Adiós al rinoceronte negro

El rinoceronte es un animal, a pesar de su aspecto, ágil y rápido, con fama de neurótico dadas sus cargas imprevistas que podrían poner en peligro al cazador, para las cuales se vale de ser excelente olfato y oído, siendo, por el contrario, muy pobre su vista.

Sus supuestas cargas, más que exageradas por unos y otros que, por lo visto, nunca se vieron frente a un rinoceronte, pueden materializarse, al contrario de lo que se pretende en libros y relatos, en el caso de un encuentro imprevisto a corta distancia, lo que alguna vez le haría atacar porque su instinto de conservación le podría hacer creer que existía un peligro para su seguridad, pero, al menos de acuerdo con mi experiencia, la mayoría de las veces el rinoceronte salía corriendo y resoplando como una locomotora…, sin más intenciones malignas. Que ha habido accidentes mortales con los rinocerontes nadie lo discute, pero en casos infinitamente inferiores a los causados por el resto de los cinco grandes: elefante, león, búfalo y leopardo.

La mayoría de los pocos accidentes mortales con los rinocerontes negros en gran parte lo fueron por culpa del cazador, como le ocurrió al famoso profesional Charles Cottar, en Kenia el 7 de septiembre de 1940. Estando filmando con su hijo Bud la caza de un rinoceronte negro, con fines comerciales, sin razón lógica se empeñaba en utilizar un viejo e inútil calibre .405 Winchester, cuando hacía muchos años que existían todos los demás rifles, como el .416 Rigby, .425 Westley Richards, .500 Jeffery y los de dos cañones o express, como el .450, .465, .470, .500 y .577, todos ellos Nitro, de la máxima seguridad y efectividad.

En el transcurso de su objetivo vieron un rinoceronte que se metió en un denso boscaje, por lo que decidieron que su hijo Bud estaría preparado con la cámara para filmar y su padre entraría en aquella maleza para asustar al rinoceronte y hacerle salir al terreno abierto y realizar allí la cacería. Todo organizado, Cottar intentó asustar al rinoceronte, pero éste, en lugar de hacer lo calculado, se revolvió atacando al cazador, quien tuvo aún tiempo de hacerle tres disparos, que no pararon su ataque, clavándole el cuerno en el pecho y causándole una gran herida, al tiempo que su hijo Bud escuchó unos fuertes gritos de agonía.

Rápidamente corrió en ayuda de su padre, a quien encontró en medio de un gran charco de sangre y el rinoceronte caído en tierra a un par de metros, todavía resoplando, al que remató con un disparo de su rifle .404 Jeffery. Cottar murió al poco tiempo, junto con su «verdugo», y cuando se pudo estudiar el cuerpo del rinoceronte se comprobó que los tres disparos con el .405 Winchester habían sido colocados perfectamente, pero, salvo uno, los otros dos no tuvieron la penetración suficiente para alcanzar un punto mortal, lo que le costó la vida.

Si hubiera utilizado cualquiera de los otros calibres populares, como el .416 Rigby o el express .470 Nitro no le habría ocurrido nada, pero el exceso de confianza en algo que no lo merece puede terminar en desastre, como ocurrió en esta ocasión… Personalmente, sólo conozco dos casos más de cazadores muertos por rinocerontes, pero siempre propiciados los desastres por ellos mismos, con una falta absoluta de sentido común.

Evolución de la población de rinoceronte negro

El mes pasado se mencionaron los disparates que se estaban pidiendo por matar rinocerontes negros «en conserva», lo que me hace recordar cómo han cambiado los tiempos con un solo ejemplo.

Yo conocí y cacé en el antiguo Nyasaland, redenominado Malaui después de su independencia, cuando me costaba la licencia denominada Full Visitor’s Licence –o sea, para visitantes no residentes en el país– tan solo quince libras esterlinas, la cual incluía gran cantidad de antílopes, cuatro búfalos, un rinoceronte y un elefante, sin pagar nada extra por los trofeos abatidos.
La otra licencia especial para cazar sólo elefantes había que pagar diez libras esterlinas por el primero, quince por el segundo y quince por el tercero, sin tasa por el marfil conseguido. Conste que estoy hablando de los años cincuenta y tantos del siglo pasado, no de la Edad Media, cuando el que esto escribe estaba ya «rascando» la treintena de años de edad…

Lamentablemente, en la actual Malaui su gloriosa fauna desapareció, quedando acantonada en unas pocas reservas y parques nacionales. En aquellos felices tiempos los rinocerontes negros se encontraban en increíbles cantidades, sobre todo en la zona denominada Nyika Platea, al norte de Forst Manning.

En contraste de todo aquello, pues ya habían exterminado los furtivos los rinocerontes del país, en el 2006 se introdujeron ocho ejemplares en Malaui procedentes de África del Sur, con la idea de poder repoblar algo esta especie en el país, que antes fue un paraíso para ellos…

Como curiosidad citaremos los datos oficiales sobre la cantidad de rinocerontes negros que se calculaban en 1900, en lo que entonces se denominaba África Oriental Británica, redenominada Kenia en 1920, unos cien mil, frente a los 437 en el 2006, de los que han sufrido una merma en la actualidad 2023, pero sin precisar el número.

Si uno lee viejos libros de caza escritos entre 1890 y 1925, verá que en la mayoría se cita el haber cobrado un elevado número de rinocerontes negros, que entonces se encontraban por todas partes en Tanganika (presente Tanzania), África Oriental Británica (hoy Kenia), Rhodesia del Norte (actual Zambia), Rodesia del Sur (Zimbabue), Nyasaland (Malaui), África del Sur Oeste Británica (Namibia), Angola, Sudán y el Ubangui-Chari (República Centroafricana), quedando en muchos de ellos sólo el recuerdo de sus rinocerontes negros, en forma de huesos calcinados por el sol…

Cacerías y operaciones de control

Entre los cazadores profesionales, el que tiene el récord absoluto numérico fue mi viejo amigo John A. Hunter con algo más de un millar, pero contando las operaciones de control ordenadas por el Gobierno de Kenia, como fue en la zona de Machakos, donde tuvo que eliminar sobre unos seiscientos para habilitar las tierras con destino a la población nativa que, por la razón que sea, nunca tuvo lugar, con el resultado de que el distrito de Machakos se quedó sin población humana ni de rinocerontes, una verdadera desdicha…

Todos los cazadores que cobraron un número elevado de rinocerontes lo fueron en operaciones de control, aparte de los cobrados en sus licencias, en safaris deportivos con clientes, etcétera.
En récords numéricos el segundo fue mi también querido amigo y compañero de andanzas cinegéticas Eric Rundgren, con unos cuatrocientos.

Durante los sesenta y dos años que fui cazador profesional en África, comenzando en 1952, conseguí un total de 127 rinocerontes negros, como todo el mundo sumando el total de los cobrados en mis licencias, los cazados en safaris deportivos con clientes y las consabidas operaciones de control, por cuenta de diferentes departamentos de caza, para eliminar determinados ejemplares, denominados Problem Animals debido a sus agresiones a los nativos locales, que no eran muy raras, cuando se encontraban con ellos en alguna plantación y, al intentar asustarlos con gritos o tirándoles piedras o ramas, lo que conseguían era provocarles una carga con los resultados más negativos para el insensato de turno…

Personalmente, siempre fui muy afortunado con los rinocerontes negros, pues pude conseguir dos récords absolutos, nunca superados. El de Angola en 1963, en la zona del río Luiana, con una longitud para el cuerno delantero de 30 pulgadas y ¾ (77 centímetros), y el segundo en Zambia en 1969, en el valle del Luangwa, con 31 pulgadas (77,5 centímetros), ambos muy similares, que mucho me temo que nunca podrán ser superados por una simple razón: en esos dos países ya no queda ni el recuerdo de que allí hubo rinocerontes negros un día…

Como curiosidad citaré que, también en el valle de Luangwa, Zambia, cobré un rinoceronte negro con tres cuernos, los dos normales y uno pequeño en medio de la frente, que fue como el que le toca la lotería sin haber jugado, pues solo descubrí esta rareza cuando me acerqué al animal muerto…

El proyecto de la GameCoin

Como punto final a todas estas notas me gustaría hacerles una pregunta a esos señores y señoras anticaza sobre qué hicieron ellos en favor de los rinocerontes negros, que, supongo, nada tangible en absoluto, como de costumbre…, ¡solo incordiar!

Para que se enteren de una vez esos pretendidos San Franciscos de Asís de segunda, los únicos que sí hicieron por los maltrechos rinocerontes negros fueron los criticados cazadores, «rascándose» de verdad el bolsillo y, además, sin pretender honores ni glorias.

En San Antonio, Texas (EE. UU.), se creó una asociación denominada Game Conservation International con la finalidad de defender y proteger a los animales salvajes de todo el mundo, de la cual tuve el honor de pertenecer a la junta directiva como asesor de la fauna africana. De lo primero que se preocupó esta asociación, con las siglas GameCoin, fue del futuro del rinoceronte negro, que ya estaba entonces comenzando a estar más que negro…

El proyecto consistió en llevarse de África una porción de rinocerontes negros a Texas, a unos ranchos que generosamente ofrecieron sus propietarios y donde en clima era muy parecido al de su nativa África, con la idea de crear un núcleo importante de rinocerontes negros ‘texanos’ para ser reintroducidos y repoblar sus antiguos hábitats africanos.

Esta operación costó cerca de tres millones de dólares, incluido el precio de los rinocerontes, su transporte desde Sudáfrica a Texas, los veterinarios que cuidaron de ellos durante los vuelos a base de anestesias muy controladas, su introducción y adaptación en los referidos ranchos y un largo etcétera, pues fue de verdad una obra gigantesca sufragada totalmente por los cazadores y simpatizantes, cada cual de acuerdo con sus posibilidades.

Por fin nació el primer rinoceronte negro texano, a quien se bautizó con el nombre de Harry, en honor del presidente de GameCoin, Harry Tennison. De toda esta magnífica empresa sólo falló una cosa, y es que los furtivos estarían esperando en cola el regreso de los rinocerontes made in USA para no dejar ni uno de ellos, por lo cual se quedaron en Texas muy felizmente, sin acordarse de que un día sus padres y abuelos disfrutaron del sol africano y, al menos, su especie se encuentra a salvo y aumentando gracias al «sol texano» por obra de los verdaderos cazadores, que Dios guarde muchos años, ¡para bien de la naturaleza!

Tony Sánchez Ariño.

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