≠mite en el cual se llega a un equilibrio entre el n√ļmero de corzos y los recursos de los que disponen.

Ser√≠a esperable que, una vez alcanzado dicho equilibrio, las poblaciones fluctuasen de un a√Īo a otro de forma m√°s o menos marcada, en funci√≥n de diversos condicionantes ambientales (precipitaciones, alimento, predadores), poblacionales (estructura de edad y sexo) y de aprovechamiento cineg√©tico. Alternativamente, cabr√≠a la posibilidad de que el par√°sito realmente fuese nuevo y parte del declive, en zonas concretas, fuese mediado por el proceso de adaptaci√≥n par√°sito-hospedador.

¬ŅPor qu√© hay menos corzos en un monte determinado? Esa es una pregunta muy dif√≠cil de responder sin informaci√≥n de calidad. Contando con que la gesti√≥n cineg√©tica del corzo en Espa√Īa es bastante sensata, cabe descartar la caza como causa general del declive percibido. Quedan por tanto la predaci√≥n, al menos en las regiones loberas, y las enfermedades.

Parece esperable que una población densa de corzos resulte más afectada por enfermedades que una población nueva, menos densa. En jabalíes, el marcaje de numerosos ejemplares con collares GPS ha permitido conocer las principales causas de mortalidad, lo que permite comprender mejor su dinámica poblacional. Pero eso es material para otro artículo.

El caso es que, desafortunadamente, no contamos con esa información en el caso del corzo.

¬ŅQU√Č PODEMOS HACER PARA COMBATIRLO?

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Un corzo con mal aspecto. Son muchos los par√°sitos, bacterias y virus que pueden causar problemas sanitarios. Las larvas de Cephenemyia son f√°ciles de observar, pero no siempre son la causa real de enfermedad.

Ante cualquier problema de gestión, incluidos los sanitarios, lo primero es disponer de una buena información sobre la demografía de la población afectada. Si no hay censos anuales, con métodos apropiados para la especie que permitan monitorizar tanto su estructura poblacional como su abundancia, difícilmente podremos establecer si existe un declive.

Sin censos, tampoco podremos valorar la eficacia de eventuales medidas de intervención. Por otra parte, conviene evaluar de forma continuada el estado sanitario de la población, para lo cual disponemos de varias herramientas complementarias: la vigilancia sanitaria pasiva y la vigilancia activa. La primera consiste en la detección de ejemplares enfermos o muertos y su diagnóstico.

Este esfuerzo nos indicar√° causas de mortalidad, y puede contribuir a la detecci√≥n temprana de problemas emergentes. La segunda (vigilancia activa) consiste en conservar sistem√°ticamente algunas muestras de los corzos cazados. Este muestreo al azar permitir√°, por ejemplo, analizar la proporci√≥n de individuos con anticuerpos frente a tal o cual virus, bacteria o par√°sito, y responder a preguntas como las planteadas en la pol√©mica de las larvas de Cephenemyia. Si se tuviesen sueros anteriores a la primera descripci√≥n de Cephenemyia en el corzo en Espa√Īa (en 2001), podr√≠an analizarse para ver si ya hab√≠a contacto con el par√°sito antes de esa fecha.

Una vez establecido un buen sistema de monitorización poblacional y sanitaria cabe plantear otras medidas. Pero éstas dependerán de la situación sanitaria real de cada población, y no sólo del hecho de haber encontrado un parásito concreto. Intervenir en sanidad de fauna silvestre es difícil y caro, y requiere mucha información previa y mucha responsabilidad en la toma de decisiones.

Lo mejor, como siempre, es consultar cada caso con un experto.

REFERENCIAS:

-Bugalho, M. N., Milne, J. A. (2003). Calero-Bernal y Habela (2013). First report of Cephenemyia stimulator (Diptera, Oestridae) parasitizing Roe deer (Capreolus capreolus) in Extremadura (Spain). Galemys 25: 29-34.

-DudziŇąski W (1970) Studies on Cephenemyia stimulator (Clark) (Diptera, Oestridae), the parasite of European roe deer, Capreolus capreolus (L.) II. Invasiology. Acta Parasitologica Polonica 18:573‚Äď592

Notario y Castresana (2001). Contribution to the knowledge of Cephenemyia stimulator Clark, 1815 (Diptera, Oestridae) in Spain. Folia Venatoria 30-31: 325-326.

Autores:

Christian Gort√°zar Sanidad y Biotecnolog√≠a, IREC (Universidad de Castilla‚ÄďLa Mancha y CSIC), Ciudad Real

√Ālvaro Oleaga ¬†SERPA, Asturias

Miguel Prieto SERIDA Sanidad Animal, Gijón

Francisco Quirós  y Jaime Marcos Servicio de Caza, Gobierno del Principado de Asturias, Oviedo

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